El poner metas y progresar

Conferencia General Abril 1985

El poner metas y progresar

Spencer W. KimballPresidente Spencer W. Kimball

Una presentación en video de porciones de discursos que el presidente Kimball ha dado en sesiones anteriores del sacerdocio en las conferencias generales.

Me complace estar con vosotros esta noche en esta reunión de sacerdocio. Nos da particular agrado ver que padres e hijos vienen temprano a esta reunión, muchos de ellos con una o dos horas de anticipación para asegurarse un buen asiento, y otros miles se apresuraron en su camino al tabernáculo y a numerosos centros de estaca en muchas partes del país. Que los padres y sus hijos anden juntos -es una hermosa prolongación de la vida familiar que tanto amamos, y que el mundo comienza a reconocer como modelo.

“Estamos agradecidos de que estéis presentes; sentimos un gran y sincero afecto por cada uno de vosotros.” (“Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria”, Liahona, sept. de 1974, pág. 32.)

“Nos preocupa sobremanera, hermanos, la necesidad de proveer en forma continua a nuestros jóvenes, oportunidades significativas que sirvan para desarrollar su alma en el servicio al prójimo. Generalmente, los jóvenes no se inactivan en la Iglesia como consecuencia del exceso de responsabilidades significativas; no hay joven que haya sido testigo personal de la forma en que el evangelio se pone en acción en la vida de la gente, que le de la espalda a sus obligaciones en el reino y las abandone.” (“Los héroes de la juventud”, Liahona, ago. de 1976. pág. 38.)

“Es sumamente apropiado para la juventud del Sacerdocio Aarónico, de la misma forma que para los hombres del Sacerdocio de Melquisedec, establecer silenciosa pero decididamente metas personales serias por medio de las cuales puedan mejorar, seleccionando algunas que deseen alcanzar en momentos específicos de sus vidas. Si los poseedores del sacerdocio de nuestro Padre Celestial carecen del indispensable dinamismo, aun cuando estén bien encaminados, tendrán escasa influencia sobre los demás. . . Vosotros sois la levadura de la cual depende el mundo, y debéis utilizar los poderes que poseéis para detener a un mundo errante y sin metas.

“Tenemos la esperanza de poder ayudar a nuestros jóvenes a comprender, más temprano en la vida, que hay ciertas decisiones que solamente se toman una vez. En otras oportunidades he mencionado desde este mismo púlpito algunas determinaciones adoptadas en mi juventud, que me fueron de gran ayuda porque no tuve que volver a tomarlas más adelante. Podemos alejar de nosotros algunas cosas de una vez por todas y dar el asunto por terminado. Podemos tomar una sola decisión sobre aquello que deseamos incorporar en nuestra vida y luego incluírselo, sin tener que reconsiderar y volver a decidir cien veces lo que vamos a hacer y lo que no vamos a hacer.” (“Los héroes de la juventud”, Liahona, ago. de 1976, pág. 39.)

“Permitidme que os hable de una de las metas que me propuse cuando era apenas un jovencito. Al oír a una de las autoridades de la Iglesia decirnos que debíamos leer las Escrituras, recapacite en el hecho de que nunca había leído la Biblia. Esa misma noche, al terminar el sermón, me fui a casa, subí a mi cuarto en la buhardilla, encendí una pequeña lámpara de aceite que se hallaba sobre una mesa, y leí los primeros capítulos de Génesis. Un año después cerré la Biblia, tras haber leído cada uno de los capítulos de ese libro grande y glorioso.

“Descubrí que esa Biblia que estaba leyendo estaba compuesta de 66 libros; estuve a punto de desanimarme cuando vi que contenía 1.189 capítulos comprendidos en 1.519 paginas. Era una tarea formidable, pero sabía que si otros lo habían hecho, yo también podía hacerlo.

“Comprobé que había ciertas partes que eran difíciles de comprender para un joven de catorce años, y algunas páginas no me eran de interés particular; pero después de haber leído los 66 libros y los 1.189 capítulos de las 1.519 páginas, sentí la gran satisfacción de saber que me había impuesto una meta y la había logrado.

“No os relato esto para jactarme; solo lo estoy usando como un ejemplo para decir que si yo pude hacerlo a la luz de una lámpara de aceite, vosotros podéis hacerlo a la luz de una eléctrica. Siempre he sentido gozo por haber leído la Biblia de principio a fin.” (“Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria”, Liahona, sept. de 1974, pág. 34.)

“También recuerdo que sin compulsión por parte de persona alguna, decidí, siendo todavía joven, que jamás violaría la Palabra de Sabiduría. Sabia donde se hallaba escrita, sabia en forma general lo que el Señor había dicho, y sabía que si Él decía que le agradaba que los hombres se abstuvieran de estos elementos destructivos, lo que yo debía hacer era complacer a mi Padre Celestial. Así que resolví firmemente que jamás tocaría ninguna de esas cosas perjudiciales. Habiéndolo determinado en forma absoluta e inequívoca, descubrí que no era muy difícil cumplir la promesa que me había hecho a mí mismo y a mi Padre Celestial. . .

“Para estar seguros de que tendréis una vida plena y útil, debéis prepararos. Los planes que os tracéis mientras sois diáconos pueden aseguraros una vida plena. ¿Habéis empezado a ahorrar dinero destinado a la misión?

“Tal vez no os hayáis decidido con respecto al negocio, la profesión o la carrera que deseáis. Pero hay muchas generalidades que ya podéis incorporar a vuestras vidas, aun cuando todavía no sepáis si queréis llegar a ser abogado, o doctor, o maestro, o ingeniero. Hay muchas decisiones que ya habréis tomado o que deberéis tomar. ¿Que vais a hacer en los años que transcurrirán desde ahora hasta el día en que os caséis? ¿Que vais a hacer con respecto a vuestro matrimonio’?

“En este mismo momento podéis decidir que llegaréis a ser el diácono, el maestro o el presbítero más fiel, y podéis decidirlo con un convenio irrevocable. Podéis ser buenos alumnos podéis usar el tiempo debida y provechosamente, y de esa forma, lograr la felicidad para el resto de la vida.

“Podéis decidir desde ahora que cumpliréis una misión honorable, al llegar a la edad misional, y para ese fin determinaros a ganar dinero, a ahorrarlo y a invertirlo; y que estudiareis, serviréis y aprovechareis toda oportunidad a fin de preparar la mente, el corazón y el alma para ese glorioso periodo de vuestras vidas.” (“Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria”, Liahona, sept. de 1974, págs. 33. 35.)

“Y ya que desde ahora os estableceréis la meta de cumplir una misión, recordad que cuesta mucho dinero ir a las distintas partes del mundo y predicar el evangelio. Recordad por lo tanto que tenéis el privilegio de comenzar a ahorrar dinero.

“Cada vez que recibáis dinero, ya sea como regalo o ganado por medio de trabajo, apartad aunque sea una pequeña cantidad y depositadla en una cuenta de ahorros dedicada a la misión. El ideal es que cada joven logre la mayor independencia económica con respecto a la financiación de su misión, y que trate de depender lo menos posible de sus padres, parientes o amigos. Cada joven de cada país de todo el mundo, que se haya bautizado y haya recibido el Espíritu Santo, tiene la responsabilidad de llevar el mensaje del evangelio a los pueblos del mundo. Vosotros también tenéis esa oportunidad, la cual contribuirá poderosamente a que logréis la grandeza.” (“Los Davids y los Goliats”, Liahona, mar. de 1975, pág. 33.)

“Con frecuencia se hace la pregunta, ‘¿Es el programa misional algo que se impone a los jóvenes?’ Y la respuesta, desde luego, es no. A cada cual le es dado su libre albedrío. . . Se le dice que debe pagar sus diezmos, asistir a las reuniones, vivir una vida limpia y libre de la suciedad del mundo, y hacer planes para un casamiento celestial en el Templo del Señor.” (“Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria”, Liahona, sept. de 1974, pág. 33.)

“Quisiera recordaros, jóvenes, que en estos momentos os encontráis edificando vuestra vida futura, no importa la edad que tengáis. Esta vida puede llegar a carecer de valor, o puede resultar sumamente valiosa y hermosa. Puede estar llena de actividades constructivas o destructivas; puede ser plena de gozo y felicidad o estar plagada de miseria. Todo depende de vosotros y de vuestra actitud, ya que llegareis al lugar a donde os lleve la forma en que respondáis a las distintas situaciones que debáis afrontar. . .

“Mis queridos jóvenes, no podéis conformaros con estar entre el común denominador. Tenéis que vivir vidas libres de toda forma de maldad, ya sea de pensamiento o de hecho; no mentir, no robar, no exasperaros, no fallar en la fe, no cesar de hacer lo bueno, no cometer pecados sexuales de ninguna clase y en ningún momento.

“Vosotros sabéis lo que es bueno y lo que es malo; todos recibisteis el Espíritu Santo después del bautismo. No necesitáis que nadie juzgue por vosotros como justos o injustos, los actos que realizareis. Ya lo sabéis mediante la ayuda del Espíritu. Vosotros mismos estáis pintando vuestro propio cuadro, esculpiendo vuestra propia escultura. De vosotros solamente dependerá que sea aceptable o no.

“Que Dios os bendiga, mis queridos jóvenes. Sé que nuestro Padre Celestial es vuestro verdadero amigo. Todo lo que Él os pide que hagáis es justo y redundara en bendiciones, y hará que lleguéis a ser hombres mejores y más fuertes.” (“Los Davids y los Goliats”, Liahona, mar. de 1975, págs. 30, 34.)

“La juventud de la Iglesia debe comprender que no es necesario que lleguen a ser ancianos, con larga experiencia en la vida, para recibir las bendiciones de la Iglesia. José Smith tenía solamente catorce años cuando tuvo la primera visión, dieciocho cuando se le apareció Moroni, veinticuatro cuando recibió las planchas de oro, veinticinco cuando fue organizada la iglesia y treinta y nueve cuando fue martirizado.

“Thomas B. Marsh tenia treinta y un años, y David W. Patten treinta, cuando llegaron a ser Apóstoles; se trataba de hombres relativamente jóvenes.

“Brigham Young y Heber C. Kimball tenían veintiocho años, Orson Hyde sólo veinticinco, William E. McLellan veinticuatro, Parley P. Pratt veintitrés, Luke Johnson veintidós, William Smith diecinueve, y Orson Pratt, John F. Boynton, y Lyman E. Johnson dieciocho, cuando la Iglesia fue organizada el 6 de abril de 1830. Muchos de esos hombres llegaron a ser Apóstoles en 1835, cuando el Consejo de los Doce fue organizado, y todos ellos eran todavía muy jóvenes cuando se vieron privados de la presencia del Profeta.

“Estos hombres fueron capaces de inspirar a los muchachos. Todos llegaron a ser grandes misioneros. Vosotros, jóvenes, podéis ser misioneros realmente superiores, jóvenes fuertes, grandes compañeros y excelentes líderes de la Iglesia. No necesitáis esperar hasta mañana.

“Que el Señor os bendiga en ese desarrollo paulatino, para que recibáis su inspiración, y podáis pasar las gloriosas bendiciones del evangelio de una generación a otra.

“Esto, mis queridos hermanos, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amen.”

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