Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Liahona Septiembre 1998

Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Por Kellene Ricks Adams

Lo flexibilidad, la creatividad y la dedicación nos ayudan a cumplir con nuestros llamamientos como maestros orientadores o como maestras visitantes.

Mi madre estuvo enferma durante la mayor parte de mi niñez, pero cuando yo tenía unos 15 años de edad, su salud se dete­rioró aún más y casi nunca salía ella de casa. Durante toda esa época, muchos miembros de nuestro barrio iban a visitarnos, pero nadie lo hacía con tanta frecuencia como las maestras visitantes. Todos los domingos Colleen Goodwin tomaba notas en cada reunión de la Iglesia y entonces visi­taba a mi madre y le contaba acerca de cada uno de los discursos y de las lecciones mientras que Marian Eubanks le masajeaba a mamá las piernas y los pies doloridos e inflamados.

Ahora bien, estas hermanas no hicieron eso solamente una o dos veces. ¡Lo hicieron por varios años! Ambas trabajaban y tenían que cuidar a sus propias familias, pero sabíamos que, si necesitábamos cualquier cosa, po­díamos llamar a las maestras visitantes de mamá. Ellas fueron más allá de la segunda milla: se convirtieron en amigas de mi mamá; además, enseñaron a esta hija jovencita lo que es la verdadera caridad. —Tracy Wright, Barrio Prairie 5, Estaca Prarie, West Jordán, Utah  Wain era un ex jugador de fútbol alto y fornido, y un élder muy sociable, bondadoso y servicial. Por su parte, Don era un magnífico compañero suyo, un verdadero ejemplo de serena fortaleza espiritual.

La primera vez que nos visitaron como maestros orientadores, supe que eran muy caritativos. Lo manifestaron directa y sinceramente. Como miembro metros activo, yo había sido antes muy indiferente a todo lo que se relacionara con la Iglesia y con frecuencia dudaba de los motivos de los miembros del barrio. Pero comprendí que estos dos hermanos estaban allí por los motivos debidos. Sabía que no nos visitaban con el simple propósito de cumplir con las estadísticas. Sabía que no iban para averiguar cómo está­bamos simplemente porque el obispo les pedía que lo hicieran. Sabía que nos visitaban porque creían en los profetas vivientes y apreciaban su responsabi­lidad de maestros orientadores como una oportunidad para magnificar su llamamiento en el sacerdocio. —Dennis Peacock, Barrio Kearns 34, Estaca Kearns Sur, Utah.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes pueden cambiar la vida de la gente. Muchos miembros aprecian el recuerdo de hombros fuertes, de corazones tiernos y de manos bondadosas que están a nuestra dispo­sición por medio de estos inspirados programas. No obstante la gran influencia que los maestros orientadores y las maestras visitantes ejercen en la vida de los demás, el proceso mismo de cumplir con nuestra responsabilidad de “llevar las cargas los unos de los otros” (Mosíah 18:8) puede constituir un reto para nosotros.

A veces no es fácil que los compañeros encuentren el momento conveniente para juntarse y visitar las familias que se les asignan. Sin embargo, es importante que este servicio se lleve a cabo en parejas, según el modelo establecido por revelación de que los posee­dores del sacerdocio deben andar de dos en dos (véase D. y C. 20:47, 53; 42:6). Con frecuencia resulta ser un problema mayor el combinar los horarios de ellos con los de las personas a quienes deben visitar. Asimismo, a veces sucede que el número de familias asignadas parece exceder a la cantidad que los maestros orienta­dores y las maestras visitantes pueden atender; a veces, la distancia, el tiempo y el coste que la labor requiere es algo desalentador. Y aún más, otras veces el problema que se les presenta consiste en obtener la influencia del Espíritu para resolver las situaciones extraordinarias que se les presenten. Estos obs­táculos y varios otros pueden impedir que los miembros lleven a cabo la obra del Señor para bendecir la vida de la gente.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes podrían encontrar, por consiguiente, algún valor en las siguientes sugerencias y soluciones que han ayudado a otros. Estas ideas pueden inspirar en ellos la flexibilidad, la creatividad y la dedicación, esos elementos claves para que los miembros puedan “enseñar… y velar por la iglesia” y “visitar la casa de todos los miembros, y exhor­tarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (D. y C. 20:42, 47). Los principios que se detallan aquí pueden ayudar a todo maestro orientador y a toda maestra visitante, no importa dónde sirvan en cualquier parte del mundo.

Cómo establecer un horario definido

Uno de los problemas comunes de los maestros orien­tadores y las maestras visitantes es el de programar los horarios de sus visitas. El presidente Bertram C. Willis, de la Estaca Cherry Hill, Nueva Jersey, informa: “Algunas personas lo solucionan al establecer una determinada hora para la visita de cada mes. Las familias y las personas a quienes visitan saben así de antemano que, por ejemplo, la visita es la tarde del primer domingo del mes o la noche del segundo miércoles”.

Kathleen Berger, una maestra visitante del Barrio Palm Bay 1, Estaca Cocoa, Florida, está de acuerdo con ello y dice: “Tenemos que visitar a varias hermanas y todas saben que siempre lo hacemos la mañana del primer martes de cada mes. Todas vivimos a grandes distancias unas de otras y a veces nos sentimos muy aisladas, así que las visitas son importantes y las hermanas las disfrutan mucho. Y saben que pueden contar con nuestras visitas ese martes por la mañana”.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes dicen que es importante que ustedes manifiesten a quienes visiten un sincero deseo de serles de ayuda y un recurso al cual acudir en la vida. Este deseo podría reali­zarse al establecer un horario determinado o proponerles dos o tres horarios convenientes (indicando los días de los que no dispongan), tanto para ustedes como para quienes tengan que visitar. Al analizar tales posibili­dades, expresen su amor e interés por la familia. La flexi­bilidad y la buena disposición podrían ser necesarias, pero la seguridad de tener un horario preestablecido aliviará el sorprendente caudal de la tensión relacionada con los programas de los maestros orientadores y de las maestras visitantes.

La flexibilidad para atender a necesidades especiales

En muchas localidades suele haber más personas y familias para visitar que miembros activos que puedan convenientemente hacerse cargo de esa responsabilidad. En la Rama Fort Payne de la Estaca Chattanooga, Tennessee, hay solamente tres poseedores del sacerdocio que son activos, siendo uno de ellos el presidente de la misma, Román Lilly. Sin embargo, los tres tienen la responsabilidad de visitar a 48 familias como maestros orientadores, y por lo general visitan a 45 de ellas como mínimo.

“Dedicamos dos sábados al mes para salir como maes­tros orientadores y lo hacemos cada uno con su respec­tiva esposa. Y ellas hacen de maestras visitantes al mismo tiempo”, explica el presidente Lilly. Cuando va acompa­ñado de la aprobación del obispo o del presidente de rama, este método de que matrimonios visiten a los miembros en cuyo seno familiar exista una razón especial para hacerlo así puede contarse como visitas simultáneas de maestros orientadores y maestras visitantes (véase el Manual para líderes del Sacerdocio de Melquisedec, 1990, pág. 5).

“Salimos por la mañana y generalmente regresamos por la tarde. A veces hacemos arreglos para visitar en horas de la noche a aquellas familias que no podemos visitar el sábado y en contadas ocasiones visitamos a algunos miembros antes o después de las reuniones de la Iglesia. La jurisdicción de nuestra rama abarca unos 115 kilómetros, pero entendemos lo que son la responsabi­lidad y la oportunidad de ser maestros orientadores”.

Tal como se demuestra en la Rama Fort Payne, la necesidad de que una pareja matrimonial haga las visitas como maestro orientador y como maestra visitante al mismo tiempo no es muy común. En otros lugares, los líderes del sacerdocio han tomado diferentes medidas.

Por ejemplo, la Estaca Carey, Idaho, no cuenta con suficientes miembros activos para visitar a todos los miembros. Al intentar resolver este problema, los líderes del sacerdocio han logrado su mayor éxito al procurar la inspiración del Espíritu para determinar quiénes tienen la mayor necesidad de ser visitados. Michael Chandler, el primer consejero de la presidencia de estaca, dice: “Cada año pedimos a los líderes de barrio que reevalúen las designaciones y oren para que se les inspire al determinar cuáles son las familias que necesitan tener maestros orientadores. Con el transcurso del tiempo, visitamos a todos los miembros”.

De igual manera, los maestros orientadores y las maes­tras visitantes han sabido informar que, cuando no les es posible visitar a todas las familias, el Espíritu los guía a aquellas que más los necesiten. En el caso de las maestras visitantes solamente, una llamada telefónica o una nota por correo puede substituir la visita en las ocasiones en que no les sea posible efectuarla personalmente.

En las localidades donde el número de miembros menos activos sea mayor que el de los activos, los misio­neros regulares podrían, con la debida aprobación de los líderes del sacerdocio, acompañar a los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec que hayan sido designados para visitar a miembros menos activos.

Cómo presentar el mensaje

A algunos maestros orientadores y a algunas maestras visitantes les resulta incómodo presentar un mensaje formal en un ambiente informal. Aun cuando todos los participantes sean completamente activos en la Iglesia, cambiar de una conversación casual a la presentación de un mensaje espiritual podría no ser muy fácil. También podría ser problemático presentar un mensaje que inte­rese por igual a los adultos, a los adolescentes y a los niños. Cuando los maestros orientadores y las maestras visitantes estén visitando a personas que sean reacias a hablar acerca del Evangelio o que aun hayan pedido que no se les hable al respecto, la turbación podría aumentar considerablemente.

Pero hay varias maneras inofensivas de presentar un mensaje espiritual. Si las personas visitadas no se sienten cómodas al hablar acerca del Evangelio, Larry W. Watkins, presidente de la Estaca Cape Girardeau, Misuri, sugiere que se les dejen folletos o copias de artículos para que los lean luego según les parezca. Otra posibilidad es invitar a esos miembros a alguna fiesta, charla fogonera, actividad, programa o reunión específicos y mencionarles cuál será el motivo o tema de dicho acontecimiento y por qué es importante que asistan.

“El escuchar al Espíritu es algo fundamental cuando actúen como maestros orientadores o maestras visi­tantes”, dice Jack Cook, miembro del sumo consejo de la Estaca College Station, Texas. “Uno de nuestros líderes de sumos sacerdotes y su compañero visitaban a una madre sola y su hija. La familia era activa, pero comen­taron que se sentían espiritualmente ‘vacías’. No estaban progresando espiritualmente.

“En una de sus visitas, ese hombre se sintió inspirado a sugerirle a aquella hermana que quizás debía considerar la posibilidad de ir al templo. Los ojos parecieron ilumi­nársele. Nunca lo había considerado antes.

“Teniendo presente la idea de asistir al templo, ella estableció ciertos objetivos, fue adelantando y progresó enormemente”, dice el hermano Cook. “El día en que fue al templo se sintió como encantada. Su maestro orien­tador escuchó al Espíritu y produjo un gran cambio en la vida de esa hermana”.

La recepción del mensaje

La paciencia manifestada tanto por las familias como por las personas a quienes visitamos también puede llevar la presencia del Espíritu a sus hogares. “Siempre he hecho mis visitas y he permitido que me vengan a visitar mis maestras visitantes”, comenta Lynda Stout, miembro del Barrio Lehi 3, Estaca Lehi Utah West. “Pero fue sólo cuando Aleñe Hardee y Wanda Johnson fueron desig­nadas a ser mis maestras visitantes que aprendí por qué el Señor ha establecido este programa de velar por sus hijas, bendecirlas y enseñarles.

“Claro, la hermana Hardee y la hermana Johnson llevaban regalos para mis hijos en los días de fiesta y no se olvidaban de mi cumpleaños. Pero lo que más me impresionaba era cómo me leían el Mensaje de las Maestras Visitantes cada mes. Estas dulces hermanas eran septuagenarias y a veces les resultaba difícil leer y en ocasiones aun trastabillaban al tratar de pronunciar algunas palabras. Pero por la diligencia con que trataban de leer cada mensaje, yo me daba cuenta de que al hacerlo tomaban su responsabilidad como una impor­tante asignación del Señor”.

Al paso que algunos miembros tal vez se hayan moles­tado al simplemente leérseles en alta voz el mensaje del mes, la hermana Stout reconocía la importancia de aceptar el mensaje del Evangelio de cualquier manera que se le diera. Su humilde aceptación de ese mensaje le permitía sentir el Espíritu y el amor de sus maestras visitantes.

La distancia geográfica

Si bien algunas unidades de la Iglesia en localidades donde vive un gran número de miembros cubren sola­mente unos pocos kilómetros cuadrados, muchas otras abarcan grandes territorios. La Rama North Slope de la Estaca Fairbanks, Alaska, por ejemplo, cubre más de 20.000 kilómetros cuadrados. Además, la obscuridad nocturna cubre la región durante 24 horas diarias a través de varios meses por año y las temperaturas pueden disminuir hasta 46 grados centígrados bajo cero. “Durante los meses de invierno, también tenemos problemas con los osos polares”, comenta irónicamente el hermano Gaylin Fuller, quien sirvió como presidente de rama durante unos cinco años.

“Quizás nuestra rama sea geográficamente la más grande de la Iglesia”, continúa diciendo. Tenemos miem­bros cerca de la frontera con Canadá y otros que viven cerca de los límites con Rusia. La única manera de llegar a algunas de esas localidades es comprar un pasaje en un avión comercial.

“Huelga decir que nuestras visitas a esos lugares son de carácter telefónico”, agrega. “Pero nos aseguramos de llamar todos los meses a nuestras familias. Si una familia tiene hijos adolescentes, también los llaman los presi­dentes de los Hombres Jóvenes y las presidentas de las Mujeres Jóvenes. A veces, esas familias reciben varios llamados al mes. También les enviamos materiales de las conferencias y datos actualizados sobre normas e infor­maciones generales de la Iglesia”.

Pero ya sea que las visitas sean hechas en persona o por teléfono, se mantiene un contacto regular con los miembros. “Es extremadamente importante; todos lo sabemos muy bien”, dice el presidente Fuller, refiriéndose a las diez parejas que se encargan del programa de maes­tros orientadores en su rama.

Aunque no es tan grande como la Rama North Slope, la Estaca Duluth, Minnesota, también cubre un territorio de considerable tamaño. “Nuestra área actualmente está pasando por momentos de depresión económica y muchos de nuestros miembros están subsistiendo con escasos presupuestos”, explica Gabriele Pihlaja, presi­denta de la Sociedad de Socorro de estaca, y agrega: “No es fácil costear la gasolina de sus automóviles, de manera que para las maestras visitantes el hacer sus visitas puede causarles serios problemas en lo que tiene que ver con el presupuesto familiar.

“Nuestras hermanas saben que lo mejor es una visita mensual”, continúa diciendo, “pero lo importante es, sea como sea, hacer por lo menos algo. Si las circunstancias no les permiten hacer todas las visitas una vez al mes, las alentamos a que por lo menos visiten una o dos de las personas de su lista y que se comuniquen por teléfono o por carta con las demás. Y al mes siguiente la pareja visita a una o a otras dos hermanas. De ese modo, todas pueden recibir al menos una visita cada tres meses.”

Varias hermanas ancianas que ya no pueden manejar su auto­móvil también participan del programa por medio del correo. “Pedimos a esas hermanas que escriban todos los meses a varios miembros, incluso a algunas de las hermanas menos activas”, dice la hermana Pihlaja. “Esas cartas incluyen información acerca de la reunión de Economía Doméstica de la Sociedad de Socorro y futuras activi­dades del barrio, y se invita siempre a todas a que concu­rran. Una hermana acaba de recibir una nota de agradecimiento de cierta mujer a la que había estado escribiéndole desde hacía varios años. Valió la pena en gran manera su esfuerzo”.

Cómo adiestrar a los adolescentes

El programa de orientación familiar presenta problemas singulares cuando a los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec se les designan como compa­ñeros jóvenes del Sacerdocio Aarónico que están muy atareados con sus actividades escolares, sus empleos y sus amigos. Algunos suelen no tener suficiente experiencia como maestros orienta­dores para comprender el efecto o la importancia de la asignación. Es fundamental que se les adiestre y que se les incluya en la tarea a la par de sus compañeros mayores.

“Cierto día, mi compañero, Jared Barrott, va a ser el compañero mayor”, comenta Rick Youngblood, miembro del Barrio Hixson, Estaca Chattanooga, Tennessee. “El acaba de ser ordenado maestro, pero ya sabe que, como maestro orientador, tiene el llamamiento de velar por los miembros de nuestro barrio”.

El hermano Youngblood y Jared toman cada uno su turno para presentar el mensaje del mes. Además, ambos han preparado una lista de todos los cumpleaños y aniver­sarios que celebran las seis familias a las que visitan. “Nos juntamos cada mes y escribimos una nota para dichas ocasiones especiales”, dice el hermano Youngblood. “Entonces Jared se encarga de enviarlas por correo. Y siempre le pido sus ideas sobre cómo satisfacer mejor las necesidades de nuestras familias y sobre qué podemos hacer para ayudarles a sentir la influencia del Espíritu”.

El presidente Watkins alienta a los obispos de su estaca a que enseñen, tanto a los poseedores del Sacerdocio Aarónico como a los padres de éstos, la importancia del programa de orientación familiar, y dice: “Los padres pueden ofrecer asesoramiento y alentar a los jóvenes para que cumplan bien su llamamiento”.

También aconseja él a los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec que lleguen a conocer bien a sus compa­ñeros. “No se necesita mucho tiempo para demostrarles interés”, dice. “Y cuando se enteren en cuanto a la vida y a las actividades de sus compañeros, podrán entonces saber cuáles son sus horarios. De ese modo, sabrán cuál es el mejor momento para ambos”.

Una de las sugerencias que ofrece Myron Arthur Peterson, presidente de la Estaca Cardston, Alberta, es invitar al compañero poseedor del Sacerdocio Aarónico a tomar un helado después de hacer una visita. “Y nunca se olviden de orar con su compañero antes de salir como maestros orientadores. Eso invita al Espíritu y ayuda a ambos a tener una experiencia provechosa”.

El cuidado de los niños

La labor de las maestras visitantes tiene algunas carac­terísticas peculiares. “A veces, a las maestras visitantes no les agrada llevar consigo a sus niños pequeños para hacer las visitas, pero el buscar a alguien que se los cuide puede resultar caro y frustrante”, dice Karrie Hoopes, presi­denta de la Sociedad de Socorro del Barrio Duchesne 2, Estaca Duchesne, Utah. “En nuestro barrio, tenemos algunas hermanas que se encargan de cuidar a los niños mientras las madres salen a hacer sus visitas. Tal es su responsabilidad en cuanto al programa de maestras visitantes.

“También en uno de nuestros distritos tenemos maestras visitantes y personas a las cuales visitar que han solicitado que la tarea se lleve a cabo en horas del anochecer. Dicho distrito satisface las necesidades de las maestras visitantes cuyo esposos cuidan de sus hijos después del trabajo y también las de las hermanas que por su propio trabajo no pueden participar de otra manera en el programa.”

La flexibilidad es esencial, según la hermana Hoopes. “Una de nuestras hermanas ha pedido que se le visite a las 7 de la mañana porque ésa es la mejor hora para ella. Dos hermanas están de acuerdo con tal designación. También tenemos otras hermanas que hacen sus visitas a la hora del almuerzo durante las horas de su trabajo o a distintas horas según las necesidades de los diversos miembros”.

Christine Willis, ex presidenta de la Sociedad de Socorro del Barrio Moorestown, Estaca Cherry Hill, Nueva Jersey, informa que muchas de las hermanas de su barrio se turnan para cuidar a los niños. “Ellas dicen: ‘Cuida tú de mis niños mientras yo salgo a hacer mis visitas y entonces yo cuidaré de los tuyos’. De esa manera todas se benefician y se cumple la labor de las maestras visitantes”, agrega.

Las entrevistas hechas con regularidad ayudan considerablemente

Casi sin excepción, los líderes locales están de acuerdo en que el éxito de los programas de orientación familiar y de maestras visitantes requiere que tanto los líderes como los maestros orientadores y las maestras visitantes entiendan que el llamamiento viene del Señor.

Ya en la época del Nuevo Testamento, los profetas exhortaban a los miembros a que, con diligencia, se ayudaran y sirvieran unos a otros. Pedro, en 1 Pedro 5:2-4, enseñó: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por tuerza, sino volunta­riamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;

“No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

“Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, voso­tros recibiréis la corona incorruptible de gloria”.

En los primeros días de nuestra Iglesia, a los hermanos del sacerdocio se les dijo que tenían que “visitar la casa de todos los miembros, exhortándolos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” y “velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos” (D. y C. 20:51, 53).

Una de las mejores maneras de ayudar a los maestros orientadores y a las maestras visitantes para que entiendan cuán sagrado es su llamamiento consiste en entrevistarlos con regularidad (véase el Manual para líderes del Sacerdocio de Melquisedec, 1990, págs. 9-10; el Manual de Instrucciones de la Sociedad de Socorro, 1988, págs. 4, 15). “Tiene que observarse un método de respon­sabilidad, preferentemente por medio de entrevistas con los líderes, que demuestre a los maestros [orientadores] que lo que están haciendo es importante”, dice R. Spencer Ellsworth, presidente de la Estaca Carey, Idaho. “Ellos tienen que saber que la información que den acerca de sus familias redundará en beneficio para la gente y se emplea para bendecirles la vida”.

Cuando servía como presidente del quorum de élderes en el Barrio Manchester, Estaca Concord, New Hampshire, Dan MacClain y sus consejeros entrevis­taban a un promedio de 30 maestros orientadores por mes. “Cada entrevista era más bien breve”, dice. “Las programábamos para antes o después de las reuniones de la Iglesia y a veces durante la semana.

“Primeramente, le preguntábamos al poseedor del sacerdocio cómo estaba y qué pensaba en cuanto a la orientación familiar. Tratábamos de emplear ese momento para expresarle nuestro agradecimiento, alen­tarlo y ayudarle a entender la importancia de su llama­miento como maestro orientador. Luego tratábamos de resolver cualquier preocupación que tuviera relacionada con la orientación familiar, algún posible problema con su compañero, alguna dificultad referente a sus horarios y cosas por el estilo.

“Entonces analizábamos juntos sus familias y evaluá­bamos las necesidades de cada una de ellas. La clave estaba en que nuestra comunicación no terminaba allí. Si determinábamos que una familia estaba experimentando problemas con una hija que tenía dificultades en la escuela, invitábamos por la vía correspondiente a la presi­denta de las Mujeres Jóvenes para que nos ayudara. Si otra familia estaba experimentando dificultades econó­micas y precisaba ayuda, se lo informábamos al obispo y a la presidenta de la Sociedad de Socorro. Así transferíamos la información obtenida en nuestras entrevistas con los maestros orientadores a quienes pudieran ayudar más eficazmente.

“A medida que los maestros orientadores van perci­biendo que el programa comienza a funcionar, se dan cuenta de que lo que están haciendo es muy importante”, termina diciendo el hermano MacClain.

Durante varios años, los maestros orientadores de la Estaca Chattanooga, Tennessee, han estado visitando mensualmente a un 90 por ciento de los miembros que se les han asignado. “La clave está en asegurar que los maes­tros orientadores asuman su debida responsabilidad, lo cual se logra teniendo entrevistas con ellos además de llamar a algunos de ellos por teléfono”, dice James L. Barrott, primer consejero de la presidencia de estaca.

“Sin embargo, aunque estamos agradecidos por tal éxito, todavía no hemos quedado satisfechos”, indica el presidente de estaca Dallas Rhyne, “porque creemos que la cantidad precede a la calidad. No es fácil tener un programa de orientación familiar de buena calidad si las visitas no se hacen. Una vez que los poseedores del sacer­docio se hallen en el hogar, entonces comenzará a produ­cirse la calidad”.

Tiempo, distancias, personalidades, actitudes: la lista de dificultades es larga. “Éstos son temas serios”, comenta la hermana Willis. “Sin embargo, podría ser que muchas de las respuestas se encuentren realmente en la ayuda que ofrezcamos a nuestros maestros orientadores y a nuestras maestras visitantes para que acepten los convenios que han hecho mediante el bautismo y en el templo y los cumplan.

“Cuando lleguemos a ese punto, estaremos cumpliendo nuestros llamamientos porque hemos hecho el convenio de hacerlo así y no por las simples estadísticas. Tenemos, eso sí, que informar y compartir con los demás nuestras experiencias y lo que hayamos aprendido. Pero, al fin y al cabo, la razón de nuestro servicio como maestros orientadores y maes­tras visitantes se basa en el hecho de que amamos al Señor y a Sus hijos”. □

Instrumentos del Señor

A través de los años, los Presidentes de la Iglesia y las presidentas generales de la Sociedad de Socorro han estado recalcando el propósito y la importancia de los maestros orientadores y de las maestras visitantes.

Presidente Gordon B. Hinckley

Presidente de la Iglesia, 1995-hasta el presente

“‘El deber del maestro es velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortale­cerlos’ (D. y C. 20:53). Este es el mandato del Señor. Espero que los maestros orientadores y las maestros visitantes experimenten dos cosas: primero, el incentivo de la responsabilidad que su gran llamamiento constituye, y, segundo, la dulzura de los resultados de su labor, particularmente con aquellos que son menos activos entre nosotros. Espero que estos maestros se pongan de rodillas en oración para ser guiados y que entonces vayan a trabajar para traer a estos hijos pródigos de vuelta al redil de la Iglesia. Si los maestros orientadores y las maestras visitantes responden a este cometido, francamente creo que podrán saborear ese dulce y maravilloso sentimiento que proviene del ser un instrumento en las manos del Señor para reactivar a alguien en Su Iglesia y reino.

“Es mi súplica que cada uno de nosotros se acerque a aquellos hermanos y hermanas que una vez conocieron la belleza y maravilla de este Evangelio restaurado por una temporada y que más tarde encontraron alguna razón para abandonarlo.

“Ruego que todos los maestros orientadores reconozcan que tienen la responsabilidad inelu­dible de visitar los hogares de la gente y enseñarle a vivir con mayor fidelidad los principios del Evangelio, y ver que no haya iniquidad, ni difa­maciones o calumnias, para fortalecer su fe y procurar que las familias vivan en armonía temporal. Esa es una responsabilidad muy seria, realmente seria. Pero no es una carga pesada, sino que requiere un poco más de fe. Es algo digno de nuestros mejores esfuerzos” (Ensign, marzo de 1997, pág. 27).

Presidente Ezra Taft Benson

Presidente de la Iglesia, 1985-1994

“Los programas de los maestros orientadores y de las maestras visitantes son inspirados. Tienen por objeto el que todos los meses se visite a cada miembro de la Iglesia, tanto a los activos como a los menos activos. Por favor, den mayor énfasis a la orientación familiar y a las visitas de las maestras visitantes” (Ensign, septiembre de 1987, pág. 4).

“Siento la impresión de hablarles acerca de un programa del sacerdocio que ha sido inspirado desde su iniciación: un programa que llega al corazón, que cambia vidas, que salva almas; un programa que tiene el sello de aprobación de nuestro Padre Celestial; un programa tan impor­tante que, si se sigue fielmente, ayudará a renovar a la iglesia espiritualmente y a exaltar a sus miem­bros y familias individuales.

“Me refiero a la orientación familiar del sacerdocio…

“…Es la forma en que el sacerdocio vela por los santos y lleva a cabo la misión de la Iglesia. La orientación familiar no es simplemente otra asigna­ción; es un llamamiento sagrado” (véase Liahona, julio de 1987, pág. 48).

“Recuerden que la calidad, así como la cantidad en lo que respecta a la orientación fami­liar es esencial para ser un maestro orientador eficaz. Sus visitas deben ser de buena calidad, pero a la vez deben ponerse en contacto con cada familia cada mes. Como pastores de esas familias, tanto las activas como las menos activas, no deben conformarse con sólo alcanzar a las noventa y nueve; su meta cada mes debe ser un cien por ciento” (véase Liahona, julio de 1 987, pág. 51).

Elaine L. Jack

Presidenta general de la Sociedad de Socorro, 1990-1997

“Mediante el programa de las maestras visi­tantes actuamos como madres, hermanas, ayudantes, compañeras y amigas, unas con otras” (Church News, 4 de septiembre de 1993, pág. 6).

“Como maestras visitantes nos ayudamos mutuamente. Las manos suelen a veces comunicar mejor que las palabras. Un cálido abrazo es muy elocuente. Cuando reímos juntas, nos sentimos más unidas. Un momento compartido nos refresca el alma. No siempre podemos levantar la carga de una persona agobiada, pero sí podemos levantar a esa persona para que pueda soportar mejor su carga” (Church News, 7 de marzo de 1 992, pág. 5).

“Nunca debemos subestimar el valor de una visita individual. Así como las mujeres anduvieron por todo Nauvoo recogiendo información en cuanto a las condiciones en que se encontraban las personas y las familias en los primeros días de la Iglesia, también nuestras hermanas en Pert, Australia, y en Papeete, Tahití, visitan los hogares de sus vecinas y se ayudan unas a otras. Es realmente emocionante ser parte de una asociación mundial de hermanas que llevan a cabo este abnegado servicio recíproco. A veces, al salir como maestra visitante, he pensado en ello y me he preguntado si las hermanas de Manitoba, de Canadá, o de México o de Francia, o aun de [Rusia] estarán haciendo sus visitas en ese mismo momento. El ser parte de algo más grande que nosotras mismas es un concepto verdaderamente único” (Eye to Eye, Heart to Heart [1 992], págs. 142-143).

Barbara W. Winder

Presidenta general de la Sociedad de Socorro, 1984-1990

“El programa de las maestras visitantes nos da la oportunidad de aprender cómo seguir al Salvador. Al ofrecer nuestro amor y nuestro servicio abnegado, nos convertimos en instrumentos del Señor, ayudando en momentos de necesidad física, emocional y espiritual para inspirar corazones y cambiar vidas. El servicio de las maestras visitantes es la esencia misma del Evangelio y nos ofrece la oportunidad de practicar los principios descritos en Mosíah 18:8-9: estar ‘dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros… [estar] dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo… para que [tengamos] vida eterna’ ” (Ensign, marzo de 1997, pág. 33).

Presidente Spencer W. Kimball

Presidente de la Iglesia, 1973-1985

“Cada vez que pienso en las maestras visitantes, pienso también en los maestros [orientadores] y considero que de muchas maneras sus deberes son semejantes a los de ellos, quienes, en resumen, deben ‘velar siempre por los miembros de la Iglesia’ —no solamente veinte minutos al mes, sino siempre— ‘y estar con ellos y fortalecerlos’ —no sólo llamar a la puerta, sino estar con ellos, alen­tarlos y reconfortarlos, ayudarles y fortalecerlos— ‘y cuidar que no haya iniquidad… ni aspereza… ni difamaciones, ni calumnias’ (D. y C. 20:53-54)…

“A fin de lograr el éxito, me parece que la maestra visitante debe tener un elevado propósito y recordarlo en todo momento; debe poseer un gran discernimiento, un entusiasmo inquebrantable, una actitud positiva y, claro está, un gran amor” (véase Liahona, diciembre de 1978, págs. 2, 3).

“Bendito será el día en que todos los maestros orientadores, los que trabajan en los programas misionales, de genealogía, de bienestar y todos los demás programas lleguen a ser maestros orienta­dores en todo el sentido de la palabra, atendiendo a cada aspecto de la vida de sus familias: espiri­tual, temporal, económico, moral, [y] marital. ¡Ése será un día de felicidad!” (The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball, 1982, pág. 524).

Barbara B. Smith

Presidenta general de la Sociedad de Socorro, 1974-1984

“Tenemos que buscar entre nosotros a aquellos que necesiten ayuda y emplear los talentos que Dios nos haya dado para obrar con caridad, así como nuestros medios para aliviar a nuestros semejantes, coordinando ambas cosas en una. Tal ha sido nuestra responsabilidad desde el principio y sigue siendo nuestra responsabilidad en la actua­lidad. Debemos ir en persona a cada hogar y preparar nuestras almas a tal punto que podamos encontrar a los que están necesitados y ofrecerles nuestra amistad y nuestra ayuda, y alentarlos para que puedan encarar los problemas cotidianos” (Ensign, marzo de 1 997, pág. 37).

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Una respuesta a Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

  1. Tania Castro Morales dijo:

    Se sin lugar a dudas que estas cosas son verdaderas.

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