El desarrollo de la fe

Conferencia General Octubre 1986
El desarrollo de la fe
élder A. Theodore Tuttle
del Primer Quórum de los Setenta

“No sobreviviremos en este mundo, temporal ni espiritualmente, a menos que tengamos fe en el Señor, y no me refiero simplemente a una actitud positiva, sino a una fe inamovible en Jesucristo.”

Mis queridos hermanos, sería muy ingrato si no expresara mi agradecimiento a los muchos de vosotros que habéis orado por mi salud en el correr de los últimos meses. La ciencia médica es maravillosa, pero por encima de sus adelantos nos es menester recibir las bendiciones de nuestro Padre Celestial para poder curarnos. Os agradezco de corazón vuestras oraciones en mi favor.

Alguien me contó en cuanto a un dialogo que tuvo un maestro de Primaria con un alumno en su clase de niños de once años. Formuló la pregunta: “Supongan que el Señor les pidiera que construyeran una nave espacial lo suficientemente grande como para llevar en ella a su familia y provisiones de este planeta. ¿Creen que podrían construirla?”

Uno de los niños respondió que sí.

-¿Has construido una nave espacial alguna vez?

-preguntó el maestro.

-No.

-¿Alguna vez construiste una pequeña, en escala?

-No

-¿Has visto una alguna vez?

-Si, en la televisión-y entonces agregó-pero usted dijo que el Señor me pidió que la construyese. Si el Señor me pidiera que lo hiciera, entonces podría hacerlo.

Me pregunto cuántos de nosotros, siendo adultos, tenemos esa clase de fe.

Quisiera leeros del Libro de Mormón un gran ejemplo de este tipo de fe. En el capítulo 17 del 1 Nefi dice:

“Y aconteció que el Señor me habló, diciendo: Construirás un barco, según la manera que yo te mostrare, para que yo pueda llevar a tu pueblo a través de estas aguas” (vers. 8).

Escuchad la respuesta de este gran Nefi:

“Y yo dije: Señor, ¿dónde iré para encontrar el metal para fundir, a fin de que yo pueda hacer las herramientas para construir el barco, según el modo que tú me has mostrado?” (vers. 9).

Y cuando sus hermanos comprendieron que Nefi de hecho se disponía a construir un barco, le dijeron: “Estas loco. No tienes ni idea de cómo construir un barco” (véase vers. 17).

Y fue así que Nefi les enseñó una gran lección sobre la manera de desarrollar fe.

Aprendamos una gran lección de lo que le aconteció a Nefi. El relata las cosas que habían sucedido y que ellos sabían que formaban parte de su legado. Se remontó hasta la época en que los hijos de Israel salieron de Egipto. Se refirió a lo que sucedió a orillas del Mar Rojo cuando los egipcios los perseguían y el Señor los salvó (véanse vers. 26-27).

Después el habla del mana que recibieron en el desierto, del agua que brotó de la roca, y de cómo el Señor los guio por medio de una columna de nube durante el día y de una columna de fuego durante la noche, de cómo se dividieron las aguas del Jordán cuando los sacerdotes que cargaban el arca del pacto pisaron la orilla (véanse vers. 28-30, 32; Éxodo 13:21; Josué 3:15-17). Y también de como esparció al pueblo, y de cómo, cuando llegaron las serpientes voladoras, Moisés hizo una serpiente ardiente, y la puso sobre un asta, y todo lo que ellos tenían que hacer para ser sanados era mirar a esa serpiente.

El relato nos dice que muchos perecieron pues no estaban dispuestos a tan siquiera mirar (véanse vers. 32. 41; Números 21:89).

Nefi hizo lo que nosotros como padres debemos hacer hoy día con nuestras familias: desarrollar fe en el Señor y la forma de hacerlo es relatándoles las experiencias que hayamos tenido nosotros o nuestros antepasados relacionadas con la fe. Tal es el valor de nuestra historia, la cual está llena de ejemplos de fe. Como ya se ha dicho en esta conferencia, a menos que hagamos estas cosas, en una sola generación perderemos la fe. Y a fin de criar a una generación de fe capaz de hacer las cosas que debe hacer en esta época, vosotros y yo debemos generar e incrementar la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Hay otro principio, el de que la fe precede al milagro. En el capítulo 12 de Éter encontramos una importante lección en cuanto a esto. Recordareis que Moroni se encontraba compilando los escritos de las veinticuatro planchas, y esto es lo que escribió:

“Y acaeció que Éter profetizo al pueblo cosas grandes y maravillosas, las cuales no creyeron, porque no las  veían” (vers. 5.)

Puesto que no las veían, no las creían. Les era menester aprender que creer es ver. Y después Moroni agrega lo siguiente:

”Y ahora yo, Moroni, quisiera hablar algo concerniente a estas cosas. Quisiera mostrar al mundo que la fe es las cosas que se esperan y no se ven: por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (vers. 6).

Es algo que debemos aprender. No es posible tener simplemente fe. No podemos disfrutar el milagro sino hasta después del ejercicio de la fe. En las páginas que siguen a estos versículos del Libro de Mormón, Moroni da ejemplos de los milagros que ocurren después de la prueba de la fe de la gente, y esos son principios que también debemos aprender.

Recuerdo que cuando tenía veinte años, fui a una entrevista con el obispo para ir en una misión. Cuando regresé,  mi madre, sonriente, me preguntó:

-Y bien, Ted. ¿Qué te dijo el obispo?
-Me dijo que no podré ir a la misión.
-¿Por qué no?-me preguntó mi madre.
-Porque no tenemos suficiente dinero.

Entonces mi madre dijo:

-Si mi padre pudo dejar dos hijos y otro en camino para ir a su misión, tú también iras.

Yo le contesté:

-Yo lo sé, pero el obispo no.

Como acotación al margen, entiendo que el obispo estaba procediendo como era debido. El me pregunto si yo disponía de dinero, y yo le dije que contaba con unos pocos cientos de dólares que había ganado trabajando durante el verano anterior. Esa cantidad sería suficiente para tan sólo unos meses, así que me pregunto qué haría cuando se acabara. Le dije que mi padre me ayudaría después.

Me preguntó si mi padre contaba con dinero como para enviarme lo que yo necesitaría todos los meses. Le dije que en realidad en ese momento no. Había tenido pérdidas durante la época de la depresión. En ese momento trabajaba como comprador de ganado en pie y lana, y sus ganancias eran a comisión, a lo que se sumaba la inestabilidad de la economía.

Entonces el obispo me dijo que las autoridades de la Iglesia, debido a experiencias lamentables, habían dicho que si una persona no contaba con el dinero para solventar su misión que mejor no se la llamara. Acepte lo que el me dijo y así se lo comunique a mi madre.

Esa noche cuando mi padre llegó tuvimos un consejo familiar. Llegamos a la conclusión de que no disponíamos del dinero en ese momento y que, dadas las circunstancias. tampoco dispondríamos de el en el futuro. Decidimos pedirle ayuda a un vecino de nombre Tom Anderson un hombre de buena posición económica. Cuando le explicamos la situación nos dijo que no nos preocupáramos, que cuando se nos acabaran mis ahorros, el me ayudaría.

Cuando el obispo llegó a abrir su comercio a la mañana siguiente, yo lo estaba esperando, y le dije que Tom Anderson me ayudaría. Él me dijo que eso era todo lo que necesitaba saber.

Lo más interesante del caso es que nunca tuvimos que recurrir al hermano Anderson. De una forma u otra mis padres se las arreglaron para mandarme el dinero necesario todos los meses, con una nota que decía: ”Esto es para este mes, y tendremos lo necesario para el mes que viene”.

Yo soy el producto de una casa de fe. Fue en mi propio hogar donde aprendí las mayores lecciones de fe. Allí me fueron enseñadas. Y penetraron tanto en mi ser que nunca se apartaron de mí. Necesito esa te tanto ahora como nunca, y creo que esto se aplica a todos nosotros.

No sobreviviremos en este mundo, temporal ni espiritualmente, a menos que tengamos fe en el Señor. y no me refiero simplemente a una actitud positiva, sino a una fe inamovible en Jesucristo. Eso es precisamente lo que da vitalidad y poder a las personas que de otra manera serian débiles.

Os dejo mi humilde testimonio de que yo sé que Dios vive: Sé que Él vive y que es nuestro Padre, y que nos ama. Os doy testimonio de que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor.

Ahora entiendo mejor que antes lo que eso significa. Estoy agradecido por su sacrificio expiatorio en provecho nuestro, y por saber algunas cosas en cuanto a nuestra relación con él y con nuestro Padre Celestial, y sobre el propósito y el significado del evangelio de Jesucristo. Estoy agradecido por José Smith. Yo sé que él fue un profeta, y sé que el presidente Ezra Taft Benson es un profeta viviente en la actualidad. De todas estas cosas os doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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