Tienen sentido las instrucciones?

¿Tienen sentido las instrucciones?
Por Ruth Silver
La autora, que residía en Colorado, EE. UU., falleció el año pasado.

Un viaje en bicicleta me convenció de la necesidad de verificar constantemente el mapa de ruta del Señor para la vida.

bike riding through France

Hace varios años, realicé un viaje en bicicleta por Francia junto con mi hermana, mi cuñada y la hija de ella. Cada mañana se nos daban tres páginas de instrucciones detalladas que, si seguíamos con exactitud, nos guiaban a nuestro destino de ese día. Mientras íbamos en bicicleta entre los viñedos, las directivas podían indicarnos “ir cincuenta metros hacia el norte, luego girar a la izquierda y avanzar cien metros”. Con más frecuencia, las instrucciones indicaban señales y nombres de las calles.

Una mañana, fuimos por un camino muy bonito, pero al poco tiempo nos dimos cuenta de que nuestras instrucciones ya no correspondían a ese territorio. En seguida nos perdimos, por lo que decidimos regresar al último punto donde sabíamos que habíamos estado en el camino correcto, para ver si podíamos descifrar por dónde ir.

Como lo esperábamos, al llegar allí hallamos una pequeña señal de tránsito que se encontraba en nuestras instrucciones pero que habíamos pasado por alto. Poco después, estábamos en camino otra vez, adelantando en la dirección correcta al seguir las instrucciones, que nuevamente tenían sentido.

La experiencia sirvió como una metáfora que respondió una pregunta desconcertante que yo tenía: Cuando alguien ha tenido un testimonio del Evangelio, ¿por qué se alejaría de este alguna vez? Se hizo evidente para mí que cuando tomamos el camino equivocado (pecamos) o dejamos de seguir los mandamientos de Dios, las instrucciones (la palabra de Dios) dejan de tener sentido. El mapa, por así decirlo, ya no se ajusta al territorio en el que estamos. Si no nos hemos desviado demasiado lejos, podemos reconocer que el error es nuestro y que debemos regresar (arrepentirnos o comprometernos nuevamente a vivir como Dios lo ha mandado) hasta el punto en el que sabíamos que estábamos siguiendo la ruta correctamente.

Con demasiada frecuencia, cuando las instrucciones ya no se ajustan al lugar en donde estamos, dudamos de ellas. En lugar de volver atrás, culpamos a las instrucciones y después las rechazamos por completo. Por último, al ya no tener la visión de nuestro destino, nos perdemos y vagamos por caminos que pueden parecer, de forma temporaria, muy atractivos, pero que no nos llevarán a donde tenemos que ir.

Cada día tenemos la oportunidad de estudiar las Escrituras; y cada seis meses se nos da la oportunidad de disfrutar de una conferencia general de la Iglesia. ¿No son esas las ocasiones en las que podemos verificar nuestro mapa de ruta y asegurarnos de que estemos donde debemos estar? Una vez, mientras escuchaba la conferencia general, sentí que si bien todos somos imperfectos, podemos saber que estamos en el camino correcto si las instrucciones que recibimos tienen sentido para nosotros.

De la misma manera en que el seguir las instrucciones correctas nos ayudará a llegar a nuestros destinos en esta vida, el estudiar las Escrituras y hacer caso a los consejos de los profetas vivientes nos permite verificar nuestro curso y ajustarlo, si fuera necesario, para que, finalmente, lleguemos a nuestro hogar celestial.

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