Para la Familia: La preparación para entrar en el Templo

Liahona Agosto 1988
Para la Familia:
La preparación para entrar en el Templo

Las ordenanzas que se efectúan en el templo son sagradas; por lo tanto, solamente se habla de ellas dentro del templo mismo. Esta es la razón por la que a veces sus maestros o amigos dudan sobre lo que pueden decirle si se está preparando para reci­bir las ordenanzas del templo.

Como parte de esa preparación, es necesario que tenga presente que va a necesitar mucha fe para beneficiarse con esta experiencia de entrar en el templo, sabiendo que la primera vez que vaya no comprenderá todas las ordenanzas ni todo lo que se enseña allí. La primera visita es sólo el comienzo de una educación espiritual que lleva toda una vida.

El élder John A. Widtsoe, del Consejo de los Doce [1921-1952], escribió que como parte de la obra que se realiza en el templo, se efectúan “bautismos, orde­naciones en el sacerdocio, matrimonios y sellamientos por esta vida y por la eterni­dad, tanto por los vivos como por los muertos, la investidura para los vivos y los muertos, instrucción sobre el evangelio, consejos para la obra del ministerio. . . ”

Dijo que el templo es “un sitio donde el sacerdocio instruye, un sitio de paz, de convenio, de bendicio­nes y revelación. . . De hecho, se invita y se insta a todos los fieles miembros de la Iglesia a que hagan uso de los templos y disfruten de sus privilegios” (Liahona, marzo de 1968, pág. 17).

El significado de la investidura

La investidura es una serie de convenios que hace­mos con nuestro Padre Celestial de que viviremos una vida casta y virtuosa, y de que nos sacrificaremos en bien de nuestros semejantes para edificar su reino; y El, a su vez, nos promete que nos protegerá y ben­decirá en esta vida y que, en la venidera, nos dará gloria y bendiciones aún mayores.

El presidente Brigham Young dijo: “Permitidme daros una breve definición. Vuestra investidura signi­fica recibir en la Casa del Señor todas aquellas orde­nanzas que, después que hayáis partido de esta vida, os permitan volver a la presencia del Padre pasando frente a los ángeles que actúan como centinelas” (Discourses of Brigham Young, seleccionados por John A. Widtsoe, Salt Lake City, Deseret Book Co., 1941, pág. 416).

Por medio de esta ordenanza, los miembros de la Iglesia que son dignos reciben poder de los cielos para soportar las maldades del mundo. Como parte de ella, se les da instrucciones sobre la crea­ción de la tierra, la transgresión de Adán y Eva y su expulsión del Jardín de Edén. Se les enseña el plan de redención, la apostasía y la restauración del evangelio. Tanto el método de enseñan­za como lo que se enseña en sí son muy particulares y merecen toda una vida de estudio y asistencia al templo.

“Las ceremonias del templo han sido instituidas por un Padre Celestial sabio, quien nos las ha revelado en estos últimos días para que sean una guía y una protección a través de nuestras vidas, a fin de que vosotros y yo no [perdamos la oportunidad de recibir] la exaltación en el reino celestial, que es el lugar en que viven Dios y Cristo” (Harold B. Lee, Decisions for Successful Living, Salt Lake City, Deseret Book, 1973, pág. MU-

Al igual que el bautismo es una ordenanza esencial para nuestra salvación, la investidura es esencial para nuestra exaltación. Además, es una ordenanza indivi­dual que debemos “recibir antes de poder sellarnos en un matrimonio eterno.

Ser dignos de recibir la investidura

Podemos participar en las ordenanzas del evangelio solamente si somos dignos de hacerlo. Y esto se apli­ca aún más a las ordenanzas del templo. “Si no somos dignos y no estamos preparados mental y emocional­mente para recibir las bendiciones de la investidura, es mejor que no vayamos a la Casa del Señor, pues allí la luz de la verdad brilla en esplendor, y esta luz, además de bendecir, puede condenar” (John K. Ed- munds, Through Temple Doors, Salt Lake City, Book- craft, 1978, pág. 77).

Los requisitos que debemos cumplir para ser dignos de entrar en el templo son los siguientes:

  • Obedecer la ley de castidad y ser moralmente puros.
  • Sostener al profeta actual por ser la única persona sobre la tierra que tiene la autoridad para administrar todas las llaves del sacerdocio.
  •  Vivir de acuerdo con las normas de la Iglesia.
  •  No tener ningún pecado pendiente (del que deba­mos arrepentimos).
  •  Ser honrados.
  •  Ser miembros activos de la Iglesia.
  •  Pagar un diezmo íntegro.
  •  Tener una relación apropiada con todos los miembros de nuestra familia.
  •  Sostener a los líderes locales y generales de la Iglesia.
  •  Cumplir con la Palabra de Sabiduría.
  •  No estar afiliados a grupos apóstatas.

En entrevistas con nuestro obispo o presidente de rama, y luego con un miembro de la presidencia de la estaca o de la misión, se nos pregunta si vivimos de acuerdo con los requisitos menciona­dos. Cuando los líderes que nos entre­vistan están convencidos de nuestra dignidad, nos otorgan una recomendación para el templo, la que debemos presentar allí antes de que se nos permita entrar.

Al firmar nosotros también la recomenda­ción, certificamos que nos consideramos dignos de entrar en el templo.

Existen, además, otras reglas sobre la entrada en el templo; su obispo o presidente de rama pueden con­testar todas sus preguntas al respecto. Las reglas men­cionadas incluyen las que se dan a continuación:

Los jóvenes reciben la investidura antes de servir en una misión o de casarse en el templo.

Los hombres deben tener el Sacerdocio de Melquisedec antes de entrar en el templo por primera vez.

Una mujer soltera un poco mayor, además de po­der recibir la investidura antes de casarse en el tem­plo, puede entrar en él cuando su obispo piense que está bien preparada espiritualmente.

Una persona casada con otra que no sea miembro de la Iglesia o que nunca haya entrado en el templo puede pedir una recomendación si su cónyuge lo aprueba.

Un converso a la Iglesia debe esperar un año des­pués de bautizarse para poder entrar en el templo.

Las parejas que se hayan casado fuera del templo también deben esperar un año antes de poder recibir la investidura o sellarse en el templo, a menos que reciban un permiso especial.

La primera vez que se va al templo

Cuando se va por primera vez, es muy importante llegar al templo con bastante anticipactán y procurar que esta experiencia sea lo más agradable y memorable posible, ya que la primera es la única vez que recibirá su propia investidura. Llegar temprano no sólo le dará tiempo para asegurarse de que su ropa y su recomen­dación están en orden, sino también para permanecer un rato en silencio, meditando, a fin de que el Espíritu Santo tenga la oportunidad de ayudarle a apreciar lo que va a experimentar. También es bueno que sepa que cuando entre en el templo por primera vez, tendrá constantemente a su lado a uno de los obreros del templo para ayudarle.

Los símbolos sagrados que se utilizan en el templo

La humanidad en todas las épocas se ha valido de símbolos para representar las verdades que aprende. Para comprender la investidura del templo es necesario interpretar el simbolismo con que se representa. La expresión por medio de símbolos es relativamente sencilla; sin embargo, se necesitan años de asistencia al templo para darse cuenta del significado total de los símbolos con los que allí se enseña. Sin entrar en detalles específicos sobre la ceremonia en sí, podemos examinar algunos de los símbolos que se ven allí. Por ejemplo, el élder Boyd K. Packer, del Consejo de los Doce, dice:

“Cuando en el templo realizamos la obra de las ordenanzas, nos vestimos con ropa blanca, la cual es símbolo de pureza, dignidad y limpieza. . .

“Desde el momento en que los miembros de la Iglesia reciben sus ordenanzas del templo, comienzan a usar permanentemente el gárment o ropa interior especial…

“El gárment representa convenios sagrados; conso­lida la modestia y llega a ser una protección para quien lo usa. . .

“El edificio en sí es un símbolo. Si usted ha visto uno de nuestros templos de noche, todo iluminado, sabe lo hermoso que es. La Casa del Señor resalta en la oscuridad y llega a simbolizar la autoridad y la ins­piración del Evangelio de Jesucristo, que sirve de guía a un mundo que se pierde cada vez más en las tinie­blas espirituales.

“Esa luz también simboliza la luz espiritual… y depende de nosotros cuánta luz espiritual absorbamos como parte del proceso de aprendizaje.” (Eider Boyd K. Packer, The Holy Temple, Salt Lake City, Book- craft, 1980, págs. 42, 44, 71, 75; véase también El Santo Templo, PBFS0157SP, págs. 17, 20.)

Esta breve introducción habla sólo de una pequeña parte de los símbolos eternos que el Señor y sus siervos han utilizado para comunicarnos los misterios del reino y la esencia de la eternidad. A medida que usted reflexione en el templo sobre lo que se le enseñe y pida a Dios, Él le ayudará a entender por medio del Espíritu Santo las verdades eternas simbolizadas allí.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que a pesar de que debemos esforzarnos por comprender los símbolos, no es eso lo único que encierra la adoración en el templo; también debemos cumplir con las sagradas promesas que hacemos allí en todos los aspectos de la vida.

Es un privilegio tener autorización para entrar en la Casa del Señor. Cuando entendemos la necesidad de recibir la investidura, nuestra vida mortal cobra significado.

Una vez que usted reciba su propia investidura, puede volver al templo muchas veces para hacer la obra por otras personas que han muerto sin recibir las ordenanzas eternas del bautismo, la confirmación, la investidura y el sellamiento. Gustar el dulce gozo de actuar en nombre de alguien es en parte lo que quiere decir acercarse “a la medida de la estatura de la ple­nitud de Cristo” (Efesios 4:13). O acaso, como pre­guntó el élder Boyd K. Packer en la Conferencia Ge­neral de abril de 1987, “¿No seguimos el ejemplo de Cristo al realizar las ordenanzas en los templos por los que no pueden hacerlas por sí mismos?”

Ir al templo para recibir nuestra propia investidura y luego pasar el resto de la vida yendo al templo para hacer la obra a favor de otras personas fallecidas y aprender a la vez lecciones espirituales es una parte importante de nuestra misión aquí en la tierra y tam­bién de la misión de la Iglesia, que es: perfeccionar a los santos, proclamar el evangelio y redimir a los muertos. □

LA ENSEÑANZA DE LOS NIÑOS ACERCA DEL TEMPLO

El buen sentimiento que usted demues­tre hacia el templo puede ser un medio eficaz para preparar a sus hijos para el día en que ellos tengan la oportunidad de entrar en el templo. A medida que los hijos se den cuenta de la gratitud y el aprecio que sienten los padres por las bendiciones de la investidura del templo, ellos también querrán obtenerlas.

Hay muchas formas en que puede hacer saber a sus hijos la importancia del templo: puede colocar cuadros de templos en las paredes de la casa; enseñarles en las noches de hogar a comprender, aunque sea superficialmente, las ordenanzas del templo; mencionar la importancia del templo en las oraciones familiares y las bendi­ciones de padre, etc.

Al hablar de lo que se requiere para entrar en el templo, tendrá la oportunidad de enseñar a sus hijos pequeños y, sobre todo, a los que estén por bautizar­se, sobre el orden que reina allí, la decencia en el vestir y la familia eterna.

Cuando los niños se crían con esas enseñanzas, aprenden a sentir mucho respeto por el templo, espe­cialmente si también ven a los padres ir a la Casa del Señor con regularidad y encontrar allí fortaleza espiritual.

Cuando uno de sus hijos se esté preparando para ir al templo por primera vez, sería apropiado que estu­diaran juntos lo que dice este artículo y hablaran con la actitud adecuada de estos asuntos sagrados. Una vez que hayan ido al templo, es mejor hablar de estas cosas en el templo mismo.

Al enseñar a los hijos a entender las bendiciones de recibir la investidura y de asistir con regularidad al templo, la relación de padres e hijos se fortalece y se profundiza. Como el padre de Enoc, estará enseñando a sus hijos “en todas las vías de Dios”(Moisés 6:21). □

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