El cuidado de los miembros menos activos

Liahona Septiembre 1987

El cuidado de los miembros menos activos

Por el élder Carlos E. Asay
Del Primer Quorum de los Setenta

Cualquiera que sea la razón por la que algunas personas se aparten de la Iglesia, sus almas son de un valor infinito. Son miembros vita­les del cuerpo de Cristo.

En su primera epístola a los corintios, Pablo com­paró el cuerpo de Cristo, o el de la Iglesia, con el cuerpo de un hombre. En la Iglesia como en el cuer­po humano, dijo, cada miembro es esencial. “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito…” (1 Corintios 12:21). Cada miembro tiene algo para con­tribuir.

Luego Pablo mencionó en forma especial a los miembros “que parecen más débiles,” aquellos “que nos parecen menos dignos,” y aquellos que son “me­nos decorosos”. Estas partes, dijo, no deben ser me­nospreciadas, sino que todos los miembros deben re­cibir el mismo cuidado los unos de los otros.

Pocas palabras son tan conmovedoras como éstas: “Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida.” (Salmos 142:4.) ¿Hay miembros de la Iglesia que se consideren desconocidos o dejados de lado? ¿Hemos rechazado a aquellos cuyas vidas pare­cen menos que santificadas? Si lo hemos hecho, de­bemos buscar a esa gente, amarla y ayudarle a regre­sar a la Iglesia.

¿A quién buscaremos?

Al pensar en las personas a quienes debemos invi­tar a que regresen a la Iglesia, deberíamos considerar las parábolas de la oveja perdida, de la moneda perdi­da y del hijo pródigo. (Véase Lucas 15.)

La oveja perdida puede representar a la persona que se aleja del camino, cosa que quizás no haya he­cho intencionalmente. Simplemente sigue a la multi­tud y se convierte en parte de cualquier grupo que le demuestre el mayor interés. Generalmente, este tipo de persona responderá a nuestro amor, interés y her­mandad genuinos.

Quizás el Salvador utilizó la parábola de la moneda perdida para demostrar que un alma preciosa, como una pieza de plata, se puede perder debido a la negli­gencia de maestros o líderes. Si un maestro o líder ofende a alguien que está bajo su cuidado, deberá hacer todo lo posible para recobrar esa alma.

El hijo pródigo puede representar a aquellos que abiertamente se rebelan contra el cielo y el hogar; a menudo el hijo pródigo considera que sabe más que los mayores y desea ir por su propio camino. Quizás tropiece por el peligroso sendero de la juventud; tal vez los que estén cerca de él no entiendan la razón por la que se ha rebelado, pero el alma del hijo pródi­go es de gran valor y jamás se debe abandonar. La oración, las súplicas y el amor constantes pueden ayudarle a regresar.

Debemos comprender y buscar a aquellos que han perdido contacto con la Iglesia, cualquiera haya sido la razón, porque sus almas son de valor infinito. Son miembros vitales del cuerpo de Cristo.

Los sentimientos de los miembros menos activos

Si logramos entender cómo se sienten los miem­bros menos activos con respecto a la religión y a no­sotros, quizás podamos ayudarles mejor a encontrar las bendiciones completas del evangelio. Permitidme compartir con vosotros algunos de sus sentimientos con respecto a sí mismos y a los miembros que parti­cipan activamente en la Iglesia.

— Casi la mitad de las personas que no asisten a las reuniones de la Iglesia todavía se consideran religio­sas. O sea, creen en Dios y dicen sus oraciones, pero no se comprometen con la Iglesia.

— Los miembros que no son muy activos general­mente se consideran indignos ante los ojos de Dios, pero se consideran tan buenos como la mayoría de la gente.

— Piensan que el ir a las reuniones de la Iglesia no hace necesariamente a una persona mejor.

— Consideran que la mayoría de la gente que asiste a la Iglesia pretende ser mejor de lo que en realidad es, y por lo tanto es hipócrita. Piensan que son más sinceros que la gente que va a la Iglesia, porque ellos no pretenden ser mejor que los demás.

Muchos miembros menos activos deben entender que la Iglesia no es un club para gente perfecta, sino una clínica para aquellos que están tratando de lograr la per­fección. Debemos ayudar a nuestros amigos menos activos a ver la necesidad de los aspectos prácticos del evangelio, en vez de darles un sermón sobre princi­pios abstractos.

Preparados para el cambio

Los menos activos a menudo están más deseosos de cambiar sus vidas en un período de crisis o aflicción. Cuando se mudan a otro sitio, cuando fallece un ser querido o cuando nace un nuevo hijo en la familia, pueden ser más receptivos a entablar amistades con gente que se interesa por ayudarles a encontrar solu­ciones viviendo el evangelio.

Siempre debemos tratar de edificar lazos fuertes de amistad con los miembros menos activos. Por medio de amistades duraderas, podemos plantar la semilla de la comprensión del evangelio y compartir expe­riencias espirituales. Con el tiempo, la persona me­nos activa podrá fortalecer su propia relación con nuestro Padre Celestial y participar más activamente en actividades religiosas.

Debemos querer más al prójimo

Las almas de nuestros hermanos y hermanas que parecen más débiles y menos honorables son preciosas; la Iglesia los necesita. Nuestro ruego debería ser como el de Alma:

“¡. . . danos, oh Señor, poder y sabiduría para que podamos traer a éstos, nuestros hermanos, nuevamente a ti!” (Alma 31:35.)

Nuestra salvación depende de la salvación de los demás; debemos querer más a aquellos que parecen no tener afecto por su propia fe.

Poco después de que mi abuelo salió a servir una misión, su esposa, o sea mi abuela, anotó lo siguiente en su diario: “Esta noche el presidente de estaca me llamó a su oficina y me invitó a trabajar con los miembros más descarriados de la estaca.”

Dios nos ayude a seguir adelante con la determina­ción mancomunada que se expresa en Ezequiel 34:6: “Yo buscaré la [oveja] perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortalece­ré la débil. . . ” □

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