“… no temáis… en mí vuestro gozo es cumplido” (D. y C. 101:36)

Devocional mundial para jóvenes adultos• 11 de septiembre de 2016 • Centro de estaca de Washington D.C.
“… no temáis… en mí vuestro gozo es cumplido” (D. y C. 101:36)
Élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Estoy agradecido de estar con ustedes, jóvenes adultos que están viendo este devocional por todo el mundo. Como se ha indicado, este devocional se origina en la capilla adyacente al Templo de Washington D. C. Elegí este lugar a propósito porque está al lado del templo. Estoy muy agradecido de vivir en una época en la que los templos se extienden por todo el mundo. Necesitamos las bendiciones del templo en estos tiempos tan difíciles.

El mundo parece estar literalmente en conmoción1. Hay un nivel de contención sin precedentes. La tranquilidad y la sensación de seguridad pueden parecer evasivas y casi inalcanzables. Mi mensaje para ustedes esta noche es que no debemos temer, aun en un mundo peligroso y difícil. Las Escrituras nos aseguran que podemos tener un gozo completo a causa del Salvador2.

Hay ciertos acontecimientos maravillosos que han quedado grabados en el corazón y en la mente de muchos de ustedes de manera muy positiva, y pueden recordar cada detalle de ellos. Algunos ejemplos podrían incluir abrir el sobre que contiene un llamamiento misional, el sellamiento a un cónyuge en el templo, el reconocimiento de que el Espíritu Santo ha confirmado a su alma la veracidad del Libro de Mormón. Son el tipo de acontecimientos preciados que brindan no solo un gozo satisfactorio, sino permanente. Es interesante que los acontecimientos que de alguna manera se relacionan con el Salvador, por lo general, son los que brindan el mayor gozo.

Sin embargo, hay algunos acontecimientos que son tan impactantes o traumáticos, que nos afectan de una manera profunda.

La caída del Muro de Berlín; el asesinato del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy; y los ataques terroristas de septiembre de 2011 son ejemplos de hechos impactantes de los que la gente puede recordar exactamente dónde estaban y cómo se sintieron al oír las noticias.

La mayoría de ustedes debe haber sido muy joven cuando ocurrió el ataque contra el Centro Mundial de Comercio de la ciudad de Nueva York y el Pentágono, aquí en Washington D.C., que ocurrió este mismo día, el 11 de septiembre de 2001, hace 15 años. Supongo que la mayoría (no importa donde vivan en el mundo) puede recordar dónde se encontraba y los sentimientos de conmoción y consternación que ustedes y quienes estaban a su alrededor sintieron. Fue un acontecimiento que destruyó la sensación de paz e intensificó sentimientos de vulnerabilidad para muchos. Como lo he descrito en el pasado, tuvo un significado especial para mí y para mi esposa, Mary.

Nuestro hijo mayor y su esposa esperaban su primer hijo y vivían a tres cuadras del Centro Mundial de Comercio en la ciudad de Nueva York cuando el primer avión, secuestrado por terroristas, se estrelló contra la Torre Norte. Subieron a la azotea de su edificio y se horrorizaron al observar las consecuencias de lo que pensaban era un terrible accidente. Al ver el segundo avión secuestrado estrellarse contra la Torre Sur, se dieron cuenta de que no se trataba de un accidente y pensaron que el bajo Manhattan estaba bajo ataque. Al desplomarse la Torre Sur, el edificio de ellos quedó envuelto en los escombros que descendían sobre el bajo Manhattan.

Confundidos y horrorizados por lo que habían visto, y preocupados de que hubiera otros ataques, se dirigieron a un área más segura y luego fueron al edificio de la Estaca Manhattan en el Centro Lincoln. Al llegar, se encontraron con decenas de miembros del bajo Manhattan que habían tomado la misma decisión de reunirse en el centro de estaca. Sentimos alivio cuando nos llamaron para avisarnos dónde estaban y que se encontraban bien. No nos sorprendió dónde estaban, porque la revelación moderna enseña que las estacas de Sion son una “defensa y [un] refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada sin mezcla sobre toda la tierra”3. No les permitieron regresar a su apartamento por más de una semana y estaban desolados por la pérdida de vidas inocentes, pero ellos no sufrieron ningún daño permanente.

El avión que se estrelló en el Pentágono, cerca de aquí, Washington, D. C., fue también una misión suicida terrorista con resultados devastadores similares.

Mi propósito esta noche no es que se aflijan por terribles acontecimientos del pasado. Quiero hacer hincapié en la clase de acontecimientos alegres que describí al principio, pero también quiero que mediten en las pruebas, tribulaciones y peligros que enfrentan o enfrentarán en la vida. Algunos acontecimientos podrán afectar a un grupo numeroso de personas, otros serán personales. He decidido abordar tres tipos de acontecimientos: los que conllevan peligros físicos; los que implican retos especiales, algunos de los cuales son propios de sus días; y por último, los que implican peligros y desafíos espirituales.

Peligros o desafíos físicos
Los peligros físicos son los más fáciles de ver y reconocer. No importa cómo o dónde accedan a las noticias diarias, los peligros físicos, la violencia y la tragedia son lo primero que se informa, en particular en la televisión y en internet. Una de las razones es que la violencia y la muerte son muy dramáticas y por lo general son fáciles de representar visualmente y por escrito. La violencia y la muerte, ya sea cerca o lejos, captan nuestra atención y pueden destruir nuestra paz y tranquilidad. Cuando no nos sentimos seguros físicamente, nos sentimos personalmente vulnerables.

El 22 de marzo pasado, un terrorista detonó una bomba suicida en el aeropuerto de Bruselas, Bélgica. Cuatro de nuestros misioneros estaban en el mostrador de la aerolínea Delta. Todos ellos sufrieron lesiones considerables; algunas de gravedad. Las lesiones de un misionero mayor, el élder Richard Norby, resultaron ser muy graves. Recientemente indicó que aunque la vida no volverá a ser la misma, “ha optado por confiar en el Señor y no temer”. Además, dijo: “Voy a vivir mi vida, y voy a enseñar a mis hijos y a mis nietos que [debemos] poner nuestra confianza en Dios”4.

El Señor ha recalcado que incluso las personas que pierden su vida, y han sido fieles a sus convenios, “la [hallarán] otra vez, sí, vida eterna”5.

Me conmovieron los comentarios de la hermana Fanny Clain, una de las misioneras que resultó herida en el atentado del aeropuerto de Bruselas. Ella dijo: “El pasar por estas cosas, me hace entender mejor a las personas, puesto que la gente pasa por cosas muy difíciles en la vida, y ahora yo también he pasado por ellas; así que entiendo mejor”. Durante su recuperación, ella dijo: “Cuando elegimos confiar en Dios, podemos ver cómo nos ayuda y lo extraordinario que es eso. Ahora confío en Él más que nunca”. En particular, se siente muy agradecida porque ha podido continuar su misión6.

En nuestra existencia premortal sabíamos que el albedrío y la oposición eran necesarias a fin de progresar, desarrollarnos y, finalmente, recibir la exaltación.

En el concilio premortal de los cielos, el plan del Padre incluía el elemento esencial del albedrío. Lucifer se rebeló “y pretendió destruir el albedrío del hombre”7; por tanto, a Satanás y a sus seguidores se les negó el privilegio de tener un cuerpo mortal.

Otros espíritus premortales ejercieron su albedrío al seguir el plan de nuestro Padre Celestial. Los espíritus bendecidos con el nacimiento en esta vida mortal siguen teniendo albedrío. Somos libres de elegir y actuar, pero no para controlar las consecuencias de nuestras decisiones. Por tanto, nuestras decisiones determinan la felicidad o infelicidad en esta vida y en la vida venidera. “Si se escoge el bien y la rectitud, el resultado será la felicidad, la paz y la vida eterna; mientras que si se escoge el pecado y la maldad, con el tiempo se recibirán dolor e infelicidad”8.

No podemos culpar las circunstancias ni a otras personas por la decisión de actuar en contra de los mandamientos de Dios. Todos somos responsables ante Dios por la forma en que desarrollamos atributos, talentos y habilidades como los de Cristo, y de cómo utilizamos el tiempo que se nos da en la vida.

La doctrina de la oposición se relaciona estrechamente con la doctrina del albedrío y a veces se considera parte de ella; pero debido a que la oposición con frecuencia proviene de fuentes externas o de terceros, es mejor considerarla por separado. El profeta Lehi resume esta doctrina en 2 Nefi 2:11: “… porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal”.

Lehi entonces explica que esta doctrina es tan importante que sin ella “no habría habido ningún objeto en [la] creación” y “la sabiduría de Dios y sus eternos designios, y también el poder, y la misericordia, y la justicia de Dios” habrían sido destruidos9.

Lehi continúa: “Por lo tanto, el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo”10.

En la existencia premortal sabíamos que el ejercer el albedrío podría resultar en oposición y conflicto; la guerra en los cielos es una prueba de esta verdad. Sabíamos que, además de la guerra y la violencia, habría considerable conducta pecaminosa en todo el mundo. También sabíamos que Jesucristo estaba dispuesto a pagar el precio de esos pecados. Su sufrimiento, que estaba más allá de la comprensión, resultaría en la victoria sobre el pecado y la muerte espiritual; Su resurrección vencería la muerte física. Teníamos confianza de que después de la muerte terrenal, todos viviríamos otra vez. Como leemos en Predicad Mi Evangelio:

“A ese triunfo que Jesucristo logró sobre la muerte espiritual mediante Su sufrimiento y sobre la muerte física mediante Su resurrección, se le llama Expiación…

“Al confiar en la expiación de Jesucristo, Él nos puede ayudar a sobrellevar nuestras tribulaciones, enfermedades y dolor; y podemos sentir gozo, paz y consuelo. Todo lo que es injusto en la vida se puede remediar por medio de la expiación de Jesucristo”11.

Las terribles experiencias de nuestros miembros poco después de que la Iglesia se estableció en Misuri dio una perspectiva clara de los principios de la Expiación. Nuestros valores doctrinales estaban en conflicto directo con los colonos de Misuri que no eran de nuestra fe. Muchos habitantes de Misuri consideraban a los indígenas americanos enemigos implacables y querían expulsarlos del lugar. Además, muchos de los colonos de Misuri eran dueños de esclavos y se sentían amenazados por los que se oponían a la esclavitud. Muchos estaban en busca de tierras, riqueza e incluso poder.

Por el contrario, nuestra doctrina respetaba a los indígenas americanos y nuestro deseo era enseñarles el evangelio de Jesucristo. Con respecto a la esclavitud, nuestras Escrituras son claras de que ningún hombre debe ser esclavo de otro. Los relativamente pocos primeros miembros negros de aquellos días adoraban junto con los miembros blancos, como lo hacen ahora. Por último, nuestro objetivo no era obtener riqueza, sino establecer comunidades de hermanos y hermanas que se amaban y vivían los principios que el Salvador enseñó. Otros colonos de Misuri se sintieron amenazados a medida que un gran número de santos se trasladaban a Misuri, cumpliendo las revelaciones del Señor12.

Esto dio lugar a un intenso conflicto y la persecución de los miembros de la Iglesia. Quienes se oponían a los santos destruyeron sus cultivos y algunos edificios, robaron ganado y propiedades personales, y los expulsaron de sus hogares. A algunos los llenaron de brea y plumas, los azotaron y los golpearon. En una carta a José Smith, que estaba viviendo en Kirtland, Ohio, William W. Phelps escribió: “Es un tiempo horrible; hombres, mujeres y niños están huyendo en casi todas direcciones, o se preparan para hacerlo”13. En el caos de la expulsión, a veces las familias se separaban y muchos carecían de alimentos y otros víveres. Los miembros de la Iglesia se esforzaban por entender por qué los habían expulsado después de que el Señor les había mandado congregarse en Misuri. Después de recibir la noticia devastadora, José Smith oró para entender. El Señor respondió con este mensaje consolador que se encuentra en Doctrina y Convenios 101:35–36:

“Y todos los que padezcan persecución por mi nombre, y la soporten con fe, aunque les sea requerido dar su vida por mi causa, aun así participarán de toda esta gloria.

“Por tanto, no temáis ni aun a la muerte; porque en este mundo vuestro gozo no es completo, pero en mí vuestro gozo es cumplido”.

El Señor también nos ha prometido que la recompensa de la rectitud es “paz en [esta vida], y la vida eterna en el mundo venidero”14.

Por tanto, la expiación del Salvador nos permite tener paz y tranquilidad, incluso cuando haya peligros físicos.

Desafíos especiales, algunos de los cuales son propios de sus días
Como jóvenes adultos, además de desafíos físicos, ustedes tienen desafíos especiales que son propios de sus días. Están preocupados por las decisiones en cuanto a educación, empleo, matrimonio y familia. Las implicaciones doctrinales de esas decisiones se han abordado en muchos discursos y se entienden bastante bien. El Salvador, al pagar el castigo por nuestros pecados, no nos eximió de la responsabilidad personal por cómo vivimos nuestra vida. El valor del trabajo, la laboriosidad, el trabajar con todas nuestras fuerzas, mejorar nuestros talentos y proveer para la familia se han declarado universalmente en las Escrituras desde el principio. En Génesis el Señor dijo: “… con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”15.

Creo que los miembros aceptan ampliamente esos conceptos doctrinales. Sin embargo, en un mundo complejo hay mucha confusión sobre cómo poner en práctica esos principios.

En mi primer discurso de conferencia general, hace veinte años, compartí un relato personal un tanto gracioso que se relaciona directamente con esos asuntos16.

Cuando nuestros hijos eran pequeños, mi esposa, Mary, y yo decidimos seguir una tradición que mi padre enseñó cuando yo era niño. Se reunía conmigo y mis hermanos individualmente para ayudarnos a establecer metas en diversos aspectos de nuestra vida y nos enseñaba cómo la Iglesia, los estudios y las actividades extracurriculares nos servirían para lograr esas metas. Tenía tres reglas:

• Teníamos que fijarnos metas productivas.
• Podíamos cambiar nuestras metas en cualquier momento.
• Debíamos trabajar diligentemente para alcanzar la meta que eligiéramos.

Habiendo sido el beneficiario de esa tradición, Mary y yo decidimos adoptar esa práctica con nuestros hijos. Cuando nuestro hijo, Larry, tenía cinco años, le pregunté qué ocupación querría tener cuando creciera. Dijo que quería ser médico, como su tío Joe17. Larry había tenido una operación seria y había adquirido gran respeto por los médicos, especialmente su tío Joe. Procedí a decirle a Larry cómo todas las cosas buenas que estaba haciendo servirían para prepararlo para realizar el trabajo de un médico.

Varios meses después, le pregunté de nuevo lo que le gustaría hacer cuando fuera grande. Esta vez dijo que quería ser piloto de aerolínea. Cambiar de meta estaba bien, así que procedí a explicar cómo sus diversas actividades lo ayudarían a lograr ese objetivo. Casi en el último momento, le dije: “Larry, la última vez que hablamos querías ser médico. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?”. El respondió: “Creo que ser médico sería bueno, pero me he dado cuenta de que el tío Joe trabaja los sábados por la mañana, y no querría perderme los dibujos animados de los sábados”.

Desde ese momento, nuestra familia ha catalogado cualquier distracción de una buena meta como un dibujo animado del sábado por la mañana.

Hay dos principios que deseo recalcar de este relato verdadero. El primero es cómo planificar y prepararse para lograr metas productivas en el mundo de hoy; y el segundo es el impacto que tienen internet y las redes sociales en nuestros objetivos justos. Cada uno de ellos podrían ser los dibujos animados del sábado que nos distraen del gozo que deseamos.

Me preocupa en particular el número de jóvenes adultos que no fijan metas rectas ni tienen un plan para lograrlas. También me preocupa que muchos subestiman y menosprecian sus talentos y capacidades. El resolver ambas cuestiones traerá mucho gozo a su vida.

Un libro reciente de la profesora Angela Duckworth, titulado Grit (Determinación), presenta un caso convincente de que mucha gente, si no la mayoría, sobrevalora la llamada capacidad innata y subestima el trabajo arduo y la determinación. Ella expone que el éxito de todo tipo se distingue más por una buena ética de trabajo que tan solo por inteligencia o habilidad; señala que las personas con determinación y dirección (a lo que también llama pasión y perseverancia) de manera consistente sobresalen más que los que tienen habilidad natural y que no tienen la misma determinación18.

Cuando yo era joven, sin querer, supe el resultado de la prueba de capacidad mental de un estudiante, que fue ligeramente inferior a la media. Lo observé a lo largo de sus estudios sin decir nada a nadie. Tomaba clases difíciles y estudiaba con diligencia. En la universidad, a veces participaba en dos o tres grupos de estudio para la misma clase. Al final, obtuvo un diploma avanzado en un campo riguroso y exigente, y logró avances significativos en su especialidad.

Ahora, con ello no estoy sugiriendo que todos deban destacarse académicamente, pero sí sugiero que pueden lograr muchas de sus metas justas y merecedoras con planificación, determinación y coraje, sobre todo si en la vida eliminan los dibujos animados del sábado por la mañana. También pueden encontrar más gozo y felicidad en la vida.

Quiero asegurarles que ustedes pueden hacer cosas difíciles. El élder John B.Dickson, un Setenta maravilloso, ahora emérito, que sirvió con distinción en todo el mundo, demostró eso de manera divertida y poco común. El élder Dickson fue llamado a servir como misionero de la Iglesia en México en 1962. Antes de partir, se le diagnosticó un cáncer de hueso en el brazo derecho. No se esperaba que viviera más de un mes. Sin embargo, diez meses más tarde partió para cumplir la misión asignada, después de que le amputaran el brazo19. Nunca olvidaré la forma en que enseñó a los misioneros del CCM que podían hacer cosas difíciles. Invitó a cuatro de ellos a pasar al estrado para competir con él en atarse la corbata. ¡Piensen en atarse la corbata con un brazo! Hace poco le pedí al élder Dickson que hiciera una demostración. Veamos.

El élder John B. Dickson:[Atándose la corbata.] Ustedes saben que todos tenemos desafíos en la vida. Pueden ser físicos, emocionales, económicos o de otro tipo; pero si somos positivos y cumplimos con las reglas, tenemos fe en el Señor y en nosotros mismos, podemos sobrellevar cualquier cosa que enfrentemos. ¡Supongo que hasta podemos atarnos la corbata! ¿Alguien quiere competir conmigo?

Gracias, John.

En el CCM, el élder Dickson derrotó a los cuatro misioneros, usando los dientes, los hombros y el pecho de una manera maravillosa. Por favor, sepan que pueden superar la adversidad y hacer cosas difíciles.

La profesora Duckworth destaca que “el entusiasmo es común, mas la perseverancia es inusual”20.

Uno de los estudios que cita recalca la importancia de la preparación activa para la vida, lo que incluye perseverancia, tenacidad, firmeza y la “tendencia a no abandonar las tareas ante los obstáculos”21.

También elogia el tener un propósito más elevado que contribuya al bienestar de los demás22. Ella afirma:

“Son afortunados aquellos que tienen un objetivo superior tan relevante para el mundo que le da importancia a todo lo que hagan, no importa cuán pequeño o tedioso sea. Consideren la parábola de los albañiles:

“Se pregunta a tres albañiles: ‘¿Qué están haciendo?’
“El primero dice: ‘Estoy colocando ladrillos’.
“El segundo dice: ‘Estoy construyendo una iglesia’.
“Y el tercero dice: ‘Estoy edificando la casa de Dios’.
“El primer albañil tiene un trabajo. El segundo tiene una profesión. El tercero tiene un llamamiento”23.

El reto que les extiendo esta noche es que examinen sus metas y decidan cuáles les permitirán cumplir sus obligaciones familiares, los mantendrán en el sendero de los convenios y les permitan tener el gozo que el Señor desea para ustedes. Recuerden, el tener una meta les permite ahorrar tiempo y esfuerzo al planificar para el futuro y no pasar por alto importantes prerrequisitos y fechas límites.

Paso ahora al impacto de internet y de las redes sociales en las decisiones.

Internet y las redes sociales contribuyen mucho bien a nuestra sociedad moderna, y son de gran valor. También pueden ser los dibujos animados del sábado por la mañana que nos distraigan de lograr nuestra verdadera vocación en la vida mortal.

Mi súplica sincera es que todos evaluemos cómo y cuándo utilizamos internet y las redes sociales. La regla clara debería ser: ¿Sirven para afianzar nuestras otras metas dignas e importantes, o impiden seriamente nuestro progreso? ¿Estamos obsesionados con las redes sociales por temor de perdernos algo si no las revisamos constantemente? La popularidad que producen algunas redes sociales, ¿nos hace dudar de nosotros mismos y sentirnos ineptos? Peor aún, ¿nos conduce internet a imágenes y contenido que son impuros, inapropiados, o que contienen verdades a medias que destruyen la fe? ¿Alguna vez ocultamos nuestra identidad y sometemos a otras personas a comentarios u opiniones mezquinos? ¿Interfieren las redes sociales con el tiempo que normalmente pasaríamos con la observancia religiosa en el hogar o el tiempo familiar de calidad? El tiempo que pasamos en internet con juegos e información trivial, ¿nos impide procurar de manera eficaz las metas importantes? Estas son decisiones que espero que cada uno de nosotros contemple, que haga ajustes y se arrepienta cuando sea necesario, para bendecir nuestra vida.

Al mencionar lo anterior, soy plenamente consciente de los enormes beneficios que las redes sociales pueden traer cuando se utilizan correctamente. Tan solo lo que contribuyen a la historia familiar me indica que el Señor ha inspirado esa tecnología.

Después de que haya terminado de hablar, voy a publicar esta parte de mi discurso en mi página de Facebook. Deseo que compartan conmigo sus preocupaciones acerca de las redes sociales, pero también cómo estas bendicen su vida.

También quiero expresar un pensamiento adicional sobre este tema. Se habla mucho acerca de ser auténticos en las redes sociales. Ser verdaderamente como Cristo es un objetivo aún más importante que ser auténticos. Permítanme repetirlo: Ser verdaderamente como Cristo es un objetivo aún más importante que ser auténticos.

Desafíos espirituales
Paso ahora a los desafíos espirituales.

Una de las responsabilidades más importantes en esta vida es hacer y guardar convenios sagrados con Dios. Eso requiere que examinemos los deseos indignos y nos separemos de ellos. Significa que también analizamos las expectativas inapropiadas que de manera consciente o inconsciente colocamos en la Deidad; con regularidad procuramos aprender la voluntad de Dios para nosotros; y constantemente nos centramos en la fe, el arrepentimiento y las ordenanzas de salvación. El Salvador, que pagó un precio por todos nosotros más allá de lo que podemos comprender plenamente, no llevó a cabo la Expiación para que pudiéramos concentrarnos en las metas materialistas que no son eternas o, de hecho, en juegos y diversiones frívolos y gratificantes. Piensen en el propósito del Señor cuando declaró: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”24.

Algunos parecen decir o insinuar: “¿No quedaría satisfecho un amoroso Padre Celestial si soy menos de lo que debo ser? ¿En realidad me negaría bendiciones solo porque me gusta beber alcohol y café?”. Desafortunadamente, esa es la pregunta equivocada y demuestra una falta de comprensión del plan del Padre. La verdadera pregunta es: “¿Cómo puedo ser la persona justa y amorosa que mi Padre y el Salvador desearían que fuese?”. En las Escrituras dice: “… [cuando] mucho se da, mucho se requiere”25.

En un mundo donde los premios y los trofeos a menudo se reciben por el solo hecho de participar, los estándares y las expectativas pueden parecer injustos o incluso crueles. Esto es particularmente cierto para aquellos que insisten en seguir su propio camino sin cumplir con el plan del Padre, sin importar las consecuencias.

Muchos justifican una conducta pecaminosa y como defensa afirman: “Jesús nos enseñó a amar a todos”. Eso, por supuesto, es cierto, pero a menudo los que defienden esa postura parecen dispuestos a ignorar Su amonestación igualmente importante: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”26.

No es apropiado que negociemos los términos de nuestra relación con la Trinidad. Tener un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” es el requisito inicial para comenzar a andar por el sendero de convenios que se inició con el bautismo. Es necesaria la humilde súplica a Dios. Como nos enseña el rey Benjamín: “Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos? ¿No dependemos todos del mismo Ser, sí, de Dios, por todos los bienes que tenemos… de toda especie?”27.

Nuestros retos pueden ser difíciles, y algunos incluso pueden ser injustos; causan dolor en el corazón y que se extienda nuestra compasión. Este es el caso de dolencias y enfermedades que afectan a nuestro propio ser; incluyen a aquellos que son inocentes y han sido objeto de abusos; incluyen la pobreza y la violencia que prevalecen en el ambiente en el que nacimos; incluyen impulsos e inclinaciones que tal vez no elegimos. Lamentamos las adicciones que resultan de una sola mala decisión. En este mundo hay muchas cosas que pueden ser injustas o agraviantes.

¿Cómo reaccionamos? Debemos ser amables y compasivos y tratar a todos con respeto, incluso cuando eligen un camino que sabemos que no va de acuerdo con el plan del Padre y las enseñanzas del Salvador. Pero si realmente queremos ser bondadosos, también debemos enseñar el arrepentimiento. No es bueno, y no beneficiamos a nadie, cuando nos abstenemos de instar a quienes amamos a que cambien su vida y acepten la expiación del Salvador. A los que se arrepienten, les esperan bendiciones increíbles y eternas.

El Salvador mismo lo dejó claro al hablar a los nefitas cuando dijo, refiriéndose a quienes se arrepintieran: “… yo lo tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo”28. Y continuó diciendo: “Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin”29.

Por favor sepan que pueden llegar a ser limpios; pueden encontrar el gozo que desean en esta vida. Nadie se debe ir de este devocional y suponer que la redención está fuera de su alcance, porque no lo está. Fundamentalmente, ustedes son hijos de Dios; pueden tener esperanza y gozo; pueden cambiar su corazón y arrepentirse; pueden perdonar y ser perdonados.

El arrepentimiento es vital para el plan del Padre. En el Libro de Mormón aprendemos sobre la relación que hay entre la misericordia y la justicia. Cristo establece la forma en que la misericordia y la justicia se cruzan30.

Me encantan las palabras optimistas que escribió Eliza R. Snow:

Oh cuán glorioso y cabal
el plan de redención:
merced, justicia y amor
en celestial unión31.

El glorioso plan de felicidad es justo y misericordioso. Sabemos de dónde vinimos, por qué estamos aquí en esta vida y a dónde iremos después de morir.

Ustedes son una magnífica generación. Las Escrituras son claras respecto a que en los últimos días habrá “iniquidad y abominaciones”32. No obstante, los santos, pocos y dispersados sobre toda la superficie de la tierra, tendrán “por armas la justicia y el poder de Dios en gran gloria”33. El Señor prometió que “preservará a los justos” y no tenemos “por qué temer”34.

Ustedes no deben temer, a pesar de los peligros y desafíos a los que se enfrentarán. Serán bendecidos y protegidos cuando procuren metas justas y productivas. Planifiquen y trabajen con agallas y determinación, eviten el uso inapropiado de las redes sociales e internet, y apóyense y concéntrense en la fe, el arrepentimiento, las ordenanzas de salvación, y el sacrificio expiatorio del Salvador a medida que perseveran hasta el fin. El centrarse en el templo les ayudará a lograr esos objetivos.

Para parafrasear Romanos 12:12,  “Tengan gozo en la esperanza, sean sufridos en la tribulación y constantes en la oración”. Pueden evitar los dibujos animados de los sábados por la mañana de la vida, y disfrutar y alcanzar todo lo que el Salvador nos ha prometido.

Doy testimonio solemne de la divinidad de Jesucristo. Gracias a Él, no necesitamos temer, pues en Él nuestro gozo es cabal. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notes

  1. Véase Doctrina y Convenios 45:26; 88:91.
  2. Véase Doctrina y Convenios 101:35–38.
  3.  Doctrina y Convenios 115:6.
  4. “Fear Won’t Stop Me,” Church News, 7 de agosto de. 2016, pág. 9.
  5. Doctrina y Convenios 98:13.
  6. “‘Ready to Get Going’: Brussels Bombing Victim Serving in Ohio”, Church News, 5 de junio de 2016, pág. 7.
  7.  Moisés 4:3.
  8. Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio , 2004, pág. 16.
  9. 2 Nefi 2:12.
  10.  2 Nefi 2:16.
  11. Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 52.
  12. Sobre el conflicto de Misuri, véase J. Dirkmaat, Brent M. Rodgers, Grant Underwood, Robert J. Woodford y William G. Hartley, eds., Documentos, tomo 3: Febrero de 1833–Marzo de 1834, tomo 3 de la serie de Documentos de José Smith, editado por Ronald K. Esplin, y Matthew J. Grow (Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2014), xxvii–xxx.
  13. Carta de William W. Phelps a líderes de la Iglesia en Kirtland, Ohio, 6–7 de noviembre de 1833, en Gerrit J. Dirkmaat y otros, eds., Documentos, tomo 3: Febrero de 1833–Marzo de 1834, tomo 3 de la serie de Documentos de José Smith, 2014, pág. 341.
  14.  Doctrina y Convenios 59:23.
  15.  Génesis 3:19.
  16. Véase de Quentin L. Cook: “Regocijáos”, Liahona, enero de 1997, págs. 31–32.
  17. Mi hermano, el doctor Joseph V. Cook, hijo, es aún médico practicante a los 81 años de edad. Durante ese tiempo, era el médico de cabecera y presidente de estaca de Larry.
  18. Angela Duckworth, Grit: The Power of Passion and Perseverance, 2016, pág. 8.
  19. Véase “Elder John B. Dickson of the Seventy”, Ensign, agosto de 1992, pág. 77.
  20. Duckworth, Grit, pág. 58.
  21. Duckworth, Grit, ,pág. 77; citando un estudio de 1926 por Stanford psychologist Catharine Cox.
  22. Duckworth, Grit, pág.143.
  23. Duckworth, Grit, pág.149.
  24. Moisés 1:39.
  25. Doctrina y Convenios 82:3.
  26. Juan 14:15.
  27. Mosíah 4:19.
  28. 3 Nefi 27:16.
  29. 3 Nefi 27:19.
  30. Véase Alma 42:24–25.
  31. Eliza R. Snow, “Jesús, en la corte celestial”, Himnos, nro. 116.
  32. 1 Nefi 14:12.
  33. 1 Nefi 14:14.
  34.  1 Nefi 22:17.
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