La ley del ayuno

LiahonaAbril de 1975

La ley del ayuno

por el élder Sterling W. Sill
Ayudante del Consejo de los Doce

Sterling W. SillUna de las partes más importantes de la obra de la Iglesia es la de alentarnos mutuamente a vivir aquellas leyes importantes que determinan el éxito y la felicidad. Y si yo poseyese suficiente poder de persuasión, trataría de inducir a todos los habitantes de este mundo, tanto dentro como fuera de la Iglesia a que vivan la ley del ayuno.

En una ocasión, el Dr. Henry C. Link dijo: “Nada pone tanto orden en la vida humana como vivir de acuerdo con un grupo de sanos principios.” Y de todos los principios, los más sanos son los del evangelio de Jesucristo. Si los viviésemos como debemos, seríamos mejores y mucho más prósperos tanto en cosas materiales como espirituales. Ocasionalmente consideramos algunas de estas grandes leyes eternas como algo insignificante y de poca importancia para nosotros. Quisiera presentar cinco razones fundamentales por las que cada uno de nosotros debería vivir estrictamente la ley del ayuno.

La primera y más importante es que es un mandamiento de Dios. Qué cualidad tan maravillosa desarrollaríamos si siempre obedeciéramos a Dios, sólo por saber que eso es lo correcto y que Él nos lo ha pedido. El hombre que dijo que no solamente obedecía a Dios sino que estaba de acuerdo con El, era un sabio.

Razón número dos: en el programa de la Iglesia, se nos pide que observemos el primer domingo de cada mes como día de ayuno. Se nos invita a abstenernos de dos comidas y entregar al obispo el valor de las mismas a fin de ayudarlo a proveer alimentos, vestido, medicinas, etc. a personas necesitadas. Luego vamos a la casa de oración, testificamos, expresamos nuestro agradecimiento, nos alentamos, edificamos e inspiramos mutuamente.

Si todos pagásemos una cantidad razonable como ofrenda de ayuno, sólo entre los miembros actuales de la Iglesia se proveería una suma anual de más de $50 millones de dólares, que podrían convertirse en extraordinarios beneficios humanitarios. Además, nos ayudaría a preparar una reserva substancial para cualquier emergencia futura, ya que con nuestro actual nivel de vida, cada año faltan varios millones de dólares de la cantidad requerida para suplir las necesidades de nuestras ofrendas de ayuno. Y, si cumpliésemos totalmente con nuestro deber, individualmente se requeriría una suma muy pequeña, pero que ascendería a un gran total.

El Señor podría haber dicho con respecto al pago de las ofrendas de ayuno lo que dijo sobre la Palabra de Sabiduría: que está “adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos, que son, o que pueden ser llamados santos” (D. y C. 89:3). Y en vista de las grandes bendiciones que recibimos de Dios, el pago de una fracción del costo de nuestros alimentos debe ser una seria afrenta para Él; ciertamente, debería ser para nosotros una situación sumamente embarazosa. Si se nos hace ver esta deficiencia, tendríamos que sentirnos bastante mal, e inmediatamente deberíamos tomar las medidas necesarias para decidirnos a ayunar así como a pagar nuestras ofrendas en forma adecuada. Esto complacería inmensamente al Señor y cada miembro de la Iglesia sería más próspero.

Razón número tres: el ayuno es una de las mejores maneras de desarrollar nuestra autodisciplina y autocontrol. Oímos, hasta cansarnos de tanta repetición, hablar de las tentaciones actuales, y muchas personas están cayendo como consecuencia de los pecados más triviales. Sin embargo, la mejor manera de aprender el autodominio es ponerlo en práctica.

En los últimos años se han realizado encuestas que indican que Mohandas K, Gandhi está considerado uno de los hombres más ilustres de nuestra generación. Es el patriota hindú que ganó la independencia de India del yugo de Inglaterra. Al tiempo de su muerte era reconocido como el poder supremo en India y probablemente en el mundo, y sus seguidores le adjudicaron el nombre Mahatma, que significa la gran alma. Sin embargo, su biógrafo, Louis Fischer, afirma qué Gandhi comenzó de un nivel muy bajo, y con escaso autodominio. Se consideraba un cobarde; tenía miedo de la oscuridad, de las serpientes, de la gente y de sí mismo. Tenía muy mal carácter y algunos otros problemas bastantes serios.

Reconociendo las desventajas que le traían estas características, deliberadamente decidió rehacer su personalidad.

Realizó largos ayunos para disciplinarse; decía que si no podía controlar su pasión por la comida “¿Cómo puedo controlar a otros si no puedo controlarme yo mismo?” El Señor Fischer comentó que desde el tiempo de Sócrates, el mundo no ha visto a nadie que iguale a Gandhi en la eficacia del autoanálisis, y en absoluta compostura y autocontrol.

Razón número cuatro: el ayuno es un medio de desarrollar gran poder espiritual. Cuando los apóstoles le preguntaron al Señor por qué ellos no podían echar fuera el espíritu maligno que afligía al joven, Él les respondió: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 7 7:21). Si mediante la oración y el ayuno podemos echar fuera de otras personas los espíritus malignos, asimismo podemos sacar el demonio de nosotros.

Razón número cinco: Debemos tratar de contribuir a las organizaciones caritativas más nobles como dijo Jesús: “. . . donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:27).

El agricultor reserva lo mejor de su cosecha como grano para la siembra del año siguiente. Hay personas que desean sacar de la vida más que lo que ponen en ella, pero Jesús dijo: “. . . Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Y seremos más felices y mucho más prósperos personalmente si contribuimos en la comunidad y en la vida con algo más de lo que sacamos de ellas.

Ahora quisiera presentar cuatro razones más por las que la ofrenda de ayuno es una de nuestras mejores obras de caridad:

  1. Todas nuestras contribuciones van exactamente al lugar al que están destinadas. O sea, no se utiliza ningún porcentaje para pagar a los administradores. Algunas de nuestras mejores organizaciones caritativas tienen gastos generales grandes, pero no sucede así con las ofrendas de ayuno.
  2. No cuesta nada. Todas las demás contribuciones provienen de nuestro bolsillo, pero las ofrendas de ayuno se costean de nuestro presupuesto para la comida y éste no tiene que ser reemplazado.
  3. Considerad también cuántos años añadiríamos a nuestra vida y cuánto más felices seríamos.
  4. Pensad en lo mucho que complaceríamos a Dios. Él nos brindó una perspectiva personal de su actitud, cuando dijo, mediante Malaquías: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.” (Malaquías 3:8-9). Si en aquel entonces los hombres estaban robando a Dios al no pagar sus diezmos y ofrendas, y nosotros hacemos lo mismo que ellos, entonces estamos robando a Dios. Y podemos complacerlo inmensamente si cambiamos nuestra forma de actuar.

Se deduce que podemos recibir el mayor éxito y felicidad edificando firmes convicciones alrededor de estos principios que ponen orden en nuestra vida, al mismo tiempo que nos están pagando un enorme dividendo.

Y mediante la adecuada cantidad de aliento y dirección, todos los barrios, estacas, ramas, misiones y todas las personas pueden alcanzar extraordinario éxito logrando la excelencia en esta importante ley del Señor.

La ley del ayuno puede ser también una clase de “ayo”. Si podemos aprender a vivirla eficazmente nos ayudará a guardar mejor cualquier otra ley a consecuencia del poder y la fe que se generarán dentro de nosotros como resultado de vivir una ley tan importante.

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