Resistamos al mal

Conferencia General Octubre 1975

Resistamos al mal

Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce

Agradecido por la inmensa responsabilidad de hablaros, busco hoy la guía del Espíritu Santo.

Recientemente vino a verme un joven bien parecido, buen alumno, simpático pero profundamente atribulado; me explicó que durante largo tiempo había llevado una conducta inmoral, pero que habían empezado a atormentarlo serias dudas.

“¿Qué le provocó este cambio de actitud?”, le pregunté.

Me mostró un pequeño anillo en su meñique; tenía un hermoso brillante incrustado en oro y noté que me lo mostraba con orgullo. “Perteneció a mi abuelo”, me dijo: “Antes de morir se lo dio a mi padre, que era su hijo mayor y mi padre me lo dio a mí, su hijo mayor. La otra noche me encontraba con un amigo, uno como yo, quien conociendo la historia de mi anillo me preguntó: ¿Y a quién se lo vas a dar tú? Supongo que serás el último de la familia.”

“Sus palabras me sacudieron”, continuó. “Jamás había pensado en ello ¿A dónde voy?, me pregunté. Voy cuesta abajo por un callejón sin salida, donde no hay luz, ni esperanza ni futuro. Y de pronto comprendí que necesitaba ayuda.”

Hablamos de las influencias que lo habían colocado donde se hallaba, del hogar del cual provenía, de su relación con otros jóvenes, de los libros y revistas que había leído, de las películas que había visto; me contó de muchos amigos en circunstancias similares o peores.

Esa noche al caminar de mi oficina a mi casa, no podía borrar de mi mente la figura trágica de aquel joven que ahora se encontraba confrontando el hecho de que mientras continuara la misma clase de vida, jamás podría tener un hijo propio a quien pudiera algún día, legarle el anillo de su abuelo. El temor al futuro tenebroso lo había hecho pedir ayuda.

Después de la cena, tomé el periódico matutino que no había leído todavía y hojeando sus páginas, mis ojos se detuvieron en la sección de los cines. Muchas de las películas eran una franca invitación a presenciar aquello, que es corrupto y que conduce a la violencia y el sexo.

Revisé la correspondencia y encontré una pequeña revista que enumera los programas de televisión para la semana y vi que los títulos de algunos programas no eran mucho más prometedores en cuanto a moral. Sobre mi escritorio había una revista noticiosa cuyo contenido tiene por objeto señalar el paso acelerado del crimen mostrando en una de sus gráficas que, mientras la población aumentó únicamente en un 11 % en 1963 y 1973, el promedio del crimen ascendió a la impresionante cifra de 174%. Los artículos mencionan la inversión adicional de billones de dólares en el departamento de policía y la construcción de prisiones más grandes.

La corriente de suciedad pornográfica, la atención desmedida enfocada en el sexo y la violencia no son cosas raras en este país; la misma situación prevalece en Europa y en muchos otros lugares. Las noticias hablan de la producción de una película en Dinamarca, repugnante, erótica y blasfema que se producirá sobre la vida del Hijo de Dios. Todo este panorama sombrío muestra cómo se filtra la corrupción en las fibras mismas de la sociedad.

Nuestros cuerpos legislativos y tribunales están siendo afectados por este cambio. Las restricciones legales contra el comportamiento inmoral están desintegrándose bajo los decretos legislativos y las opiniones de los tribunales. Y todo esto en nombre de la libertad de palabra, libertad de prensa y libertad de elección en los llamados “asuntos personales”. Mas el fruto amargo de estas seudolibertades ha sido la esclavitud de hábitos y comportamientos corruptos que conducen sólo a la destrucción. Un profeta hablando acertadamente hace ya mucho tiempo, describió el proceso cuando dijo: “Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno” (2 Nefi 28:21)

Por otro lado, me complace saber que hay millones y millones de personas buenas en esta y otras tierras; en la mayoría de los casos los esposos son fieles a sus esposas y viceversa, los hijos reciben una educación de sobriedad, industriosidad y fe en Dios; teniendo en cuenta esto, soy de los que creen que la situación está muy lejos de ser desesperada. Me alegra saber que no hay necesidad de quedarse parado y dejar que la suciedad y la violencia acaben con nosotros como tampoco la hay de salir corriendo por la desesperación. La marea a pesar de lo alta y amenazante que es, puede bajar si tenemos suficientes personas como las que he mencionado, que unan sus fuerzas, a las de aquellos que ahora trabajan eficazmente. Creo que el desafío de resistir el mal, es uno del cual los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no pueden zafarse.

Y si hemos de comenzar que sea ahora.
Con esa idea me gustaría sugerir cuatro puntos de partida:

Primero: Comencemos con nosotros mismos. La reforma del mundo comienza con nuestra propia reforma. Uno de los artículos fundamentales de nuestra fe es: “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos” (Artículo de Fe 13).
No podemos esperar influenciar a otros en dirección a la virtud a menos que vivamos en una forma virtuosa; el ejemplo de nuestra propia vida transmitirá un mensaje más poderoso que todas las predicaciones que hagamos. No podemos esperar elevar a otros a menos que nosotros mismos nos encontremos en un terreno más elevado.

El autorrespeto es el principio de la virtud en el ser humano. Aquel que sabe que es un hijo de Dios creado a la imagen de un Padre divino y dotado con un potencial para ejercer virtudes grandes y sobrehumanas, se disciplinará en contra de los elementos sucios y lascivos a los cuales todos estamos expuestos. Las palabras de Alma a su hijo Helamán fueron: “procura confiar en Dios para que vivas” (Alma 37:47)

Fue por algo más que un interés pasajero que el Señor, al hablar ante la multitud, incluyó esta maravillosa declaración: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Y un sabio dijo en una ocasión: “Conviértete en un hombre honesto y habrá un pillo menos en el mundo.”

Shakespeare puso en boca de uno de sus personajes este mandato persuasivo: “Sé sincero contigo mismo, y de ello, se seguirá, como la noche al día que no puedes ser falso con nadie” (Hamlet, Escena III).

Quisiera dar a cada hombre que me escucha el desafío de elevar sus pensamientos de la suciedad, de disciplinar sus actos y convertirlos en un ejemplo de virtud, controlar sus palabras a fin de que hable únicamente aquello que eleve y conduzca al progreso espiritual.

Y ahora el segundo punto: Un mejor mañana comienza con la capacitación de una generación mejor. Esto coloca sobre los padres la responsabilidad de llevar a cabo una obra más eficaz en la crianza de sus hijos. El hogar es la cuna de la virtud, es donde se forma el carácter y se establecen los hábitos. La noche de hogar es la oportunidad de enseñar los caminos del Señor.

Sabéis que vuestros niños leerán: leerán libros, revistas y periódicos. Cultivad en ellos el gusto por las cosas buenas. Mientras sean muy pequeñitos, leedles las grandes historias que se han convertido en inmortales por las virtudes que enseñan; exponedlos a los buenos libros. Escoged un rincón en algún lugar de vuestra casa, por muy pequeño que sea en donde vean por lo menos, unos cuantos libros de los que puedan alimentar y nutrir su mente.

Colocad revistas buenas al alcance de la mano, las que produce la Iglesia y otras que estimulen sus pensamientos hacia nobles ideales. Dejad que lean un buen periódico a fin de que se enteren de lo que está sucediendo en el mundo, sin tener que estar expuestos a la propaganda y literatura degradante tan extensamente difundida. Cuando haya una buena película en la localidad, id a verla con vuestra familia; vuestra asistencia estimulará a aquellos que deseen producir esta clase de entendimiento. Y utilizad el más extraordinario de todos los artefactos de la comunicación, la televisión en beneficio de su vida; hay muchos programas buenos pero es necesario seleccionar. El presidente Kimball habló ayer de los esfuerzos de algunas redes de televisión por presentar durante las horas más solicitadas de la noche, programas adecuados para la familia. Haced llegar vuestro agradecimiento por los buenos programas a aquellas personas que tienen este trabajo bajo su responsabilidad así como vuestro desagrado por los que no están a la altura de nuestras normas; casi siempre obtenemos lo que pedimos; el problema es que muchos de nosotros no pedimos y, lo que es más frecuente aún, omitimos expresar nuestro agradecimiento por todo aquello que es bueno.

Haced que haya música en vuestro hogar. Si tenéis adolescentes que tengan sus propios discos, os sentiréis inclinados a rechazar la idea de que se pueda llamar música a esos sonidos; acostumbrados a escuchar música clásica; exponeos a la buena música desde niños y comprobaréis los resultados. Su aprecio por lo bueno, aumentará más de lo que os imagináis, tal vez no os lo digan pero lo notaréis y su influencia se manifestará gradualmente a medida que pasen los años.

Vayamos al tercer punto: La formación de la conciencia pública comienza cuando se hacen oír algunas voces interesadas. No soy partidario de los gritos desafiantes ni los puños cerrados frente a los legisladores. Pero sí creo que debemos expresar nuestras convicciones ferviente, sincera y positivamente a aquellos que cargan la pesada responsabilidad de elaborar y hacer cumplir nuestras leyes. La triste realidad es la que minoría que exige liberalización, que vende y devora pornografía, que estimula y se alimenta de exhibiciones licenciosas se hace oír hasta que los miembros de nuestros cuerpos legislativos llegan a creer que la voz de esos grupos representa la voluntad de la mayoría. Es imposible que obtengamos las cosas que queremos si no luchamos por ellas.

Que nuestras voces se hagan oír. Espero que no sea en forma estridente, sino que tengan tal convicción, que aquellos que nos escuchan conozcan la profundidad de nuestro sentimiento y la sinceridad de nuestro esfuerzo. Una carta bien escrita, frecuentemente acarrea consecuencias inesperadas. De una discreta conversación con las personas que tienen influencia en estos asuntos, se pueden obtener increíbles resultados.
El Señor declaró a nuestro pueblo: Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una obra grande. Y de las cosas pequeñas nacen las grandes.

“He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente obediente. . .” (D. y C. 64:33-34).
Esta es la clave del asunto: “el corazón y una mente obedientes. Hablad con aquellos que promulgan los reglamentos, los estatutos, y las leyes en el gobierno local y nacional y a los que ocupan cargos de responsabilidad como administradores de nuestras escuelas. Claro que habrá algunos que os cerrarán la puerta, otros que se mofarán y esto os provocará el desaliento. Siempre ha sido así. Edmund Burke, hablando en la Cámara de los Comunes en 1783 declaró, refiriéndose al defensor de una causa impopular:

“Bien conoce las trampas esparcidas en su camino. . Lo difaman e insultan por motivos supuestos. El recordará que es necesario sufrir la injusticia en el camino a la gloria, . . . que soportar la calumnia y el abuso es una parte esencial del triunfo” (Cita en el prólogo de Profiles in Courage por John F. Kennedy, Nueva York: Harper Row, 1964, pág. xviii).
En su defensa ante Agripa, el apóstol Pablo relató su conversión milagrosa mientras se encontraba rumbo a Damasco, declarando que la voz del Señor le había mandado: “Levántate y ponte sobre tus pies” (Hechos 26:16).
Yo creo que el Señor nos diría en la época actual: “Levantaos y poneos sobre vuestros pies y defended la verdad, la bondad, la decencia y la virtud.”

Y finalmente, mi cuarto punto: La fuerza para luchar se basa en la fortaleza que obtenemos de Dios. El es la fuente de todo poder verdadero. Pablo hablando a los efesios, dijo:

“Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza.
“Vestios de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
“Por tanto, tomad armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10-13).

Hermanos, la marea del mal crece y se ha convertido en un verdadero torrente. La mayoría de nosotros, que hasta cierto punto vivimos protegidos del mundo exterior, tenemos poca idea de sus vastas dimensiones. Millones de dólares se invierten anualmente en pornografía y en la venta de material lascivo así como en todo lo relacionado con la bestialidad, la perversión, el sexo y la violencia. Dios nos da la fuerza, la sabiduría, la fe y el valor como ciudadanos de levantarnos contra estas amenazas y hacer oír nuestras voces en defensa de las virtudes que se practicaron en el pasado y fortalecieron a hombres y naciones; las que, cuando se ignoraron, ocasionaron la decadencia de la civilización.

Dios vive. El es nuestra fortaleza y nuestra ayuda. A medida que luchemos, descubriremos que se nos van uniendo legiones de buenos hombres y mujeres. Esta es mi humilde oración en el nombre de aquel por quien; testifico, el Señor Jesucristo. Amén.

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