La restauración de las llaves del sacerdocio

Liahona Junio 2017

La restauración de las llaves del sacerdocio

Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tomado de un discurso de la conferencia general de octubre de 2004.

El Salvador edificó Su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, quienes poseen todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra en este momento.

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Hace muchos años, dirigí la palabra en un antiguo anfiteatro de Éfeso. Un sol radiante inundaba el mismo lugar donde había estado el apóstol Pablo para predicar. Mi tema era Pablo, el apóstol llamado por Dios.

La audiencia la conformaban cientos de Santos de los Últimos Días sentados en las hileras de bancos de piedra donde se sentaron los efesios hace más de un milenio. Entre ellos se hallaban dos apóstoles vivientes, el élder Mark E. Petersen y el élder James E. Faust.

Como se podrán imaginar, yo había orado con esmero; había leído los Hechos de los Apóstoles y las epístolas, tanto las de Pablo como las de sus compañeros apóstoles. Había leído la epístola de Pablo a los efesios y meditado al respecto.

Hice lo mejor que pude por honrar a Pablo y su oficio. Después del discurso, varias personas me hicieron agradables comentarios. Los dos apóstoles vivientes fueron generosos al darme su parecer, pero después el élder Faust me llevó a un lado y con una sonrisa y dulzura en la voz, me dijo: “Ese fue un buen discurso. Pero no mencionó lo más importante que pudo haber dicho”.

Le pregunté de qué se trataba. Semanas más tarde accedió a decírmelo. Su respuesta ha influido en mí desde entonces.

Me dijo que yo podía haber dicho a la congregación que si los santos que oyeron a Pablo hubiesen tenido un testimonio del valor y del poder de las llaves que él poseía, quizá los apóstoles no habrían sido quitados de la tierra.

Entonces, volví a leer la epístola de Pablo a los efesios. Comprendí que Pablo deseaba que la gente sintiese la importancia de la cadena de las llaves del sacerdocio que se extendía desde el Señor, y por conducto de Sus apóstoles, hasta ellos, los miembros de la Iglesia del Señor. Pablo procuraba edificar un testimonio de esas llaves.

Pablo testificó a los efesios que Cristo estaba a la cabeza de Su Iglesia. Y enseñó que el Salvador edificó Su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, quienes poseen todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra en este momento (véase Efesios 2:19–20).

El sacerdocio ha sido restaurado

the Apostle Paul

A pesar de la claridad y del poder de sus enseñanzas y de su ejemplo, Pablo sabía que vendría una apostasía (véanse Hechos 20:29–30; 2 Tesalonicenses 2:2–3), y sabía que los apóstoles y los profetas serían quitados de la tierra. También sabía que estos serían restituidos en algún gran día futuro. Él escribió en cuanto a aquella época a los efesios, refiriéndose a lo que el Señor haría: “… reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10).

Pablo miraba hacia el futuro ministerio del profeta José Smith, cuando los cielos se abrirían de nuevo. Eso ocurrió. Juan el Bautista vino y confirió a mortales el Sacerdocio de Aarón y las llaves del ministerio de ángeles y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados (véase D. y C. 13).

Apóstoles y profetas antiguos volvieron y confirieron a José las llaves que ellos poseyeron en la vida terrenal (véase D. y C. 110). Hombres mortales fueron ordenados al santo apostolado en febrero de 1835. Las llaves del sacerdocio se dieron a los Doce Apóstoles a finales de marzo de 1844.

Todo profeta que ha seguido a José, desde Brigham Young hasta el presidente Monson, ha poseído y ejercido esas llaves, y ha tenido el sagrado apostolado.

La fe y las llaves del sacerdocio

Pero tal como en la época de Pablo, el poder de esas llaves del sacerdocio para nosotros requiere nuestra fe. Tenemos que saber por inspiración que las llaves del sacerdocio en efecto las poseen los que nos guían y nos sirven. Eso requiere el testimonio del Espíritu.

Y ese conocimiento depende de nuestro testimonio de que Jesús es el Cristo y de que Él vive y dirige Su Iglesia. También debemos saber por nosotros mismos que el Señor restauró Su Iglesia y las llaves del sacerdocio por conducto del profeta José Smith. Y debemos tener la convicción mediante el Espíritu Santo, y renovarla a menudo, de que esas llaves se han transmitido sin interrupción hasta el profeta viviente, y de que el Señor bendice y dirige a Su pueblo por conducto de la línea de llaves del sacerdocio que, mediante los presidentes de estaca y de distrito, y los obispos y los presidentes de rama, se extiende hasta nosotros, estemos donde estemos y no importa lo lejos que nos encontremos del profeta y de los apóstoles.

Confíen en los siervos escogidos del Señor

restoration of the Melchizedek Priesthood

Para conservarnos firmes en la Iglesia del Señor, podemos y tenemos que adiestrar nuestros ojos para ver el poder del Señor en el servicio de los que Él ha llamado. Tenemos que ser dignos de contar con la compañía del Espíritu Santo. Y debemos orar para que el Espíritu Santo nos ayude a ver que los hombres que nos guían poseen ese poder. En lo que a mí respecta, esas oraciones son contestadas más a menudo cuando yo mismo estoy dedicado de lleno al servicio del Señor.

Podemos actuar de modo de hacernos merecedores de la revelación que nos permite saber que las llaves son transmitidas por Dios de una persona a otra. Podemos procurar tener esa experiencia una y otra vez; y debemos hacerlo, a fin de recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros y que desea que ofrezcamos a otras personas.

Puede ser que la respuesta a su oración no sea tan espectacular como lo fue cuando algunos miembros vieron a Brigham Young, cuando este hablaba, adquirir la apariencia del martirizado profeta José1, pero puede ser igualmente segura. Y junto con esa certeza espiritual sentirán paz y poder. Sabrán de nuevo que esta es la Iglesia verdadera y viviente del Señor, que Él la guía por medio de sus siervos ordenados y que Él se interesa por nosotros.

Si un número suficiente de nosotros ejerce esa fe y recibe esa certeza, Dios elevará a los que nos guían y de ese modo nos bendecirá a nosotros y a nuestras familias. Llegaremos a ser lo que Pablo tanto deseaba para aquellos a los que servía: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Nota

1. Véase Doctrina y Convenios e Historia de la Iglesia: Guía de estudio para el alumno de Seminario, 2000, pág. 165.

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