No cometerás adulterio

Liahona Agosto 1998

No cometerás adulterio

por Jeffrey Marsh

W. Jeffrey Marsh

No importa lo que el mundo pueda enseñar, la norma del Señor en cuanto a la fidelidad en el matrimonio nunca ha cambiado.

La fidelidad conyugal empieza con las promesas que hicimos a nuestro Padre Celestial mucho antes de llegar al altar.

Aquello que ocupa nuestro pensamiento y lo que verdaderamente desea nuestro corazón da forma a nuestro carácter. Un carácter noble proviene de tomar decisiones correctas, de hacer lo que dice el Señor.

Nuestro Padre Celestial nos dio el albedrío para que, al tomar decisiones correctas, pudiéramos ascender a la plenitud de la liberación del pecado, de la pena y del dolor, a una plenitud de vida.

En el Libro de Mormón, Korihor enseñó a los habitantes de Zarahemla que no había valores morales absolutos, tan sólo “insensatas tradiciones… que os inducen a creer en cosas que no existen” (Alma 30:14, 16). Al seguir esta manera diabólica de razonar, la gente podría buscar cualquier tipo de gratificación terrenal sin temor alguno al castigo o a la culpa.

Los Korihores de hoy en día emplean un razonamiento similar para intentar convencemos de que podemos vivir de cualquier manera que decidamos sin temor a consecuencias serias. Esta es una de las habituales mentiras que Satanás emplea para engañar a los hijos de Dios.

NO COMETERÁS ADULTERIO1

Sin embargo, no debiera haber duda alguna en la mente de los Santos de los Últimos Días en cuanto a la pureza moral que nuestro Padre Celestial espera de nosotros. El presidente Ezra Taft Benson nos ha recordado: “El Señor ha reiterado en esta dispensación el mandamiento dado en el monte Sinaí cuando dijo: ‘No cometerás adulterio… ni harás ninguna cosa semejante’ (D. y C. 59:6; cursiva agregada). Desde el principio de los tiempos, el Señor ha establecido una norma clara e inconfundible en cuanto a la pureza sexual… Esta norma es la ley de castidad. Es igual para todos… para hombres y mujeres… viejos y jóvenes… ricos y pobres”1.

Lamentablemente, nuestra sociedad no sólo tolera la inmoralidad, sino que, con demasiada frecuencia, la alaba. Sin duda alguna podemos esperar que esta ciénaga de pecado que ahora presenciamos y en la cual no hay valores morales absolutos, continúe creciendo y devorando a todos los que insistan en merodear cerca de sus límites o en caminar por el fango. Mientras que Korihor y sus lacayos atraen a la gente cada vez más cerca de la ciénaga de la inmoralidad, hay varios motivos importantes por los cuales debemos permanecer moralmente limpios.

  1. LA PUREZA MORAL TE AYUDA A TENER EL ESPÍRITU DEL SEÑOR CONSTANTEMENTE

Jesús aconsejó a Sus discípulos que decidieran en su corazón hacer las cosas que Él les enseñara y les mandara hacer (véase Traducción de José Smith, Lucas 14:28 [en inglés]). El ser firmes en permanecer moralmente limpios nos proporciona paz, mientras que el no tomar la decisión de ser obedientes nos hace ser presa fácil del maligno.

La devastación personal y espiritual que resulta al ceder a la inmoralidad se ha ilustrado en las Escrituras (véase, por ejemplo, 2 Samuel 13; Alma 39). Las consecuencias eternas del pecado moral son trágicas; cualquiera que acepte pensamientos y hechos inmorales en lugar de aferrarse a los mandamientos del Salvador será expulsado de Su reino (véase Gálatas 5:16-21; 1 Nefi 15:33-34)- Por este motivo, se amonesta a los padres a enseñar a sus hijos, tanto por el precepto como por el ejemplo, a tomar decisiones morales correctas. La Primera Presidencia ha proclamado claramente las normas que los Santos de los Últimos Días deben vivir y enseñar:

“Debido al carácter tan sagrado de la intimidad sexual, el Señor requiere el autocontrol y la pureza antes del matrimonio… Nunca trates a tu pareja [o cónyuge] como un objeto a usar para tus propios deseos lujuriosos o tu propio ego…

“El Señor específicamente prohíbe cierto comportamiento, incluso toda relación sexual antes del matrimonio, las caricias impúdicas, la perversión sexual (como la homosexualidad, la violación sexual y el incesto), la masturbación, y el interés desmedido en el sexo, ya sea en el pensamiento, la palabra o la acción”2.

Aquello que ocupa nuestro pensamiento y lo que verdaderamente desea nuestro corazón da forma a nuestro carácter. Un carácter noble proviene de tomar decisiones correctas, de hacer lo que dice el Señor (y no los Korihores de hoy en día). Él promete enviar Su Espíritu a los obedientes: “Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios…

“El Espíritu Santo será tu compañero constante” (D. y C. 121:45-46).

  1. LA PUREZA ANTES DEL MATRIMONIO GENERA CONFIANZA

La infidelidad en el matrimonio suele llevar al fracaso la relación y conducir a la destrucción espiritual del cónyuge que ha sido infiel. La falta de castidad antes del matrimonio naturalmente mina la confianza de un posible compañero, haciendo surgir preocupaciones de carácter físico y emocional, como la posibilidad de padecer enfermedades peligrosas, junto con el asunto básico de la dignidad.

La fidelidad conyugal no empieza al hacer las promesas el día de la boda, sino con las promesas que hicimos a nuestro Padre Celestial mucho antes de llegar al altar.

Una mujer recordó que ella y su futuro marido se habían engañado a sí mismos al creer que el quebrantar el mandamiento contra el pecado sexual y el convivir juntos antes del matrimonio fortalecería su amor. “Lo que nuestros amigos nos dijeron que sería una experiencia que edificaría nuestra confianza, en realidad destruyó nuestra relación”, dijo. Las dudas empezaron a surgir tras su matrimonio. Al saber que cada uno de ellos había estado dispuesto a vivir con otra persona antes del matrimonio, ¿cómo podrían confiar plenamente el uno en el otro?

La duda suele conducir a la falta de confianza, ésta a la contención, la contención a la separación y al divorcio, como ocurrió en este caso. Por el contrario, la pureza moral inspira seguridad, confianza y paz.

  1. LA PUREZA MORAL PREVIENE LA DESTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD

“Lo que decidamos hacer entre nosotros no es asunto de nadie más.

Lo que hagamos en la intimidad no es incumbencia de nadie”.

NO COMETERÁS ADULTERIO2Esta frecuente justificación para la inmoralidad es una de las mentiras más descaradas del adversario.

Equivale a decir: “Contaminaremos el aire con cualquier substancia peligrosa que queramos; si no le gusta, no respire”. Las acciones inmorales de una persona siempre decepcionan o hieren a otras personas, particularmente a la familia, a los amigos y a Dios.

Aún más, el comportamiento privado sí afecta la moralidad pública. Cada persona representa una hebra de la tela de la sociedad. Si la mayoría de las hebras son débiles y se deshacen, ¿cómo podemos esperar que el manto de la civilización permanezcan intacto, fuerte y resistente?

El presidente Spencer W. Kimball amonestó: “La existencia de la tierra no podría justificarse ni podría continuar sin el matrimonio y la familia. Tener relaciones sexuales fuera de los lazos del matrimonio, tanto entre los jóvenes como entre los adultos, es una abominación a la vista del Señor y es una desgracia que haya tanta gente que se ha cegado con respecto a estas grandes verdades”3.

Aún las decisiones más pequeñas para hacer lo correcto tienen el potencial de llegar a tener un gran impacto positivo en los miembros de toda la familia, los compañeros de colegio, la sociedad e incluso la posteridad futura (véase Deuteronomio 11:27; Mateo 5:16; D. y C. 115:5). Nuestro Padre Celestial nos dio el albedrío para que, al tomar decisiones correctas, pudiéramos ascender a la plenitud de la liberación del pecado, de la pena y del dolor, a una plenitud de vida (véase Moroni 7:15; 2 Nefi 2:27).

Una joven pareja de prometidos aprendió una inolvidable lección sobre cómo el escuchar al Espíritu podía ayudarles a tomar decisiones correctas. Antes de su matrimonio, solían dedicar un tiempo a charlar a solas, lejos de los compañeros de cuarto o de los familiares con los que vivían. Una noche, la pareja encontró un lugar bonito a medio kilómetro de la carretera principal, cerca de un camino poco transitado que bordeaba un lago. En sus mentes no había ninguna otra intención más que de charlar, pero tan sólo unos segundos después de apagar el motor del coche, ambos sintieron una fuerte impresión del Espíritu de que no debían permanecer allí. El joven encendió el coche y se dirigieron hacia una zona más transitada.

“Nunca supimos el motivo por el que tuvimos que dejar aquel lugar”, dice el joven, “pero siempre hemos estado agradecidos por haber obedecido esa impresión. Lo que fuere que significase, nos ayudó a aprender a reconocer la voz del Espíritu cada vez que hemos buscado la guía del Señor en nuestro matrimonio y en nuestra vida”.

  1. LA DEBILIDAD MORAL SÓLO SE PUEDE CONQUISTAR CON LA AYUDA DEL SEÑOR

El obispo se sentía confundido. Un joven tentado por la homosexualidad seguía el consejo de su obispo de orar, ayunar, estudiar las Escrituras, participar en la Iglesia y ejercer autodominio, pero todavía tenía dificultades. Al charlar juntos, el obispo descubrió que este joven había estado asistiendo a unas sesiones de terapia de grupo en la que no se le había ofrecido guía alguna, según dijo el joven. Las sesiones consistían principalmente en largas y detalladas charlas sobre el tema, lo cual le molestó, pues era como “echar más leña al fuego que he estado intentando apagar”. En ocasiones anteriores, otros miembros del barrio se habían visto fortalecidos por sesiones de terapia. ¿Cuál era la diferencia ahora?

Al meditar en el problema durante la semana, el obispo fue guiado a estas palabras del élder Boyd K. Packer, del Quorum de los Doce: “El estudio de la doctrina del Evangelio mejorará el comportamiento de las personas más fácilmente que el estudio sobre el comportamiento humano. La obsesión por una conducta indigna puede conducir a una conducta indigna.”4. También leyó la declaración del presidente Benson: “El Señor ejerce Su poder desde el interior del hombre hacia afuera. Por el contrario, el mundo lo ejerce desde afuera hacia el interior… Cristo cambia al hombre, y éste cambia el ambiente que lo rodea. El mundo trata de amoldar el comportamiento del hombre, pero Cristo puede cambiar la naturaleza humana 5.

Al sentir la guía del Espíritu, el obispo escribió a máquina todas las declaraciones con respecto a la homosexualidad que pudo encontrar en los discursos de la conferencia general de los últimos treinta años, y luego le pidió al joven que los leyera como parte de su estudio del Evangelio. Una semana más tarde el joven le dijo: “Obispo, la fuerza y el poder de esas palabras me dieron el deseo de salir adelante y de ser mejor. Esta semana he recibido el testimonio de que puedo hacerlo”.

El obispo aprendió de esta experiencia que no hay substituto para el poder del Salvador a la hora de ayudar a la gente a abandonar el pecado, y que, para cambiar una vida, el consejo debe enfocarse en aplicar los principios del Evangelio más bien que en hacer hincapié en el pecado.

El Salvador nos manda que seamos santos, no mundanos. A través de su misión terrenal y su sacrificio expiatorio, El entiende por completo toda prueba, toda tentación, toda debilidad y pecado que nos presente un desafío (véase Alma 7:11-13). No estamos solos en nuestras pruebas. Los que luchan con la tentación tienen la certeza de que pueden perseverar hasta el fin con la integridad intacta debido a la fuerza y a la gracia con la que el Salvador puede investirnos y elevarnos. Él es nuestro abogado y amigo eterno, “que conoce las flaquezas del hombre y sabe cómo socorrer a los que son tentados” (D. y C. 62:1).

  1. LA NORMA CELESTIAL CONSISTE EN PERMANECER MORALMENTE LIMPIOS

A veces limitamos nuestro propio progreso al contemplar las expectativas mínimas como si fuesen las metas máximas. “No cometerás adulterio” es la expectativa mínima que el Señor tiene de nuestra conducta hacia los demás. La ley más alta o celestial es: “amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra.

“Y el que mirare a una mujer para codiciarla negará la fe, y no tendrá el Espíritu; y si no se arrepiente, será expulsado” (D. y C. 42:22-23; véase también D. y C. 63:16).

Un relato de unos escritos judíos apócrifos que no están incluidos en la biblia hebrea tiene un particular valor en este asunto. Es la “Historia de Susana”, en la que se nos presenta al joven profeta Daniel6. Susana era una mujer casta, temerosa de Dios y de gran belleza. Dos ancianos jueces de Israel que la deseaban en sus malvados corazones, sorprendieron a Susana a solas y le ofrecieron una dolorosa elección: someterse a ellos o defenderse en contra de una trama previamente acordada, relativa a un amante ficticio y a una cita adúltera. Ella sabía que la pena por lo último sería la muerte y que ambos hombres podían vencerla si no se sometía. Sin embargo ella dijo: “Prefiero caer inocente ante vuestro poder que pecar a los ojos del Señor”. Entonces gritó para pedir ayuda.

Al recibir ella auxilio, los dos hombres relataron la vil historia y al final Susana fue condenada a muerte. Pero Dios oyó la oración de esta justa mujer e inspiró a Daniel a descubrir a los dos conspiradores. La pena de muerte que había sido pronunciada sobre Susana les fue aplicada a ellos.

Como en el caso de los dos líderes corruptos, los juicios del Señor caerán finalmente sobre los que traten injustamente a otras personas e intenten ocultar sus pecados morales.

  1. LA PUREZA MORAL TAL VEZ NO SEA FÁCIL, PERO SIEMPRE VALE LA PENA

El Señor nos ha dicho: “Y debéis practicar la virtud y la santidad delante de mí continuamente” (D. y C. 46:33). Ya seamos solteros o casados, la práctica de la virtud requiere que tengamos cuidado con respecto a las influencias emocionales, el entorno físico y las actividades de nuestra vida. A la mayoría de los jóvenes Santos de los Últimos Días se les ha enseñado ciertas normas relacionadas con el cortejo: evitar ir juntos a una casa o apartamento vacíos, evitar las películas y actividades impropias, etcétera. De igual modo, la mayoría de las personas casadas saben —y si prestan atención, el Espíritu ciertamente lo confirmará— que es prudente evitar estar a solas o buscar a alguien que escuche con compasión (al hablar especialmente de problemas maritales) con los miembros del sexo opuesto con quienes no estén casados. Hay seguridad en levantar barreras de este tipo.

Tal y como dijo un obispo a los jóvenes de su barrio: “No piensen que ustedes son la excepción a estas pautas. Nunca he entrevistado a una persona joven que haya cometido una transgresión moral que no haya hecho caso omiso a varias de estas pautas. Las reglas y los mandamientos los liberan del dolor y de la carga del pecado”.

Las Escrituras nos enseñan: ‘Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Al obedecer este consejo cumplimos la voluntad de nuestro Padre. El presidente Benson testificó que “el Señor se deleita en la castidad de Sus hijos (véase Jacob 2:28). ¿Lo oyen, mis hermanos y hermanas? El Señor no sólo está complacido cuando somos castos, sino que se deleita en la castidad”7.

Por otro lado, Satanás busca la miseria de toda alma y sabe que la inmoralidad es una forma rápida de lograrlo.

Pero cada uno de nosotros tiene el poder de decidir lo que hará cuando vengan las tentaciones. Los Santos de los Últimos Días que deseen, por encima de todo, obedecer los mandamientos de Dios, que se arrepientan de las cosas malas que hacen y reorienten sus vidas con fe en dirección a la rectitud, se encontrarán finalmente en el reino celestial, por la gracia de Dios.

“Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado” (Mosíah 2:41).

NOTAS

  1. “The Law of Chastity”, en Brigham Young University 1987-88 Devotional and Fireside Speeches, 1988, pág. 50.
  2. “La pureza sexual”, La fortaleza de la juventud, 1990, pág.
  3. En Una guía para los padres, 1985 (31125 002) se encuentran ayudas adicionales para enseñar a los jóvenes en cuanto a la intimidad en todos sus aspectos.
  4. “Dios no será burlado”, Liahona, febrero de 1975, pág. 34-
  5. “Los niños pequeños”, Liahona, enero de 1987, pág. 17.
  6. “Nacidos de Dios”, Liahona, enero de 1986, pág. 3.
  7. La historia que aquí se relata está parafraseada y se cita en Daniel 13, The Jerusalem Bible, 1968, págs. 1252-1253.
  8. “The Law of Chastity”, en Brigham Young University 1987-88 Devotional and Fireside Speeches, 1988, pág. 50.

 

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