La lucha por el alma

Liahona Septiembre 1984
La lucha por el alma
por el élder Melvin J. Ballard

Pronunciado en el tabernáculo de Salt Lake City, el 5 de mayo de 1928

Hace tres semanas, durante la sesión general de la conferencia, tuve el privilegio de referirme a algunos elementos de Interés para los Santos de los Últimos Días y para el mundo, de acuerdo con las Inspiradas palabras del profeta americano Nefi, quien unos 600 años antes del nacimiento de Cristo dejó un mensaje expresamente para esta generación. Quisiera ahora continuar en el mismo espíritu dé aquellas instrucciones, y para así hacerlo desearía leer unos poco párrafos de 2 Nefi capítulo 28:

“Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien. Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertidos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de uno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos correazos, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios.” (2 Nefi 28:7-8).

A partir del versículo 19 dice lo siguiente:

“Porque el reino del diablo ha de estremecerse, y los que a él pertenezcan deben ser provocados a arrepentirse, o el diablo los prenderá con sus sempiternas cadenas, y serán movidos a cólera, y perecerán; porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.

“Y a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

“Y he aquí a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice:

Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así le susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate” (2 Nefi 28:19-22).

Hace dos años me encontraba trabajando con los élderes Wells y Pratt en América del Sur, inaugurando una misión para la Iglesia. Durante ese tiempo tuve la oportunidad de reflexionar y estudiar ampliamente. Se dice que la distancia brinda encanto a la vista, y creo, muchas veces, un entendimiento más claro. Yo me encontraba a 18.000 kilómetros de las oficinas generales de la Iglesia, y creo que suficientemente lejos como para ver las cosas como realmente son. Yo había dejado el mundo que me era conocido y había ido a un mundo extraño. El Idioma era diferente; las costumbres de la gente, los cielos y la tierra, todo parecía extraño y diferente; entonces me sentía como alguien que había dejado la tierra, y tenía pensamientos y reflexiones que estoy seguro que habré de tener cuando me llegue mi tiempo. Tuve la oportunidad de leer mucho, no tan sólo en el estudio del idioma español, sino que también leí todo lo que pude obtener en inglés, mi propio Idioma, lo cual incluyó la Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y los seis volúmenes de nuestra propia historia de la Iglesia. Mientras meditaba el progreso de la Iglesia, su posición presente y el futuro que le espera, sentí muy poderosamente algunas Impresiones relacionadas con un período que para muchos estará cargado de peligro. Sintiéndome profundamente ansioso por el deseo de bienestar para los miembros de la Iglesia al Igual que el de mi prójimo, le prometí al Señor que si El me daba la sabiduría y la fortaleza necesarias, yo levantaría mi voz de advertencia a los hijos de los hombres con relación al peligro que les estaba amenazando o que habría de amenazarles.

Veo la evidencia de la cercanía de ese período de peligro. Habría de llegar durante una época de paz y prosperidad que, dicho sea de paso, constituyen el tiempo más peligroso que cualquier persona o pueblo pueda vivir. Muchas personas han permanecido firmes y fieles a sus principios en tiempos de lucha, pero cuando llegan la independencia y la prosperidad, qué fácil es olvidar las altas normas y sentir el poder que proporcionan la prosperidad y el éxito para satisfacer nuestros deseos y apetitos. Así sucede con las naciones.

Por lo tanto sentí muy profundamente que todo el mundo se encontraba en los umbrales de un período de autosatisfacción, en el que un nuevo orden de cosas habría de surgir y donde pude ver, en forma muy clara, que la Iglesia misma habría de ser afectada en forma directa sin poder escapar de su influencia. Sin embargo, también puedo ver claramente que no sólo nos defenderemos de las fuerzas humanas a las que deberemos enfrentarnos, sino que existirán grandes poderes que influirán en los corazones de los hombres, inspirándonos para la solución de los problemas que tendremos por delante.

Cuando los primeros de los fieles hijos e hijas del Padre Celestial estuvieron preparados para venir a la vida terrenal, Indudablemente fueron advertidos, ya que habríamos de pasar por dos nuevas experiencias. Primero, habríamos de poseer un cuerpo mortal, y no habiendo pasado por esa experiencia antes, habría de ser algo totalmente nuevo para nosotros. Se nos encomendó que cuando tomáramos posesión de ese cuerpo mortal deberíamos convertirlo en nuestro sirviente; deberíamos honrarlo, pero aún así controlarlo.

Segundo, habríamos de estar en la presencia del enemigo, quien ahora habría de ser la mayoría. Si tan sólo pudiéramos abrir nuestros ojos lo suficiente como para ver u observar los poderes que nos rodean, que buscan influenciarnos, nos invadiría un temor tan grande que no nos animaríamos a caminar solos y sin ayuda. Se trata de poderes que nos rodean completamente y utilizan su influencia para lograr fines determinados que les ayuden a ganar el lugar codiciado para su jefe, el hijo caído de Dios. Cuando ese hijo de Dios cayó, los cielos lloraron por él y llegó a ser Lucifer, el diablo.

Su propósito es claramente demostrado en sus actividades. Tomemos por ejemplo la tentación del Señor. Mientras ningún hombre mortal sabía a dónde se había dirigido después de su bautismo, no obstante el envidioso y codicioso hermano que conocía su paradero se encontró con Él en el momento más grande de su debilidad física, y le tentó. Sin embargo, la gran cuestión en juego en la tentación no fue tanto el que convirtiera las piedras en pan ni que se tirara del pináculo del templo, lo que tan sólo fue el preámbulo de la gran confrontación. Por la mente de Jesucristo pasaron entonces, en forma panorámica los reinos del mundo que el tentador le ofreciera. Él sabía que uno de los motivos por los que Cristo había venido a este mundo fue el de lograr para sí el derecho de reinar sobre esos reinos, y que él propuso morir, o sea dar su vida para ganar ese derecho de ser Rey de reyes y Señor de señores. Pero el tentador le ofreció a Jesús todos estos honores y privilegios con condiciones extremadamente fáciles, ante las cuales tan sólo debía humillarse y adorar al maligno. “Y le dijo; Todo esto te daré, si postrado me adorares. No hay necesidad de morir; tan sólo adorarme. Ellos son míos y habrán de ser tuyos.”

Si durante cualquier momento de la tentación hubo en Jesús Ignorancia con respecto a quién era el que le estaba tendiendo las trampas, toda duda había desaparecido en este momento, pues Él dijo: “Vete, Satanás, porque escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10). Y Satanás le dejó.

Cierto es que Satanás, quien ofreció los reinos de este mundo, por lo menos en forma temporaria era el rey de ellos. Pero ese título no era permanente ni válido, y si Jesucristo hubiera aceptado tal título, habría sido engañado y al fin se habría dado cuenta de que era un título totalmente falso. Así entonces, para ganar un derecho real y genuino al título de reinar sobre loé reinos de este mundo, el Maestro dio su vida. Pero el problema o la confrontación no quedó resuelto en ese entonces, ya que continúa siendo el propósito del rechazado, quien fuera vencido en el principio por el Señor Jesucristo mientras se encontraba en su ministerio, el ganar el derecho de reinar sobre los reinos de este mundo, lo cual continúa siendo en la actualidad su ocupación principal.

Así fue que en la primavera de 1820, cuando se había aproximado el momento conocido de antemano por los profetas, en que el ángel volaría a través de los cielos llevando el evangelio eterno para predicar a todos los que moran en la tierra; cuando se aproximara la hora en que Elias habría de regresar a la tierra antes del grande y terrible día del Señor; cuando el mensaje profético contenido en el sueño de Nabucodonosor e interpretado por Daniel habría de encontrar su gloriosa consumación en el establecimiento de ese reino que jamás habría de ser derribado ni dejado a otro pueblo, la aproximación de ese tiempo habría de ser conocida no tan sólo en los cielos, sino que también por los poderes que reinaban en la tierra. Así es que antes de que el Señor se manifestara a sí mismo, el diablo se encontraba presente y se apoderó del joven que habría de ser instrumento en la realización de aquellas promesas, tratando de destruirle.

No fue una destrucción Imaginaria lo que estuvo a punto de suceder, sino una destrucción real y tangible por parte de una fuerza que se había posesionado de él, ya que la Intención de Satanás era la de frustrar la obra de Dios provocando la muerte del mensajero que Dios había enviado al mundo y el que muy pronto habría de ser visitado en relación con el comienzo o la inauguración de la última dispensación del evangelio, obra que habría de rodar hasta los extremos de la tierra. Era el principio del fin, y no es extraño que los poderes del maligno trataran de detener su comienzo, su desarrollo y progreso.

Pero Dios también sabía que había llegado el momento, por lo cual El y su Hijo Jesucristo visitaron al joven y comenzaron así esta gran dispensación del evangelio cuya meta al final es la de conquistar el mundo para Cristo y establecerle como gobernante de la tierra, Rey de reyes y Señor de señores.

Así es entonces que el conflicto siempre ha estado alrededor de la Iglesia, desde el día mismo en que el Profeta se enfrentara con sus primeras luchas. La verdad es que nos hemos abierto camino a través de toda clase de circunstancias adversas. Comprendiendo ahora Satanás que no fue posible su mismo modo en que vivo estoy seguro, y por la inspiración del Todopoderoso, de que el fin del conflicto es tan certero como lo fue el resultado al comienzo.

Que él en el comienzo cayó y fue expulsado de los cielos, es un hecho, y también es verdad que no importa cuántos partidarios logre ganar para su bando ni cuán enconado sea el conflicto, él habrá de ser vencido, será prohibida su presencia en la tierra y será echado de su propio lugar. Cristo entonces habrá de reinar y reclamar lo que le corresponde.

Pero mientras tanto, no me preocupa la definición del conflicto sino más bien si yo habré de estar a su lado o del lado del Señor. Es Indudablemente un buen momento para que todo hombre y mujer se examine a sí mismo y descubra a ciencia cierta si estamos con el Señor o no. Quisiera deciros, hermanos y hermanas, que todos los intentos que el enemigo de nuestra alma haga para capturarnos estarán basados en las debilidades de la carne, porque la carne está formada por los elementos de la tierra en su estado Imperfecto y él tiene poder sobre los elementos. Sus tentativas de dominio con respecto a nosotros enlazará la lujuria, los apetitos y las ambiciones de la carne. Y la ayuda que podamos recibir del Señor en esta lucha se pondrá de manifiesto mediante el espíritu que mora en nuestro cuerpo mortal. Es así entonces que estas dos poderosas fuerzas operan en nosotros mediante estos dos canales.

¿Cómo marcha esa batalla con usted? ¿Cómo se desarrolla con los hombres y las mujeres del mundo? Esta es una pregunta vital. El mayor conflicto que cada hombre o mujer jamás llegue a enfrentar —sin importar cuántos enemigos pueda tener— será la batalla que tenga consigo mismo.

Quisiera referirme al espíritu y al cuerpo como “yo” y “eso”. “Yo” es el individuo que mora en este cuerpo, que vivió antes de que yo tuviera cuerpo y que habrá de seguir viviendo cuando yo deje este cuerpo. “Eso” es la casa en la que vivo, el tabernáculo o cuerpo de carne; y el gran conflicto tiene lugar entre “yo” y “eso”.

Yo solía decirle a los misioneros con quienes por muchos años trabajé que era algo muy bueno que una vez por semana se apartaran de todo y que estando solos se examinaran a sí mismos y determinaran cómo marcha la batalla, quién estaba ganando, si “yo” o “eso”, para juzgarse a sí mismos, corregir sus errores y debilidades y poner su propia casa en orden. La verdad es que nosotros no tenemos que fijar ninguna cita para hacerlo, ya que el Señor lo hizo por cada miembro de su Iglesia. Esto ocurre en el día de reposo. Es durante esta sagrada reunión, cuando vemos los emblemas del cuerpo y la sangre que están siendo preparados, en que cada hombre y mujer se retraen en sí mismos en secreta conferencia para descubrir o declarar si se encuentran en pecado o transgresión, si han cedido al tentador, si hay cosas de las que van a arrepentirse; y si así fuera, limpiarse y purificar sus almas y hacer la paz con sus hermanos y con el Señor, no sea que estiremos la mano para comer y beber indignamente de esos sagrados emblemas.

Otro momento en que el Señor ha determinado que los miembros de su Iglesia analicen quién está logrando dominio sobre el enfrentamiento, si “yo” o “eso”, es el primer domingo de cada mes, en el que debemos abstenernos de dos comidas así como de bebida.

Cuando ese momento se aproxima, “eso”, la casa en la que vivo, protesta que no habrá de ser posible negarle la comida: “Me habrá de doler la cabeza; me temblarán las piernas; me voy a desmayar; no puedo ayunar por tanto tiempo; tengo que comer un poco”. ¿Estáis cediendo a estas excusas? Si así fuera, ya puedo deciros quién se está adueñando de vuestra voluntad. Es algo maravilloso que, por lo menos una vez por mes, tanto “yo” pomo “eso” se pongan de acuerdo con respecto al problema y que “yo” le diga a “eso”, o sea la casa en la que vivo, mi sirviente: “Puedes pasarla sin dos comidas; no te hará daño. En realidad te será de gran beneficio y aun cuando me duela la cabeza y me sienta como que me vaya a desmayar, no habré de morir; puedo más que tú y una vez por mes te demostraré quién manda aquí.” ¡Qué fortaleza maravillosa habrá de darnos esto para el día de mañana, cuando tengamos que enfrentarnos a otras tentaciones! Pueden ser tentaciones de licor, tabaco o cualquier otra tentación relacionada con la carne —y así habré logrado la fortaleza necesaria para decirle a mi cuerpo, a la casa en la que vivo: “No puedo denigrar este tabernáculo; lo mantendré limpio y en las mejores condiciones posibles para que trabaje en la mejor forma y actué de acuerdo con su mayor capacidad”.

Pero jamás podremos determinar en qué dirección se inclina la batalla a menos que cuidemos adecuadamente el espíritu. Desde el punto de vista físico, sabemos que a menos que nos alimentemos adecuadamente y hagamos ejercicios no puede haber desarrollo. Si queremos tener un fuerte espíritu que domine el cuerpo, debemos asegurarnos que del mismo modo el espíritu reciba alimento y ejercicio espiritual.

¿Dónde recibimos alimento espiritual? Acabo de mencionar el hecho de que una vez por semana los miembros de la Iglesia están invitados a asistir a la mesa sacramental, donde comen y beben de los emblemas del cuerpo y la sangre del Señor Jesucristo, bendecidos para sus espíritus y no para los cuerpos físicos, ya que quien come y bebe dignamente, come y bebe vida espiritual. También se nos ha encargado el buscar al Señor diariamente en oración, tanto secreta como familiar. ¿Qué sucede entonces? Cerramos los ojos y apartamos de nosotros al mundo físico para abrir así las ventanas del alma y acercarnos a las bendiciones espirituales, a los poderes espirituales. Así es que en nuestra vida espiritual penetra esta fortaleza. Estas y otras oportunidades entonces son ofrecidas como alimento espiritual, constituyendo el ejercicio espiritual el servicio que hagamos en beneficio del prójimo.

El individuo que no se alimente ni se ejercite espiritualmente llegará a ser un espíritu débil sobre quien la carne tendrá dominio. Por lo contrario, quienquiera que obtenga tanto alimento como ejercicio espiritual se encontrará en control de su cuerpo y lo mantendrá sujeto a la voluntad de Dios.

Dije anteriormente que el ataque del maligno para esclavizarnos se producirá mediante el cuerpo. Esa es la línea de contacto.

Hay un dicho que dice que una cadena es tan fuerte como lo sea el más débil de sus eslabones, o sea que la cadena siempre habrá de romperse en su eslabón más débil. Por lo general observaremos que nuestro eslabón más débil es el de la carne. El diablo sabe cuál es el eslabón más débil, y cuando él se dispone a capturar un alma, siempre habrá de atacar ese punto débil. Puede haber fortaleza en otros aspectos, pero él nunca nos ataca donde somos fuertes; siempre ataca nuestras debilidades.

En una oportunidad y encontrándome en un viaje por los enormes bosques del estado norteamericano de Oregón, vi un gigantesco árbol que había caído sin causa aparente mientras que sus compañeros se erguían altos y enhiestos. Al examinarlo de cerca pude observar que por mucho tiempo había tenido lugar un proceso de ataque foráneo debajo de su corteza. Un insecto había logrado hacer un agujero que no era más ancho que un alfiler, pero que atravesaba el tronco del gigante. Así se había creado un eslabón débil y, con alguna Influencia externa adicional, el gigante se desmoronó exponiendo su debilidad. Esto me hizo pensar en la vida humana al compararlo con la misma. Hay muchos hombres y mujeres que aparentemente son muy honestos, que desde el punto de vista externo parecen fuertes, pero que en la vida íntima toleran debilidades y prácticas impropias que crean eslabones débiles que pueden llevarles a la destrucción, abriendo la puerta al ataque del enemigo.

Cuando el gran poeta alemán Goethe escribió su hermoso Fausto, creo que fue inspirado para expresar algunas grandes verdades acerca del método de ataque del enemigo de nuestra alma. Recordaremos que Fausto, un hombre ya viejo, estaba ansioso por recobrar la juventud. Oró fervientemente por tal transformación, pero lo que buscaba era ilegal y el Señor no podía responderle. Pero persistió en sus oraciones, y muchas veces cuando persistimos sin la voluntad de decir “Padre, sea hecha tu voluntad y no la mía”, es muy posible que en lugar de contestarnos Dios, sea el diablo quien lo haga, tal como sucedió con Fausto. Así fue que el diablo le dijo a Fausto: “Esto haré por ti: te devolveré la juventud, y cuando seas joven, querrás tener una mujer”. Y se le presentó la visión de la hermosa Margarita. “Pero si hago esto por ti, quiero que me firmes un contrato mediante el cual, cuando la vida de tu cuerpo finalice, tu espíritu habrá de pertenecerme.”

Lo que el diablo quiere no son cuerpos, sino espíritus inmortales que los habiten, y él trata de capturarlos mediante el cuerpo, porque es el cuerpo el que puede esclavizar al espíritu, aun cuando el espíritu pueda mantener al cuerpo como su sirviente, siendo el espíritu su amo.

Así entonces se realizó el contrato, y cuando Fausto fue rejuvenecido, recordó la promesa de la virgen, la mujer, en cuya búsqueda salieron. La encontraron mientras entraba en una iglesia. Repentinamente Fausto corrió hacia ella para detenerla, pero el diablo se lo Impidió, diciendo: “No te apresures, no de esa forma”. He aquí una verdad. El diablo no puede capturar a nadie de esa forma. Él no puede capturar a nadie repentinamente y mantenerle como esclavo en contra de su voluntad. El poder es dado a todo hombre y mujer que viva para decir como Cristo: “Vete, Satanás”; él se irá, dejándonos tan rápidamente como dejó al Maestro. Satanás no puede capturar ni una sola alma a menos que esté dispuesta a ir con él. Él está limitado y debe conquistar a las personas.

Así sucedió entonces con Margarita.

Él tuvo que conquistarla, y para así hacerlo, la estudiaron y descubrieron su debilidad.

Margarita era una joven casta, virtuosa, maravillosa, pero aún así tenía una debilidad: era su vanidad. Así fue que decidieron atacar ese eslabón débil. Pusieron joyas en el jardín y con ellas el espejo. Ella descubrió estos objetos, y la vanidad la incitó a ponerse las joyas, sugiriéndole también que se mirara en el espejo para apreciar su propia belleza. En el mejor momento sicológico, el tentador se le aparece y le ofrece las joyas como regalo de su futuro amante. Ella sintió la gran tentación de aceptar.

Los amantes pasan juntos la tarde hasta que se oye la voz de la madre de Margarita, que la llama para que entre a la casa. Pero Margarita no desea abandonar a su amante. Nuevamente en el mejor momento sicológico, el tentador, el diablo, se aparece y le entrega una píldora a Fausto, asegurándole que si la pone en la bebida de la madre ella se dormirá, dejándolos en paz de allí en adelante.

Al escuchar yo las tristes historias de más de una jovencita que se ha apartado de la protectora influencia de su madre para entregarse al dolor y al arrepentimiento, me pregunto por qué no es suficiente para cada joven la advertencia y la seguridad de que el mejor y más seguro de los lugares del mundo para ella es tan cerca como pueda estar de la protección de su madre.

Continuando con la historia, la madre de Margarita toma la poción y se duerme; así los amantes pasan juntos la noche. Temprano en la mañana llega Valentino, el hermano de Margarita, y encuentra muerta a su madre —porque se trataba del sueño de la muerte— y a un extraño en la casa con su hermana Margarita. Se produce una reyerta y se establece un duelo en el que Valentino muere. Ahora es cuando Margarita comprende la situación total y las consecuencias a que la condujo su acto. Ella fue la culpable de la muerte de su madre al igual que la de su hermano, y, mucho peor aún que su propia muerte, Margarita ha perdido su virtud. Margarita se entrega al llanto y a la desesperación mientras el diablo se aproxima, riéndose al ver la escena. Así conquistó él otra alma porque, aun a pesar de su fortaleza, ella tenía una debilidad y fue esa debilidad que el enemigo aprovechó para invadir su ser y hacerla caer.

Este es el proceso mediante el cual las debilidades y vicios secretos abren una puerta para que el enemigo del alma entre y tome posesión de nosotros y nos esclavice. Después de haber entrado, incita a sus víctimas a tener un sentimiento de seguridad, susurrándoles que pueden mentir un poco, robar un poco, cometer pequeños pecados y que al final tan sólo recibirán unos Correazos del Señor y todo estará bien.

Este es uno de los métodos del diablo para mantener abierta la puerta por la que él desea entrar. Os declaro que este es el proceso mediante el cual él en la actualidad trata de capturar almas. Aun cuando no exista ningún enemigo mortal particular o movimiento organizado en contra de esta Iglesia, el enemigo de nuestra alma se encuentra alerta y despierto para la obra. El prueba nuevos métodos para corromper hombres y mujeres y no hay hombre o mujer que viva que no habrá de ser probado en este aspecto, cuya posición no sea atacada, y si Satanás puede poner el pie en la puerta, tratará de entrar y capturar esa alma.

Porque veo que se aproxima el tiempo de la prueba individual, es necesario que conozcamos las fuerzas y los poderes que contra nosotros se organizan, al igual que sus propósitos, para que podamos cerrar filas y fortificarnos. Habiendo sido advertidos, debemos armarnos para la lucha, y declaro que cada principio del evangelio que la Iglesia ha recibido ha sido cuidadosamente calculado para fortificarnos o armarnos en contra de los asaltos y embates del enemigo de las almas. Quienquiera que pueda obedecer la Palabra de Sabiduría, por ejemplo, también será fortificado para guardarse limpio y sin mancha de los pecados de esta generación.

El método favorito que ha utilizado el enemigo de nuestra alma en siglos pasados y que continúa utilizando en la actualidad es el de capturar las almas guiándolas suavemente, paso a paso, hacia el más grande y destructivo de los pecados en contra de la vida espiritual, la inmoralidad, el punto final del desenfreno. No hay nación que haya sobrevivido o que haya de sobrevivir la edad de la inmoralidad. El tentador se encuentra en la actualidad induciendo a las personas a cerrar los ojos al pecado, y aun personas muy Importantes y de gran poder suelen descartar la virilidad y el poder y la fortaleza originada en los Diez Mandamientos, considerando a la relación ilícita e Inadecuada de los sexos como algo que ni siquiera es un pecado. Hoy os declaro que se trata de un pecado mortal en contra de la espiritualidad, constituyendo también un pecado mortal en contra de la vida tanto de hombres como de naciones. Alguien puede decir: “Y bueno, puede que tenga mis pecados y debilidades, pero después de un tiempo podré vencerlos, tal vez cuando envejezca. Hoy voy a comer y beber y veremos qué pasa mañana, pero antes de morir siempre puedo arrepentirme”.

Para contestar a este tipo de razonamiento, quisiera expresar que no hay ningún tiempo ni nunca habrá un tiempo mejor en que podamos conquistar y dominar la carne y las influencias del diablo cómo podemos hacerlo en la mortalidad. También quiero deciros que el mejor tiempo de todos es durante la juventud. Mucho hablamos del poder y la Influencia de los hábitos y también a menudo justificamos a los pecadores porque son víctimas de malos hábitos. Quisiera deciros que los buenos hábitos son tan poderosos para controlar los hechos de los hombres como lo son los malos hábitos.

¡Si tan sólo los hombres y las mujeres aprendieran en su juventud a servir a Dios y a formar buenos hábitos, pensamientos virtuosos, hechos justos, el ser honestos e íntegros! SI así lo hicieran, cuando alcanzaran la época de mayor fortaleza y poder, en lugar de utilizar la mayor parte de esa fortaleza para corregir los errores de su juventud, en lugar de luchar por conquistar lo que jamás debería haber entrado en sus vidas, podrían utilizar esa fortaleza para marchar hacia adelante, hacia un desarrollo más perfecto. Nadie hace el mal en un Instante, sino que lo logra paso a paso. Es indudable que constituye una verdadera bendición el que el hombre no se aparte rápidamente del camino de la virtud para abrazar la inmoralidad.

(El élder Ballard nació en Logan, Utah, en 1873 y fue ordenado Apóstol el 7 de enero de 1919. Murió en 1939.)

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