La sonrisa del extraño

Liahona Marzo 2017
La sonrisa del extraño
Jenner Porter, Texas, EE. UU.

Family at restaurant
En condiciones normales, yo habría evitado a ese hombre decaído que jugaba a las cartas en una mesa del área de juegos de un restaurante de comida rápida. Su rostro triste esbozaba una tenue sonrisa mientras miraba a los niños jugar. “Debe estar protegiéndose del frío”, pensé mientras pasaba junto a su mesa para tirar el almuerzo a medio comer de mi hija. Al fijarme en su mesa, en la que no había envoltorios de comida ni vasos de papel, la voz suave y apacible me susurró: “Cómprale algo de comer”.

Regresé a mi mesa todavía con algunas monedas en el bolsillo. “Haré que se sienta incómodo”, me dije a mí misma. Luego tuve un sentimiento de paz, y el dulce susurro del Espíritu me tranquilizó: “Cómprale algo de comer”.

No les dije a mis hijos lo que estaba haciendo; simplemente recogí algo de basura y fui a tirarla para poder acercarme a la mesa del hombre sin que la amiga con quien yo estaba comiendo se diera cuenta.

Me incliné hacia él y le pregunté: “¿Puedo comprarle algo de comer?”.

Él me miró sorprendido y respondió con suavidad: “Si quiere…”

Saqué las pocas monedas que me quedaban —justo lo suficiente para un menú y una bebida— y se lo di al hombre. Regresé a mi asiento sin que me descubrieran las ocupadas mamás que había a mi alrededor, y vi que él se levantaba para ir a comprar su comida.

Mientras acomodaba a mis hijos en el coche para ir a casa, miré a través de la ventana y vi que el hombre llevaba una bandeja de comida a su mesa vacía. En su rostro, una vez serio, había una sonrisa.

La brisa invernal que me golpeaba la cara no me pareció tan fría. Disfrutaba del cálido y gozoso espíritu que me llenaba de la cabeza a la congelada punta del pie y recordé la enseñanza del Salvador:

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…

“Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber?…

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:35, 37, 40).

Estoy agradecida por la sonrisa de un extraño que me ayudó a encontrar el valor para hacer lo correcto.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos y Reflexiones y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s