Su mano que guía diariamente

Conferencia General Abril 2017
Su mano que guía diariamente
Por M. Joseph Brough
Segundo Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes

El Padre Celestial sabe mejor que nadie lo que ustedes y yo necesitamos.

Uno de los instrumentos más queridos del Padre Celestial para guiar a Sus hijos son los abuelos que viven con rectitud. La madre de mi padre era una de esas mujeres. En una ocasión que tuvo lugar cuando yo era demasiado pequeño para recordar, mi padre me estaba disciplinando. Al observar esa corrección, mi abuela dijo: “Monte, me parece que lo estás corrigiendo de manera muy severa”.

Mi padre respondió: “Mamá, corregiré a mis hijos como yo desee”.

Y mi sabia abuela suavemente declaró: “Y yo también”.

Estoy seguro de que mi padre escuchó la sabia guía de su madre ese día.

Cuando pensamos en guiar, quizá nos venga a la mente el himno que todos conocemos y amamos: “Soy un hijo de Dios”. En el estribillo encontramos las palabras: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir”1.

Hasta hace poco, entendía que ese estribillo era dirección divina para los padres. Al meditar sobre esas palabras, me di cuenta de que si bien contienen dicha dirección, tienen un significado mucho mayor. De forma individual, cada uno de nosotros suplica diariamente que el Padre Celestial nos guíe y nos enseñe.

El presidente Dieter F. Uchtdorf explicó: “Nuestro Padre Celestial conoce las necesidades de Sus hijos mejor que nadie; Su obra y Su gloria es ayudarnos en cada paso, dándonos maravillosos recursos temporales y espirituales para ayudarnos en nuestra senda de regreso a Él”2.

Escuchen esas palabras: El Padre Celestial sabe mejor que nadie lo que ustedes y yo necesitamos. Por consiguiente, ha preparado un kit de ayuda personal adaptado a cada uno de nosotros, el cual contiene muchos componentes, entre ellos Su Hijo y la Expiación, el Espíritu Santo, mandamientos, Escrituras, oración, profetas, apóstoles, padres, abuelos, líderes locales del sacerdocio y muchos más, todos ellos para ayudarnos a regresar a vivir con Él algún día.

Permítanme explayarme hoy en solo unos cuantos de los componentes del kit de ayuda que me han hecho reconocer que un Padre amoroso está guiándome y enseñándome a mí y también a mi familia. Ruego que cada uno de ustedes reconozca en sus experiencias que el Padre Celestial está guiando y enseñándoles a ustedes y que, con ese conocimiento, procedan con confianza, sabiendo de que nunca están realmente solos.

Los mandamientos del Padre Celestial son componentes clave del kit de ayuda. Alma declaró“que la maldad nunca fue felicidad”3. El tolerar un comportamiento indebido sin reprender de forma amorosa equivale a una compasión falsa que reafirma la noción popular de que la maldad puede, de hecho, ser felicidad. Samuel el Lamanita refutó claramente dicha noción: “… habéis buscado la felicidad cometiendo iniquidades, lo cual es contrario a la naturaleza de esa justicia que existe en nuestro gran y Eterno Caudillo”4.

Por medio de Sus profetas, el Padre Celestial nos recuerda constantemente que la rectitud es felicidad. El rey Benjamín, por ejemplo, enseñó que el Padre Celestial “requiere que hagáis lo que os ha mandado; y si lo hacéis, él os bendice inmediatamente”5. Otro himno contiene un recordatorio similar:

Siempre obedece los mandamientos,
tendrás gran consuelo y sentirás paz.
Dios te promete Sus bendiciones6.

Alrededor del tiempo en que cumplí catorce años, aprendí acerca de algunas de esas bendiciones. Observé un comportamiento diferente en mis padres y, considerando lo que había observado, pregunté: “¿Vamos a ir a una misión?”. El asombro en el rostro de mi madre confirmó mis sospechas. Más tarde, en un consejo familiar, mis hermanos y yo nos enteramos de que nuestros padres habían sido llamados a presidir una misión.

Vivíamos en un hermoso rancho en Wyoming y, desde mi punto de vista, la vida era perfecta. Podía regresar a casa después de la escuela, hacer mis quehaceres, y luego irme a cazar, pescar o explorar con mi perro.

Poco tiempo después de haberme enterado del llamamiento, me di cuenta de que tendría que deshacerme de mi perro, Blue. Acudí a mi padre, y le pregunté lo que debía hacer con Blue; deseaba hacer hincapié en la injusticia de lo que Dios requería. Nunca olvidaré su respuesta. Me dijo: “No estoy seguro; probablemente no pueda ir con nosotros, así que más vale que le preguntes al Padre Celestial”. Esa no era la respuesta que yo esperaba.

Comencé a leer el Libro de Mormón y oré sinceramente para saber si tenía que regalar a mi perro. La respuesta no llegó de momento; más bien, a mi mente seguía llegando un pensamiento específico: “No seas una carga para tus padres; no seas una carga. Yo he llamado a tus padres”.

Sabía lo que el Padre Celestial requería. El conocimiento de ello no aminoró el dolor de regalar a mi perro; sin embargo, por medio de ese pequeño sacrificio, se me ablandó el corazón y hallé paz al procurar saber la voluntad del Padre Celestial.

Agradezco a mi Padre Celestial las bendiciones y la felicidad que encontré por medio de las Escrituras, la oración, el Espíritu Santo y un padre terrenal digno que abrazó su papel como maestro principal del Evangelio para con sus hijos. Me estaban guiando y enseñándome la senda a seguir, especialmente cuando tenía que hacer algo difícil.

Además de contar con los componentes del kit de ayuda que he mencionado, todos somos bendecidos con un líder del sacerdocio que nos guía y nos enseña.

El presidente Boyd K. Packer dijo: “¡Los obispos son inspirados! Cada uno de nosotros tiene el albedrío para aceptar o rechazar el consejo de nuestros líderes, pero nunca hagan caso omiso del consejo de sus obispos, ya sea que lo impartan desde el púlpito o en persona”7.

Esos hombres se esfuerzan por representar al Señor. Ya sea que seamos mayores o jóvenes, cuando Satanás desea que pensemos que todo está perdido, los obispos están allí para guiarnos. Al hablar con obispos, he hallado un tema común con respecto a las confesiones de desobediencia o a los inocentes que sufren terribles injusticias. Los obispos inmediatamente desean expresar el amor del Padre Celestial por la persona y el deseo de caminar con él o ella para que encuentre la senda de regreso a casa.

Quizás el componente más grandioso del kit de ayuda del Padre Celestial se describe con estas palabras: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito”8.

A fin de enseñarnos todo lo que debemos hacer, Jesucristo mostró el camino dando un ejemplo perfecto que debemos tratar de emular. Nos suplica con los brazos extendidos que vengamos y le sigamos9. Y cuando fallamos, que es algo que todos hacemos, Él nos recuerda: “Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten”10.

¡Qué don tan maravilloso! El arrepentimiento no es un castigo, sino un privilegio. Es un privilegio que nos guía y nos enseña. No es de sorprender que las Escrituras declaran que no debemos enseñar nada salvo el arrepentimiento11.

El Padre Celestial cuenta con muchos recursos, pero a menudo se vale de otra persona para que lo ayude. A diario nos da oportunidades de guiar a alguien que tenga necesidad, y de enseñarle la senda a seguir. Debemos seguir el ejemplo del Salvador. Nosotros también debemos estar en los asuntos del Padre Celestial.

Como Presidencia General de los Hombres Jóvenes, sabemos que los jóvenes son bendecidos cuando tienen padres y líderes que actúan en representación del Padre Celestial al guiarles y enseñarles. Tres principios12 que nos ayudarán a formar parte del kit de ayuda del Padre Celestial para los demás son:

Primero, estar con los jóvenes. El presidente Henry B. Eyring hizo hincapié en ese punto: “Hay algunas cosas que podemos hacer que podrían ser de la mayor importancia. Aun más poderoso que usar palabras al enseñar la doctrina serán nuestros ejemplos al vivirla”13. Guiar a los jóvenes requiere que estemos con ellos. Dedicar tiempo es una expresión de amor que nos permite enseñar por medio de la palabra y del ejemplo.

Segundo, para realmente guiar a los jóvenes, debemos conectarlos con los cielos. Siempre llega el tiempo en que cada persona debe valerse por sí misma, y únicamente el Padre Celestial puede estar allí para guiar en todo tiempo y en todo lugar. Los jóvenes deben saber cómo buscar la guía del Padre Celestial.

Tercero, debemos permitir que los jóvenes lideren. Tal como el padre amoroso que sostiene la mano de un pequeño que está aprendiendo a caminar, debemos dejar que se valgan por sí mismos a fin de que los jóvenes progresen. El permitir que los jóvenes lideren requiere paciencia y amor; es más difícil y requiere más tiempo que el hacerlo nosotros mismos. Quizá tropiecen a lo largo del camino, pero debemos caminar a su lado.

Hermanos y hermanas, habrá ocasiones en nuestra vida en que las bendiciones de guiar parezcan estar distantes o ausentes. Para esos momentos de aflicción, el élder D. Todd Christofferson prometió: “… asegúrate de que tus convenios tengan primordial importancia y que obedezcas con exactitud; entonces puedes pedir con fe, sin dudar en nada, según tus necesidades, y Dios responderá. Él te sostendrá al trabajar y al velar. En Su propio tiempo y a Su propia manera, Él te extenderá Su mano y te dirá: ‘Heme aquí’”14.

En una ocasión como esa, procuré el consejo del Padre Celestial por medio de la oración constante y sincera durante más de un año para encontrar la solución a una situación difícil. Sabía por lógica que el Padre Celestial contesta todas las oraciones sinceras; sin embargo, un día fue tal mi desesperación que asistí al templo con una pregunta: “Padre Celestial, ¿realmente te interesas?”.

Estaba sentado hacia la parte de atrás de la sala de espera del Templo de Logan, Utah, cuando, para mi sorpresa, entró en la sala ese día el presidente del templo, Vaughn J. Featherstone, que es un buen amigo de la familia. Se puso frente a la congregación y nos dio la bienvenida a todos. Cuando se percató de que yo estaba entre los participantes del templo, dejó de hablar, me miró a los ojos, y luego dijo: “Hermano Brough, me da gusto verlo en el templo hoy”.

Nunca olvidaré el sentimiento de ese momento sencillo. Fue como si —en ese saludo— el Padre Celestial estuviera extendiendo la mano y diciendo: “Heme aquí”.

El Padre Celestial realmente sí se interesa, y escucha y contesta siempre cada oración de Sus hijos15. Como uno de ellos, sé que la respuesta a mis oraciones llegó en el tiempo del Señor; y mediante esa experiencia entendí, más que nunca, que somos hijos de Dios y que nos ha enviado aquí para que podamos sentir Su presencia ahora y regresar a vivir con Él algún día.

Testifico que el Padre Celestial nos guía y nos enseña la senda a seguir. Conforme sigamos a Su Hijo y prestemos atención a Sus siervos, los apóstoles y profetas, encontraremos el camino a la vida eterna. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. “Soy un hijo de Dios”, Himnos, nro. 196.
  2. Dieter F. Uchtdorf, “Nuestro Padre, Nuestro Mentor”, Liahona, junio de 2016, pág. 5.
  3. Alma 41:10.
  4. Helamán 13:38.
  5. Mosíah 2:24.
  6. “Siempre obedece los mandamientos”, Himnos, nro. 197.
  7. Boyd K. Packer, “El obispo y sus consejeros”, Liahona, julio de 1999, pág. 72.
  8. Juan 3:16.
  9. Véase Lucas 18:22.
  10. Doctrina y Convenios 19:16.
  11. Véase Mosíah 18:20.
  12. Véase “Capacitación para líderes de las organizaciones auxiliares: Hombres Jóvenes”, lds.org/callings/aaronic-priesthood/auxiliary-training?lang=spa&_r=1
  13. Henry B. Eyring, “El sacerdocio preparatorio”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 61.
  14. D. Todd Christofferson, “El poder de los convenios”, Liahona, mayo de 2009, pág. 22.
  15. Véase “Oración de un niño”, Canciones para los niños, págs. 6–7.
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