Principios fundamentales en las relaciones familiares perdurables

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Principios fundamentales en las relaciones familiares perdurables
por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonEl matrimonio es el cimiento, la piedra angular de la civilización. Ninguna nación puede ser más fuerte que los hogares de sus habitantes. Tanto el matrimonio como la vida familiar son ordenados por Dios.

En un sentido eterno, la salvación es un asunto familiar y Dios hace a los padres responsables de la mayordomía de criar a su familia. Esta es una responsabilidad sumamente sagrada.

Estamos al tanto de los grandes problemas que agobian hoy día a nuestra sociedad. Entre los más obvios están la promiscuidad sexual, la homosexualidad, el consumo de drogas, el alcoholismo, el vandalismo, la pornografía y la violencia. Todos estos problemas tan graves son síntomas del fracaso en el hogar, del abandono de principios y practicas establecidos por Dios desde los comienzos del mundo.

Debido a que los padres se han apartado de los principios que el Señor dio para obtener felicidad y éxito, las familias en todo el mundo están pasando por momentos de trauma y de gran ansiedad. Muchos padres se ven tentados a abandonar las responsabilidades de su hogar para ir en busca de ilusiones que los llenen de “satisfacción”. Algunos han renunciado a sus responsabilidades de padres para adquirir riquezas materiales, porque no están dispuestos a posponer la gratificación personal para atender al bienestar de sus Hijos.

Es hora de despertar al hecho de que se están haciendo grandes esfuerzos para darle a la familia otra estructura repleta de valores humanos diferentes. La representación de la familia v el amor que se muestra en la televisión y en las pantallas del cine con frecuencia nos muestra una filosofía que es contraria a los mandamientos de Dios.

Si existen dudas de que la institución familiar está recibiendo una estructura diferente, reflexionemos en los hechos siguientes:

Casi uno de cada tres matrimonios termina en el divorcio.

La familia tradicional, compuesta del padre, la madre que no trabaja fuera del hogar y los hijos, sólo constituye el catorce por ciento de todas las familias de los Estados Unidos. (Informes de la población de 1980.)

Casi cincuenta por ciento de las personas que trabajan son mujeres.

De estas mujeres que trabajan, alrededor del cincuenta y seis por ciento son madres con niños que todavía no están en edad escolar, y casi el cuarenta por ciento de ellas tienen en su hogar hijos adolescentes.

En los Estados Unidos únicamente se estima que entre ocho y diez millones de niños menores de seis años van a instituciones donde se les cuida durante el día, mientras la madre trabaja fuera del hogar.

Casi una quinta parte de todos los niños en los Estados Unidos viven con sólo uno de sus padres (Informe del censo de 1980).

Ninguna sociedad podrá sobrevivir mucho tiempo sin madres que cuiden a sus hijos y les proporcionen una buena educación, que es tan esencial para su desarrollo normal.

Frases que antes no tenían doble sentido ahora se usan para aprobar practicas pecaminosas. Se usa el término “un estilo de vida optativo” para justificar el adulterio y la homosexualidad; “libertad de escoger” para justificar el aborto; “relación expresiva o significativa” y “satisfacción personal” para justificar las relaciones sexuales extra maritales. Si continuamos como vamos, podemos esperar tener más jóvenes con disturbios emocionales, más divorcios, más depresión y más suicidios.

El hogar es el lugar más eficaz para inculcar valores eternos en sus miembros. Donde la vida familiar está protegida por lazos fuertes de amor y se basa en principios y prácticas del Evangelio de Jesucristo, estos problemas no se presentan a menudo.

Mi mensaje es una invitación para que volvamos a guiarnos por aquellos principios fundamentales que Dios ha prescrito y que aseguran el amor, la estabilidad y la felicidad en nuestros hogares. Permitidme ofreceros tres principios fundamentales para lograr la felicidad y las relaciones familiares perdurables.

Primero: Los cónyuges deben lograr unidad en sus metas, deseos y acciones. El matrimonio en si se debe considerar como un convenio sagrado que se hizo ante Dios. Una pareja casada no solamente tiene una obligación mutua sino que también la tiene hacia Dios, quien ha prometido grandes bendiciones para aquellos que honran ese convenio.

La fidelidad a los votos matrimoniales es absolutamente esencial para que existan el amor, la confianza y la paz. El adulterio, sin ningún lugar a dudas, es condenado por el Señor.

Los cónyuges que se aman se darán cuenta de que el amor y la lealtad son recíprocos. Esta clase de amor proporcionara el medio ambiente adecuado para la evolución emocional de los hijos. La vida familiar debe consistir en un periodo de felicidad y de gozo para que los hijos puedan siempre tenerlo presente entre sus recuerdos más gratos. Escuchad estos sencillos consejos que el Señor dio y que se pueden aplicar al convenio matrimonial:

Primero: “Mirad que os améis los unos a los otros; cesad de ser codiciosos; aprended a compartir unos con otros como el evangelio lo requiere.

“. . . cesad de ser impuros; cesad de inculparos el uno al otro. . . (D. y C. 88:123-124.)

Segundo: “Amarás a tu esposa con todo tu corazón te allegaras a ella y a ninguna otra. (D. y C. 42:22, 24.)

Tercero: “. . . aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo que es el padre de la contención . . . ” (3 Nefi 11:29.)

Y todavía tenemos muchas admoniciones más en las Escrituras.

La moderación y el autocontrol deben ser principios que gobiernen la relación matrimonial. Las parejas deben aprender a ponerle freno tanto a su lengua como a sus pasiones. La oración en el hogar y la oración entre los cónyuges fortalecerán su unión; y gradualmente los pensamientos, aspiraciones e ideas emergerán como si fueran uno hasta llegar a tener los mismos propósitos y metas.

Confiad en el Señor, en las enseñanzas de los profetas y en las Escrituras para obtener guía y ayuda, especialmente cuando puedan surgir desacuerdos y problemas.

El progreso espiritual ocurre cuando los compañeros juntos resuelven los problemas v no cuando huyen de ellos. La forma en que hoy día se destaca el individualismo trae como resultado el egoísmo y la separación. La norma del Señor todavía es que marido y mujer, dos individuos separados, se conviertan en “una sola carne” (Génesis 2:24).

El secreto de un matrimonio feliz es servir a Dios v servirse mutuamente. La meta de un matrimonio es lograr la unidad y la integridad, así como el desarrollo individual. Aunque parezca lo contrario cuanto más se sirvan el uno al otro, mayor será el progreso espiritual y emocional de cada uno de los cónyuges.

De manera que el principio fundamental es trabajar para lograr la unidad con toda justicia.

Segundo: Enseñad a vuestros hijos con amor y siguiendo las admoniciones del Señor. El criar hijos tranquilos y felices no es una tarea fácil en el mundo hoy día, pero se puede lograr y se está logrando. La clave es ser padres responsables.

Y, sobre todo, los niños deben saber y sentir que se les ama, se les necesita y se les aprecia, y es preciso que reciban a menudo esa seguridad. Es obvio que esta es una responsabilidad que les corresponde a los padres, y en la mayoría de los casos la madre puede desempeñarla mejor.

Y ahora, hablando en el sentido eterno de su propia identidad, los niños necesitan saber quiénes son; saber que tienen un Padre Celestial eterno en quien pueden confiar, a quien pueden orar y de quien pueden recibir guía; saber de dónde vinieron, para que su vida pueda tener significado y propósito.

A los hijos se les debe enseñar a orar, a confiar en el Señor para pedirle guía y a expresar su agradecimiento por las bendiciones que reciben. Yo recuerdo que me arrodillaba junto a la cama de mis hijos cuando eran pequeños y les ayudaba a orar.

Se les debe enseñar a distinguir el bien del mal; ellos pueden y deben aprender los mandamientos de Dios. Se les debe enseñar que es incorrecto robar, mentir, engañar, o codiciar lo que otros tienen.

Se les debe enseñar a trabajar en el hogar y en el deben aprender que el trabajo honrado desarrolla la dignidad y el autorrespeto. Deben apreciar la satisfacción que da el trabajo, especialmente cuando se hace bien.

Deben planearse actividades sanas y positivas que los niños lleven a cabo durante su tiempo libre. El pasar mucho tiempo viendo televisión puede ser destructivo y la pornografía que llega al hogar por este medio no se debe tolerar. Se estima que hoy día los niños miran televisión por más de veinticinco horas por semana.

Las comunidades tienen la responsabilidad de proporcionar a la familia entretenimiento sano, porque aquello que una comunidad tolere se convertirá en las normas de mañana para la juventud de hoy.

Los miembros de la familia deben pasar más tiempo juntos trabajando y en actividades recreativas. Las noches de hogar se deben programar una vez a la semana como un periodo de esparcimiento, trabajo, para efectuar proyectos, representaciones teatrales, para cantar junto al piano, para llevar a cabo juegos, gustar platillos especiales y para que la familia ore unida. Así como los eslabones de una cadena van juntos, esta práctica unirá a la familia en amor, orgullo, tradiciones, fortaleza y lealtad.

El estudio familiar de las Escrituras debe ser una práctica en nuestro hogar todos los días de reposo.

Unos minutos diarios de espiritualidad es también una práctica que merece recomendarse, en la que como parte de la rutina diaria se leen las Escrituras, se cantan himnos y se ora en familia.

Tercero. Los padres deben preparar a sus hijos para recibir las ordenanzas del Evangelio. Las enseñanzas más importantes en el hogar son de carácter espiritual. Se exhorta a los padres a preparar a sus hijos para recibir las ordenanzas del evangelio: bautismo, confirmación, ordenaciones al sacerdocio (para los varones) y matrimonio en el templo. Deben enseñarles también a respetar, honrar y santificar el día de reposo.

Y sobre todo, algo de importancia primordial es que los padres deben inculcar en sus hijos el deseo de lograr la vida eterna y ayudarles a que de todo corazón traten de alcanzar esta digna meta. La vida eterna se puede obtener únicamente por medio de la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio.

Cuando los padres han cumplido ellos mismos con las ordenanzas de salvación y han dado el ejemplo del matrimonio en el templo, no sólo su matrimonio tiene mayores posibilidades de éxito, sino que sus hijos van a estar más inclinados a seguir su ejemplo.

Aquellos padres que les proporcionan a sus hijos un hogar semejante tendrán, como lo dijo el Señor, una “casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción… una casa de orden, una casa de Dios” (D y C. 88:119). No importa cuán modesto o humilde sea ese hogar, existirán en él el amor, la felicidad, la paz y el gozo. En el crecerán los hijos siendo justos y honrados, y tendrán el deseo de servir al Señor.

Uno de los antiguos presidentes de la Iglesia dio a los padres este consejo:

“. . . el hogar es lo que necesita reformarse. Procurad hoy y mañana, efectuar un cambio en vuestro hogar orando dos veces al día con vuestra familia; . . . pedid una bendición sobre todo alimento que comáis. Pasad. . . diez minutos leyendo un capítulo de las palabras del Señor (en las Escrituras); . . . abunden en vuestras familias el amor y la paz y el Espíritu del Señor, bondad, caridad, sacrificio en bien de otros. Desterrad las palabras ásperas, . . . y dejad que el Espíritu de Dios se posesione de vuestros corazones. Enseñad a vuestros hijos estas cosas, con espíritu y poder . . . no se extraviaría un niño de cada cien, si el ambiente, el ejemplo e instrucción del hogar concordasen. . . con el Evangelio de Cristo… (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 295-296.)

Os testifico que si se siguen estos preceptos y prácticas, los serios problemas que enfrentan las familias se podrán evitar.

¡Cuán agradecidos estamos al Señor por el gozo que nos proporciona la vida familiar! Con frecuencia he dicho que no puede haber felicidad genuina fuera de un buen hogar, ya que las influencias y asociaciones más dulces y tiernas en la vida se encuentran allí.

Que Dios nos bendiga para que fortalezcamos nuestros hogares con amor y unidad, siguiendo Sus preceptos, es mi oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Una respuesta a Principios fundamentales en las relaciones familiares perdurables

  1. Hna Gonzalez(Antonia) dijo:

    Si hubiese tenido todos estos preseptos cuando mis hijos eren pequeños, entonce hubiera criado hombres para Dios. Esto es un tesoro, es oro molido para las parejas recien casadas y los padres jovenes, y no solo para estos sino tambien para todos que quieran tener una guia en sus vidas. Muchisimas gracias a las Autoridades de laIglesia por preocuparse y educarnos para que seamos felices en la tierra y prepararnos para la vida eterna.

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