Decisiones

Conferencia General abril 2016
Decisiones

Thomas S. Monson

Las decisiones que tomamos determinan nuestro destino.

Hermanos y hermanas, antes de comenzar hoy mi mensaje formal, me gustaría anunciar cuatro templos nuevos que se edificarán en los próximos meses y años en los siguientes lugares: Quito, Ecuador; Harare, Zimbabue; Belém, Brasil; y un segundo templo en Lima, Perú.

Cuando pasé a ser miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles en 1963, había doce templos en funcionamiento en toda la Iglesia. Con la dedicación del Templo del Centro de la Ciudad de Provo hace dos semanas, ahora hay ciento cincuenta templos en funcionamiento a lo largo del mundo. Cuán agradecidos estamos por las bendiciones que recibimos en esas santas casas.

Bien, hermanos y hermanas, deseo expresar gratitud por la oportunidad que tengo de compartir algunas ideas con ustedes esta mañana.

Últimamente he estado pensando sobre el tomar decisiones. Se ha dicho que la puerta de la historia se mueve con bisagras pequeñas, y lo mismo sucede con la vida de las personas. Las decisiones que tomamos determinan nuestro destino.

Cuando dejamos nuestra existencia preterrenal y entramos en la vida mortal, trajimos con nosotros el don del albedrío. Nuestra meta es obtener la Gloria Celestial, y las decisiones que tomamos determinan en gran parte si alcanzaremos o no nuestra meta.

La mayoría de ustedes están familiarizados con Alicia, de la novela clásica de Lewis Carroll: Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Recordarán que llega a un cruce con dos caminos ante ella; cada uno sigue hacia adelante pero van en direcciones opuestas. Al considerar qué camino tomar, la confronta el gato de Cheshire, a quien Alicia pregunta: “¿Qué camino debo seguir?”.

El gato contesta: “Eso depende de dónde quieres ir. Si no sabes a dónde quieres ir, entonces tampoco importa mucho el camino que tomes”1.

A diferencia de Alicia, nosotros sabemos a dónde queremos ir, y sí importa por cuál camino vayamos, porque el camino que tomemos en esta vida conduce a nuestro destino en la venidera.

Que escojamos edificar en nuestro interior una fe firme y poderosa que sea nuestra defensa más eficaz contra los designios del adversario; una fe real, el tipo de fe que nos sostendrá y reafirmará nuestro deseo de escoger lo correcto. Sin una fe así, no llegaremos a ninguna parte; con ella, podremos lograr nuestras metas.

Aunque es fundamental que escojamos sabiamente, habrá momentos en los que tomaremos decisiones insensatas. El don del arrepentimiento, que proporcionó el Salvador, nos permite corregir nuestro rumbo para regresar al camino que nos llevará a esa gloria celestial que buscamos.

Que mantengamos el valor de desafiar la opinión general; que escojamos el difícil bien en lugar del fácil mal.

Al contemplar las decisiones que tomamos en nuestra vida cada día —elegir entre una cosa o la otra—, si escogemos a Cristo, habremos tomado la decisión correcta.

Que así sea siempre, es mi oración sincera y humilde, en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

Notas

  1. Adaptado de Alice’s Adventures in Wonderland, de Lewis Carroll, 1898, pág. 89.
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