La ley de castidad

Liahona Octubre 1988

La Ley de Castidad

por el presidente Ezra Taft Benson
Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, en Pravo, Utah


Cuando obedecemos la ley de castidad y nos conservamos moralmente limpios, recibiremos las bendiciones de sentir cada vez más amor y paz y una comprensión más profunda de lo que es el verdadero gozo y felicidad.

En esta dispensación, el Señor ha repetido el mandamiento que dio en el Sinaí cuando dijo: “No cometerás adulterio . . . ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6; cursiva agregada). Desde el comienzo, el Señor estableció una norma clara e inconfundible con respecto a la pureza sexual, la cual fue, es y será siempre la misma. Esta norma es la ley de castidad, y se aplica a todos por igual, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, ricos y pobres.

En el Libro de Mormón, el profeta Jacob nos dice que el Señor se deleita en la castidad de sus hijos (véase Jacob 2:28). ¿Sabíais esto, mis hermanos y hermanas? El Señor no sólo se siente complacido cuando somos castos, sino que se deleita en ello. Mormón le enseñó lo mismo a su hijo Moroni cuando le escribió diciéndole que la castidad era lo “más caro y precioso que todas las cosas” (Moroni 9:9).

La ley de castidad es un principio que tiene repercusiones eternas. Por lo tanto, no debemos dejarnos influenciar por las muchas voces del mundo, sino que debemos prestar atención a la voz del Señor y entonces tomar la determinación de seguir firmes, sin dudar, por la senda que El nos ha marcado.

El mundo no practica ninguna norma moral y ya ha comenzado a sufrir las consecuencias. Por ejemplo, los oficiales de la salud pública han declarado que si no se descubre la cura para el Síndrome de Inmuno-deficiencia Adquirida (SIDA), llegará a ser una epidemia mundial de tal magnitud que, en comparación, las pestes de viruela, tifoidea y la llamada plaga negra del pasado llegarán a ser insignificantes.

Se está tratando afanosamente de encontrar la manera de curar esta enfermedad, que comenzó entre los homosexuales, y se ha buscado la solución en todas partes menos en las leyes del Señor. Hay muchas instituciones, tanto públicas como privadas, que están tratando de combatir el SIDA; buscan la manera de recaudar más fondos para la investigación; promueven programas de educación e información acerca de la enfermedad; crean proyectos de leyes para evitar que se contagien inocentes; crean programas para brindar tratamiento a los que ya están contaminados. Todos estos son programas importantes y necesarios, y alabamos los esfuerzos que se están haciendo al respecto. Pero, ¿por qué no se oye hablar mucho de volver a fomentar la ley de castidad, de que se tome la determinación de llevar una vida virtuosa y de ser fiel en el matrimonio?

La tentación a la inmoralidad

Reconozco que la mayoría de la gente peca sexualmente con el equívoco intento de llenar las necesidades básicas del ser humano. Todos tenemos la necesidad de sentirnos queridos e importantes; todos buscamos la felicidad y el gozo en la vida. Y como Satanás sabe muy bien esto, induce a las personas a la inmoralidad motivándolas a satisfacer las necesidades básicas prometiendo placeres, felicidad y un sentimiento de seguridad y satisfacción personal.

Pero el pecado, inevitablemente, conduce al engaño. Tal como aparece en Proverbios: “Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace” (Proverbios 6:32). Samuel el Lamanita enseñó el mismo principio cuando dijo: “… habéis buscado la dicha cometiendo iniquidades, lo cual es contrario a la naturaleza de esa . . . justicia” (Helamán 13:38). Por otro lado, Alma dijo en forma más simple: “… la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10).

No os dejéis engañar por las mentiras de Satanás. El placer de la inmoralidad no perdura; no existe gozo en quebrantar la ley de castidad, sino que, por el contrario, frustración y pesar. Al principio todo parece maravilloso, pero muy pronto el entusiasmo se desvanece y lo sustituyen la vergüenza y los sentimientos de culpa; surge el. temor de que se descubra el pecado; las personas se ven obligadas a ocultar y a mentir. El amor comienza a morir y se despierta la amargura, el enojo, la desconfianza y hasta el odio. Todo esto es el resultado del pecado y la transgresión.

Por otro lado, cuando obedecemos la ley de castidad y nos conservamos moralmente limpios, recibiremos las bendiciones de sentir cada vez más amor y paz, de tener más confianza y respeto por nuestro cónyuge, una entrega mayor del uno para el otro y, por lo tanto, una comprensión más profunda de lo que es el verdadero gozo y felicidad.

No debemos confundirnos pensando que este tipo de pecado no es importante o que las consecuencias que acarrea no son serias.

El Señor estableció una norma clara e inconfundible con respecto a la pureza sexual. Esta norma es la ley de castidad, y se aplica a todos por igual, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, ricos y pobres.

Una norma de virtud

Una de las declaraciones más enérgicas acerca de la castidad es la que Alma le hizo a su hijo Coriantón: “¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son abominables a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o negar al Espíritu Santo?” (Alma 39:5; cursiva agregada.) Muy pocos de nosotros seremos culpables de asesinato o de negar al Espíritu Santo. Sin embargo, la ley de castidad se quiebra con frecuencia, aun cuando ante los ojos del Señor, es casi tan seria como esos dos pecados.

Mis queridos hermanos, ¿estáis viviendo de acuerdo con estas Escrituras? ¿Entendéis claramente la seriedad del pecado sexual? ¿No estamos haciendo hincapié constantemente en las bendiciones que se reciben cuando se obedece esta ley? Os digo otra vez, al igual que como lo han hecho todos los profetas que me han antecedido, que hay una norma de virtud y de castidad, y se espera que todos la cumplamos. Lo que el Señor dice a uno les dice a todos: “Debéis practicar la virtud y la santidad delante de mí constantemente” (D. y C. 46:33).

Un viejo dicho que se aplica muy bien a la ley de castidad dice: Más vale prepararse y prevenir que reparar y arrepentirse. Lo primero que debemos hacer para conservarnos moralmente limpios es resistir la tentación y evitar situaciones en que podamos ceder al pecado.

A los que son puros y castos me gustaría dar seis pasos de preparación y prevención, pasos que os darán la seguridad de que nunca caeréis en transgresión:

1. Decidios a ser castos ahora
La decisión de ser casto y virtuoso se debe tomar una sola vez. Tomad esa decisión ahora, y tomadla con gran convicción y firmeza, de modo que nunca tambaleéis. No esperéis hasta que os encontréis en una situación comprometedora para decidiros a ser castos. Tomad la decisión ahora mismo.

2. Controlad vuestros pensamientos.
Nadie pasa a ser inmoral de un día para el otro. La semilla de la inmoralidad se siembra siempre primero en la mente. Cuando pensamos en cosas indecentes, estamos dando el primor paso hacia ella.

Os advierto especialmente acerca de la influencia maligna de la pornografía. Una y otra vez oímos de parte de los que han pecado seriamente que el primer paso hacia la transgresión comenzó con literatura pornográfica. El Salvador nos enseñó que aun cuando un hombre mira a una mujer para codiciarla o, en otras palabras, cuando no controla sus pensamientos, ya está cometiendo adulterio con ella en su corazón (véase Mateo 5:28; D. y C. 63:16).

3. Orad siempre pidiendo poder para resistir la tentación.
Todos tenemos tentaciones; éstas se pueden manifestar de muchas maneras y presentarse disfrazadas de varias formas, pero el Señor nos dijo lo que debemos hacer para resistirlas cuando instruyó a José Smith: “Ora siempre para que salgas triunfante; sí, para que puedas vencer a Satanás y te libres de las manos de los siervos de Satanás que apoyan su obra”.

4. Si sois casados, evitad toda clase de coqueteo.
En algunas culturas se acepta que el hombre y la mujer casados coqueteen y se hagan bromas picantes con otras personas a la manera del mundo; tienen reuniones a las que llaman inofensivas o pasan demasiado tiempo juntos. En todos estos casos la gente se justifica diciendo que son expresiones naturales de la amistad. Pero lo que puede aparentar ser una broma inofensiva o el pasar un buen rato con alguien del sexo opuesto puede fácilmente conducir a una relación más íntima y, con tiempo, a la infidelidad.

Una buena pregunta que nos podemos hacer es: ¿Le gustaría a mi esposo o esposa sí supiera lo que estoy haciendo? ¿Le complacería a una esposa el saber que su marido está a solas con su secretaria? ¿Cómo se sentiría un esposo si viera a su mujer flirtear con otro hombre? Mis queridos hermanos y hermanas, eso es lo que Pablo quiso decir cuando exhortó: “Absteneos de toda especie de mal” (Tesalonicenses 5:22).

5. Si sois casados, evitad estar a solas con miembros del sexo opuesto siempre que sea posible.
Muchas de las trangresiones sexuales comienzan cuando un hombre y una mujer están solos en una oficina, o en la iglesia, o conduciendo un auto. Es muy posible que al principio no haya intento alguno o ni siquiera la idea de cometer un pecado; pero las circunstancias proporcionan un campo fértil para que germine la semilla de la tentación. Una cosa conduce a otra y en poco tiempo puede suceder algo lamentable. Es mucho más fácil evitar este tipo de circunstancias desde el principio a fin de que no haya tentación.

6. Si sois solteros y estáis cortejando, planead cuidadosamente entretenimientos positivos y constructivos, a fin de evitar el no tener otra cosa que hacer más que saciar la atracción física.
Una vez más, este paso se basa en el principio de llenar la vida con cosas positivas a fin de que lo malo no tenga cabida en ella ni oportunidad de crecer. Es común que cuando los jóvenes se quedan a solas varias horas sin nada específico que hacer, se dejen llevar por la atracción física para llenar el tiempo.

Reconozco que es posible que para algunos de vosotros el consejo de prepararse y evitar este tipo de cosas os llegue demasiado tarde; no falta quien ya se encuentre profundamente envuelto en el pecado. Si éste es el caso, no os queda otra alternativa que arreglar vuestra vida y arrepentiros de vuestros pecados. A vosotros os sugiero cuatro pasos importantes que podéis tomar para volver a ser moralmente puros.

La decisión de ser casto y virtuoso se debe tomar una sola vez. Tomad esa decisión ahora, y tomadla con gran convicción y firmeza, de modo que nunca tambaleéis.

1. Terminad con cualquier situación que os haga pecar o que os pueda llevar al pecado.
Cuando José, el que fue vendido por sus hermanos para Egipto, quedó a solas con la esposa de Potifar en la casa de éste, le habría sido muy fácil haber pensado que no había provocado a la mujer, que era criado de ella y que se ofendería si la rechazaba. Si José se hubiera justificado, muy fácilmente habría caído en transgresión. Pero la forma en que actuó nos da una gran lección. Las Escrituras nos dicen: “… dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió (Génesis 39:12, cursiva agregada).

El “huyó y salió”. Mis amados hermanos y hermanas, sí os encontráis en una situación que pone en peligro vuestra pureza moral, seguid el ejemplo de José. Huid y salid de ella. No podéis continuar en el pecado y al mismo tiempo pensar que os estáis arrepintíendo.

2. Pedid al Señor que os dé el poder para vencer la tentación.
Una de las estrategias más eficaces que Satanás utiliza con aquellos a quienes ha inducido a pecar es la de hacerles creer que no son dignos de orar; os convencerá de que nuestro Padre Celestial está tan desilusionado con vosotros que no oirá vuestras oraciones. Esto es mentira, y os hace creer esto para engañaros. El pecado encierra en sí un gran poder y si queréis deshaceros de él, especialmente de los más serios, debéis contar con un poder mayor que el que tenéis en vosotros mismos.

Nadie está más deseoso de ayudaros a huir del pecado que nuestro Padre Celestial. Dirigios a El. Reconoced vuestro pecado, confesad vuestra vergüenza y vuestra culpa, y entonces suplicadle que os ayude; El tiene el poder de ayudaros a triunfar.

3. Permitid que vuestros líderes os ayuden:a resolver la transgresión y volver a tener una relación plena con el Señor.
Hay pecados que son de una gravedad tal, entre ellos los sexuales, que ponen en peligro nuestra condición de miembros de la Iglesia (véase D. y C. 42:24).

El total arrepentimiento de este tipo de pecado requiere no solamente confesarlos y resolverlos con el Señor, sino también con la Iglesia. Esto se hace por medio de los líderes autorizados del sacerdocio. Los obispos y los presidentes de estaca han sido llamados, por revelación, a ser protectores de la Iglesia y jueces en Israel.

Si bien sólo el Señor puede perdonar nuestros pecados, los líderes del sacerdocio desempeñan un papel crítico en el proceso del arrepentimiento de una persona. Aun cuando el pecador haya sido suspendido de los derechos o excomulgado de la Iglesia, estas acciones son el primer paso en el proceso del arrepentimiento, y cuanto más pronto se empiece, más pronto se podrá disfrutar de la dulce paz y el cálido gozo que se recibe con el milagro del perdón.

4. Bebed de la fuente divina y llenad vuestra vida con fuentes positivas de poder.
El proceso del arrepentimiento requiere más que limitarnos a resistir el mal o eliminar el pecado de nuestra vida. También debemos embebernos de virtud y participar de todo lo que no brinde poder espiritual.

Por ejemplo, me refiero a enfrascarnos en el estudio de las Escrituras. Cuando las leemos y estudiamos diariamente, recibimos el poder que emana de ellas, poder que no podemos adquirir de otra forma. Otra fuente de gran poder es la oración de todos los días. El ayunar para pedir fortaleza o para recibir bendiciones especiales puede vigorizarnos espíritualmente más allá de nuestra capacidad natural. Además, el prestar servicio, asistir a la Iglesia y servir en el reino de Dios pueden proporcionarnos un poder y una fortaleza adicionales.

No debemos limitarnos a eliminar las fuerzas negativas de nuestra vida, sino que es preciso reemplazarlas con actividades justas que nos den las fuerzas y la determinación que necesitamos para vivir como debemos.

5. Recordad que por medio del arrepentimiento sincero podéis volver a estar limpios.
Moroni enseñó que “la desesperación viene por causa de la iniquidad” (Moroni 10:22). Los que cometen actos inmorales sufren a veces los devastadores efectos de la desesperación. Pero deben saber que tienen una alternativa.

Los que estén pagando el precio que requiere el arrepentimiento sincero tienen, por cierto, la promesa de que volverán a ser limpios, de que se liberarán del peso de la desesperación y de que la paz y el gozo del milagro del perdón invadirá su vida.

Las palabras del Señor a Isaías son seguras: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

Y en esta dispensación el Señor ha sido igualmente claro cuando dijo: “He aquí, quien se arrepiente de sus pecados es perdonado; y, yo, el Señor, no los recuerdo más” (D. y C. 58:42).

Tal como lo he dicho anteriormente, cuando se trata de la ley de castidad, es mejor prepararse y prevenir que reparar y arrepentirse.

Mis hermanos en el evangelio, nuestro Padre Celestial no desea otra cosa para nosotros que la felicidad. El nos ha dado a conocer las leyes que debemos seguir para lograrla; inevitablemente, una de. ellas es la ley de castidad. Oro de todo corazón para que consideréis más seriamente la satisfacción que se recibe cuando se cumple con la ley de castidad, y las consecuencias trágicas que hay que sufrir cuando se le viola.

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2 respuestas a La ley de castidad

  1. Modesto dijo:

    Totalmente de acuerdo. Creo que se deberia hablar mas de esta ley, ya que el mundo esta cayendo y ascendiendo a la vez en un relativismo moral. La mayor prueba del amor es la lealtad.

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  2. Mario patricio urzua bustamante dijo:

    INSPIRADOR

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