Como yo os he amado

Febrero 2017
“Como yo os he amado”
Por el presidente Thomas S. Monson

Thomas S. MonsonHace algunos años, un amigo que se llama Louis me contó un tierno relato sobre su dulce y callada madre. Cuando falleció, no les dejó a sus hijos una fortuna económica, sino más bien un legado de riqueza de ejemplo, sacrificio y obediencia.

Father with children

Después de que se expresaron los encomios fúnebres y se realizó el trayecto al cementerio, los familiares adultos revisaron las escasas pertenencias que la madre había dejado. Entre ellas, Louis descubrió una nota y una llave; la nota decía: “En el dormitorio de la esquina, en el cajón de abajo del tocador, hay un pequeño cofre que contiene el tesoro de mi corazón. Esta llave lo abrirá”.

Todos se preguntaban qué era lo que su madre poseía que fuera de tanto valor como para ponerlo bajo llave.

Retiraron el cofre del lugar donde se encontraba y lo abrieron con la ayuda de la llave. Al examinar el contenido, Louis y los demás encontraron una foto individual de cada hijo, con su nombre y fecha de nacimiento. Louis sacó entonces un objeto confeccionado a mano para el día de San Valentín. Con letra burda e infantil, que reconoció como la suya propia, leyó las palabras que había escrito 60 años antes: “Querida mamá, te amo”.

Se enternecieron corazones, se acallaron voces y se humedecieron los ojos. El tesoro de la madre era su familia eterna; su fuerza radicaba en el firme cimiento de las palabras: “Te amo”.

En el mundo actual, en ninguna otra parte se necesita más ese firme cimiento de amor que en el hogar; y en ninguna parte debe el mundo encontrar un mejor ejemplo de ese cimiento que en los hogares de los Santos de los Últimos Días que han hecho del amor el fundamento de su vida familiar.

Para aquellos que profesamos ser discípulos del Salvador Jesucristo, Él dio esta instrucción trascendental:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros.

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”1.

Si deseamos cumplir el mandamiento de amarnos los unos a los otros, debemos tratarnos con compasión y respeto, demostrando nuestro amor en las interacciones cotidianas. El amor brinda una palabra amable, una respuesta paciente, un acto desinteresado, un oído comprensivo y un corazón que perdona. En todas nuestras relaciones, estos y otros actos similares sirven para manifestar el amor de nuestro corazón.

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) observó: “El amor… es el crisol de oro al final del arcoíris; no obstante, es más que el final del arcoíris. El amor se encuentra también al principio, y de él proviene la belleza que surca el cielo en un día tempestuoso. El amor es la seguridad por la cual lloran los niños, es el anhelo de la juventud, es el elemento cohesivo que conserva unido a un matrimonio y el aceite lubricante que suaviza las fricciones en el hogar; es la paz de la ancianidad, la luz de la esperanza que brilla a la hora de la muerte. ¡Cuán afortunados son aquellos que lo poseen y lo comparten en sus relaciones con sus familiares, con los amigos, con los miembros de la Iglesia y los vecinos!”2.

El amor es la esencia misma del Evangelio, el atributo más noble del alma humana; el amor es el remedio para las familias en crisis, para las comunidades enfermas y las naciones con problemas; el amor es una sonrisa, un saludo, un comentario amable y un cumplido; el amor es sacrificio, servicio y desinterés.

Maridos, amen a su esposa; trátenla con dignidad y aprecio. Hermanas, amen a su marido; trátenlo con honor y aliento.

Padres, amen a sus hijos, oren por ellos, enséñenles y testifíquenles. Hijos, amen a sus padres; muéstrenles respeto, gratitud y obediencia.

Mormón nos aconseja que, sin el amor puro de Cristo, “no [somos] nada”3. Ruego que sigamos el consejo de Mormón de “[pedir] al Padre con toda la energía de [nuestros] corazones, que [seamos] llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que [lleguemos] a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él”4.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Monson nos enseña la importancia de demostrar el verdadero amor de Cristo, sobre todo en el hogar. Medite en lo que puede hacer para mostrar amor por aquellos a quienes enseña. También podría pedirles que hablen de las diferentes formas en que pueden mostrarse más amor los unos por los otros. Podría animarlos a seleccionar una de esas ideas y hacer planes para lograrlo como familia. Por ejemplo, cada semana, los miembros de la familia podrían tratar de ofrecer un acto secreto de servicio a favor de otro miembro de la familia. Podría pedirles que más tarde reflexionen en la forma en que el esforzarse por alcanzar su objetivo aumentó el amor en el hogar.

Jóvenes
Orar para que haya paz

Por Sarah T.
La autora vive en Arizona, EE. UU.

Mis padres con frecuencia asistían a reuniones después de los servicios de la Iglesia, y yo cuidaba a mis tres hermanos menores y los ayudaba a preparar su almuerzo, aunque a menudo andaban malhumorados y hambrientos. Por lo general, si empezaban a pelear, podía resolver el pequeño desacuerdo rápidamente, pero a veces era difícil mantener la paz una vez que había comenzado una pelea, porque yo me alteraba.

Una tarde, mis hermanos estaban teniendo muchas dificultades para llevarse bien, y descubrí que mis esfuerzos para establecer la paz solo empeoraron las cosas, porque yo estaba molesta; de modo que preparé mi propio almuerzo y permanecí en silencio. Finalmente, dije: “Voy a orar; ¿pueden permanecer en silencio un minuto?”. Una vez que se apaciguaron, pedí una bendición sobre los alimentos. Antes de terminar la oración, añadí: “Y por favor ayúdanos a ser pacificadores”.

Al principio, pareció que no oyeron y comenzaron a pelear de nuevo, lo cual me molestó, pero sabía que tenía que mostrarme lo más cariñosa y tranquila que fuese posible, porque acababa de orar para que hubiese paz. Después de un minuto, me sentí muy tranquila; comí sin decir nada, y los chicos finalmente dejaron de pelear. Me di cuenta de que la paz que sentí fue una respuesta a una sencilla oración; había orado para ser una pacificadora, y mi Padre Celestial me había ayudado a mantener la calma cuando la tentación era dar gritos. Sé que Él verdaderamente nos puede dar paz.

Niños
Un verdadero tesoro

El presidente Monson cuenta la historia de una madre que tenía un cofre especial de tesoros. Cuando los hijos lo abrieron, encontraron una fotografía de cada uno de ellos. ¡El tesoro de la madre era su familia!

El verdadero tesoro no es el oro ni las joyas: es la gente a la que uno ama. ¿A quién aman ustedes? Haz un dibujo de ellos o escribe sus nombres en el cofre de tesoros.

Notas

  1. Juan 13:34–35.
  2. Véase de Gordon B. Hinckley, “Pero el mayor de ellos es el amor”, Liahona, agosto de 1984, págs. 3–6.
  3. Moroni 7:46; véase también el versículo 44.
  4. Moroni 7:48.
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