Ofrendas de ayuno

Febrero de 1980
Ofrendas de ayuno
por Larry E. Morris

Willard R. Smith era diácono en Salt Lake City en los días de los pioneros, y tenía asignada la tarea de recoger las ofrendas de ayuno en la manzana de su casa. Su supervisor era el hermano Peter Reid, el cual tenía la responsabilidad de asegurarse de que se realizara esta tarea y se distribuyeran a los pobres las ofrendas en especies. Todos los viernes por la noche, el hermano Re id llamaba a Willard para decirle que el carro estaba limpio, aceitado y listo para la tarea del día siguiente.

Willard se detenía en todas las casas y daba a todos la oportunidad de donar algo para los pobres, tanto a los miembros como a los que no lo eran.

Un sábado, el equipo de fútbol de Willard iba a jugar un partido y él estaba deseoso de participar. Sabía que en lugar de jugar debía recoger las ofrendas de ayuno, pero, como dijo más adelante:

Yo tenía ese día grandes deseos de jugar; tuve que elegir entre el placer y el trabajo, y decidí jugar al fútbol.

Temprano, a la mañana siguiente, el hermano Reid fue a nuestra casa y preguntó por mí. Yo me sentía muy avergonzado, quería correr y esconderme, pero lo recibí con la cabeza baja. Todo lo que me dijo fue: “Willard, ¿tienes tiempo de venir a caminar conmigo?”

Primero fuimos a una casa pequeña, de madera, cerca de la esquina. El golpeó suavemente y vino a abrimos una viejecita.

“Hermano Reid”, dijo, “ayer no nos trajeron comida y no tenemos que comer.”

El hermano Reíd dijo: “Lo lamento mucho; pero estoy seguro de que tendrán algo para comer antes del anocheced.

Llegamos a otra casa y en respuesta a nuestro llamado una voz nos dijo que entráramos; entramos y encontramos en la cama a un matrimonio anciano. “Hermano Reid”, dijo él, “tuvimos que quedamos en la cama porque sin carbón no tenemos cómo calentamos.”

En otra casa nos recibió una madre con sus pequeños hijos a su alrededor; el más pequeño estaba llorando y los otros tenían huellas de lágrimas en sus mejillas. ¡Eso fue más que suficiente! Cuando nos marchamos el hermano Reid dijo suavemente: “Willard, siempre que fallamos en el cumplimiento de nuestro trabajo, alguien sufre”.

Yo estaba a punto de ponerme a llorar y me sentía muy culpable por haber sido negligente en mi llamamiento. Después de ponerme la mano sobre el hombro él se fue. Todos los pobres tuvieron comida y carbón esa tarde, y yo aprendí una lección muy valiosa.

A través de esta experiencia del hermano Smith vemos claramente que pagar las ofrendas de ayuno significa más que poner .dinero en un sobre: significa ayudar a los necesitados. Sin embargo, parece que muy a menudo nos olvidamos o no tenemos en cuenta la importancia de las ofrendas de ayuno. Muchos de nosotros nos inclinamos a hacer hincapié en los diezmos, y esto es loable; después de todo, se nos dice que los que pagan el diezmo serán salvos cuando Cristo venga por segunda vez. Sabemos que en una época de sequía muy grande, el presidente Lorenzo Snow prometió a los miembros en Saint George, Utah, que si pagaban sus diezmos tendrían suficiente agua para regar su cosecha. Y también se nos recuerda que si no los pagamos estamos robando a Dios. (Ver Malaquías 3:8-10.)

Pero si miramos de cerca esta misma escritura encontramos una verdad que no siempre vemos: en respuesta a la pregunta “¿En qué te hemos robado?”, el Señor dice: “En vuestros diezmos y ofrendas”. Como nuestras Autoridades Generales comprenden que no sabemos lo suficiente acerca de la importancia de las ofrendas de ayuno, han comenzado a destacar el valor de este principio. Las ofrendas de ayuno en realidad merecen que les demos la atención debida. El presidente Heber J. Grant dijo:

“La ley sobre la cual se basa el bienestar de nuestro pueblo es la ley de las ofrendas de ayuno.” (Citado por el presidente Harold B. Lee, el 3 de abril de 1971, en una reunión de bienestar.)

También en 1971 el presidente Marión G. Romney instó a los miembros de la Iglesia a que pagaran las ofrendas de ayuno el doble de lo que habían estado pagando hasta entonces, y les prometió que si lo hacían, la espiritualidad de la Iglesia en general también aumentaría al doble. El presidente Spencer W. Kimball dijo en 1974:

“No hay ninguna razón por la cual cualquiera de las ramas, incluso las más nuevas, no puedan mantenerse a sí mismas, si todos sus miembros pagan las ofrendas de ayuno.” (Conference Report, abril de 1974, pág. 184.)

Y finalmente, el Señor nos ha dicho que los que no se acuerdan de los pobres y los necesitados no son sus discípulos (véase D. y C. 52:40). El pago de las ofrendas de ayuno, es la forma establecida por el Señor, por la cual podemos demostrar que nos acordamos de los pobres y de que somos los discípulos de Cristo.

Por supuesto, no siempre es fácil pagarlas. Al igual que otras contribuciones monetarias que hacemos a la Iglesia, pueden ser una prueba de nuestra fe. Un hermano relató el siguiente episodio:

“Era estudiante en la Universidad de Oxford, Inglaterra, y estaba preparándome para volver a mi casa en los Estados Unidos. En esos días tenía muy poco dinero y debía pagar con él mis ofrendas de ayuno, la contribución para el presupuesto de mi barrio, además de comprar un baúl y pagar el transporte desde donde me hospedaba hasta el aeropuerto. Sabía que el dinero sólo me alcanzaría para hacer dos de esas cosas, y decidí esperar y pagar más adelante mis ofrendas de ayuno y el presupuesto; pero un día, mientras me encontraba en la Iglesia, me sentí inspirado a pagar en ese momento las contribuciones a la Iglesia. El dinero que me quedó sólo me alcanzaría para el transporte al aeropuerto o para comprar el baúl, pero no para las dos cosas. Luego salí a caminar y mientras iba por la calle, vi a un hombre que cargaba un baúl; le pregunté qué pensaba hacer con él y me dijo que iba a tirarlo a la basura; hablamos por unos minutos y terminó regalándome el baúl. Mi problema se había solucionado. Para mí ésta fue una bendición que recibí por haber pagado mis ofrendas de ayuno y demás contribuciones.”

Otro hermano contó que asistió a una reunión de liderazgo de la estaca donde se invitó a la congregación a pagar el doble de ofrendas de ayuno, y se prometió que si lo hacían, aumentarían sus entradas de dinero. Y aquí sigue el relato:

“Cuando fui a casa hable de esta promesa con mi esposa. Nuestra contribución ya era generosa, pero estábamos dispuestos a pagar el doble de lo que pagábamos; eso sí, no queríamos hacerlo por una razón egoísta. Después de orar y considerar el asunto decidimos que pagaríamos el doble. Poco después empezaron a presentárseme oportunidades que no esperaba tener en mi trabajo. Después de un año mis ingresos habían aumentado considerablemente. Sentí que en realidad, ésta era una bendición del Señor para que se cumpliera la promesa que nos había hecho uno de sus siervos.”

Quiero haceros notar, que el motivo por el cual estos dos hermanos cumplieron con el mandamiento, fue el deseo de servir a Dios y no el interés egoísta de recibir una recompensa o una remuneración por sus acciones.

El sacrificio es un principio fundamental y necesario para que se pueda cumplir completamente la ley del ayuno. La mínima cantidad de dinero que se debe pagar como ofrenda de ayuno es el equivalente al valor de las dos comidas de las cuales nos abstenemos; pero el presidente Kimball nos dijo:

“Algunas veces somos un tanto tacaños y calculamos exactamente el valor de lo que habríamos comido para el desayuno, y luego damos esa cantidad al Señor. Pero yo creo que cuando estamos en una posición económica relativamente buena, debemos ser muy, muy generosos…” (Liahona, feb. 1978, pág. 113.)

La donación de las ofrendas de ayuno no sólo trae bendiciones para los que la reciben sino también para los contribuidores, El presidente Kimball también dijo acerca de esto:

“Si donamos generosas ofrendas de ayuno, aumentará nuestra propia prosperidad, tanto espiritual como temporal.” (Liahona, feb. 1978, pág. 113.)

Podemos hacer que el pago de las ofrendas de ayuno se transforme en una actividad más significativa si seguimos los pasos siguientes:

  1. Durante la reunión de la noche de hogar que precede al día de ayunó, podremos hablar de las razones por las que ayunamos y pagamos ofrendas de ayuno.
  2. Podemos elegir una razón para nuestro próximo día de ayuno. Si decidimos pedir una bendición especial para alguien que conocemos, el estar dispuestos a ayunar y contribuir con dinero a la Iglesia será una prueba de la sinceridad de nuestras intenciones. (No se pide que los niños pequeños ayunen, pero se les puede enseñar el principio del ayuno y guiar para que lo pongan en práctica a medida que crecen.)
  3. Todos los miembros de la familia pueden contribuir en las ofrendas de ayuno, y al participar, los niños pueden aprender lecciones muy importantes. Quizás se debería hacer más hincapié en el hecho de dar, que en la cantidad que se da.
  4. Podemos comenzar y terminar el día de ayuno con oraciones especiales.

También es importante que todos los miembros de la familia se den cuenta de que las contribuciones de ofrendas de ayuno van directamente a los pobres. Este fondo no se usa para ninguno de los demás programas de la Iglesia y, por lo tanto, son imprescindibles para suplir las necesidades de los miembros de la Iglesia necesitados.

Podemos ilustrar la importancia de este fondo de ofrendas de ayuno con el caso de una señora viuda con tres hijos pequeños que fue a pedirle ayuda a su obispo. No tenían dinero y estaban en deuda con muchos de los negocios en su pueblo. El obispo escribió una carta a los acreedores explicándoles la situación; quince de ellos hicieros ajustes en la cuenta y le rebajaron por lo menos un 50%. En los tres meses siguientes quedaron saldadas muchas cuentas gracias al dinero que había en el fondo de ofrendas de ayuno. Esta ayuda dio impulso material y espiritual a la familia, y en los meses y años que siguieron, pudieron desempeñarse en base a principios correctos de administración financiera. Los dos hijos varones fueron a una misión; y tanto ellos como la hija se casaron en el templo. Como los fondos estaban disponibles, y el dinero fue administrado sabiamente, esta familia pudo rehabilitarse y volvió a tener una vida normal.

Experiencias como ésta son comunes dentro de la Iglesia, y hacen que las bendiciones que traen las ofrendas de ayuno sean más evidentes: los miembros de la Iglesia necesitados reciben ayuda material y se benefician espiritualmente al saber que son amados. De la misma forma, los donantes progresan espiritualmente y son bendecidos, no sólo por ayunar sino también por contribuir con su dinero.

Sin embargo, existe otra bendición que por sus consecuencias eternas, quizás sea más importante que todas las demás: es un hecho que el contribuir generosamente a las ofrendas de ayuno, nos prepara para vivir más adelante la ley de consagración. El presidente Romney nos dijo estas palabras:

“Mientras esperamos la redención de la tierra y de Sión y que se establezca la Orden Unida, debemos acatar estrictamente los principios de esta Orden hasta donde abarcan las prácticas actuales de la Iglesia tales como: ofrendas de ayuno, diezmos, y todas las demás actividades del Plan de Bienestar. Si ponemos esto en práctica, cada uno de nosotros como individuo, puede incorporar a su vida todos los principios básicos de la Orden Unida.” (Improvement Era, junio de 1966, pág, 537.)

El cumplir sinceramente con la ley del ayuno, lo cual incluye ayunar, orar, y pagar la ofrenda, constituye una parte importante de nuestro progreso para llegar a ser dioses. No estaremos preparados para vivir la ley eterna de consagración hasta que hayamos cumplido en su totalidad los principios del Plan de Bienestar.

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