Pagad a vuestros acreedores y vivid

Liahona Octubre 1987
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

“Pagad a vuestros acreedores y vivid”

Por el presidente Ezra Taft Benson

En el libro de Reyes leemos acerca de una mujer que acudió afligida a Eliseo, el profeta. Su es- ‘poso había muerto y ella tenía una deuda que no podía saldar. El acreedor había ido para quitarle a sus dos hijos y venderlos como esclavos.

Mediante un milagro, Eliseo le proporcionó una abundante cantidad de aceite y luego le dijo: “Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede”. (Véase 2 Reyes 4:1-7.)

“Paga a tus acreedores y. . . vivid.” ¡Cuánta sabiduría encierran estas palabras! ¡Cuán sabio con­sejo para nosotros en la actualidad!

Por boca de hombres sabios a través de las edades, una y otra vez encontramos esta gran exhortación en cuanto a la sabiduría de estar libres de deudas. En Hamlet, Shakespeare puso estas palabras en los labios de uno de sus personajes: “No pidas ni des prestado a nadie, pues el prestar [frecuentemente] hace perder… el dinero y al amigo” (Acto 1, escena 3).

Otros han escrito:

“La pobreza es difícil, pero la deuda horrible.” (Charles Haddon Spurgeon).

“Pensad en lo que hacéis cuando os endeudáis; ce­déis a otra persona el derecho a que os domine.” (Benjamín Franklin).

Los principios de verdad nunca cambian

Es cierto que los tiempos han cambiado desde los días de Franklin, pero los principios de verdad y sabiduría nunca cambian. Nuestros inspirados líderes siempre nos han exhortado a que salgamos de deudas y que vivamos con lo que ganamos.

Nuestros antepasados pioneros nos dejaron un le­gado de autosuficiencia, de ahorro y de estar libres de deudas. Ciertamente nos aconsejarían en la actuali­dad: “Pagad a vuestros acreedores y vivid”.

Muchas personas, sintiéndose seguras al esperar un empleo continuo, así como la estabilidad de un suel­do o salario, firman contratos de compra y consignan su futuro salario sin pensar en lo que harían si perdie­sen su trabajo o si por alguna otra razón dejasen de recibir un sueldo.

Una de las preocupaciones aún mayores es el alza del materialismo comparado a la dedicación a los va­lores espirituales. Todos parecemos tener la tenden­cia a querer lo que tiene el vecino, aun si nuestro salario es más bajo. Es triste que muchas personas parezcan estar viviendo de esta manera.

A la larga, es mucho más fácil vivir con lo que ganamos y resistir la tentación de utilizar reservas fu­turas, excepto en casos de extrema necesidad, y nun­ca para lujos. No es justo, ni para nosotros, ni para nuestras comunidades, ser tan desjuiciados en nuestra manera de gastar que el día en que cesemos de recibir un sueldo tengamos que acudir a las agencias de ayu­da o a la Iglesia para recibir ayuda económica-

Comprad dentro de vuestras posibilidades económicas

Os exhorto solemnemente a que no os comprome­táis a pagar intereses que a menudo son exorbitante­mente altos. Ahorrad ahora y comprad después a pre­cios más convenientes. De esta forma os evitaréis al­tos intereses y otros pagos, y el dinero que ahorréis os proveerá la oportunidad de comprar más tarde a pre­cios más módicos por pagar al contado.

Si tenéis que endeudaros para afrontar las necesi­dades razonables de la vida, tales como una casa, os imploro, si valoráis vuestra solvencia y felicidad, comprad dentro de vuestras posibilidades económicas y haced uso prudente del crédito. Resistid la tenta­ción de comprar una propiedad mucho más lujosa o grande de lo que realmente necesitáis. El pago de intereses fácilmente se puede convertir en una tre­menda carga, especialmente cuando uno le añade los impuestos y los costos de reparación.

Cuando pienso en el establecimiento de mi propio hogar, estoy agradecido por una compañera que, aun­que se había criado con muchos de los lujos de la vida, estuvo dispuesta a empezar modestamente.

No os dejéis a vosotros o vuestra familia desprovis­tos de protección contra las tempestades económicas. Eliminad los lujos por ahora, cuando menos, hasta que tengáis unos ahorros. ¡Qué sabio es proveer para la educación futura de los hijos y para la vejez!

Clamad al Señor

Cuanto más reducido sea el ingreso familiar, más importante es que cada centavo se utilice prudentemente.

El gastar y ahorrar eficientemente le proporcionará a la familia más seguridad, más oportunida­des, más educación y un nivel de vida más alto. Siempre que sea posible, apresuremos el pago de las hipotecas y hagamos previsión para la educación, pa­ra las posibles épocas en que se reduzca el sueldo, así como cualquier emergencia que pudiese surgir.

La mayordomía, y no el consumo desmedido, es la relación adecuada del hombre con respecto a la ri­queza material.

Clamad al Señor para que os dé la fortaleza para dar oído a los oráculos de Dios. El profeta Amulek dijo:

“Clamad a él por las cosechas de vuestros campos, a fin de que prosperéis en ellas. Clamad por los reba­ños de vuestros campos para que puedan aumentar.” (Alma 34:24-25.)

Permitidme agregar esto al consejo de Amulek: Clamad al Señor por vuestras deudas, a fin de que salgáis de ellas. Clamad a él para que os dé la fe para salir de vuestras deudas y para poder vivir dentro de vuestras posibilidades económicas. Sí, “Pagad a vuestros acreedores y vivid.”

Mis hermanos, sigamos el consejo de los líderes de la Iglesia. ¡Salgamos de deudas! Paguemos primera­mente nuestro diezmo, nuestras obligaciones a nues­tro Padre Celestial, y entonces podremos más fácil­mente pagar nuestras deudas a nuestro prójimo. Siga­mos el consejo del presidente Brigham Young, quien dijo: “Pagad vuestras deudas,… no volváis a endeu­daros nuevamente. . . Obrad con prontitud en todo, especialmente en pagar las deudas”. (Citado en “. . . Un reino que no será jamás destruido…. ”, Liahona, agosto de 1976, pág. 3.)

El presidente Joseph F. Smith agregó: “Si deseáis prosperar y ser. . . un pueblo libre, cumplid primera­mente con vuestras obligaciones justas con Dios, y en seguida. . . con vuestro prójimo.” (Doctrina del Evangelio, pág. 254.)

El presidente Heber J. Grant aconsejó: “El diezmo es una ley de Dios. . . Sed honrado con el Señor y prometo [a los Santos de los Últimos Días] que seréis bendecidos con paz, prosperidad y éxito económico”.

(Gospel Standards, recopilado por G. Homer Durham, Salt Lake City: Improvement Era, 1941, págs. 60-61.)

Hermanos y hermanas, nuestros corazones sienten paz y contentamiento cuando vivimos dentro de nuestros medios económicos. Dios nos conceda la sabiduría y la fe para dar oído al inspirado consejo del sacerdocio de salir de deudas y vivir con lo que tenemos; en una palabra, “pagad a vuestras acreedores y vivid”. □

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