Por qué hacemos bautismos por los muertos

Marzo de 2016Liahona 03 2016
Por qué hacemos bautismos por los muertos

Hay mucho más que ocurre con los bautismos por los muertos de lo que vemos.

Si ya has efectuado bautismos por los muertos, seguramente has sentido algunas de las bendiciones de la adoración en el templo: te sientes menos estresado, más enfocado y más lleno de paz y de fe. Las bendiciones que puedes recibir por ir al templo son increíbles, pero la adoración en el templo abarca más que tan solo las bendiciones que recibes. A veces es difícil recordar a la otra persona que es parte de tu adoración en el templo, pero esa persona es más que un nombre en un papelito azul o rosa. Cuando te bautizas o te confirman como representante (a favor de alguien), ayudas a una persona real.

temple baptistryFotografía del bautisterio del Templo de Ogden, Utah, EE. UU.

Pero, ¿qué sabes de esas personas que han fallecido? ¿Por qué es tan importante que te bautices y te confirmen por ellos? Las Escrituras dan mucha información en cuanto a la vida después de la muerte.

La muerte física

Debido a la caída de Adán, todas las personas que nacen en la tierra sufren la muerte (véase Moisés 6:48). Al morir, el espíritu de la persona se separa del cuerpo y va al mundo de los espíritus para esperar su resurrección.

El mundo de los espíritus: El paraíso y la prisión espiritual

El mundo de los espíritus está dividido en el paraíso y la prisión espiritual. Las personas que se bautizaron y permanecieron fieles en su vida terrenal van al paraíso. Ese es un lugar de descanso, paz y gozo. Entre Su muerte y Su resurrección, Jesucristo visitó y enseñó a los espíritus en el paraíso (véase D. y C. 138:18–27).

Las personas buenas que murieron sin el conocimiento del Evangelio van a la prisión espiritual. Allí es también donde van aquellos que fueron desobedientes o malos durante su vida terrenal. Los espíritus justos enseñan a esas personas, y entonces ellos tienen la oportunidad de aceptar el Evangelio y arrepentirse (véaseD. y C. 138:28–37). Sin embargo, sin cuerpo no se pueden bautizar o participar en otras ordenanzas que son necesarias para recibir la vida eterna (véase Alma 40:14).

Ordenanzas vicarias

Afortunadamente, el Padre Celestial es misericordioso, amoroso y justo, de modo que proporciona una manera para que todos Sus hijos se salven. Allí es donde tú puedes ayudar. Cuando efectúas ordenanzas a favor de otras personas, ellas tienen la oportunidad de aceptar esas ordenanzas. Puedes hacer por ellas lo que ellas no pueden hacer por sí mismas en su camino hacia la vida eterna. Esos espíritus que se han arrepentido “serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios” (D. y C. 138:58; véase también el versículo 59); y tú puedes sentir el gran gozo que se recibe por ayudar a alguien en la prisión espiritual a recibir esas ordenanzas esenciales.

Resurrección

Mediante la resurrección de Jesucristo, todas las personas que nacen en la tierra superarán la muerte física y resucitarán (véase 1 Corintios 15:22). Jesús enseñó: “… porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19). Durante la resurrección, el espíritu de todas las personas se unirá a su cuerpo. Eso significa todos: los que vivieron inicuamente, los que vivieron justamente y los que se arrepintieron y recibieron las ordenanzas por medio de otra persona después de la muerte.

Juicio

Una vez que todo el mundo haya resucitado, cada persona se presentará ante Dios y será juzgada “según sus obras” (3 Nefi 27:15), incluso su aceptación de las ordenanzas (véase 3 Nefi 27:16–20). Solamente aquellos que han recibido las ordenanzas del Evangelio (ya sea en persona o mediante la obra del templo) y han cumplido con los convenios que acompañan a esas ordenanzas tendrán la vida eterna.

Debido a que eres un ser viviente y que eres un digno poseedor o poseedora de una recomendación del templo, tienes la increíble oportunidad y responsabilidad de ayudar a los otros hijos de Dios en su camino hacia la vida eterna. eres una parte central del plan de Dios.

La obra del templo: No existe mayor bendición

“Qué cosa tan maravillosa el que ustedes, jóvenes y jovencitas comunes y corrientes, puedan representar a un gran hombre o a una gran mujer que en un tiempo vivió sobre la tierra, pero que ahora se halla incapaz de progresar sin la bendición que ustedes pueden darle… No existe bendición mayor… Suyo será el privilegio, la oportunidad y la responsabilidad de vivir dignos de ir al templo del Señor y bautizarse allí por otra persona”.

Véase del presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), “Pensamientos inspiradores”,Liahona, abril de 2002

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