Cómo ser feliz

Cómo ser feliz

Por el Élder Marlin K. Jensen
De la Presidencia de los Setenta

De un discurso pronunciado en una reunión espiritual celebrada en la Universidad Brigham Young el 19 de septiembre de 1995.

Hace varios años me llamó la atención un pasaje del Libro de Mormón que se encuentra en la primera parte, en la que se ha especializado nuestra familia, y que abarca el período de tiempo justo después de que Nefi se separó de Laman y de Lemuel y partió hacia el desierto. Allí Nefi estableció una sociedad basada en las verdades del Evangelio, sociedad de la cual dice: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz” (2 Nefi 5:27).

Medité en el posible significado del vivir “de una manera feliz”. Sabía que tenía que estar relacionado con el Evangelio y el plan que Dios tiene para nosotros. Me preguntaba cuáles serían los elementos individuales de una vida y una sociedad verdaderamente felices y comencé a escudriñar los escritos de Nefi en busca de indicios.

La familia

Comienzo en 2 Nefi 5:6 con la observación de Nefi de que al viajar al desierto: “…yo… tomé a mi familia… y a Sam, mi hermano mayor, y su familia, y a Jacob y José, mis hermanos menores, y también a mis hermanas”. Esta es una clave significativa para la felicidad: nuestra propia familia.

Había una buena razón por la que Nefi llevó consigo al desierto a su parentela más justa. Él les perte­necía, y ellos le pertenecían a él. No existe ninguna otra organización que satisfaga de manera tan completa nuestra necesidad de ser parte de algo ni que nos proporcione la consiguiente felicidad tal como puede hacerlo la familia.

A veces, tras una placentera noche de hogar, o durante una ferviente oración familiar, o cuando toda nuestra familia está sentada a la mesa el domingo por la noche para tomar un ligero refrigerio, inmersa en una agradable y buena conversación, me digo a mí mismo: “Sí el cielo no es más que esto, para mí es más que suficiente”.

La observancia de los mandamientos

En 2 Nefi 5:10, Nefi dice: “Y nos afanamos por cumplir con los juicios, y los estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas”.

Ésta es una verdad simple pero poderosa: el vivir de manera recta y el guardar los mandamientos de Dios nos hace felices. Siempre podemos acudir a Alma en busca de grandes verdades; una de ellas, que en unas cuantas palabras refleja este tema, es: “…la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10). Es una pequeña frase digna del noticiario de la noche. Las palabras de Alma constituyen una declaración categórica sobre el tema, y las posibili­dades de demostrar que estaba equivocado se reducen a cero.

Desde lo más profundo de mi alma testifico que Satanás quiere que creamos que somos la excepción a las reglas de Dios, que de algún modo nuestras transgre­siones son más nobles y justificables que lo que jamás lo hayan sido las de cualquier otra persona, lo cual es mentira. Y no sólo ofendemos a Dios al quebrantar Sus leyes, sino que también nos ofendemos a nosotros mismos y a los demás y, por tanto, experimentamos dolor, sufrimiento y desdicha, precisamente lo contrario de la felicidad,

Las escrituras

En 2 Nefi 5:12, Nefi menciona que él “también había traído los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce”.

¿Por qué el tener acceso a las Escrituras sería un elemento importante para tener una vida feliz? Cualquiera que lea las Escrituras con regularidad desa­rrolla una perspectiva más clara, pensamientos más puros, y sus oraciones son más sinceras y profundas. Ciertamente, somos más felices cuando utilizamos las Escrituras para recibir respuesta a nuestras preguntas y necesidades más personales.

Las Escrituras nos limpian de los pensamientos malos y fortalecen nuestra determinación de resistir la tenta­ción, Nos dan consuelo en momentos de nece­sidad, como la muerte de un ser querido u otra tragedia personal. El leerlas nos pone en armonía con el Espíritu del Señor. Testifico que recibiremos gran cons­tancia y felicidad del estudio diario de la Biblia y de las Escrituras de la Restauración.

El trabajo

El versículo diecisiete del quinto capítulo de 2 Nefi dice: “Y aconteció que yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos”.

No importa el tipo de trabajo que tengamos en la vida, sé que seremos más felices si con regularidad trabajamos con nuestras manos. Esto puede hacerse de muchas formas: trabajar en el jardín, coser, acolchar, cocinar, hornear, reparar el coche, hacer reparaciones en la casa; la lista es interminable, así como también lo es la felicidad y el senti­miento de logro que tales actividades nos hacen sentir.

El templo

Nefi hizo otra observación muy interesante sobre su sociedad. En 2 Nefi 5:16, dice: “Y yo, Nefi, edifiqué un templo”. El templo de Nefi quizás difería en algunos aspectos de los templos que tenemos en estos días, pero su propósito principal era posiblemente el mismo: enseñar y orientar de forma continua a los hijos de Dios con respecto a Su plan para su felicidad, y proporcio­narles las ordenanzas y los convenios esenciales para el logro de dicha felicidad.

Puedo decir con toda franqueza que las personas más espiritualmente maduras y felices que conozco son las que devotamente asisten al templo. Y hay un buen motivo para ello, ya que es en el templo donde una y otra vez se nos repite el plan que Dios tiene para nosotros, dándonos en cada ocasión un mayor entendimiento y una renovada dedicación para vivir a Su manera.

El servicio en la iglesia

El elemento final de la sociedad de Nefi, registrado en 2 Nefi 5, tiene que ver con la función que nuestros llamamientos y servicio en la iglesia tienen que ver con una vida feliz. Nefi destaca en el versículo 26 que él “[consagró] a Jacob y a José para que fuesen sacerdotes y maestros sobre la tierra de mi pueblo”.

Es cierto que el verdadero servicio cris­tiano no se puede brindar exclusivamente a través de medios institucionales. Los pequeños y espontáneos actos de servicio personal, motivados por nues­tros sentimientos de caridad, son nece­sarios para nuestra salvación.

Pero la Iglesia organizada, tal como la ha establecido Dios, en la cual velamos por los demás y les pres­tamos servicio, y recibimos el cuidado y el servicio de ellos, nos proporciona una fuente maravillosa de felicidad a todos nosotros. Nefi mismo es el ejemplo perfecto de esta ética de prestar cuidado y servicio. No es por accidente que en el plan de Dios se nos haya dado una iglesia que “tiene necesidad de cada miembro” (D. y C. 84:110). Debido a que se nos necesita para servir, se nos anima a servir y somos capaces de servir, somos mucho más felices.

Otros elementos

Si vamos más allá del quinto capítulo de 2 Nefi., descu­brimos aún más sobre los estilos de vida que permitieron a Nefi y a su pueblo vivir de manera tan feliz. Sabemos que él “[esperó] anhelosamente y con firmeza en Cristo” (2 Nefi 25:24). El Salvador y Sus enseñanzas eran el centro de sus esfuerzos; él sabía y enseñaba, tal como lo han hecho todos los profetas, que la paz y la felicidad verdaderas sólo se obtienen mediante la remisión de nuestros pecados. En dosis cuantiosas, las enseñanzas del Salvador son el único antídoto seguro contra la infelicidad.

Es interesante descubrir que los principios de feli­cidad que Nefi comparte se encuentran en todas las Escrituras, tanto antiguas como modernas.

Con frecuencia me pregunto por qué luchamos tanto por entender el significado de pasajes oscuros de las Escrituras cuando lo que es realmente importante para nuestra felicidad y salvación lo declara el Señor una y otra vez en términos sumamente daros.

Dudo que Nefi tuviera la intención de realizar una lista completa de los elementos necesarios para tener una sociedad feliz. De hecho, es probable que ni siquiera tuviera la intención de darnos tal lista. Quiero aclarar que yo no creo tampoco que la felicidad se logre como resultado del seguir una lista de cosas determinadas. No existe una fórmula infalible que garantice una vida siempre feliz, y tenemos evidencia de que Dios no tenía la intención de que cada día de nuestra vida fuese completamente feliz. Se puede apreciar un plan y un propósito eternos en el tener que sobrellevar algo de sufri­miento, de tristeza y de adversidad.

Les invito a mirar a su alrededor y observar a las personas que ustedes creen que son felices de verdad. Creo que invariablemente verán cómo los principios que se han tratado aquí se manifiestan en la vida de esas personas. Es mi oración que todos hallemos esa misma felicidad. □

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s