Como si os hallaseis presentes

Liahona febrero 2000

“Como si os hallaseis presentes”
por Byron R. Merrill

Byron R. MerrillLos profetas del libro de mormón, con su presciencia, han centrado sus palabras de consejo y exhortación en los asuntos y las necesidades de los últimos días.

La mayoría de los autores escriben con la idea de que sus contemporáneos lean sus palabras. Incluso los libros de las Escrituras, tales como los Evangelios y las Epístolas del Nuevo Testamento, se escribieron primordialmente para los investigadores y los miembros de la Iglesia de los primeros días de la era cristiana. Sin embargo, en contraste con el modelo acostumbrado, los autores proféticos del Libro de Mormón lo prepararon más que nada como un testamento y una amonestación para una gente sumamente distante de ellos en tiempo y en cultura.

Moroni, el último escritor del Libro de Mormón, prologó sus escritos con un análisis de las condiciones que existirían en la tierra el día en el que el Libro de Mormón saliera a la luz (véase Mormón 8:14-41). El dijo: “He aquí, os hablo como si os hallaseis presentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras” (Mormón 8:35). Después de haber visto nuestra época y nuestras circunstancias mediante la presciencia de Dios y el poder de Cristo, los escritores principales del Libro de Mormón: Nefi, Jacob, Mormón y Moroni, hablaron en forma específica en cuanto a asuntos y temas de gran importancia para nosotros: la importancia de la Expiación, el peligro del orgullo, la importancia de los profetas, el papel de la familia y la promesa de que el Señor cumple Sus convenios.

COMO SI OS HALLASEIS PRESENTES 1

LA IMPORTANCIA DE LA EXPIACIÓN

En un mundo en el que la gente deambula por muchos senderos religiosos, el Libro de Mormón testifica que “no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente…” (Mosíah 3:17).

El Libro de Mormón aclara que el estado caído de la humanidad hizo necesaria la misión de Jesucristo y Su expiación. Por ejemplo, Amulek observó: “…sí, todos han caído y están perdidos, y, de no ser por la expiación que es necesario que se haga, deben perecer” (Alma 34:9). Jacob testificó que la Expiación “prepara un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, muerte e infierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu”

(2 Nefi 9:10). Lehi dijo que esta redención viene a nosotros “por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías…”

(2 Nefi 2:8).

Amulek enseñó que la Expiación no sería “un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un sacrificio infinito y eterno “(Alma 34:10). La persona que haría el sacrificio “será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14). Amulek también nos ayudó a comprender que la Expiación se aplica a todos, dondequiera que se encuentren, y en todo tiempo, incluso a aquellos que escucharon estas palabras un siglo antes de los acontecimientos principales de la expiación del Salvador: “…si os arrepentís y no endurecéis vuestros corazones, inmediatamente obrará para vosotros el gran plan de redención” (Alma 34:31; cursiva agregada).

La frase “sacrificio infinito y eterno” se refiere a la profundidad y la amplitud de la expiación del Salvador, al tipo de sufrimiento así como a la duración del mismo. Alma dijo que Jesús “Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo”, que El “tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo”, que El tomaría “sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su redención” (Alma 7:11-13). El Señor, después de experimentar todo personalmente, sabe “cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos” (Alma 7:12).

Debido al lugar primordial que ocupa la Expiación en el plan eterno, comprendemos por qué Nefi escribió: “…hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo” (2 Nefi 25:26) y por qué Lehi, el padre de Nefi, dijo: “Por lo tanto, cuán grande es la importancia de dar a conocer estas cosas a los habitantes de la tierra” (2 Nefi 2:8).

Alma lo resumió de esta manera:

“Y así vemos que toda la humanidad se hallaba caída, y que estaba en manos de la justicia; sí, la justicia de Dios que los sometía para siempre a estar separados de su presencia.

“Ahora bien, no se podría realizar el plan de la misericordia salvo que se efectuase una expiación; por tanto, Dios mismo expía los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguar las demandas de la justicia, para que Dios sea un Dios perfecto, justo y misericordioso también” (Alma 42:14-15).

EL PELIGRO DEL ORGULLO

Las encuestas de opinión en cuanto a cuáles son los problemas más graves del mundo actual incluyen a menudo respuestas tales como la economía, las enfermedades, el crimen, la corrupción política o el medio ambiente. Sin embargo, y de acuerdo con el Libro de Mormón, uno de los peores problemas del mundo es la actitud definida como el orgullo. En el Libro de Mormón se considera al orgullo como el pecado más destructivo, tanto individual como colectivamente, al que podamos ceder.

Jacob, por ejemplo, advirtió que a menos que aquellos “que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas… desciendan a las profundidades de la humildad, [Dios] no les abrirá” (2 Nefi 9:42). Al ver nuestros días en una visión, Nefi observó que “los gentiles se ensalzan con la soberbia de sus ojos” (2 Nefi 26:20) y señaló que el orgullo conduce a combinaciones secretas y a supercherías (véase 2 Nefi 26:22, 29-30). También amonestó: “¡Oh los sabios, los instruidos y los ricos que se inflan con el orgullo de sus corazones, y todos aquellos que predican falsas doctrinas, y todos aquellos que cometen fornicaciones y pervierten el recto camino del Señor! ¡Ay, ay, ay de ellos, dice el Señor Dios Todopoderoso, porque serán arrojados al infierno! (2 Nefi 28:15).

Las palabras de Alma en cuanto al orgullo parecen aplicarse particularmente a nosotros en la actualidad. “He aquí, ¿os halláis despojados del orgullo? Si no, yo os digo que no estáis preparados para comparecer ante Dios. He aquí, debéis disponeros prontamente; porque el reino de los cielos pronto se acerca, y el que no esté preparado no tendrá vida eterna” (Alma 5:28).

Moroni expresó el sentimiento que tenían otros profetas del Libro de Mormón en cuanto a que el “vestir ropas suntuosas” a menudo es una manifestación de orgullo (Mormón 8:36). Alma observó que los zoramitas centraban su atención en “sus suntuosos vestidos, y sus anillos, sus brazaletes, sus ornamentos de oro y todos sus objetos preciosos” (Alma 31:28).

Cuando los nefitas se llenaron de orgullo, Samuel el Lamanita los confrontó, diciendo: “…sois malditos por motivo de vuestras riquezas, y vuestras riquezas son malditas también, porque habéis puesto vuestro corazón en ellas” (Helamán 13:21). Luego les amonestó: “No os acordáis del Señor vuestro Dios en las cosas con que os ha bendecido, mas siempre recordáis vuestras riquezas, no para dar gracias al Señor vuestro Dios por ellas; sí, vuestros corazones no se allegan al Señor, sino que se hinchan con desmedido orgullo hasta la jactancia, y la mucha vanidad, envidias, riñas, malicia, persecuciones, asesinatos, y toda clase de iniquidades” (Helamán 13:22).

Mormón, al expresar una preocupación similar, reflexionó en la insensatez de las personas que, cuando son grandemente bendecidas “endurecen sus corazones, y se olvidan del Señor su Dios… y esto a causa de su comodidad y su extrema prosperidad” (Helamán 12:2). Mormón explicó que el motivo del orgullo es que las personas “no desean que los gobierne y reine sobre ellos el Señor su Dios que los ha creado”, o “no quieren que él sea su guía” (Helamán 12:6). Lleno de congoja, Mormón le expresó a Moroni que “el orgullo de esta nación, o sea, el pueblo de los nefitas, ha sido la causa de su destrucción” (Moroni 8:27). Esta advertencia implícita nos exhorta a no seguir un camino similar.

SEGUIR A LOS PROFETAS VIVIENTES

En el Libro de Mormón se enseña la necesidad de seguir a los profetas vivientes. Por ejemplo, la familia de Lehi y la de Ismael fueron preservadas de la destrucción de Jerusalén (véase 2 Nefi 1:4). De igual modo, Nefi condujo a un lugar seguro a “aquellos que creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios” (2 Nefi 5:6). El primer Mosíah y Alma, padre, también condujeron a su pueblo a un lugar seguro (véase Omni 1:12-14; Mosíah 24). Los nefitas subsiguientes fueron preservados de sus enemigos al dar oído a la dirección profética del capitán Moroni (véase Alma 46-62) y se libraron de la destrucción completa al seguir la dirección de Gidgiddoni y del gobernador principal, Laconeo, a quienes se hace referencia como “gran [des] profeta [s] entre ellos” (3 Nefi 3:19).

COMO SI OS HALLASEIS PRESENTES 2

Entre los jareditas, “se logró que el pueblo se arrepintiera” cuando el rey protegió a los profetas (Éter 7:25). En contraste, cuando un rey posterior no protegió a los profetas, “el pueblo endureció su corazón” y “rechazaron todas las palabras de los profetas” (Éter 11:13, 22). Lo que resultó fue que “el Espíritu del Señor había dejado de luchar con ellos, y Satanás se había apoderado completamente de sus corazones” (Eter 15:19). Entonces llegaron “al colmo de la    iniquidad”, lo cual acarreó sobre ellos “la plenitud de la ira de Dios” (Éter 2:10-11).

El Libro de Mormón muestra el peligro de rechazar a los profetas vivientes a la vez que se profesa creer en los que han pasado a la otra vida. Durante los acontecimientos que condujeron a su caída, el rey Noé y sus sacerdotes afirmaban creer las palabras de Isaías pero rechazaban el testimonio contemporáneo de Abinadí (véase Mosíah 11-17). El pueblo de Ammoníah, que “[eran] gente de corazón empedernido y dura cerviz” (Alma 9:5), citaba de las Escrituras mientras se burlaba de Alma y de  Amulek, lo que resultó en el trágico final de su ciudad (véase Alma    8-16). Nefi, hijo de Helamán, razonó con aquellos que rechazaban sus amonestaciones: “…si Dios dio a [Moisés] tanto poder, ¿por qué, pues, disputáis entre vosotros, y decís que él no me ha dado poder…?” (Helamán 8:12). Y prosiguió: “…no solamente negáis mis palabras, sino también negáis todas las palabras que nuestros padres han declarado… concernientes a la venida del Mesías” (Helamán 8:13).

El rechazar las palabras de los profetas vivientes es, en efecto, rechazar las palabras de los profetas que les han precedido. Específicamente, debido a que la gente rechazó a “los profetas y… los santos”, el Señor causó la gran destrucción que se encuentra registrada en 3 Nefi 8 (véase 3 Nefi 9:5, 7-9, 11-12). El Señor dijo: “…Bienaventurados sois si prestáis atención a las palabras de estos doce que yo he escogido de entre vosotros para ejercer su ministerio en bien de vosotros” (3 Nefi 12:1). Podemos sacar en conclusión que la verdadera felicidad se obtiene al prestar atención, en pensamiento y acciones, a las palabras que recibimos de los profetas y de los apóstoles vivientes.

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EL PAPEL DE LA FAMILIA

Uno de los asuntos de los que más se habla en la actualidad tiene que ver con la importancia y el papel de la familia. El Libro de Mormón, que da comienzo con un relato de los tratos que el Señor tuvo con una familia, demuestra que las familias constituyen la unidad primordial de la sociedad. En su primer comentario, Nefi hace referencia con todo respeto a sus “buenos padres” (1 Nefi 1:1), quienes le enseñaron los caminos del Señor. Las prioridades de Lehi, orientadas hacia su familia, se manifiestan claramente cuando él sale para el desierto llevando “nada consigo, salvo a su familia, y provisiones y tiendas”, dejando atrás “su oro, su plata y objetos preciosos” (1 Nefi 2:4). En la visión del árbol de la vida, el primer deseo que Lehi tuvo después de participar del fruto fue que su familia también participara de él (véase 1 Nefi 8:12). Lehi, preocupado porque en su sueño Lamán y Lemuel se negaron a participar del fruto (véase 1 Nefi 8:4, 35-36), “los exhortó, con todo el sentimiento de un tierno padre, a que escucharan sus consejos, para que quizá el Señor tuviera misericordia de ellos” (1 Nefi 8:37).

El Libro de Mormón nos ayuda a comprender la forma en que las familias deben relacionarse entre sí. Vemos a Nefi honrar el papel que su padre tiene como patriarca, incluso el derecho que Lehi tiene de recibir revelación para beneficio de su familia, en los incidentes del arco roto y de fijar la hora de partida por barco hacia la tierra prometida (véase 1 Nefi 16:18-32; 18:4—8). En el Libro de Mormón también leemos con frecuencia en cuanto a la preocupación que los padres sienten por sus hijos. Por ejemplo, Alma, padre, y Mosíah se preocuparon en gran medida por el bienestar de sus hijos (véase Mosíah 27-28). Lehi dio bendiciones inspiradas a sus hijos y nietos, y les enseñó el plan de salvación (véase 2 Nefi 1-3). Alma, hijo, hizo lo mismo al enseñar, entrevistar y testificarle a sus hijos de acuerdo con las necesidades específicas de ellos (véase Alma 36-42; 45).

Quizás el mensaje más sublime del Libro de Mormón, orientado hacia la familia, es que los padres, por medio de la palabra y del ejemplo, deben enseñar continuamente a sus hijos acerca de Dios y Su justicia. El ejemplo de padres y antepasados puede tener un efecto particularmente poderoso en la posteridad, motivándoles a seguir la verdad y vivir en la luz, incluso en tiempos de iniquidad. Helamán recalcó este punto mientras explicaba a sus hijos, Nefi y Lehi, por qué les había dado el nombre de sus antepasados: “…para que cuando os acordéis de ellos, recordéis sus obras… a fin de que se diga, y también se escriba, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos” (Helamán 5:6-7). Les exhortó, diciendo: “…recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento” (Helamán 5:12). Nefi y Lehi siguieron ese consejo y es así que les fue posible efectuar milagros entre el pueblo (véase Helamán 7-11). Sus vidas fueron testimonio de la influencia que sobre ellos tuvieron las enseñanzas de su padre y la fidelidad de sus antepasados. Del mismo modo, los 2.000 jóvenes guerreros tenían gran fe debido a que “sus madres les habían enseñado que si no dudaban, Dios los libraría” (Alma 56:47).

La sagrada función de la familia se puede sintetizar con dos referencias de la época de Jacob, quien alabó el ejemplo de aquellas familias en las que “sus maridos aman a sus esposas, y sus esposas aman a sus maridos, y sus esposos y esposas aman a sus hijos” (Jacob 3:7). Indudablemente, una expresión de amor como ésa en el propio hogar de Jacob fue lo que causó que a sus hijos se les criara “en disciplina y amonestación del Señor” (Enós 1:1).

EL SEÑOR RECUERDA Y CUMPLE SUS CONVENIOS

En el Libro de Mormón se declara que en los últimos días, el Señor se “acordar [á] del convenio que [ha] hecho con [su] pueblo” (3 Nefi 20:29). Él “volverá a traer a un resto de la posteridad de José al conocimiento del Señor su Dios” y “reunirá de las cuatro partes de la tierra a todo el resto de los descendientes de Jacob” (3 Nefi 5:23-24). En esta restauración convenida se incluyen a “cuantos de los gentiles se arrepientan]” (2 Nefi 30:2).

Estas promesas tienen que ver con las bendiciones tanto temporales como espirituales. Después de que Nefi hiciera referencia a algunos de los escritos de Isaías referentes al futuro, sus hermanos preguntaron si Isaías hablaba de cosas espirituales (véase 1 Nefi 22:1). Al responder que “los justos no tienen por qué temer” (1 Nefi 22:22) porque el Señor “protegerá a los justos por su poder” (1 Nefi 22:17), Nefi dio a entender que la salvación sería tanto temporal como espiritual.

En el Libro de Mormón se profetiza que “el Señor Dios procederá a desnudar su brazo a los ojos de todas las naciones, al llevar a efecto sus convenios y su evangelio”, tiempo en el que Él derramará Su ira para que “todos los soberbios y todos los que obran inicuamente [sean] como rastrojo” (1 Nefi 22:11, 15). El registro sagrado contiene muchas de las promesas reconfortantes hechas a aquellos “que vengan a él” (2 Nefi 26:33). Así como hace mucho tiempo el Señor “les había cumplido su palabra en cada detalle” (Alma 25:17), del mismo modo Él cumplirá todas Sus palabras en nuestro futuro personal y colectivo.

ESCRITO PARA NUESTROS DÍAS

Se podrían analizar muchos otros temas de interés actual. Por ejemplo, el Libro de Mormón trata la importancia de las Escrituras, el valor de llevar registros, la necesidad del arrepentimiento y de la obediencia, el cómo y el porqué de la obra misional, la importancia de la oración, el papel de la libertad y de los gobiernos, y el verdadero significado de la fe, la esperanza y la caridad. Más de la mitad del Libro de Mormón se concentra en los 150 años llenos de acontecimientos ocurridos antes de la aparición del Salvador, aunque ese período abarca aproximadamente sólo un 15 por ciento del total del tiempo que cubre el libro. El presidente Ezra Taft Benson presentó una posible razón del porqué de ese énfasis: “En el Libro de Mormón encontramos un modelo para prepararnos para la Segunda Venida” (El Libro de Mormón: la clave de nuestra religión, Liahona, enero de 1987, pág. 4).

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El saber que sus palabras estaban destinadas para un tiempo futuro influyó sin duda alguna en la selección de los temas, los sermones y las experiencias que los autores principales del Libro de Mormón habrían de registrar. Consideremos, por ejemplo, la observación inspirada de Nefi en cuanto a los escritos de Isaías, que se encuentra en 2 Nefi 25-30. Doce versículos contienen profecías concernientes a los judíos (véase 2 Nefi 25:9-20). Veintiún versículos adicionales hablan acerca del futuro del propio pueblo de Nefi (véase 2 Nefi 25:21-26:11). En comparación, 121 versículos —es decir, aproximadamente el 75 por ciento de esos seis capítulos— relatan la visión que tuvo Nefi acerca de las condiciones del mundo “en los últimos días, o sea, en los días de los gentiles” (2 Nefi 27:1). Comentó además que sabía que sus palabras serían “de gran valor para ellos en los postreros días” (2 Nefi 25:8).

El profeta Mormón, cuyo nombre se ha dado a este gran compendio que es el Libro de Mormón, experimentó la destrucción de su pueblo. Al igual que su hijo Moroni, él dirigió claramente sus escritos a una era futura en la que el Señor sacaría Su registro a la luz. Mormón dijo que él había permanecido como “testigo pasivo para manifestar al mundo las cosas que [él vio y oyó]” (Mormón 3:16). En su compendio seleccionó sermones y relatos del pasado de su pueblo que se aplicaran directamente a nuestras circunstancias. Dio instrucciones a las personas de un día futuro en cuanto a lo que debían hacer para encontrar la verdadera felicidad, y concluyó su obra con su testimonio del Evangelio de Jesucristo. El día futuro del que habló son nuestros días. Moroni terminó el sagrado registro con la esperanza de que nosotros estuviésemos agradecidos por él y que aprendiésemos “a ser más sabios” de lo que su pueblo lo había sido (Mormon 9:31).

Al entrar en un siglo y en un milenio nuevos, el Libro de Mormón nos amonesta con respecto a los peligros que hoy día enfrentan las personas y las naciones. Al mismo tiempo confirma nuestra fe y esperanza en Cristo y reafirma nuestro entendimiento de esas doctrinas y principios fundamentales que nos salvarán tanto espiritual como temporalmente. Además de realizar un estudio concienzudo del Libro de Mormón, debemos vivir sus enseñanzas, lo cual nos permite obedecer el mandamiento del Señor de “[recordar] el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que [nos ha] dado, no sólo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que [ha] escrito” (D. y C. 84:57; cursiva agregada).

Como parte integral del nuevo convenio del Señor, el Libro de Mormón es, por designio divino, no sólo un libro importante, sino el libro más importante para nuestros días. □

El Libro de Mormón nos ayuda a ver la forma en que deben relacionarse las familias. Las prioridades de Lehi, orientadas hacia su familia, se manifiestan claramente cuando él sale para el desierto llevando “nada consigo, salvo a su familia, y provisiones y tiendas”.

El Libro de Mormón contiene muchas de las promesas que el Señor hace a aquellos “que vengan a él”.

Mormón dio instrucciones a las personas de un día futuro en cuanto a lo que debían hacer para encontrar la verdadera felicidad. El día futuro del que habló son nuestros días.

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Una respuesta a Como si os hallaseis presentes

  1. montserrat galicia dijo:

    Es una maravillosa bendicion para nuestros dias, en su infinita misericordia nos es revelado el evangelio de jesucristo y la manera en la q podemos disfrutar de la felicidad eterna.

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