Del lado de los líderes de la Iglesia

Conferencia General Abril 2016
Del lado de los líderes de la Iglesia

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Ronald A. Rasband

¿Están del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Extendemos una cordial bienvenida a las nuevas Autoridades Generales, Setentas de Área y a la magnífica nueva Presidencia General de la Primaria. Expresamos un profundo agradecimiento a quienes han sido relevados. Amamos a cada uno de ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de participar en una de las más benditas experiencias al levantar la mano para sostener a profetas, videntes y reveladores, y a otros líderes y Oficiales Generales llamados por Dios en estos días. Nunca he tomado livianamente ni a la ligera la oportunidad de sostener a siervos del Señor y ser guiado por ellos, y a solo pocos meses de haber sido llamado como nuevo miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, me siento muy humilde por su voto de sostenimiento y confianza. Atesoro su deseo de apoyarme a mí y a todos estos grandes líderes.

Poco después de ser sostenido el pasado octubre, viajé a Pakistán por una asignación y, durante mi estadía, conocí a los maravillosos y dedicados santos de ese país. Son pocos, pero su espíritu es grande. Al poco tiempo de regresar, recibí el siguiente mensaje del hermano Shakeel Arshad, un querido miembro que conocí en esa ocasión: “Gracias, élder Rasband, por venir a Pakistán. Quiero decirle que nosotros… los miembros de la Iglesia… lo sostenemos y lo amamos. Cuán afortunados [somos] por haberlo tenido entre nosotros y haberlo escuchado. Fue un día esplendoroso para mi familia el haber conocido a un Apóstol”1.

Conocer a santos como el hermano Arshad fue una experiencia conmovedora que nos llenó de humildad y, usando sus palabras, un “día esplendoroso” para mí también.

En enero, líderes de la Iglesia participaron en una transmisión Cara a Cara con los jóvenes de alrededor del mundo, sus líderes y sus padres. El evento se transmitió en vivo por internet a muchos lugares de ciento cuarenta y seis países. En algunos sitios había capillas con mucho público y en otros era un solo hogar en el que había un joven conectado; en total, participaron varios cientos de miles.

Cara a Cara con el élder Rasband, la hermana Oscarson y el hermano Owen Cara a Cara con el élder Rasband, la hermana Oscarson y el hermano Owen

Al comunicarnos con ese gran público, la hermana Bonnie Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes; el hermano Stephen W. Owen, Presidente General de los Hombres Jóvenes; y yo, con la ayuda de jóvenes anfitriones, músicos y otras personas, contestamos las preguntas de los jóvenes.

prossegir-820x450 Lema de la Mutual para 2016

Nuestro objetivo era presentar el lema de la Mutual para 2016: “Sigue adelante con firmeza en Cristo”, de 2 Nefi, capítulo 31, versículo 20, que dice: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna”2.

¿Y qué aprendimos al leer las cientos de preguntas de nuestros jóvenes? ¡Aprendimos que nuestros jóvenes aman al Señor, sostienen a sus líderes y desean una respuesta a sus preguntas! Las preguntas son una indicación de un deseo adicional por aprender, por aumentar las verdades que son parte de nuestro testimonio y por estar mejor preparados para “seguir adelante con firmeza en Cristo”.

La restauración del Evangelio comenzó con la pregunta de un joven, José Smith. Muchas de las enseñanzas del Salvador durante Su ministerio empezaron con una pregunta. Recuerden la pregunta que le hizo a Pedro: “… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”3, a lo que Pedro respondió: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!”4. Necesitamos ayudarnos mutuamente para encontrar las respuestas del Padre Celestial mediante la guía del Espíritu.

Durante la transmisión, les dije a los jóvenes:

“Los líderes de esta Iglesia conocen los problemas, las preocupaciones y los desafíos de ustedes.

“Tenemos hijos; tenemos nietos; nos reunimos a menudo con jóvenes de todo el mundo y oramos por ustedes; hablamos de ustedes en los lugares más sagrados, y los amamos”5.

Quisiera compartir una de las muchísimas respuestas que recibimos de ese evento.

Lisa, de Grande Prairie, Alberta, Canadá, escribió: “Este evento Cara a Cara fue increíble. Fortaleció mi testimonio y convicción del Evangelio. Somos tan bendecidos por tener líderes inspirados que han sido llamados para prestar servicio en tantas funciones diferentes”6.

Liz, de Pleasant Grove, Utah, EE. UU., escribió en una publicación anterior: “Estoy agradecida por la fe que tengo y por la oportunidad de sostener a un profeta de Dios, y a los hombres y mujeres que prestan servicio junto a Él”7.

Hoy hemos sostenido a líderes que, por inspiración divina, han sido llamados a enseñarnos y guiarnos y quienes nos advierten que debemos cuidarnos de los peligros que enfrentamos cada día, desde la observancia informal del día de reposo hasta las amenazas a la familia, los ataques a la libertad religiosa e incluso el disputar la revelación moderna. Hermanos y hermanas, ¿damos oído a sus consejos?

Muchas veces, en conferencias, reuniones sacramentales y la Primaria, hemos cantado las tiernas palabras: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir”8. ¿Qué significan esas palabras para ustedes? ¿Quién les viene a la mente cuando piensan en ellas? ¿Han sentido la influencia de líderes justos, discípulos de Jesucristo que, en el pasado y aún hoy en día, influyen en su vida y los acompañan en el camino del Señor? Quizá ellos se encuentren en el hogar de ustedes; quizás estén en su congregación local o hablando desde el púlpito en la conferencia general. Estos discípulos comparten con nosotros la bendición de tener un testimonio del Señor Jesucristo, el líder de esta Iglesia, el líder de nuestra alma misma, quien ha prometido: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé”9.

Recuerdo al presidente Thomas S. Monson relatar la historia de cuando fue invitado a la casa de su presidente de estaca, el presidente Paul C. Child, en preparación para ser avanzado al Sacerdocio de Melquisedec. Qué bendición tan especial la de ese presidente de estaca, quien en aquel momento no sabía que le estaba enseñando a un jovencito del Sacerdocio Aarónico que un día sería el profeta de Dios10.

Yo también he tenido momentos de aprendizaje con nuestro amado profeta, el presidente Monson. No hay dudas ni en mi mente ni en mi corazón de que él es el profeta del Señor sobre la tierra; he sido el humilde receptor en ocasiones en que él ha recibido revelación y actuado en consecuencia. Nos ha enseñado a extender una mano de ayuda, a protegernos mutuamente, a rescatarnos unos a otros. Eso mismo se enseñó en las aguas de Mormón. Aquellos que deseaban “… ser llamados su pueblo” estaban dispuestos “… a llevar las cargas los unos de los otros”, “… llorar con los que lloran” y “… ser testigos de Dios”11.

Hoy estoy aquí como testigo de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Jesucristo. Sé que el Salvador vive y nos ama, y que dirige a Sus siervos, a ustedes y a mí, para cumplir con Sus grandes propósitos en esta tierra12.

Al seguir adelante y elegir seguir el consejo y las advertencias de nuestros líderes, elegimos seguir al Señor mientras que el mundo está yendo en otra dirección. Elegimos asirnos a la barra de hierro, ser Santos de los Últimos Días, cumplir el mandato del Señor y ser llenos “… de un gozo inmenso”13.

La pregunta que surge hoy es clara: ¿Estamos del lado de los líderes de la Iglesia, en este mundo cada vez más oscuro, a fin de propagar la Luz de Cristo?

Las asociaciones con los líderes son importantes y significativas. No importa la edad de los líderes, ni lo cerca o lejos que estén ni cuándo hayan influido en nuestra vida, su influencia refleja las palabras del poeta estadounidense Edwin Markham, que dijo:

Hay un destino que hermanos nos hace,
[nadie] vive solo para sí.
Lo que en la vida demos a otros,
ha de volver a nosotros14.

Shakeel Arshad, mi amigo de Pakistán, me dio su apoyo, a mí, su hermano y amigo. Lo mismo han hecho muchos de ustedes. Cuando buscamos elevarnos unos a otros, demostramos lo cierto de estas poderosas palabras: “Nadie vive solo para sí”.

Más que nada, necesitamos a nuestro Salvador, nuestro Señor, Jesucristo. Uno de los relatos de las Escrituras que siempre me ha conmovido espiritualmente es cuando Jesucristo caminó sobre el agua para reunirse con Sus discípulos que viajaban en una barca por el mar de Galilea. Eran líderes recién llamados, como muchos de los que nos encontramos en el estrado hoy. El relato está registrado en Mateo:

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron… Y dieron voces de miedo.

“Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo! ¡Yo soy, no tengáis miedo!”15.

Pedro oyó ese maravilloso llamado de aliento del Señor.

“Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

“Y [Jesús] dijo: Ven”16.

Muy intrépido. Pedro era pescador y conocía los peligros del mar; sin embargo, estaba comprometido a seguir a Jesús, día y noche, en barco o por tierra.

Imagino que Pedro saltó del barco sin esperar una segunda invitación y empezó a caminar sobre el agua. De hecho, las Escrituras dicen: “… anduvo sobre las aguas para ir a Jesús”17. Cuando el viento empezó a hacerse más fuerte y feroz y las olas se arremolinaban a sus pies, Pedro tuvo miedo “… y, comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

“Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó”18.

¡Qué lección tan poderosa! El Señor estaba allí para ayudarlo, tal como lo está para ustedes y para mí. Extendió Su mano y llevó a Pedro hacia Él y a un lugar seguro.

Tantas veces he necesitado al Señor y Su mano salvadora. Lo necesito ahora más que nunca, como cada uno de ustedes. En ocasiones me he sentido seguro de saltar del barco, metafóricamente, para introducirme en lugares desconocidos, únicamente para darme cuenta de que no podía hacerlo solo.

Como dijimos durante el evento Cara a Cara, el Señor muchas veces se acerca a nosotros por medio de nuestra familia y líderes, y nos invita a venir a Él, como cuando se acercó a Pedro para salvarlo.

Ustedes también tendrán muchas oportunidades para responder a la invitación frecuente de “[venir] a Cristo”19. ¿No se trata de eso esta vida mortal? El llamado puede ser el de ir a rescatar a un familiar, a prestar servicio en una misión, a regresar a la Iglesia, a ir al santo templo; o, como oímos recientemente a nuestros maravillosos jóvenes decir en el evento Cara a Cara, vengan, por favor ayúdenme a responder mi pregunta. En el momento indicado, todos oiremos el llamado: “Ven a casa”.

Ruego que nos acerquemos, que tendamos la mano y tomemos la que el Salvador nos está extendiendo, muchas veces mediante sus líderes divinamente llamados y los integrantes de nuestra familia, y escuchemos Su llamado a “venir”.

Sé que Jesucristo vive; lo amo y sé con todo mi corazón que Él ama a cada uno de nosotros. Él es nuestro gran Ejemplo y el divino Líder de todos los hijos del Padre. De esto doy mi solemne testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Comentario en Facebook de Shakeel Arshad a Ronald A. Rasband, 2 de diciembre de 2015.
  2. 2 Nefi 31:20.
  3. Mateo 16:15.
  4. Mateo 16:16.
  5. Ronald A. Rasband en Cara a Cara, 20 de enero de 2016, lds.org/media-library.
  6. Respuesta para Cara a Cara, de Lisa Jarvis, de Grande Prairie, Alberta, Canadá.
  7. Tweet de Liz Darger, Pleasant Grove, Utah, EE. UU., 4 de abril de 2015.
  8. “Soy un hijo de Dios”, Himnos, nro. 196.
  9. Doctrina y Convenios 68:6.
  10. Véase de Thomas S. Monson, “Nuestra sagrada responsabilidad del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2006, pág. 57.
  11. Mosíah 18:8–9.
  12. Véase Mosíah 18:8–9.
  13. 1 Nefi 8:12.
  14. Edwin Markham, “A Creed”, Lincoln and Other Poems, 1901, pág. 25, [traducción libre].
  15. Mateo 14:24–27.
  16. Mateo 14:28–29.
  17. Mateo 14:29.
  18. Mateo 14:30–31.
  19. Moroni 10:32.
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