Aférrense a la barra

Aférrense a la barra
Por el élder Daniel L. Johnson
De los Setenta

Daniel L. JohnsonEl estudiar continuamente las Escrituras nos ayuda a mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en el Salvador; y a medida que ponemos en práctica y vivimos las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras, llegamos a ser más como Él.

Durante su viaje por el desierto, Lehi y su familia despertaron una mañana y encontraron “una esfera de bronce fino, esmeradamente labrada” en el suelo. Tenía dos agujas, “una de las cuales marcaba el camino que [debían] seguir” (1 Nefi 16:10).

La Liahona, o esfera, también proporcionaba “una escritura nueva” que les daba “conocimiento respecto a las vías del Señor”. Dicha escritura “cambiaba de cuando en cuando, según la fe y diligencia que [ellos] le [daban]” (véase 1 Nefi 16:28–29).

Lehi y su familia ya tenían las planchas de bronce, las cuales contenían los escritos y las profecías de varios profetas del Antiguo Testamento. Las planchas de bronce y la Liahona constituían sus Escrituras, y se esperaba que el pueblo de Lehi las estudiara y les prestara atención continuamente. Si lo hacían, avanzaban en su trayecto; si no lo hacían, se retrasaban en el desierto y se veían afligidos por el hambre y la sed.

¿Qué trataba el Señor de enseñarles a ellos, y a nosotros, por medio del funcionamiento de la Liahona?

Uno de los propósitos principales de las Escrituras es ayudarnos a conocer y entender al Salvador, y a llegar a ser más como Él (véase 3 Nefi 27:27). El estudiar continuamente las Escrituras nos ayuda a mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en Él; y a medida que ponemos en práctica y vivimos las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras, llegamos a ser más como Él. Conforme llegamos a ser más como Él, nos convertimos en candidatos para la vida eterna (véase Juan 5:39).

El sueño de Lehi

En el sueño o visión de Lehi, se representaron a cuatro grupos de personas. Los primeros tres grupos entraron al camino que conducía al árbol de la vida. La puerta del camino es el bautismo (véase2 Nefi 31:17–18); así que, en esos tres primeros grupos se habla de miembros de la Iglesia.

No me referiré al cuarto grupo: aquellos que se dirigían directamente al grande y espacioso edificio; sin embargo, al considerar a los otros tres grupos, quizá deseen hacer una evaluación interna a fin de determinar a qué grupo pertenecen y preguntarse a qué grupo preferirían pertenecer.

Grupo 1

“Y vi innumerables concursos de gentes, muchas de las cuales se estaban apremiando a fin de llegar al sendero que conducía al árbol al lado del cual me hallaba.

“Y aconteció que se adelantaron y emprendieron la marcha por el sendero que conducía al árbol.

“Y ocurrió que surgió un vapor de tinieblas, sí, un sumamente extenso vapor de tinieblas, tanto así que los que habían entrado en el sendero se apartaron del camino, de manera que se desviaron y se perdieron” (1 Nefi 8:21–23).

Al parecer, los integrantes de ese grupo no leyeron ni estudiaron las Escrituras, no escucharon ni vieron la conferencia general, no leyeron la revista Liahona ni asistieron a las reuniones dominicales, todo lo cual ofrece la palabra de Dios; como consecuencia, se apartaron del camino.

Grupo 2

“Y sucedió que vi a otros que se adelantaban, y llegaron y se asieron del extremo de la barra de hierro, y avanzaron a través del vapor de tinieblas, asidos a la barra de hierro, hasta que llegaron y participaron del fruto del árbol…

“Y después que hubieron probado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (1 Nefi 8:24, 28).

Observen que los de ese grupo se asieron a la barra de hierro; se mantuvieron asidos hasta que llegaron al árbol de la vida y participaron de su fruto; pero se avergonzaron del evangelio de Jesucristo, dejaron de concentrarse en el Salvador y se distrajeron con las atracciones, tentaciones y riquezas del mundo. Entonces ellos también se perdieron.

La clave para entender esos versículos se encuentra en la frase “asidos a la barra de hierro”. Yo comparo la palabra asidos con una experiencia del tipo que resulta en “nudillos blancos”. Si alguna vez han descendido en balsa por las aguas rápidas de un río, recordarán que se asieron tan fuertemente a la balsa que los nudillos se les pusieron blancos. Luego, cuando llegaron a aguas tranquilas, ¿qué hicieron? ¡Se soltaron!

En el contexto del Evangelio, eso puede suceder cuando se les pide que preparen un discurso o cuando enfrentan una crisis, tal como la muerte de un familiar o la ruptura de una relación. Entonces, buscan discursos de conferencia que casi nunca escuchan o consultan las Escrituras que por lo general tienen en el olvido. Buscan guía y apoyo espiritual a causa de su debilidad espiritual; luego, cuando la crisis ha pasado, ¡se sueltan!; ponen las Escrituras nuevamente en la repisa, vuelven a sus viejos hábitos de asistencia infrecuente a la Iglesia y abandonan la oración diaria, por lo menos hasta que llegue la siguiente crisis o experiencia “de nudillos blancos”. En otras palabras, se vuelven al Señor en busca de ayuda solo cuando surge una necesidad desesperante, en vez de hacerlo continuamente.

Los integrantes de ese grupo se habían bautizado, y muchos de ellos probablemente habían sido ordenados al sacerdocio, recibido las ordenanzas del templo, prestado servicio en misiones de tiempo completo y casado en el templo. Pero, ¡se soltaron! Dejaron de leer las Escrituras continuamente, cayeron en senderos prohibidos y se perdieron.

Afortunadamente, la mayoría de los jóvenes adultos y los exmisioneros se mantienen fieles a las verdades del Evangelio que han aprendido y compartido. También centran su vida en el Salvador mediante el estudio de las Escrituras y la oración diarios. Expresamos gratitud por ellos y por su fidelidad; ellos son el futuro de la Iglesia y los futuros padres de los que llevarán adelante la Iglesia.

Grupo 3

“[He] aquí, [Lehi] vio otras multitudes que avanzaban; y llegaron y se agarraron del extremo de la barra de hierro; y siguieron hacia adelante, asidos constantemente a la barra de hierro, hasta que llegaron, y se postraron, y comieron del fruto del árbol” (1 Nefi 8:30).

Noten la frase “asidos constantemente a la barra de hierro”. Ese grupo leía las Escrituras continuamente y se centraban en el Salvador continuamente.

Las Escrituras son lo más importante que podemos estudiar; deben tener prioridad sobre la química, la física, la contabilidad, el baile, la música, los deportes y cualquier otro estudio o actividad secular.

Comiencen todos los días con las Escrituras. La oración y el estudio de las Escrituras van de la mano; son compañeros inseparables. La oración constante los conducirá a las Escrituras, y el estudio continuo de las Escrituras los conducirá a la oración. Ambos nos mantienen centrados en el Salvador y nos dan acceso a la revelación y a la paz que solo se pueden obtener al estar “asidos constantemente a la barra de hierro”. La oración y las Escrituras los conducirán al templo, harán que deseen santificar el día de reposo, y les ayudarán a evitar y a vencer las tentaciones del adversario.

Ahora deseo dirigir su atención a la frase “llegaron, y se postraron y comieron del fruto del árbol”. Una de las claves para entender esa frase se encuentra en 1 Nefi capítulo 11:

“Y sucedió que después que hube visto el árbol, le dije al Espíritu: Veo que me has mostrado el árbol que es más precioso que todos.

“Y me preguntó: ¿Qué deseas tú?

“Y le dije: Deseo saber la interpretación de ello”.

El ángel respondió: “¡Mira!”. Entonces Nefi vio en visión a la Virgen María, a quien el ángel identificó como “la madre del Hijo de Dios”. A continuación, Nefi vio a María llevando a un niño —“el Cordero de Dios”— en los brazos.

Ahora presten atención al versículo 24: “… Y miré, y vi al Hijo de Dios que iba entre los hijos de los hombres; y vi a muchos que caían a sus pies y lo adoraban” (véase1 Nefi 11:9–24; cursiva agregada).

El árbol representa el amor de Dios, demostrado mediante Su Hijo Jesucristo (véase1 Nefi 11:21–22). Los del grupo 2 que llegaron al árbol no se postraron, como lo hicieron los del grupo 3. ¿Es posible estar en la presencia del Hijo de Dios y no saberlo? Uno solamente necesita leer el Nuevo Testamento para encontrar la respuesta. El Salvador ministró durante tres años, enseñando y llevando a cabo milagros, pero muy pocos lo reconocieron por quien realmente era.

Escudriñen las Escrituras

Háganse estas preguntas:

  • ¿Qué puedo hacer para asegurarme de que me mantenga continuamente asido a la barra de hierro a fin de que cuando llegue al árbol de la vida reconozca al Salvador y me postre ante Él y lo adore?

  • ¿Qué puedo hacer para mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en el Salvador?

  • ¿Qué puedo hacer para llegar a ser más como el Salvador?

La respuesta a esas tres preguntas se encuentra en las Escrituras. “Escudriñad las Escrituras”, dijo el Salvador, “porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Si se sumergen en las Escrituras todos los días de su vida, tendrán la fortaleza para resistir transgresiones serias; y lo que es más importante, llegarán a conocer al Salvador y podrán mantener los ojos, la mente y el corazón centrados en Él.

A medida que lleguen a conocer a Jesucristo, pongan en práctica Sus enseñanzas y sigan Su ejemplo, llegarán a ser como Él. Al llegar a ser como Él, tendrán la posibilidad de vivir para siempre en Su presencia.

Para obtener fe

President Thomas S. Monson

“… a fin de obtener y mantener la fe que necesitamos, es esencial que leamos, estudiemos y meditemos las Escrituras”.

Presidente Thomas S. Monson “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 87.

Tomado del discurso “Continually Holding Fast to the Rod of Iron”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho, el 12 de mayo de 2015. Para leer el texto completo en inglés, visite web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

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