Renunciar a mi fondo para la misión

Febrero 2017
Renunciar a mi fondo para la misión
Frederick John Holt, Sussex Occidental, Inglaterra

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Me uní a la Iglesia antes de cumplir 21 años. Sentía un gran deseo de servir en una misión, pero me encontraba en una situación difícil. Debido a que mi padre nos había abandonado, yo mantenía económicamente a mi madre y a mis tres hermanos menores. Casi todo mi dinero lo gastaba en mi familia. En ese entonces, uno necesitaba por lo menos 500 libras esterlinas antes de enviar los papeles para la misión. Después de ahorrar durante dos años, solo tenía 250.

Tuvimos un revés económico tras otro. Mi hermano menor se metió en problemas y le dieron una multa de 240 libras esterlinas. Mi familia me pedía que le prestara el dinero, que era casi todo lo que yo tenía. Sentía que era una decisión entre la misión y mi hermano, aunque él prometió que me devolvería el dinero cuando pudiera. Tuve una lucha interna y busqué el consejo de mi obispo, quien me aconsejó que ayudara a mi hermano. Seguí su consejo y pagué la multa. Sabía que era lo correcto, pero estaba desesperado por poder ir a la misión.

Pensaba que me llevaría años ahorrar nuevamente el dinero, pero por medio de la humilde oración recibí impresiones acerca del futuro. El Espíritu me dijo que no esperara que mi hermano me devolviera el dinero y que yo iría a mi misión al año siguiente. Me había costado dos años ahorrar el dinero que le había dado a mi hermano, pero el Señor me decía que tendría el doble para fin de año.

Tenía mis dudas, pero seguí adelante, y en cada una de las siguientes diez semanas ocurrió un milagro. Un joven adulto soltero del barrio se enteró de que yo había renunciado a mi fondo misional y me dio 100 libras esterlinas para mi misión. La semana siguiente otro adulto soltero me dio 100 por la misma razón. Me sentí conmovido y empecé a arrepentirme de mi incredulidad.

Más tarde, mi empleador ofreció incentivos al despido voluntario (un incentivo económico para los empleados que renuncian de forma voluntaria). Me ofrecí pero no creía que me despedirían, ya que habían invertido mucho dinero para capacitarme. Mi gerente me preguntó por qué quería ser despedido, así que le hablé de mi misión. Me dio un aumento retroactivo de varias semanas y aceptó mi despido voluntario. Además me dio una bonificación como parte de mi paquete de dimisión.

Encontré un empleo provisional, el cual a las dos semanas se convirtió en un trabajo de tiempo completo. Además me ofrecieron horas extras los fines de semana, y acepté trabajar cada sábado. Poco después envié mi solicitud para la misión y recibí el llamamiento para servir en la Misión Inglaterra Londres Bristol. Había ahorrado 2.500 libras esterlinas en menos de un año. Recibí literalmente diez veces la suma que había dado. En Lucas 6:38 dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante se os dará en vuestro regazo, porque con la misma medida con que midiereis, se os volverá a medir”.

Sé que fui bendecido por mi obediencia y fe al seguir el consejo de mi obispo.

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