El día de reposo

Conferencia General Abril 1975
El día de reposo
Por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenUno de los primeros principios que el Señor enseñó al profeta José Smith al comienzo de esta dispensación, fue que debía tomar muy en serio los mandamientos divinos.

A fin de grabar esto en la mente de José, el Padre le quitó el poder de traducir; lo regañó por la pérdida de las 116 páginas del manuscrito del Libro de Mormón y lo reprendió cuando su familia no vivía el evangelio como debía.

El Señor entonces firmemente mandó a su joven siervo: “No juegues con las cosas sagradas” (D. y C. 6:12).

Hablando después acerca de la traducción de los registros antiguos, el Señor otra vez mandó: “No juegues con estas cosas” (D. y C. 8:10).

Y cuando el Señor dio instrucciones respecto al trabajo misional, El nuevamente pidió que los hermanos tomaran su palabra seriamente y declaró: “Y darán oído a estas palabras sin frivolidad y los bendeciré” (D. y C. 32:5).

Tampoco nosotros debemos jugar con el Señor, ni con su palabra porque, como él mismo dijo: “Yo, el Señor no he de ser burlado” (D. y C. 63:58).

Pero, a pesar de todo lo que el Señor ha dicho, la humanidad todavía juega con su palabra y ya sea por negligencia o franca desobediencia, dejan a un lado su palabra siguiendo su alegre camino.

Una de nuestras inconsistencias más evidentes es nuestra actitud hacia el día de reposo.  Este es un día sagrado, y no debemos jugar con él.

Ninguna ley en las Escrituras ha sido más claramente definida que esta del día de reposo. Desde el tiempo de Génesis hasta nuestros días actuales nunca ha habido un tema del que se haya hablado más directa o repetidamente que el del día de reposo.

Esta es una de las leyes más apreciadas para el corazón de Dios.  Y aún es más notada en su profanación que en su aceptación y propia observancia.

Constantemente hablamos de la mundanidad de estos días y se habla del hecho de que nuestra juventud se encara a tentaciones más serias que los jóvenes de generaciones pasadas y probablemente esto es cierto. También, actualmente parece que muchos padres de familia han sido atrapados en la vanidad mundana como sucedió con los padres de la generación anterior.

¿Qué podemos hacer para protegernos de estas peligrosas circunstancias? ¿Cómo podremos ayudar mejor a nuestros jóvenes para que permanezcan limpios de las manchas del mundo? (D. y C. 59:9.)

El Señor nos da la respuesta, y dice que puede ser hecho por la sincera observancia del día de reposo.  La mayoría de las personas nunca han pensado de esta manera, pero notad las palabras del Señor a este respecto:

“Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo” —notad estas palabras— “Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo” (D. y C. 59:9).

Meditad un poco en estas palabras. ¿Sincera y realmente creemos en Dios? ¿Estamos convencidos de que El sabe de lo que está hablando?  Si lo estamos, entonces ¿tomaremos a Dios y a su palabra seriamente? ¿O seguiremos jugando con la revelación divina?

El Señor sabe de lo que está hablando.  La observancia del día de reposo nos ayudará a permanecer más completamente limpios del mundo.

Si evitamos seriamente la contaminación del mundo, ¿no debemos tomar su palabra literalmente, creerla y practicarla?

Debemos estar dispuestos a admitir que estamos rodeados de cosas mundanas y seductoras y nunca debemos cerrar los ojos ante este hecho.

Para tener una somera idea de la situación, preguntad a vosotros mismos cuánto licor consumen vuestros vecinos, tanto los adultos como los jóvenes. ¿Cuánto tabaco se usa? ¿Qué situación ocupan las drogas? ¿Cuán rápidamente está aumentando la criminalidad en la comunidad donde vosotros vivís? ¿Y el vandalismo? ¿Y la inmoralidad? ¿Están llegando estas cosas a vuestra familia? ¿Está involucrado en algo alguno de vuestros hijos? ¿Estáis atemorizados y frustrados por ello?

¿Entonces por qué no aceptar un remedio divino para combatir esta situación?  La observancia del día de reposo y la asistencia a la Iglesia son un mandato de Dios.

¿Debemos tomar su palabra seriamente y cumplir con ella o debemos considerar el día de reposo como un juego en nuestras vidas, ignorando y sufriendo las consecuencias del mal?

¿No encontramos un profundo significado en lo que el Señor ha dicho?  Escuchad nuevamente sus palabras: “Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración, y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo” (D. y C. 59:9).

He aquí la respuesta inspirada para nuestro mortificante problema.  El Señor sigue diciendo: “Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo” (D. y C. 59:10).

Este pasaje requiere que no sólo desistamos de nuestras prácticas cotidianas en este día santo, sino que lo hagamos’ con un propósito particular en mente, el cual es pagar apropiadamente nuestras devociones al Altísimo.  En palabras llanas y francas, se nos manda cambiar nuestra rutina e ir a la Iglesia y adorar a Dios en el día de reposo.

La revelación entonces continúa: “Sin embargo, tus votos se rendirán en justicia todos los días y a todo tiempo” (D. y C. 59:11).

En otras palabras, el Señor no nos está enseñando una religión exclusiva del domingo, debemos ser constantes, obedientes y adoradores todos los días. ¿Podría cualquiera desarrollarse espiritualmente si adopta hacia la religión esa actitud de sólo los domingos?

Por supuesto, en este día santo tenemos que hacer algo más que ir a la iglesia.  Debemos adorarlo, por supuesto, pero debemos también limpiarnos en preparación de esa adoración, confesando nuestros pecados y arrepintiéndonos sinceramente.  Esto nos recuerda lo que dijo el Señor en el Sermón del Monte: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24).

Así dice El en la revelación moderna:

“Pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos y ante el Señor” (D. y C. 59:12).  Los obispos son los hermanos que deben ser consultados respecto a nuestros pecados.

¿Podemos ver, cómo la debida observancia del día de reposo influirá en nuestra vida diaria para bien?

Continuando la definición de lo que es aceptable para él en su día santo, el Señor dice: “Y en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón” (D. y C. 59:13).

Si no vamos a hacer ninguna otra cosa en domingo mas que dedicar el día a propósitos santos, ¿cuál es nuestra situación si voluntariamente elegimos operar nuestro negocio, si patrocinamos tales negocios o si concurrimos a lugares de recreo en domingo?

Sabemos que hay empleados en ciertos servicios esenciales, tales como hospitales y otras instituciones que trabajan las 24 horas del día, quienes no tienen ninguna opción sobre las condiciones de su trabajo.  Nosotros no hablamos de ellos; pero la mayoría de las personas no tienen esa clase de empleo y pueden tener control sobre su propio tiempo.

¿Podrían mejor ir a esquiar, a nadar, ir al cine, o manejar su negocio en domingo que ir a la Iglesia?  Si la respuesta es sí, ellos han de preguntarse si no han perdido poco a poco la fe a tal grado que estén adoptando otro evangelio —un evangelio de diversiones dominicales y de hacer negocio.

¿Por qué no tomamos en serio al Señor en lo concerniente al día de reposo?  Sabemos que no debemos jugar con las cosas sagradas y que el día de reposo es su día sagrado.

En el tiempo de Moisés, el Señor declaró de una manera impresionante que la manera en que nosotros ocupamos el día de reposo, es un signo de nuestra actitud interior hacia El.  Es una medida de la sinceridad de nuestra fe: “Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel” declaró el Padre, (Éxodo 31:17) y agregó:  “Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros” (Éxodo 31:14).

En ese día El hizo de su violación, una ofensa capital y los violadores eran castigados con la muerte.  Entonces, ¿no era importante la observancia del día de reposo para el Señor? ¿Es menos importante ahora? ¿Habrá cambiado su manera de pensar?

El también le dio el día de reposo al antiguo Israel, como una señal de que El vive; un signo, como El dijo: “Para que sepáis que yo soy Jehová” (Éxodo 31:13).  Entonces el día de reposo viene a ser un edificador del testimonio, porque si lo guardamos, nuestro conocimiento y nuestra fe en el Señor aumentará y esto es beneficioso para nosotros.

Si violamos su día santo voluntaria y gustosamente ¿hasta ese momento comenzaremos a ser enemigos de Dios?  Ciertamente nosotros venimos a ser quebrantadores de convenios, porque El nos dio el día de reposo por convenio un pacto perpetuo a través de todas las generaciones. (Véase Éxodo 31:16.)

El presidente David O. Mckay llamó la atención a otra fase de suma importancia en cuanto a este asunto.  El dijo que el día de reposo cristiano, por supuesto se celebra en domingo, el primer día de la semana, en conmemoración del Salvador.  El llama la resurrección del Salvador al más grande evento de toda la historia y hace notar que por la debida observancia del día de reposo, mostramos nuestro respeto por la pasión y resurrección del Señor. (Gospel Ideals, Deseret New Press, 1953, págs. 397-98.)

Con esto en mente, preguntémonos ¿cuán importante es para nosotros el sacrificio expiatorio de Jesucristo? ¿Cuán apreciable es para nosotros? ¿Cuán profundamente nos importa la inmortalidad? ¿Es la resurrección de interés vital para nosotros?

Podemos ver fácilmente que la observancia del día de reposo es una indicación de la profundidad de nuestra conversión.

El que observemos o no el día de reposo es una inequívoca medida de nuestra actitud personal hacia el Señor y hacia sus sufrimientos en el Getsemaní, su muerte en la cruz, y su resurrección de los muertos.  Esta es una señal de si somos cristinos en verdad o si nuestra conversión es tan superficial que la conmemoración de su sacrificio expiatorio significa poco o nada para nosotros.

¿Nos damos cuenta de que muchos días de fiesta nacionales son observados más ampliamente que el día de reposo, en cuanto se refiere a su divino propósito?

Entonces, ¿hemos puesto a Dios en segundo o tercer término? ¿Y es esto lo que queremos hacer? ¿Es ahí donde él debe estar?

Os doy mi testimonio de que observar debidamente el día santo del Señor, es algo de lo más importante que podemos hacer.  Este es un paso esencial para nuestra salvación eterna.

No creo que podamos ser salvos si constantemente violamos el día de reposo y arrojamos nuestra desobediencia a la cara del mismo Dios que esperamos que nos salve.

¿Cómo nos atrevemos a jugar con el día de reposo?

¿Cómo nos atrevemos a jugar con el Dios Altísimo?

El Señor declara que para calificar y poder entrar en su presencia debemos vivir con “cada palabra que sale de la boca de Dios” (Véase D. y C. 84:44), y la ley del día de reposo es una de las leyes más importantes en el plan del evangelio.

Que podamos tener el valor y el buen sentido de guardarlo, lo ruego humildemente en el nombre sagrado de Jesucristo.  Amén.

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Una respuesta a El día de reposo

  1. Me encanta este discurso aun cuando hayan pasado tantos años

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