Las llaves eternas y el derecho de presidir

Conferencia General Abril 1972
Las llaves eternas y el derecho de presidir
Por el Presidente Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding SmithMis queridos hermanos del sacerdocio: Os doy la bienvenida con amor y con fraternidad, agradeciendo las muchas bendiciones que el Padre ha derramado sobre nosotros.

Podría decir que esta es una ocasión de particular satisfacción para mí ya que el Señor por mi conducto llama a algunos de los hermanos a nuevas posiciones entre las Autoridades Generales. Como ustedes saben, El llamó al obispo John H. Vandenberg y. al obispo Robert L. Simpson para que sirvieran como Asistentes a los Doce. Cada uno de ellos tiene importantes responsabilidades asignadas y relacionadas a su nuevo llamamiento.  Como también saben, el Señor ha llamado al hermano Victor L. Brown como Obispo Presidente de la Iglesia; con el hermano H. Burke Peterson como primer consejero, y Vanghn J. Featherstone como segundo consejero en el Obispado Presidente.

Los cinco hermanos que mencioné son capaces y fieles y ahora se requieren sus talentos especiales para edificación de su llamamiento en el terreno de sus asignaciones.

Todos ellos podrán descansar, teniendo la seguridad de que el Señor los bendecirá y prosperarán en sus nuevos llamamientos de confianza, responsabilidad y de servicio.

Os hablaré unas cuantas palabras acerca del sacerdocio y las llaves que el Señor ha conferido sobre nosotros en esta última dispensación del evangelio.

Poseemos el santo Sacerdocio de Melquisedec, que es el poder y la autoridad de Dios delegados al hombre en la tierra para actuar en todas las cosas para la salvación de los hombres.

También poseemos las llaves del reino de Dios sobre la tierra, el cual es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Estas llaves son el derecho de presidir; son el poder y la autoridad para gobernar y dirigir todos los asuntos del Señor sobre la tierra.  Aquellos que las poseen tienen el poder para gobernar y controlar la manera en que todos los demás pueden servir en el sacerdocio.  Todos nosotros podemos poseer el sacerdocio pero únicamente podemos usarlo tal como es autorizado y dirigido por aquellos que poseen las llaves.

Este sacerdocio y estas llaves fueron conferidas sobre José Smith y Oliverio Cowdery por Pedro, Santiago y Juan, y por Moisés, Elías y otros de los antiguos profetas.  Han sido dadas a cada hombre que ha sido apartado como miembro del Consejo de los Doce; pero siendo que son el derecho de presidir, únicamente pueden ser ejercidas en su plenitud por el Apóstol mayor de Dios en la tierra, que es el Presidente de la Iglesia.

Ahora permitidme decir, muy clara y enfáticamente, que tenemos el santo sacerdocio y que las llaves del reino de Dios están aquí.  Se encuentran únicamente en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.  Por medio de una revelación dada a José Smith, el Señor dijo que estas llaves “pertenecen a la Presidencia del Sumo Sacerdocio” (D. y C. 81:2), y también, “Quienquiera que reciba mi palabra, me recibe a mí; y quien me recibe a mí recibe a la Primera Presidencia, a quienes he enviado” (D. y C. 112:20).

Sobre este mismo asunto el profeta José Smith dijo que debemos familiarizarnos con aquellos hombres que, así como Daniel, oran tres veces al día hacia la Casa del Señor.  Que debemos acudir a la Presidencia y recibir instrucciones.

Ahora, hermanos, creo que hay una cosa que debemos aclarar plenamente.  Ni el Presidente de la Iglesia, ni la Primera Presidencia, ni la voz unida de la Primera Presidencia y los Doce jamás desviarán a los santos, ni emitirán consejos al mundo que sean contrarios a la voluntad del Señor.

Una persona podrá alejarse del camino, y tener puntos de vista o impartir consejos que no vayan de acuerdo con los propósitos del Señor; pero la voz de la Primera Presidencia y la voz unida de todos aquellos que poseen junto con ellos las llaves del reino siempre guiarán a los santos del mundo por los senderos en los que el Señor desea que estén.

El Señor le dijo muy claramente a José Smith “que a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio, o edificar mi iglesia, si no fuere ordenado por alguien que tuviere autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” (D. y C. 42:11).

Y también: “Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre sobre la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los confines del mundo, como la piedra cortada del monte, no con manos, hasta que haya henchido toda la tierra” (D. y C. 65:2).

Hermanos, estas cosas son verdaderas.  El Señor está con su pueblo.  La causa de la justicia prevalecerá; nuestra causa es justa y el Señor nos guiará, nos dirigirá, y al final nos sacará triunfantes.

Testifico que si acudimos a la Primera Presidencia y seguimos su consejo y dirección, ningún poder sobre la tierra puede desviar o cambiar nuestro curso como Iglesia, y como personas obtendremos paz en esta vida y seremos herederos de gloria eterna en el mundo venidero.  Y os digo esto, mis buenos hermanos en el nombre del Señor Jesucristo.  Amén.

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