Vuestro papel como mujeres justas

Conferencia General 15 Septiembre 1979
Vuestro papel como mujeres justas
Por el presidente Spencer W. Kimball
(Este discurso fue leído por la hermana Camilla E. Kimball, esposa del Profeta)

Spencer W. KimballMis amadas hermanas, durante meses he esperado con ansiedad el momento de poder reunirme con vosotras una vez más, en esta conferencia mundial de las mujeres de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desafortunadamente, me encuentro internado en un hospital y no podré estar en persona con vosotras; pero os acompañaré en espíritu y estaré mirando por televisión y escuchando la conferencia desde mi lecho de enfermo.

Todos los consejos que os dimos el año pasado, en una ocasión similar, continúan en vigencia. Cada vez que reflexiono sobre las gloriosas verdades del evangelio, lo cual es a menudo, me pregunto si llegaremos a comprender algún día las implicaciones de esas verdades. Permitidme mencionar algunos ejemplos.

Las Escrituras y los profetas nos han enseñado claramente que Dios, quien es perfecto en cuanto a Su justicia, “no hace acepción de personas” (He. 10:34); también sabemos que Él es perfecto en Su amor por cada uno de nosotros, que somos Sus hijos espirituales. El conocer estas verdades, mis hermanas y compañeras en esta divina causa, nos ayudara grandemente al tener que enfrentarnos al mundo, con su amor muy por debajo de lo perfecto, v su justicia que deja mucho que desear. Si en nuestro corto paso por la vida somos heridos por la falta de sensibilidad o de consideración de hombres y mujeres imperfectos, esto nos causara dolor; pero ese dolor y desilusión serán pasajeros, pues las vías del mundo no prevalecerán, sino que triunfaran las vías del Señor.

Como hijos espirituales Suyos que somos, todos gozamos de igualdad, e iguales nos considera El al darnos Su perfecto amor.

El élder John A. Widtsoe escribió lo siguiente:

“El lugar de la mujer en la Iglesia es junto al hombre, no detrás de él, ni delante de él. En la Iglesia, hombres y mujeres son iguales, y el evangelio fue ideado por el Señor para mujeres y hombres por igual.” (Improvement Era, mar. de 1942, pág. 161.)

Sin embargo, dentro de esa igualdad, nuestros papeles difieren. Esas diferencias son eternas: a la mujer se le ha dado la enorme responsabilidad de la maternidad y el compañerismo, y al hombre la enorme responsabilidad de la paternidad y el sacerdocio; pero, en el Señor, ni el hombre es sin la mujer, ni la mujer sin el hombre (1 Cor. 11:11). Tanto un hombre como una mujer justos, son una bendición para todos aquellos en quienes influyan.

Recordad que en el mundo preexistente, a las mujeres fieles se les dieron ciertas asignaciones, y a los hombres fieles se los preordinó para determinados deberes en el sacerdocio. Aunque no recordemos estos detalles, ello no altera la gloriosa realidad de que en una oportunidad estuvimos de acuerdo con ese plan. Y todos somos responsables del cumplimiento de todo lo que se esperaba de nosotros en aquella etapa, en la misma forma en que aquellos a quienes sostenemos como apóstoles y profetas son responsables del cumplimiento de sus obligaciones como tales.

A pesar de que nuestros papeles eternos difieren, todavía tenemos mucho para hacer en lo que respecta a nuestro desarrollo paralelo… tanto el hombre como la mujer. En este sentido, deseo recalcar una vez más la gran importancia que tiene el estudio de las Escrituras para cada mujer. Deseamos que los hogares de la Iglesia sean bendecidos con mujeres eruditas en las Escrituras, ya sea que seáis solteras o casadas, jóvenes o ancianas, divorciadas o viudas, o que todavía estéis viviendo con vuestra familia. Sean cuales sean vuestras circunstancias particulares, al familiarizaros más con las verdades de estos libros, os resultara cada vez más fácil vivir el segundo gran mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Lograd un conocimiento perfecto de las Escrituras. . . no para disminuir a los que no lo tienen, sino para elevarlos. ¿Quién podrá tener mayor necesidad de atesorar las verdades del evangelio (a las que pueden recurrir en momentos difíciles), que las mujeres y madres, que son quienes nutren el espíritu y enseñan?

Procurad la excelencia en todos vuestros justos afanes y en todos los aspectos de vuestra vida.

Recordad siempre, queridas hermanas, que las bendiciones eternas que podéis obtener por ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, son muchísimo mayores que cualquier otra que podáis recibir en el mundo. No podéis aspirar a un honor más alto que el de ser reconocidas como dignas hijas de Dios; no podéis anhelar nada más grande que el ser hermanas, esposas, hijas y madres, e influir para el bien en la vida de los que os rodean.

Existen, por supuesto, algunas diferencias pasajeras y algunas circunstancias restrictivas entre vosotras Hay aquellas que han perdido a su esposo, ya sea porque han quedado viudas o porque se han divorciado; otras no han tenido todavía la oportunidad de casarse. Pero en la escala de la eternidad, la falta de estas bendiciones “no será más que un momento” (D. y C. 121:7)

Hay algunas mujeres que experimentan angustia al envejecer; otras que están pasando por la incertidumbre y las dudas de la juventud, al tratar de encontrar su lugar en el plan eterno. No obstante lo reales que estos problemas puedan ser para vosotras, tenéis que beber ansiosamente las verdades del evangelio concernientes a vuestra real identidad y lo exclusivo de vuestra personalidad. Es necesario que sintáis cada día más, el amor perfecto que nuestro Padre Celestial tiene por vosotras, y el valor que tenéis ante Sus ojos como personas. Reflexionad sobre estas verdades, hermanas, especialmente en los momentos de duda y perplejidad.

Recordad también que, aunque damos mucho énfasis a la gloria y la importancia de la vida familiar en la tierra, todos pertenecemos a la familia eterna de nuestro Padre Celestial. Y quiero aseguraros que todas aquellas de entre vosotras que sean fieles, y que durante este, su segundo estado, no tengan la oportunidad de ser selladas a un hombre digno, tendrán esa bendición en la eternidad. Cada vez que os sintáis afligidas y anheléis el afecto y el calor propios de una familia terrenal, recordad que vuestro Padre que está en los cielos conoce vuestra angustia y que un día os bendecirá en una forma que ha de sobrepasar vuestros más caros sueños.

A veces, a fin de ser probados, es necesario que se nos prive transitoriamente de lo que más anhelamos; pero los justos, hombres y mujeres, recibirán algún día todo-¡pensad en ello, hermanas!-todo lo que posee nuestro Padre. ¡No solo vale la pena esperarlo, sino que vale la pena vivir para lograrlo!

No es necesario ser casada o ser madre para guardar los dos grandes mandamientos, de los cuales Jesús dijo que dependen toda la ley y los profetas: amar a Dios y a nuestros semejantes.

Pasando a otra cosa: Sabemos que hay mujeres que por circunstancias ajenas a su voluntad, deben trabajar; comprendemos estas situaciones; también comprendemos que una vez que habéis criado vuestra familia, los talentos con que Dios os ha bendecido pueden ponerse al servicio de la humanidad. Sin embargo, no cometáis el error de ser arrastradas a efectuar tareas secundarias, que os harán descuidar vuestros deberes eternos, como el de la maternidad y el de enseñar a los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Orad siempre fervorosamente con respecto a todas vuestras decisiones.

Deseamos que tratéis de obtener una educación académica, que os prepare para la eternidad, así como para ser útiles en la vida mortal. Además de todas las habilidades esenciales que debéis poseer como dueñas de casa, también están las que podéis cultivar con el fin de aumentar vuestra eficacia en el hogar, en la Iglesia y en la comunidad.

Es necesario que apliquéis sabiduría a todas vuestras decisiones. No queremos que las mujeres de la Iglesia estén ignorantes de lo que las rodea, ni que se dejen anular. Seréis mucho mejores como esposa  y madres, tanto en esta vida como en la eternidad, si tratáis de cultivar las habilidades que tenéis y los talentos con que Dios os ha bendecido.

No puede haber promesas más gloriosas ni más grandes para la mujer, que las que recibe por medio del evangelio y la Iglesia. ¿En que otro lugar podríais llegar a saber quiénes sois en realidad? ¿Dónde más encontraríais las explicaciones y la seguridad sobre la naturaleza de la vida? ¿En que otro lugar podríais aprender sobre el glorioso plan para la felicidad que nos reserva nuestro Padre?

Las respuestas que da el evangelio, son las únicas verdaderas a todas las preguntas que, durante siglos, hombres y mujeres se han hecho sobre Si mismos, sobre la vida y el universo. Dios ha sido extremadamente bondadoso con nosotros al darnos esas respuestas, aun cuando el conocerlas coloque sobre nuestros hombros graves y eternas obligaciones.

Es un privilegio para las mujeres Santos de los Últimos Días el haber recibido las elevadas asignaciones que nuestro Padre les ha dado, especialmente la bendición de haber nacido en esta parte de la última dispensación. Dejad que otras mujeres corran imprudentemente detrás de sus intereses egoístas; vosotras podéis convertiros en una fuerza de amor indispensable en este planeta. Dejad de buscar valores falsos; Dios os ha dado a vosotras la inmensa tarea de nutrir espiritualmente a vuestra familia, amigos y conocidos, así como ha dado al hombre el deber de proveer lo material.

Finalmente, mis hermanas, quisiera deciros algo que no se ha dicho hasta ahora, o por lo menos no en esta forma. Gran parte del progreso y crecimiento que tendrá la Iglesia en estos últimos días, se deberá a que habrá muchas mujeres en el mundo que, teniendo un gran sentido de espiritualidad, se sentirán atraídas a la Iglesia. Pero esto solo puede suceder si las mujeres de la Iglesia viven en forma justa y prudente, hasta el punto de que las consideren diferentes de las del mundo.

Entre aquellas que son verdaderas heroínas v que se unirán a la Iglesia, están las mujeres a quienes les interesa más lograr la rectitud que satisfacer sus deseos egoístas. Estas son las que tienen verdadera humildad, la cual hace que valoren más la integridad que el aspecto exterior de las personas.

Los grandes hombres y las grandes mujeres siempre tendrán mayor interés en servir que en dominar.

Repito, las mujeres de la Iglesia que sean ejemplos de vida recta, constituirán una influencia significativa en el desarrollo de la Iglesia, tanto desde el punto de vista numérico como del espiritual. Ese es el motivo por el cual el adversario lucha más que nunca para evitar que esto suceda. Sea quien sea el objeto de su interés en el momento, el siempre procura que todas las personas “sean miserables como él” (2Nefi 2:27). Ciertamente, el desea “la miseria de todo el género humano” (2Ne. 2:18), y es tenaz en sus propósitos, y hábil e incansable en su empeño por lograrlos.

Al acercarnos a la Conferencia General, quiero deciros que en la sesión del sacerdocio, seremos tan directos con los hermanos como lo hemos sido con vosotras, pues nuestro consejo para ellos será similar.

Os amamos, hermanas, y tenemos confianza en vosotras. Vuestra devoción nos causa gozo. Nos sentimos reanimados y optimistas con vuestra presencia, no sólo aquí, en esta reunión, sino también en esta etapa de la última dispensación, en la cual necesitamos tan desesperadamente de vuestros talentos y fortaleza espiritual.

Que Dios os bendiga a fin de que todas las promesas que Él os ha hecho se hagan realidad en esta vida, y en la vida venidera.

Sé que Dios vive, que Jesús es su Hijo Unigénito y el Redentor del mundo, y que esta es la Iglesia de Jesucristo, con El a la cabeza. Y dejo mi testimonio con vosotras, junto con mi amor y bendición, en el nombre de Jesucristo. Amen.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s