Seguid a los líderes de la Iglesia

Conferencia General Abril 1973
Seguid a los líderes de la Iglesia
Por el Presidente Harold B. Lee

harold b. leeTenemos entre nosotros al capitán Larry J. Chesley, al mayor Jay C. Hess y al comandante David l. Rollins. ¿Quieren ponerse de pie por favor? El capitán Chesley, de la Fuerza Aérea de los E. U., fue prisionero de guerra durante siete años. El pertenece a la Estaca Burley, al Barrio Star. El mayor Jay Hess, también de la Fuerza Aérea, fue prisionero de guerra durante seis años, él viene de la Estaca Bountiful Este. El comandante Rollins, de la Marina de los E. U. fue prisionero de guerra durante seis años, también y pertenece a la Estaca San Diego Norte.

Estos tres jóvenes representan a los muchos que han tenido que cruzar por el fuego de la adversidad. Solamente deseamos que sepan que nuestros corazones han sido conmovidos por la demostración de su fe, su confianza en su país y en su comandante en jefe. Queremos deciros que hemos orado, hemos esperado con todos los medios a nuestro alcance, que regresarais; y ahora decimos al sacerdocio: Hermanos, abrazad a estos jóvenes y ayudadles a lograr los ajustes necesarios ahora que han vuelto a casa.

El Señor os bendecirá, hermanos. Os amamos junto con todos aquellos jóvenes que han atravesado por las mismas circunstancias y han vuelto de la línea de fuego, preparándose ahora para reiniciar su vida. Vosotros sois la clase de hombres que buscamos para dirigir a nuestra juventud en los años que se avecinan. Gracias hermanos. Sed bienvenidos a casa.

Nuestro corazón va ahora con los padres y madres de los miles de hogares a los cuales nunca volvieron sus hijos. Estamos teniendo un programa de Pascua en el cual se me ha pedido que responda qué podemos hacer para aliviar los corazones afligidos de los familiares de los miles que no volverán. Os pido esperanza. Agradeced a Dios por la promesa del evangelio y las bendiciones que nos esperan en el mundo futuro.

Ahora solamente quiero decir algo acerca de algunos comentarios sobre la AMM del Sacerdocio Aarónico y de la AMM del Sacerdocio de Melquisedec. Estoy seguro de que habéis escuchado cómo define el presidente Romney la palabra meditar, y cómo sugiere aplicarla’; eso es lo que os pedimos ahora que hagáis, en vez de tratar de adivinar.

Quiero deciros que ningún asunto recibe más atención y consideración por parte de las Autoridades Generales de la Iglesia, que los asuntos concernientes a los jóvenes de los grupos del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec, y a las señoritas de las edades correspondientes.

Quisiera declarar lo siguiente, para que obtengáis una perspectiva adecuada del asunto. Las AMM que se han anunciado, la del Sacerdocio Aarónico y la del Sacerdocio de Melquisedec; no eliminan a las Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de Hombres y Mujeres Jóvenes. Lo que se pretende, como se ve en esta gráfica, es que los programas avancen, pero con la autoridad del sacerdocio, de la cual nunca antes han disfrutado. Y sinceramente creemos que si llegáis a comprender cabalmente este programa, y al explicar la identidad del sacerdocio, muchos de aquellos que no han sido activos se activarán; y el sacerdocio y los jóvenes, y los jóvenes mayores, y todos aquellos que pasen de los 25 años, incluyendo a muchas otras almas que actualmente se sienten ignoradas, ahora, bajo la dirección del sacerdocio de estos grandes directores, avanzarán. Esperamos que nadie sea olvidado, y que todos sean tomados en cuenta como partícipes del plan de salvación.

En diferentes conferencias de la juventud a las que he asistido, he preguntado: “¿Cuál es vuestro mayor problema?” Y sorprendentemente los líderes me han respondido algo parecido a esto: “Queremos que unifique todas las organizaciones juveniles en una sola, porque la Iglesia es una sola.” Ahora bien, tenemos en nuestras universidades estacas, institutos, Hombres M. y Espigadoras, fraternidades y asociaciones de estudiantes Santos de los Ultimos Días, asociaciones Lambda Delta Sigma, Delta Phi, y aún así con mucha frecuencia algunas de ellas hacen esfuerzos por unirse en un solo grupo. Institucionalizados, estos mismos grupos desarrollarán sus actividades religiosas y funcionarán como tales; pero en cuanto se refiere al aspecto de actividades sociales del programa, confiamos en que tan pronto veáis cómo funciona este programa, observaréis que nuestros jóvenes en tales organizaciones, se unirán a él para darle una amplitud que nunca antes ha tenido. Por supuesto que los jóvenes tendrán mayores oportunidades de reunirse y hacer amistades dentro de sus propios grupos, y quizá, eso esperamos, hasta de casarse en el templo.

No juzguéis entonces, meditad en lo que se ha dicho esta noche, hasta que recibáis mayores instrucciones, las que os daremos con todo detalle, tal como los Hermanos lo han explicado.

Tengo aquí la carta de un hombre que aparentemente ha encontrado en los jeroglíficos algo que da respuesta a muchas de las cosas que le esperan al mundo. Y es interesante notar que mientras la miro, me viene a la memoria un discurso que escuché desde este púlpito, pronunciado por el presidente Anthony W. Ivins, el 4 de octubre de 1 931. Pensé en ello —supongo que se intentaba que lo hiciera— porque en esa conferencia utilizó como texto el libro recientemente publicado y titulado Our Bible in Stone (Nuestra Biblia en piedra). Muchos de vosotros recordaréis este tema, principalme la erección, el simbolismo y el carácter, el simbolismo y el carácter profético de la pirámide de Giza, o en griego Keops. Los científicos que estudiaron la pirámide, después de analizar las medidas, los símbolos y el registro de la misma, si es que lo había, dijeron que el año 1928 presenciaría el comienza de un período de gran tribulación que culminaría con intensidad en 1936. De acuerdo con ese razonamiento, dicho período estaría muy próximo al advenimiento del Señor y el establecimiento de una época de paz, felicidad y buena voluntad entre los hombres.

Entonces el presidente Ivins dijo estas sabias palabras de consejo con respecto a ese libro: “Mis hermanos . . .he hecho referencia a este libro y a su contenido, para que podáis comprender. Indudablemente saldrá a nuestros campos de la misión y nuestros élderes lo utilizarán; pero deseo amonestaros en contra de cualquier clase de sensacionalismo. . . No quiero decir que estas conclusiones estén equivocadas, sino que no las recibimos como la voz de la Iglesia, ni tampoco deben ser aceptadas como tal”.

A continuación dijo algo que me parece muy significativo: “El hermano J. Golden Kimball nos dijo ayer que él creía firmemente en las predicciones que se cumplen. Quisiera que meditarais sobre ello. Esa es mi manera de pensar, creo firmemente en las predicciones o sueños que se cumplen.”

“Soy consciente del hecho”, continuó el hermano Ivins, “de que inmediatamente después de concluir la Guerra Mundial, estos estudios de las pirámides anunciaron y publicaron que de acuerdo con sus medidas y cálculos, en el año 1928 comenzaría un período que traería tribulación y aflicción a los habitantes del mundo; que les sería requerido humillarse ante el Señor, y que ese período continuaría hasta el año 1936. . . Todos sabemos que una parte de la predicción se ha verificado.”

Después de hablar sobre la condición económica de todas las naciones en ese tiempo, la década de 1930, el presidente Ivins concluyó sus observaciones con estas profundas palabras de sabiduría: “Bien, ahora mis hermanos, ¿qué haremos? Calmaos y recurrid al Señor. . .Si la Iglesia tiene algo que deciros, recibiréis el mensaje directamente de ella y no de los escritos de otros hombres. Os llegará en forma comprensible y sin especulación; os llegará filosóficamente, verídica y gobernada por el sentido común. Que Dios os bendiga es mi humilde oración”. (Conference Report, Octubre de 1931, páginas 87-94).

Es necesario repetir esto ya que tenemos una serie de escritos de ciertas personas que afirman ser buenos miembros de la Iglesia y dan una información detallada de sus afiliaciones y actividades pasadas y presentes como tales. Hay predicciones y observaciones sensacionales, y a fin de aparentar que sus escritos tienen la aprobación de la Iglesia, utilizan citas y discursos de autoridades de la Iglesia, pasadas y presentes, fuera de contexto, para dar la idea de que éstos ratifican el libro que desean vender a los miembros de la Iglesia; a la vez estos pueden ser inducidos a aceptar sus escritos como fuentes fidedignas.

También tenemos a quienes afirman ser buenos miembros, a fin de aprovecharse de los santos en épocas de nuestras conferencias generales, y que se han atrevido a programar reuniones de grupo para sus propios intereses, con la obvia esperanza de que muchos de nuestros visitantes a las conferencias fueran exhortados a asistir a reuniones, aunque esto significara su ausencia a algunas sesiones de vital importancia de dicha conferencia. Más aún, algunos individuos han solicitado oportunidades para dirigir la palabra en reuniones de la Iglesia, charlas fogoneras, reuniones de los quórumes del sacerdocio y sacramentales. Hermanos, creemos que es de gran importancia amonestar a nuestra gente para protegerla en contra de las tácticas de aquellos que hacen obvios esfuerzos por propagar ideas que sirven sus propios intereses.

Debemos instar a todos los líderes del sacerdocio que utilicen una cuidadosa discreción al analizar a aquellos cuyos motivos, puedan ser dudosos.

Ahora quisiera hablar sobre la forma de magnificar el sacerdocio. Leeré parte de una corta revelación dada a través del profeta José Smith a Edward Partridge en 1830:

“Así dice el Señor Díos, el Poderoso de Israel: He aquí, mí siervo Eduardo, te digo que eres bendito, que te son perdonados tus pecados, y eres llamado a predicar mi evangelio como con la voz de trompeta;

“Y te impondré mi mano por conducto de las de mi siervo Sidney Rigdon, y recibirás mi Espíritu, e1 Espíritu Santo, aun el Consolador, que te enseñará las cosas pacíficas del reino;

“Y ahora te doy este llamamiento y mandamiento concerniente a todos los hombres:

“Que cuantos vengan ante mi siervo Sidney Rigdon y José Smith, hijo, para aceptar este llamamiento, . . . serán ordenados y enviados a predicar el evangelio sempiterno entre las naciones.

“Y se dará este mandamiento a los élderes de mi iglesia, para que todo hombre que lo acepte con sencillez de corazón sea ordenado y enviado, aun como lo he hablado.

“Soy Jesucristo, el Hijo de Dios; por tanto ciñe tus lomos y vendré de repente a mi templo. . .” (D. y C. 36:1-2, 4-5, 7-8.)

Notad lo que el Señor dijo:

“Y te impondré mi mano (a Eduardo Partridge) por conducto de las de mi siervo Sidney Rigdon, y recibirás mi Espíritu, el Espíritu Santo, aun el Consolador que te enseñará las cosas pacíficas del reino.”

La otra noche tuve a un grupo de jóvenes Lobatos, aproximándose a la edad de ser ordenados diáconos, y les pregunté: “Cuando sean diáconos, ¿qué deberes tendrán que desempeñar?”

Todos respondieron: “El deber del diácono es repartir la Santa Cena.”

Y yo dije: “Quisiera que pensaran en forma diferente. Esa no es la manera de explicar el deber de un diácono. ¿Qué significa repartir la Santa Cena? Cuando un diácono lleva los emblemas del pan y el agua, bendecido para beneficio de los participantes se hace una renovación del convenio de que si guardan los mandamientos de Dios y recuerdan al Señor Jesucristo, a quienes estos emblemas representan, tendrán el Espíritu del Señor consigo.”

Por lo tanto, un diácono tiene la responsabilidad de representar al Señor al repartir estos emblemas al cuerpo de la Iglesia, y de este modo es el agente del Señor al hacerlo.

Cuando le preguntáis a un maestro cuáles son sus deberes, quizás responda: “Llevar a cabo la orientación familiar” Pero suponed que le decís: “Cuando hacéis la orientación familiar representáis al Señor, visitando el hogar de cada miembro y asegurándose de que están cumpliendo con su deber y guardando

todos los mandamientos de Dios.” Los deberes de un presbítero: el presbítero ha de “predicar, enseñar, exponer, exhortar, bautizar y administrar la Santa Cena; enseñar, exhortar, bautizar, exhortándolos a orar vocalmente y en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (D. y C. 20:46-47).

Cuando están actuando en estos puestos deben recordar que es como si estuvieran actuando por el Señor y son responsables ante El.

Cuando oficiamos en el nombre del Señor, como poseedores del sacerdocio, lo estamos haciendo en el nombre de nuestro Padre Celestial. El sacerdocio es el poder mediante el cual El obra a través de los hombres, los diáconos, maestros, presbíteros, y tengo la impresión de que no estamos grabando esto en nuestros jóvenes. No toman las responsabilidades de su sacerdocio tan seriamente como deberían; si lo hicieran, siempre desearían tener la apariencia que el presidente Tanner ha atribuido al obispo Featherstone; desearían lucir de lo mejor al estar ejerciendo su sacerdocio, su cabello estaría propiamente arreglado; su ropa y apariencia reflejaría la santidad que deben sentir al ejecutar sus deberes del sacerdocio. Yo he tenido ese mismo sentimiento. Nunca he efectuado una ordenanza, tal como ungir a un enfermo, sin primeramente disculparme, si es que me encontraba en el jardín o en cualquier otra parte, hasta que me encontrara adecuadamente vestido para presentarme de la mejor manera, ya que ,sentís que al hacerlo me acercaba más al Señor mismo; y deseo tener el mejor aspecto en su presencia.

Hermanos, temo que algunos de nuestros líderes no comprenden que cuando están oficiando en una ordenanza como élderes de la Iglesia, setentas o sumos sacerdotes, el Señor estará actuando por medio de ellos, para beneficio de aquellos para quienes están ministrando. Frecuentemente he pensado que una de las razones por la que no magnificamos nuestro sacerdocio es que no comprendemos que por medio de nosotros El actúa mediante el poder del Santo Sacerdocio. Desearía por lo tanto, que todos pidiésemos tener ese sentimiento, y enseñar a nuestros jóvenes lo que significa poseer el sacerdocio y magnificarlo.

Esta noche, hermanos, hemos tratado una serie de temas. Nos hemos reunido con vosotros, una de las asambleas más grandiosas del sacerdocio que se hayan congregado. ¡Qué gran influencia! En las sesiones de esta conferencia se ha llamado vuestra atención a algunas de las inclinaciones más peligrosas en nuestra vida pública: educación sexual, pornografía, libertinaje, las cuales corren desenfrenadas por todo el mundo. Hermanos del sacerdocio, si este ejército saliera con toda la influencia que pudiese desplegar y realmente magnificaran su sacerdocio como representantes de nuestro Padre Celestial, podrían engendrar tal poder y fuerza en nuestras diversas comunidades, que no se permitiría que estas cosas continuaran sin que el Sacerdocio del Dios viviente presentara una firme defensa contra ellas.

Debemos dedicarnos a nuevos servicios y nuevas responsabilidades, ~ no permanecer ociosos dejando pasar estas cosas sin atacarlas. Nuestra juventud está en peligro; mantened fuertes los lazos en vuestro hogar, hermanos. Aseguraos, como todos hemos tratado de decir y como he repetido en muchas ocasiones y algunos han repetido en esta conferencia, que “la más grande de las obras del Señor que podéis hacer como padres, está dentro de las paredes de vuestro propio hogar.” No descuidéis a vuestras esposas, hermanos; no descuidéis a vuestros hijos. Tomad tiempo para efectuar la noche de hogar; congregad a vuestros hijos a vuestro alrededor; enseñadles, guiadlos y protegedlos. Nunca hubo una época en que necesitáramos más la fuerza y solidaridad del hogar. Si lo hacemos, esta Iglesia crecerá a pasos agigantados en fortaleza e influencia por todo el mundo. Ya no debéis consideraros como un objeto de burla o escarnio. Debemos apoyar, principios que son justos, puros, virtuosos y verídicos.

Hermanos del sacerdocio, os amamos. Estamos preparados.

Con vuestras oraciones y la ayuda de Dios, trataremos de cumplir con lo que El espera de nosotros. Nos damos cuenta de la magnitud de nuestra responsabilidad y de que a menos que tengamos la seguridad de vuestra fe y lealtad, así como de que guardaréis en un cien por ciento los mandamientos de Dios, no podremos cumplir con ella.

En la sesión de apertura de esta conferencia mencioné una maravillosa carta que recibí de un joven estudiante, sumamente preocupado por las cosas que están ocurriendo en la universidad, así como en la sociedad, y éstas fueron sus palabras: “Puedo asegurarle que cada Santo de los Ultimos Días en esta universidad que está guardando los mandamientos del Señor un cien por ciento, le da su apoyo y sostén.” Y hermanos, sé que esto sucede por toda la Iglesia. Cada Santo de los Ultimos Días que está guardando los mandamientos sigue la dirección de la Iglesia, y cuando encontráis a alguien que no está dispuesto a seguir a los líderes de la Iglesia, podéis tener la seguridad de que esa persona no está guardando cien por ciento todos los mandamientos del Señor.

De manera que es un llamado a las armas. ¿Armas para qué? Para guardar los mandamientos de Dios a fin de reclamar las bendiciones que necesitamos tanto en estos días de incertidumbre en este mundo loco y lleno de confusión como algunos lo han llamado, y tal como nuestros jóvenes lo ven. En estos nuevos movimientos de la juventud, nuestra única esperanza es que al intensificar la responsabilidad del sacerdocio en las organizaciones de los jóvenes, podamos fortalecerlos y alcanzar a los jóvenes de ambos sexos que tanto necesitan la influencia guiadora del sacerdocio; porque al hacerlo, tenemos la seguridad de que podemos ayudar a levantar una generación justa que llevará a cabo la obra a través de las edades futuras.

Os doy mi solemne testimonio, mis queridos hermanos, de que estas cosas que se han hablado esta noche se han dicho bajo la inspiración del Señor, y os las ofrecemos para vuestra consideración, para vuestra devota meditación, sin juzgar y sin levantar vuestras voces en crítica, pero llevad a cabo las actividades de las organizaciones de la juventud tal como están actualmente constituidas, hasta que estos hermanos os hayan dado los detalles completos de qué se hará en el futuro; entonces podréis empezar a ver los frutos de esta obra.

Os dejo entonces mi testimonio y mi bendición sobre vosotros esta noche y ruego que Dios os colme de bendiciones, Sacerdocio de la Iglesia, fortaleza de Sión, médula del reino de Dios sobre la tierra. Os dejo mi bendición, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s