Miren hacia el futuro

Conferencia General Octubre 1997

Miren hacia el futuro

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinvkley

“La clave del éxito de la obra será la mismos Santos de los Últimos Días.”

Las celebraciones de 1997 casi han terminado; el último carromato se ha detenido; el último carro de manos descansa. Hemos tenido un año maravilloso en el que hemos conmemorado la gran migración de nuestros antepasados hacia estos valles del oeste. Nos hemos inclinado en señal de reverencia al recordar los sacrificios de los muchos que murieron en el camino y que tiernamente fueron enterrados en tumbas cuya ubicación desconocemos.

Hemos compartido, en muy pequeña escala, los terribles sufrimientos de los que estuvieron atrapados en las nieves de Wyoming en 1856.

Hemos visto el cumplimiento de la profecía de Isaías: “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa” (Isaías 35:1).

No podemos subestimar sus logros; no podemos agregar a su gloria; de todos los que se llamen a sí sólo podemos mirar hacia el pasado con reverencia, aprecio, respeto y resolución de edificar sobre lo que ellos hicieron.

Ha llegado el momento de dejar de mirar al pasado y ver el futuro. Esta es una época con miles de oportunidades; depende de nosotros el utilizarlas y avanzar, ¡Qué maravilloso es el que cada uno de nosotros haga su pequeña parte para hacer avanzar la obra del Señor hacia su magnífico destino.

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

Hermanos y hermanas, algo maravilloso está sucediendo en esta Iglesia. Al desenvolvernos en el pequeño mundo de nuestros barrios y ramas respectivos casi no lo advertimos; sin embargo, es real y grandioso. Estamos creciendo; nos estamos expandiendo; este año ingresará a la Iglesia suficiente gente como para crear más de 600 nuevos barrios y ramas.

Dentro de un mes alcanzaremos los diez millones de miembros. Tomó más de un siglo, 117 años, desde la organización de la Iglesia en 1830 hasta 1947, para llegar a un millón. La mayoría de nuestros miembros ahora residen fuera de los Estados Unidos. Hemos andado entre nuestra gente y ha sido maravilloso reunimos con ellos, hablar con ellos y compartir testimonios; están llenos de entusiasmo.

Hace poco estuvimos con la Nación Navajo, en Window Rock, Arizona. Era la primera vez que un Presidente de la Iglesia se reunía y hablaba con ellos en su propia capital. Fue difícil contener las lágrimas al reunimos con esos hijos e hijas del Padre Lehi. En mi imaginación, lo he visto llorar por su progenie que por tanto tiempo ha vivido en la pobreza y el dolor.

Pero las cadenas de las tinieblas se están acabando; algunos de ellos son hombres y mujeres prósperos; han participado de los frutos de la educación; han llegado a conocer y a amar el Evangelio; han llegado a ser una gente pura y deleitable.

Pero queda tanto por hacer entre ellos. El alcohol y las drogas literalmente destruyen a muchos de ellos; debemos hacer más por ayudarlos. Al mirar hacia el futuro, veo que el Espíritu del Señor se derramará sobre ese pueblo. La educación abrirá las puertas de la oportunidad y el Evangelio llevará más luz y mayor entendimiento a sus vidas.

Hemos estado con miles de esa buena gente en América del Sur. Hace poco volamos desde Asunción, Paraguay hasta Guayaquil, Ecuador, sobre los altos y prohibidos picachos y los estrechos valles de esa vasta región. Por doquiera había poblados indígenas y pueblos pequeños. Nuestros misioneros están trabajando con esa buena gente, llevándoles la luz del Evangelio sempiterno a sus vidas. Hace muchos años, mi esposa y yo abordamos el pequeño tren que viaja desde Cuzco, Perú, hasta el Lago Titicaca. En Puno nos reunimos con un puñado de miembros nativos del lugar; era la primera vez que una Autoridad General hacía eso. Hoy día tenemos dos estacas de Sión en Puno, con presidentes de estaca y obispos llamados de entre su pueblo.

Ahora ya hemos estado en todas las naciones de América del Sur y de América Central y hemos visto milagros con reuniones de 30.000, 40.000 y 50.000 miembros en estadios de fútbol; todos ellos Santos de los Últimos Días. En cada caso, al bibliotecasud.blogspot.com retirarnos nos rodeaba una gran multitud que agitaba pañuelos en el aire, y había lágrimas en los ojos de ellos y en los nuestros.

Sólo en Brasil se unirán a la Iglesia aproximadamente 50.000 personas este año. Eso es el equivalente a dieciséis o diecisiete estacas nuevas en sólo doce meses. El Templo de Sao Paulo ya no puede dar cabida a todos los que desean asistir, por lo que estamos construyendo tres nuevos templos en ese país y tendremos que construir otros.

Esos son Santos de los Últimos Días firmes y maravillosos en cuyos corazones late el mismo testimonio de Jesucristo y de esta obra que el que late en el de ustedes.

Debemos de construir cientos de centros de reuniones para acomodar las necesidades de este creciente número de miembros.

Me maravillo al familiarizarme con la historia de esta Iglesia, al darme cuenta de que no hay ninguna ciudad importante de los Estados Unidos o Canadá donde no hayan congregaciones de Santos de los Últimos Días. Es lo mismo en México, en América Central y en América del Sur; igual sucede en Nueva Zelanda y Australia, en las islas del mar y en Japón, Corea, Taiwán y las Filipinas.

En Europa nuestras congregaciones están en todas partes. ¡Cuán admirable es contemplar que cada día de reposo hay más de 24.000 barrios y ramas en el mundo en los cuales se enseñan las mismas lecciones y se expresan los mismos testimonios.

Ahora bien, ¿qué será del futuro?, ¿qué sucederá en los años que están por delante? Se ve prometedor. La gente está empezando a vernos por lo que somos y por los valores que profesamos. Por lo general, los medios de comunicación nos tratan bien; disfrutamos de buena reputación, por lo cual estamos agradecidos.

Si avanzamos sin perder la visión de nuestra meta, sin hablar mal de nadie, viviendo los grandes principios que sabemos que son verdaderos, la causa del Evangelio avanzará en majestad y poder para llenar la tierra. Se abrirán las puertas que hoy están cerradas para la prédica del Evangelio. El Todopoderoso, si es necesario, hará estremecer a las naciones para humillarlas y hacerlas escuchar a los siervos del Dios viviente. Lo que sea necesario se llevará a cabo.

Los grandes desafíos que enfrentamos y la clave del éxito de la obra será la fe de todos los que se llamen a sí mismos Santos de los Últimos Días. Nuestras normas son claras e inequívocas; no es necesario que les pongamos peros; no es preciso que las analicemos por la razón. Están establecidas en el Decálogo escrito por el dedo del Señor en el Monte Sinaí; se encuentran en el Sermón del Monte en las palabras del Señor mismo; las encontramos en otras partes de Sus enseñanzas y se encuentran claramente establecidas en las palabras de las revelaciones modernas. Desde el principio nos han servido como nuestro código de conducta, y deben seguir haciéndolo.

El futuro será esencialmente igual al pasado, sólo que más brillante y mucho más grande. Debemos seguir tratando de llegar a todo el mundo, enseñando el Evangelio en el hogar y en el extranjero. Un mandato divino descansa pesadamente sobre nuestros hombros; no podemos escapar de él; no podemos evitarlo.

El Señor resucitado declaró a los que amaba: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16).

La figura de Moroni en lo alto de muchos de nuestros templos, es un recordatorio constante de la visión de Juan el Revelador Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
“diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7).

No deben disminuir nuestros esfuerzos de llevar el Evangelio a la gente de la tierra. En el futuro se deben preparar aún más hombres jóvenes para salir a servir al Señor. Nuestros actos cristianos deben precederlos y acompañarlos dondequiera que sea necesario. Estoy agradecido por la ayuda humanitaria que hemos podido hacer llegar a los pobres y a los desafortunados. Hoy mismo, hay niños hambrientos que están comiendo en Corea del Norte gracias a la ayuda que ustedes han enviado. En un mundo donde existe tanto hambre y sufrimiento, donde la muerte va de la mano con los niños, debemos continuar y aumentar nuestros esfuerzos, sin permitir que la política u otros factores detengan la mano benefactora.

Al mirar hacia el futuro, debemos extender la gran obra que se lleva a cabo en los templos, tanto para los vivos como para los muertos. Si este pueblo no se puede salvar sin sus muertos, como lo declaró el Profeta José, debemos entonces hacer posible que muchos más cumplan esta obra. En la actualidad tenemos cincuenta templos en funcionamiento; necesitamos el doble de esa cantidad y, como lo expliqué anoche, tenemos un plan para alcanzar esa meta y satisfacer las necesidades de la gente. Aquellos que están en el otro lado, que no están muertos sino vivos en espíritu, se regocijarán y complacerán al despertar y avanzar hacia la “inmortalidad y la vida eterna” (Moisés 1:39).

Pero hay muchas otras cosas que debemos hacer mientras hacemos avanzar la obra a un nuevo y prometedor siglo. Dicho en forma simple, debemos ser mejores Santos de los Últimos Días. Debemos ser mejores vecinos; no debemos vivir una existencia aislada en este mundo. Somos parte de toda la humanidad.

Vino un intérprete de la ley a Jesús, preguntado: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
“Este es el primero y grande mandamiento.
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:36-40).

Amemos al Señor, sí, con toda nuestra fuerza y poder; y amemos también a nuestro prójimo. Desterremos de nuestra vida cualquier elemento de superioridad sobre los demás. Muchos nos miran con sospechas pensando que sólo estamos interesados en convertirlos. La conversión tiende a ser más el resultado del amor. Seamos amigables; seamos serviciales; vivamos la regla de oro. Seamos vecinos de quienes se diga: “Él o ella era el mejor vecino que he tenido”.

Y a medida que avancemos hacia un futuro maravilloso, existen lo que algunos considerarán como mandamientos menores, pero que son también de suma importancia.

Menciono el Día de Reposo. El Día de reposo del Señor se está convirtiendo en el día de diversión de la gente. Es un día de golf y de fútbol en televisión, de comprar y de vender en nuestras tiendas y mercados. ¿Nos estamos uniendo a la mayoría de los norteamericanos como algunos observadores lo indican? Me temo que así es. ¡Cuán revelador es ver llenos los estacionamientos de las tiendas en domingo en las comunidades en las que predomina la población Santo de los Últimos Días!

Nuestra fortaleza para el futuro, nuestra resolución de hacer crecer la Iglesia en todo el mundo se debilitará si violamos la voluntad del Señor en este importante asunto. Él lo ha afirmado muy claramente en la antigüedad y nuevamente en las revelaciones modernas. No podemos desentender impunemente lo que Él ha dicho.

Debemos observar la Palabra de Sabiduría. Al leer nuestros periódicos, al mirar las noticias en televisión, estas importantes palabras pronunciadas por primera vez en 1833 cobran vida ante nuestros ojos: “Por motivo de las maldades y designios que existen y que existirán en el corazón de hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado y os prevengo” (D. y C. 89:4). Cada vez más, la gente se interesa en la salud. Nosotros nos hemos adelantado al mundo con un código de salud tan simple y fácil de entender. No hace mucho, conocí al doctor James E. Enstrom, de la Universidad de California, en Los Angeles; no es miembro de la Iglesia. El habla con total objetividad; sus estudios indican que, desde el punto de vista de las estadísticas, los Santos de los Últimos Días viven aproximadamente diez años más que la gente de su mismo grupo [de edad].

¿Quién puede poner un precio a diez años de vida? ¡Qué bendición tan extraordinaria y maravillosa es la Palabra de Sabiduría!

Los reporteros que he conocido simplemente no pueden creer que paguemos el diez por ciento de nuestros ingresos como diezmo. Les explico que es un fenómeno espiritual. Pagamos porque somos obedientes al mandamiento del Señor; pagamos porque tenemos fe en Sus generosas promesas. Enseñemos a nuestros hijos, mientras aún sean pequeños, sobre la gran oportunidad y responsabilidad de pagar los diezmos. Si lo hacemos, habrá otra generación, y luego otra, que caminará por los senderos del Señor y que será merecedora de la gran bendición que promete.

Quizás nuestra mayor preocupación se centre en las familias. La familia se está desmoronando en todo el mundo. En todas partes se están rompiendo los vínculos tradicionales que unen al padre, a la madre y a los hijos. Tenemos que hacer frente a esto en nuestro propio medio. Hay demasiados hogares destrozados entre los nuestros. El amor que llevó al matrimonio de algún modo se evapora y el odio ocupa su lugar; se quebrantan corazones, los hijos sufren. ¿No podemos mejorar? Por supuesto que sí. Es el egoísmo lo que causa la mayoría de estas tragedias. Si existe la paciencia, si con ahínco se procura la felicidad de nuestro compañero, entonces el amor florecerá y se fortalecerá.

Al mirar hacia el futuro, veo poco de qué entusiasmarme con respecto a la familia tanto en los Estados Unidos como en el mundo. Las drogas y el alcohol están causando grandes estragos que no parecen disminuir. El lenguaje áspero del uno para con el otro, la indiferencia ante las necesidades ajenas, todo parece ir en aumento. Hay tanto abuso infantil; hay tanto abuso del cónyuge; el creciente abuso de los ancianos; todo esto seguirá sucediendo y empeorará a menos que exista un reconocimiento serio, una convicción fuerte y ferviente con respecto al hecho de que la familia es un instrumento del Todopoderoso. Es Su creación; es también la unidad básica de la sociedad.

Levanto una voz de amonestación bibliotecasud.blogspot.com a nuestro pueblo. Nos hemos acercado demasiado a la forma de ser de nuestra sociedad en este asunto. Por supuesto que hay buenas familias; las hay en todas partes, pero también existen muchas que están en problemas. Esta es una enfermedad que tiene remedio. La receta es simple y maravillosamente eficaz: Es amor; es amor y respeto diario claro y simple. Es una planta tierna que necesita abono, pero que vale todo el esfuerzo que podamos ponerle.

Ahora, para terminar, veo un maravilloso futuro en un mundo muy incierto. Si nos aferramos a nuestros valores, si edificamos sobre nuestro legado, si caminamos en obediencia ante el Señor, si tan sólo vivimos el Evangelio, seremos bendecidos en forma magnífica y maravillosa. Se nos contemplará como un pueblo peculiar que ha encontrado la clave para una felicidad peculiar.

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Isaías 2:3).

Nuestro pasado ha sido grandioso; maravilloso es nuestro presente y glorioso puede ser nuestro futuro.

¡Resplandeced en gloria, Sión, lugar de paz!
De miles la morada divina tú serás;
arroja tus destellos al mundo en error,
pues entre las tinieblas, Dios es tu protector.
(Himnos de Sión, N 122)

Hemos vislumbrado el futuro, conocemos el camino, tenemos la verdad. Dios nos ayude a avanzar para llegar a ser un pueblo grande y poderoso esparcido sobre la tierra, cuyo número ascienda a millones, pero todos de una fe, de un testimonio y de una convicción, lo ruego humildemente en el nombre de nuestro gran Redentor y Salvador, aún Jesucristo. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s