El mensaje del mormonismo

Conferencia General 131a (1961)
El mensaje del mormonismo
por Hugh B. Brown
de la Primera Presidencia

Hugh B. BrownMis hermanos y hermanas, y en decir esto quiero incluir a todos los que están escuchando, no importa a qué iglesia pertenezcan, pues estamos convencidos de que todos somos hermanos y hermanas. Creemos en la hermandad universal del hombre, bajo la Paternidad de Dios.

Ya que ésta es la primera conferencia desde que tengo mi nueva posición en la lglesia, quisiera aprovechar la oportunidad para expresar públicamente al presidente McKay y sus asociados, mi sincero aprecio por la confianza que les animara a presentar mi nombre ante vosotras para vuestra aprobación; y también quiero agradecer a vosotros, miembros de la Iglesia, por vuestra confianza en el discernimiento de ellos. Sólo pido poder-poner lo mejor que hay en mí para responder a ello, para lo que invoco la guía divina y vuestra indulgencia. Necesitaré de vuestras oraciones de fe.

Pero estamos hablando esta mañana no solamente a miembros de la Iglesia. Sabemos que quizás más del 50% de los que asisten personalmente a la Conferencia o participan de ella por medio de las invenciones modernas, son amigos de la Iglesia. Apreciamos vuestro interés y os extendemos una cordial bienvenida. Vuestra asistencia parece indicar que habéis oído algo acerca de los Mormones y que quizás queréis saber más.

Quisiéramos responder brevemente a vuestra implícita interrogación acerca de la Iglesia. Evitaremos dogmatismos pues ordinariamente estos implican antagonismos. Simplemente queremos invitarles, esta mañana, a “razonar juntos”, como dice Isaías.

Nosotros respetamos a todos los hombres en cuanto a sus creencias religiosas, pero los credos discrepantes y la multiplicidad de los mismos, han sido, a través de los siglos, causa do mucha confusión e inquietud. La confusión del mundo religioso está definida en la Enciclopedia Católica, de la cual he extraído lo siguiente:

Toda una Babel de organizaciones religiosas proclama sella Iglesia de Cristo. Sus doctrinas son contradictorias y precisamente. Mientras una de ellas considera vital la doctrina que enseña, declara que las de otras iglesias son falsas y perniciosas.

Ahora bien, aunque no estamos de acuerdo en que las creencias de otros son perniciosas, consideramos improcedente que la Iglesia original de Jesucristo, tal como la define el Nuevo Testamento, se haya desbaratado en tanta cantidad de credos. Creemos que la casa del Señor debe ser una casa de orden, no dividida contra sí misma.

Frecuentemente se hace esta pregunta: ¿Será conveniente o valdrá la pena observar más de cerca al Mormonismo?

Aunque hay muchas diferencias fundamentales entre esta Iglesia y las otras, mencionaremos hoy, y brevemente, sólo una de ellas. Nos referimos a nuestra fe en la revelación continua de Dios al hombre. Parece un poco paradójico que esta doctrina fundamental de la Iglesia la hace única o la diferencia de otras, puesto que, como en todas las dispensaciones del Evangelio, la revelación corriente ha sido el poder sustentador, el espíritu vivificador de la Iglesia Divina.

En una concreta declaración de creencia conocida como los Artículos de Fe, declaramos nuestra fe en “todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela” y que creemos que El revelará aún muchas grandes e importantes cosas.

La historia nos prueba que cuando el espíritu o don de la revelación es quitado de la Iglesia, no queda sino una organización muerta y los hombres muestran su disposición a adorar a Dios con sus labios y honrarle con sus bocas, pero, porque no hay comunicación y por consiguiente entendimiento tampoco, sus corazones están lejos de Él.

Las cosas de Dios pueden entenderse sólo por medio del espíritu de Dios y el espíritu de Dios es uno de revelación. El Maestro prometió, antes de abandonar la tierra, que enviaría otro Consolador para guiar a los hombres hacia toda verdad. La revelación divina ha sido siempre la característica de la Iglesia Viviente, y es absolutamente esencial a su continua existencia como algo organizado sobre la tierra.

Recordemos que el profeta Amos dijo: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amos 3:7)

Y en Proverbios leemos: “Sin profecía el pueblo se desenfrena.” (Prov. 29:18)

Tenemos amplia autoridad bíblica para declarar que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y por la imposición de manos de aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas. El apóstol Pablo dijo: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fué Aarón.” (Hebreos 5:4) Y Aarón fue llamado por revelación directa, por medio de Moisés. Cuando cesa la revelación, la gente cae en la incredulidad, y no sólo la gente sino la Iglesia apostata ante la carencia de orientación inspirada.

Esto fué exactamente lo que paso en la Iglesia primitiva y tal situación fué la precursora de una apostasía universal, de la cual la Iglesia de Inglaterra habla en su Hornilla contra el Peligro de la Idolatría, de esta forma:

De numera que, legos y clero, doctos e indoctos, todas edades, sectas y clases de hombros, mujeres y niños de toda la cristiandad—cosa terrible y horrorosa en que pensar—se han hundido a un mismo tiempo en una idolatría abominable, de todos los vicios el más aborrecido de Dios y el más detestable para el hombre; y esto tiene más de ochocientos años de estar así.

Sin una continua revelación, no puede haber ministro autorizado alguno sobre la tierra y sin oficiales autorizados, no puede existir la Iglesia de Cristo. Si alguien dice que no hay revelación y que no habrá futura revelación de Dios, queremos preguntarle: ¿Por qué? ¿Ha perdido Dios su poder para revelar sus designios y voluntades al hombre? Por supuesto, declarar esto equivale a blasfemar. ¿No necesitamos acaso la palabra o revelación de Dios? Os pido que consideréis la situación del mundo actual y notéis la espantosa necesidad que tiene el mundo de una guía o dirección divina.

Entonces, si Dios puede revelar y nosotros necesitamos revelación ¿es del hombre la falta? ¿Hemos, acaso, perdido el don o la fe o el entendimiento que nos capacita para recibir revelación? Ciertamente, sería más modesto en nosotros admitir que la falta es nuestra y no culpar a Dios por no hablar, si fuera que El no hablara. O quizás haya una interceptación de mensajes por parte del enemigo, como consecuencia de la cual alguien haya sido inducido a creer que no hay suficiente poder para transmitir.

Mientras los hombres no crean que puede haber revelación, no podrán lograrla. Perderán su fe y a poco dejarán de mirar’ hacia arriba y escuchar. Algunos aún niegan que haya necesidad de revelación, pero la crónica diaria desafía esta declaración; en este arriesgado, dividido y caótico mundo, la necesidad por la ayuda de Dios, nunca ha sido tan visible y urgente.

Un predicador inglés ha dicho recientemente: “Oh, si algún hombre se levantara y autorizadamente dijera al mundo: ‘Así dice el Señor’!”

¿Es posible, amigos, que la religión sea el único departamento de interés, búsqueda e investigación humanos en que el progreso sea imposible? ¿Diría algún profesor a su clase de química, astronomía, física o geología, que no es posible un mayor descubrimiento o revelación de verdad científica alguna? ¿Es la religión un interés humano pasivo y decadente? ¿Dejó Cristo sin guía a su Iglesia y ha sido su intención mantenerla así?

En cuanto a nosotros, debido a nuestra fe en el universal e inmutable amor y justicia de Dios, no creemos que Su Iglesia puede ser bendecida y dirigida por revelación en una dispensación y dejar en otra un mundo turbado y en peligro con solo mensajes escritos por antiguos profetas, algunos de cuyos mensajes fueron dados por motivos especiales y bajo ciertas circunstancias. Creemos que la revelación, tanto real como escrita, es y seguirá siendo necesaria para los hombres. Siempre que el Señor ha identificado su Iglesia, ha dado mensajes de amonestación, instrucción y esperanza por medio de sus profetas.

Cuando decimos que creemos en todo lo que Dios ha revelado, declaramos nuestra fe en las Escrituras. Creemos que la Biblia es fuente de verdad divina, aunque no más allá de la necesidad de interpretarla ni de su propia traducción, por lo que, en consecuencia, declaramos nuestra fe en la Biblia “hasta donde esté traducida correctamente”.

Y cuando declaramos creer que Dios actualmente revela, que aún habla por medio de sus profetas, y que sus palabras son escritas cuando y donde son dadas, estarnos simplemente siguiendo el evangelio de Jesucristo y manifestando la veracidad de la religión judeocristiana.

Algunas veces encontramos escépticos, cuando decimos que Dios actualmente revela, pero meditemos por un momento en las palabras de Pablo. ¿Por qué considerar increíble que Dios haga algo que ha prometido hacer? Si el tiempo lo permitiera, podríamos mencionar de las Escrituras, desde Génesis al Apocalipsis, cada una de las promesas de Dios con respecto a los últimos días. ¿Por qué considerar increíble que Él pueda no solamente cumplir sus promesas sino que continúe haciendo lo que ha hecho desde el principio en cada dispensación?

La Iglesia de Jesucristo fué establecida y es actualmente dirigida por revelación. La verdadera Iglesia de Cristo no es un callejón sin salida, sino un camino abierto por el cual pueden los hombres buscar la verdad a la luz de la revelación. Que la Iglesia es progresiva y responde a la verdad revelada, es evidenciado por nuestra ulterior declaración de que nosotros creemos que Dios aun revelará muchas glandes e importantes cosas.

La Iglesia, amigos, no está sujeta a ceremonial o inflexible credo alguno, pero sus miembros son enseñados a creer en y vivir conforme a las revelaciones del pasado y del presente y a la vez prepararse para las revelaciones aún por venir. Nuestros conceptos y aún nuestra fe, deben estar conformados a nuevas luces. La presente y urgente necesidad de revelación en esta era de comunismo, ateísmo e incredulidad, se hace más evidente cuando llegamos a la conclusión de que dicha revelación nos da la más concluyente prueba do la existencia de un Ser Supremo y cuánto el mundo necesita saber acerca de Él.

En una era en la que cientos de millones de gentes están siendo sistemáticamente adoctrinados en los abominables credos del comunismo, que hablan de la inexistencia de Dios y dicen que Cristo es un mito, indudablemente en medio de tales determinados, persistentes y despiadados ataques del enemigo, debemos esperar de Dios, nuestro Padre, alguna dirección y por tal dirección suplicamos humildemente.

Pero éste es nuestro mensaje: Dios ha hablado desde los cielos; aún es posible la comunicación entre los cielos y la tierra. Este es el desafiante mensaje del Mormonismo, ésta es la divisa a las naciones, mensaje de esperanza en un mundo de peligros; y si vamos a ejercitamos en la fe y acompañarla con obras, siendo que, por supuesto, la fe sin obras es muerta, debemos saber algo de Dios, de Su existencia, Su personalidad, Sus leyes, Sus propósitos con respecto al hombre y comprender que somos Sus hijos. El Señor ha dicho: “Y esta es la vichi eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3)

Nosotros no decimos que Dios es un ser inmaterial, sin cuerpo e incomprensible. Por el contrario, decimos que es accesible y que Él es nuestro Padre. Ahora bien, la revelación puede venir por medio de sueños o visiones, la visitación de ángeles o, en ocasiones como con Moisés, mediante una comunicación cara a cara con el Señor. Recordemos que el Señor habló con Adán no sólo mientras éste permaneció en el Jardín de Edén, sino aún después que fuera expulsado de allí. A través de todas las edades, Él ha hablado a otros patriarcas y profetas. Habló con Enoc, el cual fué llamado “Séptimo después de Adán”; y se dice que Enoc fué trasladado a los cielos, porque fué especialmente favorecido con la presencia del Señor. La Escritura dice: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.” (Génesis 5:24)

Por revelación el Señor previno a Noé del diluvio. También habló con Abrahán y le mandó que dejara su país y fuera hacia una nueva tierra e hízole algunas promesas con respecto a su posteridad.

Por revolución el Señor comisionó a Moisés de ir a Egipto y bajo la dirección personal de Dios liberar a los hijos de Israel del cautiverio.

Podemos trazar la línea de reveladores, hombres que han existido, cada cual en su tiempo, como mediadores entre Dios y Su pueblo, desde Moisés, Josué, los Jueces, David y Salomón, hasta Zacarías y Malaquías. Cristo mismo vino al mundo para revelar a Dios y’ revelarse a Sí mismo ante los hombres, y aún el mismo Jesucristo fué guiado y dirigido por su Padre, mientras permaneció en la tierra, por revelación.

Como todos sabemos, el Señor reveló a Zacarías, el padre de Juan el Bautista, qué iba a pasar; y recordemos bien qué pasó a raíz de la incredulidad de Zacarías. El Señor reveló a María lo que sucedería con respecto al nacimiento de Cristo. Los apóstoles fueron guiados, dirigidos e inspirados por revelación, en el meridiano de los tiempos. Cristo mismo dijo:

Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho. (Juan 12:49-50)

En el meridiano de las tiempos, los apóstoles estuvieron en contacto con los cielos, median-te la revelación divina. Notemos qué nos dice Pablo:

Pero Dios nos la reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. (1 Cor. 2: 10-11)

Recordarán ustedes que Juan escribió el Apocalipsis en la Isla de Patmos; la palabra griega apocalipsis significa “revelación”. Y esto es lo que él escribió al principio del libro—y evidentemente no por propia sabiduría:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dió, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan (Apoc. 1:1)

Las Escrituras, entonces, no sólo están repletas de evidencias, sino que son concluyentes en cuanto al hecho de que Dios está y ha estado, en cuida dispensación del evangelio sobre la tierra, en contacto con su pueblo.

Recordemos lo que dijo Pablo, refiriéndose a nuestro tiempo actual:

De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los ciclos, como las que están en la tierra. (Efesios 1:10)

De las Escrituras citadas y de muchas otras, parece evidente que la revelación de Dios al hombre, ha sido una característica esencial, un procedimiento común en todas las dispensaciones del Evangelio. Todos los profetas y líderes de los tiempos antiguos, han sido guiados, escogidos y también inspirados mediante revelación, por Dios mismo.

Eusebio escribió relatando lo que pasó cuando los apóstoles fueron asesinados y no hubo entonces respuesta autorizada a las necesidades del hombre. Dice: “Cuando el sacro quórum de los apóstoles fue extinguido y la generación de aquellos que habían tenido el privilegio de escuchar su sabiduría inspirada dejaron de existir, aparecieron entonces las combinaciones de errores profanos, debido al fraude y al engaño de falsos maestros. Estos, no habiendo quedado ninguno de los apóstoles, iniciaron una desvergonzada predicación en contra del Evangelio de Verdad.”

Y Mosheim nos recuerda que tanto judíos como paganos, todos estaban acostumbrados a una vasta variedad de pomposas y magnificas ceremonias en sus servicios religiosos. Todos los escritos del siglo segundo, mencionan la multiplicación de ritos y ceremonias en la Iglesia

Cristiana. Ustedes podrán decir: “Pero, fueron esos los tiempos en que hubo revelación”. Otros dirán: “Podemos creer en la revelación durante los días de Adán, de Moisés y de Cristo; pero no ahora”.

¿No hay acaso indicación alguna por la cual, con justa razón, podamos esperar la palabra de Dios? He aquí el testimonio de Juan, hablando de cosas que vendrían en lo últimos días:

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. . . . (Apoc. 14:6-7)

Esta es una profética promesa de revelación en nuestro tiempo. La Iglesia está hoy fundada sobre la roca de la revelación, como lo fue en los días de Pedro cuando Cristo, después que Pedro diera testimonio de Él, le dijera:

“. . . sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18)

No estamos equivocados citando anticipamos futuras revelaciones, y creemos que éstas superarán en importancia y glorioso cumplimento, aún a todo lo que hasta ahora se haya revelado. Creemos que Dios se revelará continuamente a sí mismo, mientras dure la probación del hombre sobre la tierra.

Ahora bien, muchos de vosotros preguntaréis: ¿Sobre qué particular revelación basan ustedes su Iglesia? El tiempo no permitirá, por supuesto, una completa contestación a esta pregunta, pero humildemente y desde el fondo mismo de mi corazón, digo a cada uno de los que me escuchan, miembros y amigos de la Iglesia, que Dios ha restaurado el evangelio de Jesucristo, y que una gran revelación, una de las más grandes de todos los tiempos, tuvo lugar cuando el Padre y el Hijo, anticipando estos mismos días y los acontecimientos de esta época, aparecieron al hombre; y ellos eran seres personales, separados y distintos, con forma humana, lo que comprueba, la declaración que encontramos en Génesis 1:27—“Creó Dios al hombre a su imagen”.

Ellos hablaron al hombre. Y otras revelaciones siguieron. Todo el mensaje del Monnonismo, gira en torno a la vida y misión de Jesucristo, y proclamamos al mundo, en contradicción a la infernal doctrina del comunismo, que Dios vive. Que El aún habla a los hombres. Que hay profetas sobre la tierra.

Si esta declaración es verídica, es el más grandioso mensaje que ha llegado a la tierra desde que Cristo ascendió a los cielos, porque es el mensaje de su segunda venida y si es verdad, todos vosotros debéis saberlo.

Os pedimos que escuchéis, que leáis, que oréis—pedid al Señor que os guíe—y os prometemos, emulando al profeta Moroni, que si pedís a Dios en fe, en el nombre de Jesucristo, si esto que os declaramos es verdad o no, Él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.

Creemos que éste es el mensaje que el mundo ha estado esperando. Declaramos que es la misma verdad de Dios, y por mí mismo quiero dar mi testimonio a tal efecto y lo digo humildemente, sin equivocación alguna, por el mismo poder y autoridad con que habló Pedro cuando dijo “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Yo sé que esto es la verdad y ruego a los hombres, dondequiera se encuentren, que escuchen éste, un mensaje de los cielos, por el cual testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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