Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio

Conferencia General Abril 1971
Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio
Por el presidente Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding SmithMis estimados hermanos del sacerdocio:
Os saludo esta noche como conciudadanos en la familia de fe, como hermanos en el reino de Dios, como poseedores del Santo Sacerdocio; y os invito a que consideréis junto conmigo algunas de las grandes responsabilidades que yacen sobre nosotros al poseer la divina autoridad del Señor.

Somos los agentes del Señor; somos sus representantes; El nos ha dado
autoridad con la cual nos habilita para hacer todo lo que sea necesario para salvarnos y exaltarnos, tanto a nosotros como a sus otros hijos.

Somos embajadores del Señor Jesucristo; hemos sido comisionados para representarlo; se nos ha mandado predicar su evangelio, efectuar las ordenanzas de salvación, bendecir a la humanidad, sanar a los enfermos y quizás efectuar milagros, hacer lo que El haría si estuviese presente, y todo ello porque poseemos el Santo Sacerdocio.

Como agentes del Señor estamos obligados, por su ley, a hacer lo que El desea que hagamos, no obstante los sentimientos personales o las tentaciones mundanas.

No tenemos ningún mensaje de salvación propio, ninguna doctrina que deba aceptarse, ni el poder para bautizar, ordenar o casar por las eternidades. Todas estas cosas vienen del Señor, y cualquier cosa que hagamos con referencia a ellas, es el resultado de la autoridad delegada.

Cuando nos unimos a la Iglesia y recibimos el sacerdocio, se espera que abandonemos muchos de los hábitos del mundo y vivamos como es digno de los santos. Ya no vestiremos, hablaremos, actuaremos, ni siquiera pensaremos como otros frecuentemente lo hacen. Muchas personas en el mundo usan el té, el café, el tabaco y el licor y se encuentran involucradas en el uso de las drogas. Muchos profanan, son vulgares e indecentes, inmorales e inmundos en sus vidas, pero todas estas cosas deben apartarse de nosotros. Somos los Santos del Altísimo; poseemos el Santo Sacerdocio.

Por medio de la boca de Moisés, el Señor le dijo al antiguo Israel: “. . si hubierais oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especialidad tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. la tierra.

“y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Exodo 19:5-6). Esta promesa también es nuestra. Si caminamos por los senderos de virtud santidad, el Señor derramará sus bendiciones sobre nosotros de una manera que jamás creímos posible. Seremos verdaderamente, como Pedro lo expresó: “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9).

Y seremos un pueblo adquirido por Dios porque no seremos como otras personas que no viven de acuerdo con estas normas.

Somos una nación santa y un pueblo adquirido por Dios hasta el grado que hayamos sojuzgado al mundo; pero desafortunadamente, hay algunos entre nosotros que aún no han puesto en sus vidas primeramente las cosas del reino de Dios y que no viven en armonía con los reglamentos de la Iglesia.

Exhorto a la Iglesia y a todos sus miembros para que se alejen de las iniquidades del mundo. Debemos evitar las impurezas y toda forma de inmoralidad tal como lo haríamos con una plaga. No debemos detener el manantial de la vida evitando el nacimiento, no debemos ser culpables de actos de abortos injustos y perversos.

No puede considerarse un buen miembro de la Iglesia aquella persona cuya vida se rebela contra el orden establecido de decencia y obediencia a la ley. No podemos rebelarnos en contra de la ley y estar en armonía con el Señor, porque El ha dicho: “Sujetaos, pues, a las potestades existentes, hasta que reine aquel cuyo derecho es reinar. . .” (D. y C. 58:22). Y El vendrá uno de estos días.

Como siervos del Señor, nuestro propósito es andar por el sendero que nos ha señalado. Deseamos no solamente hacer y decir aquello que lo complazca, sino que tratamos de vivir de tal manera que nuestras vidas sean como la de El.

El mismo nos puso el ejemplo perfecto en todas las cosas y nos dijo: “Sígueme tú.” A sus discípulos nefitas les preguntó: “. . . ¿qué clase de hombres debéis de ser?” Y luego respondió: “En verdad os digo, debéis de ser así como yo soy” (3 Nefi 27:27).

Nos encontramos embarcados en la obra más grandiosa del mundo. Este sacerdocio que poseemos es el poder y autoridad del Señor mismo; y El nos ha prometido que si magnificamos nuestros llamamientos y caminamos en la luz, como El es en la luz, tendremos gloria y honor con El para siempre en el reino de su Padre.

Con tan gloriosa promesa, ¿podemos hacer menos que abandonar las iniquidades del mundo? ¿No pondremos primero en nuestras vidas las cosas del reino de Dios? ¿No trataremos de vivir de toda palabra que salga de su boca? ¿No magnificaremos nuestro llamamiento y llegaremos a ser verdaderamente un reino de sacerdotes y hermanos juntos?

Las bendiciones que recibiremos, si guardamos los mandamientos, exceden cualquier cosa que ahora podemos comprender Estoy agradecido por el evangelio, por la Iglesia y el reino de Dios en la Iglesia y por la esperanza de la vida eterna que el Señor nos ha brindado.

Testifico que la obra es verdadera y ruego que todos nosotros podamos ser fieles y leales a nuestros convenios, y habiendo recibido paz y gozo en esta vida, podamos heredar gozo y gloria eterna en el mundo venidero. Esto lo digo solemne y humildemente, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s