El recogimiento de Israel en la tierra de su herencia

Conferencia General Octubre 1981
El recogimiento de Israel en la tierra de su herencia
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la  Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos y hermanas, estoy seguro de que todos sabemos que estamos viviendo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la cual ha de culminar con la segunda venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Entre las señales que se predijeron de su segunda venida se encuentran: la restauración de la Iglesia de Jesucristo, hecho del cual todos somos testigos; el establecimiento de Sión en América; y la predicción de que los hijos de Israel recibirán la tierra de su herencia.

La dedicación del Parque Conmemorativo Orson Hyde en Jerusalén (Liahona, abril de 1980).y las negociaciones diplomáticas entre las naciones que tienen algo que ver con la Tierra Santa han generado mucho interés en esta última profecía.

Debido a esto, ha sido muy interesante para mí, y sé que también lo será para vosotros, estudiar los pasajes del Libro de Mormón referentes a la restauración de los hijos de Israel a la tierra de su herencia, y las revelaciones acerca de la segunda venida de nuestro Salvador.

Poco tiempo después que la colonia de Lehi se estableció en la Tierra Prometida, (unos 580 años antes de Cristo), Nefi, que escribió acerca del futuro nacimiento de Jesucristo, su ministerio y crucifixión, dice:

“Y en cuanto a los que se hallen en Jerusalén, dice el profeta, serán fustigados por todos los pueblos, porque crucifican al Dios de Israel, y apartan sus corazones, desechando señales y prodigios, y el poder y la gloria del Dios de Israel.

Y porque apartan sus corazones, dice el profeta, y han despreciado al Santo de Israel, vagarán en la carne, y perecerán, y serán un escarnio y un oprobio, y serán aborrecidos entre todas las naciones.

No obstante, dice el profeta, cuando llegue el día en que no vuelvan por más tiempo sus corazones contra el Santo de Israel, entonces él se acordará de los convenios que hizo con sus padres.

Sí, entonces se acordará de las islas del mar; sí, y a todos los que son de la casa de Israel yo recogeré de las cuatro partes de la tierra, dice el Señor, según las palabras del profeta Zenós.” (1 Nefi 19:1316.)

Unos años antes de que cruzaran el océano, Nefi habló a sus hermanos “concerniente a la restauración de los judíos en los postreros días” (1 Nefi 15:19):

“Y les repetí las palabras de Isaías, quien se refirió a la restauración de los judíos o de la casa de Israel; y que después que fuesen restaurados, no volverían a ser confundidos ni esparcidos otra vez . . .” (1 Nefi 15:20.)

Unos veinticinco años más tarde, Jacob, el hermano de Nefi, hablando de los habitantes de Jerusalén, dijo:

“… que el Señor  se ha de manifestar a ellos en la carne; y que después que se haya manifestado, lo azotarán y lo crucificarán, según las palabras del ángel que me lo comunicó.

Y después que hayan empedernido sus corazones y endurecido sus cervices contra el Santo de Israel, he aquí, los juicios del Santo de Israel vendrán sobre ellos.  Y se aproxima el día en que serán heridos y afligidos.

Por lo que, después que sean echados de un lado a otro, pues así dice el ángel, muchos serán afligidos en la carne, y no se les permitirá perecer a causa de las oraciones de los fieles; y serán dispersados y heridos y odiados; sin embargo, el Señor será misericordioso con ellos, para que cuando lleguen al conocimiento de su Redentor, sean reunidos de nuevo en las tierras de su herencia.” (2 Nefi 6:9-11.)

Luego, Jacob, el hermano de Nefi, añadió:

“Ahora bien, amados hermanos míos, he leído estas cosas para que sepáis de los convenios del Señor que ha concertado con toda la casa de Israel,

que él ha declarado a los judíos por boca de sus santos profetas, aun desde el principio, de generación en generación, hasta que llegue la época en que sean restaurados a la verdadera iglesia y redil de Dios, cuando sean reunidos en las tierras de su herencia, y sean establecidos en todas sus tierras de promisión.” (2 Nefi 9:1-2.)

“Pero he aquí, así dice el Señor Dios: Cuando llegue el día en que crean en mí, que yo soy Cristo, he pactado con sus padres que entonces serán restaurados en la carne, sobre la tierra, a los países de su herencia.

Y acontecerá que serán congregados de su larga dispersión, desde las islas del mar y desde las cuatro partes de la tierra; y serán grandes a mis ojos las naciones de los gentiles, dice Dios, en llevarlos a las tierras de su herencia.” (2 Nefi 10:7-8.)

Poco tiempo antes de morir, Nefi, profetizando la historia futura de los judíos, dijo que después de la crucifixión y resurrección de Jesucristo “los judíos serán dispersados entre todas las naciones; sí, y también Babilonia será destruida; por consiguiente, otras naciones dispersarán a los judíos.”

Fue Babilonia, por supuesto, la que dispersó a los judíos, antes del nacimiento de Cristo.

“Y después que hayan sido dispersados, y el Señor Dios los haya castigado por otros pueblos, por el espacio de muchas generaciones, sí, de generación en generación, hasta que sean persuadidos a creer en Cristo, el Hijo de Dios, y la expiación, que es infinita para todo el género humano; y cuando llegue ese día en que crean en Cristo, y adoren al Padre en su nombre, con corazones puros y manos limpias, y no esperen más a otro Mesías, entonces, en esa época, llegará el día en que sea menester que crean estas cosas.

Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído (2 Nefi 25:1517.)

Jesucristo, que ya había resucitado, dijo, refiriéndose a nuestros días en que el evangelio sería restaurado entre los gentiles, como en realidad se ha efectuado:

“… si cuando hayan recibido” (se refiere a los gentiles) “la plenitud de mi evangelio, endurecen luego sus corazones en contra de mí… me acordaré del convenio que he hecho con mi pueblo; y he concertado con ellos que los recogería en mi propio y debido tiempo, y que otra vez les daría por herencia la tierra de sus padres, que es la tierra de Jerusalén, que para ellos es la tierra prometida para siempre, dice el Padre.

Y sucederá que llegará el día en que les será predicada la plenitud de mi evangelio;

y creerán en mí, que soy Jesucristo, el Hijo de Dios; y orarán al Padre en mi nombre.

Entonces levantarán la voz sus centinelas, y cantarán unánimes; porque verán ojo a ojo.

Entonces los juntará de nuevo el Padre, y les dará a Jerusalén por tierra de su herencia.

Entonces prorrumpirán en gozo: ¡Cantad juntamente, lugares desolados de Jerusalén; porque el Padre ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén! …

En verdad, en verdad os digo que todas estas cosas ciertamente se verificarán, tal como el Padre me lo ha mandado.  Entonces se cumplirá este convenio que el Padre ha hecho con su pueblo; y entonces Jerusalén volverá a ser habitada por mi pueblo, y será la tierra de su herencia.

Y de cierto os digo, os doy una señal para que sepáis la época en que estarán a punto de acontecer estas cosas…

… en aquel día, sí, cuando sea predicado este evangelio entre el resto de este pueblo.  De cierto os digo que en ese día empezará la obra del Padre entre todos los dispersos de mi pueblo, sí, aun las tribus que han estado perdidas, las cuales el Padre ha conducido de Jerusalén.

Sí, empezará por el Padre la obra entre todos los dispersos de mi pueblo, para preparar la vía por la cual puedan venir a mí, a fin de que invoquen al Padre en mi nombre.

Sí, y entonces empezará, por el Padre, la obra de preparar la manera, entre todas las naciones, por la cual su pueblo pueda volver a la tierra de su herencia.” (3 Nefi 20:28-34, 46; 21:1, 26-28.)

Mormón, al concluir el compendio del relato del ministerio de Jesucristo entre los nefitas, dijo:

“Y ahora, he aquí os digo que cuando el Señor, en su sabiduría, juzgue prudente que lleguen estas cosas a los gentiles, según su palabra, entonces sabréis que ya empieza a cumplirse el convenio que el Padre ha hecho con los hijos de Israel, concerniente a su restauración a las tierras de su herencia.

Y podréis saber que las palabras del Señor, que han proferido los santos profetas, se cumplirán todas; y no tendréis que decir que el Señor demora su venida a los hijos de Israel.

Y no os será menester imaginaros en vuestros corazones que son en vano las palabras que se han hablado, pues he aquí, el Señor se acordará del convenio que ha hecho a su pueblo de la casa de Israel…

Sí, y ya no tenéis necesidad de escarnecer ni menospreciar a los judíos, ni hacer burla de ellos, ni de ninguno del resto de la casa de Israel; porque he aquí, el Señor se acuerda de su convenio con ellos, y hará con ellos según lo que ha jurado.” (3 Nefi 29:1-3, 8.)

Casi al final del registro que Moroni depositaría en el cerro de Cumora, y el cual José Smith sacaría a luz 1.400 años más tarde, el profeta Mormón escribió:

“Y se escriben estas cosas para el resto de la casa de Jacob… y se ocultarán para el objeto del Señor, a fin de que aparezcan en su debido tiempo…

Y he aquí, irán a los incrédulos entre los judíos; e irán con este fin: que sean convencidos de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente; para que el Padre realice, por medio de su muy Amado, su grande y eterno propósito de restaurar a los judíos, o a toda la casa de Israel, a la tierra de su herencia, que el Señor su Dios les ha dado, para el cumplimiento de su convenio.” (Mormón 5:12, 14.)

Estas profecías, hechas por los profetas del Libro de Mormón, dan por sentado que el recogimiento de la casa de Israel en la tierra de su herencia ocurrirá cuando acepten a Jesucristo como su Redentor.  Y de ello testifico en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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