Aterrizar a salvo durante la turbulencia

Aterrizar a salvo durante la turbulencia
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. UchtdorfNo hace mucho, mi esposa, Harriet, y yo estábamos en un aeropuerto viendo aterrizar magníficos aviones. Era un día ventoso y las intensas ráfagas de viento azotaban las aeronaves que se acercaban, haciendo que cada una zigzagueara y se sacudiera al aproximarse.

Al observar esa lucha entre la naturaleza y la máquina, mi mente se remontó a mi propio entrenamiento de vuelo y a los principios que aprendí allí —y que después enseñé a otros pilotos en formación.

“No luchen contra los mandos durante la turbulencia”, les solía decir. “Permanezcan serenos; no reaccionen de manera exagerada y mantengan la vista fija en la línea central de la pista. Si se desvían de la ruta de aproximación deseada, hagan correcciones rápidas pero calculadas. Confíen en el potencial de la aeronave y capeen la turbulencia”.

Los pilotos experimentados entienden que no siempre pueden controlar las cosas que suceden a su alrededor. No pueden disipar la turbulencia sin más, ni hacer que la lluvia o la nieve desaparezcan. No pueden hacer que el viento deje de soplar, ni cambiar su dirección.

Pero también entienden que es un error temer la turbulencia o los fuertes vientos —y sobre todo quedarse paralizado ante ellos. La manera de aterrizar a salvo cuando las condiciones no son ideales es permanecer en el camino y la senda de planeo correctos lo más perfectamente posible.

Mientras observaba a un avión tras otro hacer su aproximación final y recordaba los principios que aprendí en mis años como piloto, me pregunté si no había en ello una lección para nuestra vida diaria.

No siempre podemos controlar las tormentas que la vida pone en nuestro camino; en ocasiones, las cosas simplemente no salen como queremos. Tal vez nos sintamos sacudidos o zarandeados por la turbulencia de la desilusión, la duda, el temor, la tristeza o el estrés.

En esos momentos, es fácil quedar atrapados en todo lo que va mal y hacer de nuestros problemas el centro de nuestros pensamientos. La tentación está en centrarnos en las pruebas que afrontamos en lugar de hacerlo en el Salvador y en nuestro testimonio de la verdad.

Pero esa no es la mejor manera de sobrellevar los desafíos de la vida.

Tal como un piloto experimentado no fija su atención en la tormenta, sino en el centro de la pista y en el punto de aterrizaje correcto, también nosotros debemos fijar nuestra atención en el centro de nuestra fe —nuestro Salvador, Su evangelio y el plan de nuestro Padre Celestial—, y en nuestra meta final: regresar a salvo a nuestro destino divino. Debemos confiar en Dios y hacer de la permanencia en la senda del discipulado el centro de nuestro esfuerzo. Debemos mantener la vista, el corazón y la mente centrados en vivir como sabemos que debemos hacerlo.

El mostrar nuestra fe y nuestra confianza en el Padre Celestial al guardar con gozo Sus mandamientos nos traerá felicidad y gloria y, si permanecemos en la senda, superaremos cualquier turbulencia, no importa cuán fuerte pueda parecer; y regresaremos a salvo a nuestro hogar celestial.

Ya sea que los cielos a nuestro alrededor estén despejados o llenos de nubes amenazantes, como discípulos de Jesucristo, buscamos primero el Reino de Dios y Su justicia, sabiendo que, si lo hacemos, todas las demás cosas que necesitamos finalmente se nos proporcionarán (véase Mateo 6:33).

¡Qué importante lección para la vida!

Cuanto más nos obsesionemos por nuestras dificultades, nuestras pruebas, nuestras dudas y nuestros miedos, más se pueden complicar las cosas. Sin embargo, cuanto más centrados estemos en nuestro divino destino final y en el gozo de seguir la senda del discipulado —amar a Dios y prestar servicio al prójimo—, más probabilidades hay de que superemos con éxito los momentos de tribulación y de turbulencia.

Queridos amigos, no importa cuán violentamente rujan a nuestro alrededor los vientos de nuestra existencia terrenal, el evangelio de Jesucristo siempre ofrecerá el mejor camino hacia un aterrizaje seguro en el reino de nuestro Padre Celestial.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf nos aconseja que “[confiemos] en Dios y [hagamos] de la permanencia en la senda del discipulado el centro de nuestro esfuerzo”. Considere la posibilidad de preguntar a aquellos a quienes enseña cómo se han mantenido centrados “en nuestro divino destino final y en el gozo de seguir la senda del discipulado” en los momentos en que han afrontado pruebas. Si lo desea, invítelos a pensar en maneras en que se pueden centrar en su testimonio y en Cristo en los momentos de dificultad, y a decidir, con espíritu de oración, cómo aplicar una o más de esas ideas en su vida.

Jóvenes

El fundamento para mi testimonio

Cuando tenía dieciséis años, un amigo apareció en nuestra casa con los misioneros y, un mes después de la primera charla, todas mis preguntas habían recibido una clara respuesta. Sentí el Espíritu Santo testificar de la veracidad de los mensajes acerca de la Restauración; no se parecía a nada de lo que había sentido antes, y supe que todo era verdad.

Sin embargo, experimenté más rechazo y oposición que nunca antes; me sentía sola, cansada y confusa. Si estaba haciendo lo correcto, ¿por qué hallaba tanta adversidad? No podía entender cómo mis pruebas eran para mi bien. Los misioneros me enseñaron a ayunar y a orar, aun en medio del día en la escuela. Cuando las cosas se hacían insoportables, oraba con fervor e inmediatamente sentía el consuelo del Espíritu.

La semana de mi bautismo estuvo lleno de pruebas: mi jefe me amenazó con despedirme si no iba a sustituir a otra persona el día de mi bautismo, acabé en el hospital con piedras en el riñón y mis padres me pidieron que me fuera de casa. Con tantas cosas fuera de mi control, lo único que podía hacer era volverme al Señor.

Cada una de esas pruebas resultó ser para mi beneficio; me ayudaron a aprender en cuanto a las doctrinas del Evangelio, y eso me proporcionó el fundamento para mi testimonio.

Niños

Él nos guiará a casa

Cuando seguimos el ejemplo de Jesucristo, ¡es como si siguiéramos un camino recto que lleva hacia Él! Podemos estar seguros y contentos, tal como el avión que aterriza a salvo en la pista. ¡Dirige el avión de regreso a la pista a través del laberinto!

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Una respuesta a Aterrizar a salvo durante la turbulencia

  1. Abel Herrera dijo:

    la clave de regresar a casa es estar en comunicación constante con el espíritu, y eso es una vida digna.

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