El Evangelio Restaurado —Una Divisa Para las Naciones—

Abril 1963

El Evangelio Restaurado
Una Divisa Para las Naciones

David O. McKaypor el presidente David O. McKay

Grande en su pretensión, amplia en su extensión fue la declaración hecha por el Señor al profeta José Smith, a poco de ser fundada la Iglesia de Jesu­cristo de los Santos de los Últimos Días:

“Y aun así he enviado mi convenio sempiterno al mundo, a fin de que sea una luz para él, y un estan­darte a mi pueblo, y para que lo busquen los gentiles, y para que sea un mensajero delante de mi faz, pre­parando la vía delante de mí” (Doc. y Con. 45:9.) También declaró el Señor:

“Mi convenio eterno, (el evangelio) ha sido en­viado al mundo para serle una luz.”

En la isla de Bedloe, a la entrada de la Ba­hía de Nueva York, se encuentra la Estatua de la Libertad—una luz a las naciones. Lo que siempre ha significado para miles y cientos de miles de personas oprimidas que han llegado a las playas de América, ha sido expresado en forma sumamente gráfica por Israel Zangwill, en su impresionante obra “El Crisol”, de la cual cito las siguientes palabras:

“Cuando miro nuestra Estatua de la Libertad, me parece que oigo la voz de América decir; Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hará descansar.”

Lo que la Estatua de la Libertad ha simbolizado para todos aquellos que, oprimidos y abatidos, han llegado de los pueblos de Europa, el evangelio de Jesucristo lo es para el mundo entero.

El evangelio restaurado de Jesucristo ha izado una enseña a las naciones y con palabras tan significativas como las que de una revelación moderna he citado, invita al mundo a gozar de paz, descanso y contenta­miento.

¿Qué es lo que esta enseña ofrece al género humano?

Cuarenta y tres años atrás, el presidente Stephen L. Richards habló desde este mismo pulpito y dijo: “Dentro de la Iglesia se han provisto agencias y faci­lidades que satisfacen todo requerimiento de la vida social. Nuestros barrios (es decir, las divisiones ecle­siásticas de la Iglesia) constituyen, en mi concepto, las unidades sociales más ventajosas jamás ideadas o sugeridas en la historia de la sociedad. Dentro de estas organizaciones se presentan oportunidades para que toda persona reciba, en lo que a la sociedad res­pecta, adiestramiento e instrucción legítimos, como, así también relaciones sociales apropiadas, y pueda desarrollar y cultivar todos los rasgos deseables del carácter que hace de las personas buenos hombres y buenas mujeres.”

En aquella ocasión, se encontraba entre el audi­torio un estadista que había logrado nombradla na­cional e internacional, no solamente como un hábil director político, sino también como autor y orador de temas religiosos. Este hombre era Willíam Jennings Bryan, quien unos pocos meses antes había escrito un artículo titulado “En el mundo, del mundo y para el mundo”, en el cual mencionaba varios métodos con los que, según su criterio, la Iglesia podía convertir al mundo en un lugar mejor en que vivir—un ambiente Cristiano, particularmente para la juventud. “Las di­versiones-escribió el señor Bryan—son necesarias, pero si no se fomentan las que ennoblecen, la gente recurri­rá a pasatiempos perniciosos . . . Sugeriría, por consi­guiente, que se procure establecer una norma Cristiana para las comunidades Cristianas, creando un ambiente que pueda servir a los propósitos de la Iglesia y a las cosas espirituales que la misma fomenta.”

Dicha organización es la Iglesia Restaurada de Jesucristo, la cual funciona eficazmente, como lo dice el apóstol Pablo, “a fin de perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4:12-13.)

Os invito a que examinéis las varias organizaciones de la Iglesia: (1) Los quórum es del sacerdocio; (2) las organizaciones auxiliares; (3). las oportunidades educacionales; (4) los aspectos judiciales; y (5) los grupos eclesiásticos. Tratar de detallar cada una de estas jurisdicciones, demandaría más tiempo del que disponemos, pero quizás podemos analizarlas breve­mente.

Procurad ver en vuestras mentes a los hombres y los jóvenes organizados en secciones o grupos de trabajo, desde el abuelo nonagenario hasta el joven de doce años de edad. En estos grupos hallaréis ejem­plificado todo lo que la sociedad humana desea lograr. En estos grupos existe la oportunidad para el compañerismo, la hermandad y el servicio. A ningún hombre que sea digno de esa hermandad ha de ne­gársele la entrada—¡ni a uno solo!

Los que son activos trabajan en forma organizada para el mejoramiento mutuo, para el bienestar personal de los miembros y para el bien de la comunidad. Aun­que no examináramos otra cosa aparte de los quórumes, ¿no es acaso un cuadro sublime éste, donde los hombres pueden reunirse, asociarse y combinar sus esfuerzos en el servicio al género humano, y en el cual cada uno considera al otro como su hermano? En estos grupos, el médico se sienta al lado del carpintero, uno y otro interesado’ en la más noble de las aspiraciones—la adoración de Dios y el servicio útil al prójimo. Esa es la esencia de la obra del Sacer­docio en esta Iglesia; y para llevar a cabo este pro­pósito, todo acto e influencia debe ser realizado y ejercido únicamente “por medio de la persuasión, longanimidad, bondad, mansedumbre y amor no fingido.”

Además de los quórumes, existen las organiza­ciones de mejoramiento mutuo para los hombres jóve­nes y para las mujeres jóvenes, las cuales se hacen cargo del recreo para la juventud, orientándola en sus horas desocupadas, lo cual, como lo destacó el señor Bryan, constituye “uno de los problemas mayores que la civilización encara en la actuali­dad.”Aquí tenéis a una organización de hombres y mujeres jóvenes que participan en la música, las artes, la oratoria, el drama y muchas otras actividades sanas en una vida social. En cuanto a los niños de esta Iglesia, con solícito cuidado y consideración son agrupados en la Asociación Primaría, la que realiza clases de religión cada semana.

Todos los quórumes y grupos son, en sí mismos, factores o elementos educacionales. En éstos y en las organizaciones auxiliares, es notable el número de oficiales y maestros que se hallan ocupados en la ins­trucción y orientación de la juventud.

Para ilustrar mejor esta explicación, tomemos el caso de una Estaca (una de las divisiones eclesiásticas de la Iglesia): conforme a unas notas que tomé durante una visita efectuada a una de ellas en 1950, entre los grupos del Sacerdocio de Melquisedec había 804 hom­bres que prestaban- servicio, sin un centavo de compen­sación, para el mejoramiento de la sociedad cada semana y alguno de ellos aun todos los días.

Sí a ese número sumamos el de los miembros del Alto Consejo y de los Obispados que están trabajando con los jóvenes de entre 12 y 21 años de edad, tendre­mos un total de 1.022 hombres. El número de oficiales y maestros de las organizaciones auxiliares en los doce Barrios de esa Estaca, llegaba a 1.950; de modo que, si agregamos este número a los 1.022, tenemos un total de 2.972 maestros.

Además de éstos, hay que contar a los misioneros que están obrando bajo la dirección de la Presidencia de la Estaca. En la Estaca de referencia, estos mi­sioneros efectuaron 2.615 reuniones en varios hogares de la ciudad. Lograron bautizar, desde el primer día del año, 106 conversos y 10 niños que habían llegado a los ocho años de edad.

La Iglesia progresa sólo en proporción al grado en que estos distintos grupos obran en perfecta armonía.

En el libro de las Doctrinas y Convenios, uno de los tomos sagrados de esta Iglesia, leemos la siguiente instrucción divina;

“El deber del maestro es velar siempre por los de la Iglesia, y estar con ellos, y fortalecerlos.” (Doc. y Con. 20: 53.)

En 1920 teníamos 83 Estacas en la Iglesia. En la actualidad, tenemos 374. En diciembre de 1920, la población de la Iglesia ascendía a 526.032 miembros- al 31 de diciembre de 1982, los Santos sumaron 1.965- 786. Las maravillas e invenciones de la ciencia moder­na nos permiten extender el evangelio como jamás se ha logrado en otra época de la historia de la humanidad.

¡Cuán importante es el mensaje que esta Iglesia tiene para el mundo perturbado! “Su atracción—como dice Kent, refiriéndose al Cristianismo verdadero—es universal, tanto para el rico como para el pobre, el fuerte o el débil, el erudito o el ignorante. Proclama que Dios no sólo- es el único Rey Supremo del universo, sino el Padre de toda persona, un Dios de justicia, pero a la vez un Dios de amor, que constantemente está cuidando y orientando aun al más humilde de Sus hijos.”

Con su perfecta y completa organización, esta Iglesia ofrece servicio’ e inspiración a todos. Es “pre­eminentemente una religión social.” Mediante sus quórumes y organizaciones auxiliares, se propone “edu­car la conciencia y voluntad individuales, a fin de establecer una fraternidad mundial e íntimamente vinculada.” En ningún sentido es una organización ascética. En lugar de apartar a los hombres del mundo, procura desarrollarlos hacia la perfección, con un carácter seme­jante al de Dios, precisamente en medio de la sociedad y por conducto de ellos tratar de resolver los problemas que la misma enfrenta.

No hay un solo principio que el Señor haya en­señado, que no’ se aplique al crecimiento, desarrollo y felicidad del género humano. Cada una de Sus enseñanzas parece relacionarse con, la verdadera filoso­fía de vivir. Yo las acepto de todo corazón. Me deleito en estudiarlas. Me gusta enseñarlas. Siento gozo en tratar de vivirlas. Todo aspecto de la Iglesia Restau­rada es aplicable al bienestar de la familia humana.

Doce mil y aún más misioneros, cada uno de los cuales paga individualmente o con la ayuda de sus padres sus propios gastos, están declarando a un mundo turbado que el mensaje anunciado al tiempo del nacimiento de Jesús—“En la tierra paz, buena volun­tad para con los hombres”—puede convertirse en reali­dad cuando se cumplen los principios del evangelio.

Tal como lo hizo con Sus once apóstoles en Galilea, y así como éstos comisionaron a otros, el Señor ha dicho en la actualidad a Sus siervos autorizados: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.”

Sin embargo, a diferencia de los misioneros de la antigüedad, que sólo podían hablar a una persona por vez, los representantes de Jesucristo en la actualidad pueden hablar a millones. Una frase pronunciada en un tono de voz ordinario, puede dar vuelta al mundo en menos de un minuto. Diariamente las naciones se están estrechando más y más. El interés y destino de cada uno, van convirtiéndose cada día en los intereses y destinos de todos.

En los grupos eclesiásticos que he mencionado, puede verse una oportunidad para realizar’ el bienestar social que no se encuentra en ninguna otra organización del mundo. Así es como el Salvador y Su Iglesia han llegado a ser mi inspiración, mi ideal en la vida. Y creo que es lo más importante que el hombre debe tratar de obtener.

De la manera más sincera, creo que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en una nueva organización mundial, animada por un verdadero ideal espiritual. En lo que respecta a su concepto acerca de Dios, reconoce Su personalidad, inteligencia, amor y paternidad; su organización comprende los métodos más eficaces para prestar servicio humano, ennoblecer la sociedad y dar pasos progresivos hacia la paz y hermandad universales; y en su idea de la salvación, está considerada toda la familia humana.

¡Verdaderamente, ésta es la obra de Dios!

Quiera el Señor bendecir a los miembros del Sacerdocio en toda la Iglesia, a las organizaciones auxiliares y a todos los hombres y mujeres que intentan inculcar en el corazón de la humanidad el poder reden­tor de Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente. Que todos los que están utilizando las organizaciones de la Iglesia puedan continuar obrando con mayor celo aún, “a fin de perfeccionar a los Santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4:12-13.)

Dios bendiga y haga prosperar a la Iglesia a medi­da que testifica la realidad de la personalidad de Dios, y el hecho de que El nuevamente se ha revelado al hombre y establecido un medio por el cual la espirituali­dad, la hermandad y la paz universal pueden ser in­culcados en los hijos de los hombres.

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