La unidad conyugal a través de las escrituras

Liahona Septiembre 1987

La unidad conyugal a través de las escrituras

Por Spencer J. Condie

La mejor persona a quien acudir es el Señor, por medio de la oración y la lectura de las Escrituras

Todos los matrimonios ocasionalmente enfren­tan problemas y frustraciones, y a veces nos preguntamos dónde se puede obtener la sabiduría necesaria para mejorar. ¿Debemos acudir a un obispo, a un miembro de la familia, o quizás hasta un consejero matrimonial? Aun cuando a veces otras personas pueden ayudar, la mejor persona a quien acudir por ayuda en la solución de los problemas con­yugales es el Señor, por medio de la oración y la lectura de las Escrituras.

Las Escrituras son una fuente inmensa de consejo divino sobre el matrimonio, aun cuando a menudo no se recurre a ellas. A continuación se dan algunas ideas de las Escrituras que se pueden utilizar como guía para mantener una relación más armoniosa y satisfactoria en el matrimonio.

Llegar a ser uno

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24.) Este mandamiento se repite nueva­mente en la Perla de Gran Precio, tanto en Moisés (3:24) como en Abraham (5:18). ¿Qué significa?

La unidad física entre el esposo y la esposa, el crear vida humana, es una parte importante para llegar a ser una carne, pero hay otras formas en que los cón­yuges pueden llegar a ser uno en un sentido simbóli­co.

El apóstol Pablo dijo: “. . . el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. . .

“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. . .

“para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Co­rintios 12:14, 21, 25-26.)

Aun cuando Pablo hacía referencia a la necesidad de unidad entre los miembros de la Iglesia, la unidad —emocional y espiritual, al igual que física— es una necesidad esencial para el matrimonio feliz, un matri­monio en el que ambas partes llegan a ser simbólicamente uno en todas las cosas.

Afecto

Al acercarse el fin de su ministerio en la tierra, el Salvador les dio a sus discípulos un nuevo manda­miento: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado. . . ” (Juan 13:34.) Muchos otros pasajes de las Escrituras nos aconsejan: “viviréis juntos en amor” (D. y C. 42:45), y “Goza de la vida con la mujer que amas” (Eclesiastés 9:9). El apóstol Pablo exhortó que los esposos amen a sus esposas “así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Y por intermedio del profeta José Smith, el Señor nuevamente les mandó a todos los esposos en Sión: “Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra.” (D. y C. 42:22.)

La mayoría de los problemas mejorarán a medida que los cónyuges traten sinceramente de amarse más plena y constantemente.

Honradez emocional

A menudo los cónyuges se sienten incómodos al compartir sus verdaderos sentimientos; a veces temen herir los sentimientos del otro, o temen ponerse a sí mismos en una posición vulnerable.

Sin embargo, el apóstol Juan enseña que “en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor ” (1 Juan 4:18). Y Pablo nos aconseja hablar “la verdad en amor” (Efesios 4:15). El Rey Benjamín nos enseña además que no “tendréis deseos de injuriaros el uno al otro, sino de vivir pacíficamente, y dar a cada uno según lo que le co­rresponda” (Mosíah 4:13).

En otras palabras, se necesita una actitud de bon­dad y caridad -de un “amor perfecto”. En todo caso, antes de compartir sus emociones sería buena idea que se hiciera las preguntas: “¿Nos acercará más el hecho de compartir estas emociones? Si guardo en secreto estos sentimientos, ¿nos distanciaremos más?” A veces, el esconder creencias y sentimientos profundos aumentan la distancia emocional de una pareja.

Por otra parte, una pareja que puede expresar sus verdaderas emociones con amor, aun cuando esos sentimientos reflejen descontento, desaliento o enojo, muchas veces puede fortalecer sus relaciones a medida que tratan de resolver sus diferencias. La cla­ve importante yace en la forma en que comparten sus emociones y sentimientos. Los cónyuges necesitan compartir sus sentimientos en una forma sensible, abierta y amorosa, dando lugar a un ambiente de co­modidad para ambos. Jamás deben explotar en ira o considerarse muy justos y buenos.

Resolver las diferencias como amigos

Quizás la sección 121 de Doctrina y Convenios sea el mejor consejo proveniente de las Escrituras en lo que respecta a resolver diferencias. Aun cuando se relaciona directamente con el uso de la autoridad del sacerdocio, también se aplica al efectuar cambios en las relaciones matrimoniales. El Señor nos dice que debemos trabajar con “persuasión, longanimidad, be­nignidad, mansedumbre y por amor sincero;

“por bondad y por conocimiento puro. . .”. (Versículos 41—42).

El consejo de Pablo a los filipenses también es per­tinente: “Nada hagáis por contienda o por vanaglo­ria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” (Filipenses 2:3.)

“Completad el gozo”

“Completad mi gozo,” aconseja Pablo, “sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sin­tiendo una misma cosa.” (Filipenses 2:2.) Un apóstol del siglo diecinueve, Orson Pratt, enseñó que cuanto más cerca se encuentra un esposo y una esposa del Señor, más cerca estarán el uno del otro:

“Cuanto más recto llega a ser un pueblo, más cali­ficado está para amar a sus semejantes y hacerles feli­ces. Un hombre inicuo puede tener un poco de amor para su esposa, mientras que un hombre justo, estan­do lleno del amor de Dios, sin duda demuestra esta calidad celestial en cada pensamiento o sentimiento de su corazón, en cada palabra y hecho. El amor, el gozo y la inocencia irradiarán de su rostro y se expre­sarán en cada mirada. Esto le dará confianza a su esposa y ella le responderá con amor, porque el amor engendra amor, la felicidad da felicidad, y estas emo­ciones celestiales continuarán aumentando más y más hasta que se perfeccionen y glorifiquen en la plenitud del amor eterno.” (The Seer, Salt Lake City: por Eugene Wagner, 1960, pág 156.)

El acudir a las Escrituras y a las palabras de los profetas actuales para encontrar consejos inspirados, es una de las mejores formas en que los cónyuges pue­den fortalecer su relación matrimonial. A medida que buscamos la ayuda del Señor en esta, la más im­portante de todas las relaciones, Él nos bendecirá con mayor amor y comprensión mutuos. □

Spencer J. Conáie, profesor de sociología de la Universidad Brigham Young, Provo, Estado de Utah, goza de permiso laboral mientras sirve como presidente de misión en Viena, Austria.

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