La segunda venida de Cristo

La segunda venida de Cristo
por Henry D. Moyle
De la Primera Presidencia
Conferencia general 130ª  1960

Henry D. MoyleMis amados hermanos y hermanas, yo sé que todos quedamos emocionados al principiar esta confe­rencia ayer en la mañana, por las palabras inspiradas del presidente David O. McKay. Nos dijo, entre otras cosas: “El dominio del hombre se extiende sobre la tierra, el mar y el aire, y ahora tiene la intención de conquistar el espacio.” Todo lo que el hombre ha lo­grado, y todo adelantó adicional en cualquier campo de actividad humana efectuada por el hombre, ayudará a llevar a cabo el propósito final que Dios ha dispuesto para nosotros aquí en el estado terrenal, a saber, el restablecimiento de su Iglesia y Reino sobre esta tierra, como preparación para la segunda venida del Salvador del género humano.

Puede haber hombres que aún continúen soste­niendo que existe un conflicto entre las iglesias y la religión por una parte y la ciencia por la otra; pero es que no entienden que todas las verdades relacionadas con la ciencia así como con la religión, emanan de nuestro Padre que está en los cielos. Él tiene dominio sobre sus verdades. Las puede retener de los hombres cuando conviene a sus propósitos, y en igual manera puede inspirar a los hombres a que las descubran y reconozcan, y las hagan saber a sus semejantes. De manera que la ciencia, así como la religión, dependen enteramente de Dios, y en igual manera todos nosotros. Ni la ciencia ni la religión pueden refutar con éxito la segunda venida de Cristo. La evidencia es demasiado completa, demasiado convincente, está demasiado in­tegrada en el gran plan eterno de Dios, del cual es una parte tan real como nuestra propia existencia. Tan difícil sería negar lo uno como lo otro.

Lo que me causa asombro es que recientemente en Inglaterra se nos tachó de ser extravagantes porque creemos “que Cristo remará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca”. A pesar de que nuestro Décimo Artículo dé Fe se ha publicado al mundo por más de cien años, se nos señala como paganos y se dice de nosotros que no somos cristianos. ¿Cómo puede una persona negar la segunda venida de Cristo y llamarse cristiano? ¿Cómo puede una persona saber acerca de su segun­da venida y no ser su discípulo?

Quisiera leeros lo que el distinguido perito de la Iglesia Anglicana dijo sobre el mormonismo reciente­mente: “El mormonismo es esencialmente una fe pa­gana, y en ningún sentido es cristiana”.

Un diario de Londres, the London Daily Sketch publicó, el primero de febrero, un artículo escrito por el señor Neville Randall, con el título “Tras Tras. . . Son los mormones.” Este artículo decía en parte:

En mil puertas de Inglaterra se oyó un llamado éste fin de semana. . . Quizá esta semana próxima a Ud. le tocará abrir la puerta a un norteamericano’ que le dirá en voz quieta: “¿Quiere usted ser mormón?” Sí le permite entrar, tratará de convencer a usted:

Que deje de fumar y beber licores, aun él te y el café.
Que dé la décima parte de sus ingresos a la iglesia mor morar
Que acepte una religión sin libro de oraciones o ministros asalariados.
Que no bautice a sus niños hasta que cumplan ocho años.

El año pasado se convirtieron mil cuatrocientos cuatro británicos—sigue diciendo el artículo—En Inglaterra hay actual­mente doscientos veinte misioneros mormones norteamericanos, la mayoría de ellos jóvenes menores de 26 años. Llaman a las puertas de dos millones de casas al año. En diciembre bauti­zaron doscientas treinta y siete personas, más que en cualquier otro mes durante los últimos cien años. ¿Qué perjuicio o bene­ficio pueden causarle a usted los mormones si logran conven­cerlo? Esto es lo que me dijeron:

Usted llegará a creer que Cristo vendrá de nuevo a la tierra. Más de un millón de monnones. . . creen esto al pie de la letra. Aproximadamente una tercera parte de los varones monnones, y un buen número de imperes, lo creen con sufi­ciente sinceridad para dar dos años de su vida, usualmente cuando se hallan estudiando en el colegio, para cumplir una misión. No reciben ningún sueldo, pues el dinero para sus gastos proviene de sus propios ahorros o de sus familias. Los monnones están resueltos a darle a usted la oportunidad de juzgar por sí mismo. Esté pendiente de su llamado.

Estamos agradecidos al periódico por dar a los habitantes de Inglaterra esta invitación de no solamente escuchar el llamado, sino incidentalmente lo que les enseñen nuestros élderes.

En la Iglesia Anglicana, así como en muchas otras, el Padrenuestro es parte esencial de sus servicios reli­giosos y se repite por la congregación. Por consiguiente, oran de esta manera “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. . .”

De modo que inconscientemente oran por algo que aparentemente no creen que se llevará a cabo.

Tenía razón el clérigo en advertir a sus prójimos de que nuestros élderes les enseñarian acerca de la segunda venida de Cristo, Le enseñaremos con su propia traducción de la Biblia, que vestidos de blanco hablaron a los apóstoles de la antigüedad, mientras el Cristo resucitado ascendía de ellos sobre el Oliveto.

Los cuales también les dijeron: Varones Galileos ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido llevado de entre vosotros arriba al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hechos 1:11)

Sabemos que vendrá, igual como ascendió, un ser material, un personaje viviente, separado y distinto del Padre, con un cuerpo inmortal de carne y huesos. Esta es nuestra obra: preparar para la segunda venida de Cristo. Esta es la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, de la cual habló el Apóstol Pablo. Tene­mos en nuestras manos, para efectuar la obra, todo lo que ya ha acontecido durante todas las generaciones de los hombres. Si negamos la segunda venida, nega­mos la consumación final de su misión aquí en la tierra. Sólo por enseñar al mundo acerca de su segunda ve­nida puede presentarse en su plenitud el evangelio revelado de Jesucristo.

En nuestro propio libro de Doctrinas y Convenios leemos: “A quienes he dado las llaves de mi reino, y una dispensación del evangelio para dos últimos tiem­pos, y para el cumplimiento de los tiempos, en la cual juntaré en una todas las cosas, tanto las que están en el cielo como en la tierra.” (Doc. y Con. 27:13) Esto es parte de la segunda venida.

Además:

. . . porque es preciso, al iniciarse la dispensación del cum­plimiento de los tiempos, la cual ya está entrando, que se efectúen dina unión entera, completa y perfecta, y un enca­denamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias, y que sean revelados desde los días de Adán aun hasta hoy. Y no sólo esto, sino que aquellas cosas que desde la fundación del mundo jamás se han revelado, más han sido escondidas de los sabios y prudentes, serán reveladas a los pequeños y a los niños de pecho en esta dispensación del cumplimiento de los tiempos, (Ibid., 128:18)

Porque la hora está cerca, y lo que fué dicho por mis apóstoles tiene que cumplirse; porque tal como hablaron, así acontecerá;

Porque con poder y gran gloria yo me revelaré desde los cielos con todas sus multitudes, y moraré en justicia con los hombres sobre la tierra por mil años, y los malvados no perma­necerán. (Ibid., 29:10, 11)

Estas son unas pocas de las numerosas declaracio­nes que se hallan en las escrituras modernas, en las cuales se profetiza la venida de Cristo una vez más para completar su misión en gloria aquí sobre la tierra. Podemos con la misma facilidad referiros a lo que escribieron los apóstoles de la antigüedad y presenta­ros los testimonios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, todo lo cual se repite en las revelaciones más modernas de Tercer Nefi, en el Libro de Mormón, del cual hablo ayer el presidente Clark.

Mateo el Evangelista dice así:

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. (Mateo 16:27).

Y será predicado este evangelio del reino en ‘todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin. . .

Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra basta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre…

Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloría.

Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y jun­tarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro. (Ibid., 24:14, 27, 30, 31)

Mateo no nos deja en dudas con respecto a su segunda venida, y el segundo evangelista, Marcos, añade lo siguiente:

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. (Mareos 8:38)

Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor;

Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas;

Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria.

Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. (Ibid.. 13:24 a 27)

Y puedo aseguraros que no hallará a sus escogidos en todos esos caminos de que habló el presidente Clark ayer, los cuales creen que los llevarán al cielo; sino más bien se hallarán en el sendero recto y angosto al que se refirió el propio Salvador, y el cual consti­tuye la única manera en que podemos hacernos sus escogidos, y ser llamados y nombrados para gobernar y reinar mil años con el Salvador del género humano aquí sobre la tierra.

El Evangelista Lucas escribió:

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. (Lucas 9:26)

Y   Juan dice en su Apocalipsis:

Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años…

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fué dado juicio; y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes, ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Más los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años. Esta es la primera resurrección. (Apoca­lipsis 20: 2, 4, 5)

Y en el libro de Tercer Nefi leemos: “Y les explicó todas las cosas, sí, desde el principio hasta la época en qué él viniera en su gloria; sí, todas las cosas que habían de suceder sobre la faz de la tierra, hasta que los: elementos se derritieran con intenso calor, y la tierra se plegara como rollo, y desaparecieran los cielos y la tierra.” (3 Nefi 26:3)

Afirmamos y testificamos hoy día, no sólo a los ingleses, sino a todo el mundo, que Cristo volverá a la tierra con poder y gloria, y establecerá una era de paz, una época durante la cual se efectuará y se cum­plirá lo que aún queda por hacer, antes que nuestro

Salvador, Jesucristo, pueda decir a su Padre Celestial que ha completado su misión sobre esta tierra, y suje­tado y puesto bajo sus pies todas las cosas.

Esto se reveló hace más de treinta siglos a Enoc en la antigüedad, porque leemos en el Libro de Moisés de la Perla de Gran Precio: “Y aconteció que Enoc vió el día de la venida del Hijo del Hombre, en los; últimos días, para morar en justicia sobre la tierra por el espacio de mil años.” (Moisés 7:65)

De manera que nuestra predicación del evangelio es esencial en sí misma, antes de la segunda venida de Cristo. Mateo escribió “Y será predicado este evan­gelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)

De modo que después de la apostasía, a la cual hace referencia Mateo, era menester una restauración: del evangelio, pues de lo contrario, las palabras de este evangelista serían incongruents e imposibles de cumplir.

Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo.

Diciendo a gran voz: “Temed a Dios, y dadle gloria; porque la hora de su juicio ha  llegado; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de las aguas, (Apocalipsis 14:6-7).

Y ahora,  refiriéndome a nuestro propio libro de Doctrinas y Convenios, cuán agradecido estoy al Señor por su palabra revelada que está contenida en este importante tomo de Escrituras:

Y entonces me buscarán y, he aquí, vendré; y me verán, en las nubes del cielo, investido con poder y gran gloria, con todos los santos ángeles; y el que no me éste esperando, será desarraigado…

Porque el Señor estará en medio de ellos, y su gloria estará sobre ellos, y él será su rey y su legislador. (Doc. y Con. 45:44, 59).

José Smith dijo en una ocasión:

Cuando pienso en la rapidez con. que está llegando el grande y glorioso día de la venida del Hijo del Hombre en que vendrá para recibir a sus santos en su seno, donde morarán en su presencia para ser coronados con gloria e inmortalidad; cuando considero que los cielos pronto serán sacudidos y la tierra temblará y se bamboleará de un lado para otro; que los cielos van a ser desplegados como un rollo cuando es desen­rollado, y que tendrá que huir toda montaña e isla, exclamo con el corazón: ¡Qué clase de personas no deberíamos de ser en toda santa conversación y piedad! (Documentary Ilutar y of the Church, Tomo 1, pág. 443)

El Señor conceda que podamos cumplir con esta importante comisión que se nos ha dado, y seamos las personas que debemos ser a fin de que establezcamos el fundamento para su segunda venida, porque Él vive: vive por nosotros para escuchar y contestar nuestras oraciones, y su venida se aproxima cada vez más; y aun cuando ningún hombre sabe la hora, nos conviene velar. De modo que nuestra misión ante el mundo es velar y estar apercibidos.

Sea ésta nuestra feliz porción, humildemente ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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