Música inspiradora: pensamientos dignos

Conferencia General Octubre 1973
Música inspiradora: pensamientos dignos
Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce

 

El presidente lee concluyó la conferencia de abril con la declaración de que en sus 32 años como Autoridad General aprendió que los sermones más inspirados siempre están acompañados de bella e inspiradora música.  Yo estoy agradecido esta mañana de estar acompañado por las bellas interpretaciones del coro.

“La música”, dijo Addison*, “es el único de los placeres sensuales que la humanidad puede consumir en exceso sin lastimar sus sentimientos morales o religiosos.”

Si esto era verdad en su época, actualmente no siempre lo es, la música, una vez inocente, ahora muchas veces es usada para fines malvados.

Durante muchos siglos, a ideas y palabras de la peor especie, se le ha puesto música, la cual es inocente en sí misma.  A una música que de otra manera sería buena, se le pone palabras grotescas que extravían a los hombres.

Recientemente, la Primera Presidencia volvió a dar este consejo:

“Por medio de la música, la habilidad del hombre para expresarse se extiende más allá de los límites del lenguaje hablado, tanto en sutileza como en poder.  La música puede usarse para exaltar e inspirar o para llevar mensajes de degradación y destrucción.  Por tanto, es importante que, como Santos de los Últimos Días, en todo tiempo apliquemos los principios del evangelio y busquemos la guía del Espíritu para seleccionar la música de la cual nos rodeamos” (Priesthood Bulletin, agosto de 1971).

En nuestros días, la música misma ha sido corrompida, la música puede por su movimiento, su compás o su intensidad embotar la sensibilidad espiritual de los hombres.

Los estudios que mencionan efectos fisiológicos que provienen de la música estridente de hoy, omiten algo más serio respecto a ella.

Nuestra juventud ha crecido con un tipo de música estridente y rápida, más propia para agitar que para pacificar, más indicada para excitar que para calmar.  Aun así, la amplitud de la música incluye variedades suficientemente suaves, las cuales son inofensivas y llamativas para nuestra juventud; pero hay otra variedad que es “pesada” y es ahí donde está el problema.

Uno de los signos de la apostasía en la iglesia cristiana actual es la tendencia por parte de sus ministros de introducir, en aquello que había sido hasta hace poco las más sagradas reuniones religiosas, la música que esté a tono con las drogas y la cultura del rock duro. Tal música tiene muy poca virtud y es repelente para el Espíritu de Dios.

Lo triste de ello es que con esta tontería no ha conseguido los fines que persigue.  Sus jóvenes, no se han acercado a ellos como esperaban; más bien, el pueblo joven está formando sus propias así llamadas iglesias, buscando a tientas algo que ellos saben que les hace falta en sus vidas.

Algunos han criticado cuando nuestros líderes han ejercido restricciones sobre la clase de música que se puede permitir en las actividades de la Iglesia.

“¿Quieren perder a su juventud?” preguntaron.

Quisiera recordar a todos esos críticos, que no es el deber de los dirigentes, deslizar la Iglesia, como si estuviera sobre ruedas, esperando ponerla en el camino en que los hombres o la juventud estén satisfechos.

El presidente J. Reuben Clark dijo:

“Nosotros no podemos, bajo nuestra responsabilidad, propiciar o tolerar ninguna diversión malsana, bajo la excusa de que si no proporcionamos a la juventud estas diversiones ellos se irán a buscarlas a otra parte.  Nosotros no podemos instalar una ruleta en el salón de diversiones de la Iglesia, con la excusa de que si no se lo proporcionamos a la juventud, irán a un garito a jugar.  Nosotros no queremos atraer a nuestra juventud por ese medio.  Nuestra tarea es ayudar a los hogares a formar mejores normas en la mente de la juventud.”

Y así urgimos a los padres en la Iglesia a mostrar interés tanto en los discos y las cintas que sus hijos compran, como en los libros y revistas que llevan a casa.

Hay muchos padres que no toleran una revista pornográfica en sus casas, pero que inconscientemente proporcionan dinero para música, la cual, en su influencia, puede ser igualmente dañina.

Alguien dijo recientemente que ninguna música puede ser degradante, sino que la música en sí misma es inofensiva e inocente.

Si esto fuera verdad, entonces debe haber otra explicación para las circunstancias en donde líderes locales han provisto un edificio grande, llamativo, y de buen aspecto, y han reunido ahí a un grupo de jóvenes vestidos modestamente, educados y bien arreglados y entonces, cuando se introducen los sonidos amplificados de música rock, se deja sentir una influencia por todo el salón, la cual es contraria al Espíritu de Dios.

La juventud de la Iglesia, de una manera general, se ha ajustado a normas razonables para el arreglo personal y la manera de vestir de nuestros días.  Nuestros jóvenes pueden vestir con decencia y modestia sin apartarse demasiado de la moda, o verse muy diferentes o raros.

Hemos definido muchas veces, por medio de nuestras organizaciones juveniles y en nuestras escuelas de la Iglesia, nuestras normas respecto a la forma de vestir y al arreglo personal y hemos tenido mucho éxito.

En comparación, no hemos dado suficientes consejos y atención, pienso, a la música que nuestra juventud consume.  Y “consumir” es una palabra apropiada.  Hay mucha música moderna que los jóvenes pueden gozar, si evitan la música ensordecedora.

Los padres y dirigentes de la Iglesia que aconsejan a la juventud respecto a esta, pronto aprenden que tienen que moverse muy inteligentemente.

Si un pequeño toma en su mano un objeto filoso, un adulto trata de quitárselo, temiendo por la seguridad del niño, éste instintivamente lo sujeta más firmemente y puede resultar herido. Los padres inteligentes tratan de cambiar el cuchillo por otra cosa; algo igualmente llamativo pero que no ofrezca peligro se le puede ofrecer a cambio, y así lo soltará voluntariamente y sin lágrimas.

Tened esto en mente siempre que surja un problema con la gente joven y su música.  Cambiarla puede requerir de mucho tiempo e inspiración.

En la Iglesia, tenemos gran confianza en nuestra juventud y particularmente en estos dos últimos años, hemos cambiado normas, donde sus deseos son más predominantes en nuestras actividades sociales.

Esto pone más responsabilidad sobre vosotros, jóvenes.  Poned especial atención a la música que elegís para vuestras actividades.

Esto no significa que no tengamos confianza en vosotros.  Sin embargo, la brecha entre el mundo, con su música extremosa, y la Iglesia, es más ancha en nuestros días que en generaciones pasadas.  Y actualmente hay que adoptar una postura firme y no tratar de permanecer en medio de los dos extremos.

Recordad, jóvenes líderes, Él es nuestro Señor, y esta es vuestra iglesia, tanto como lo es nuestra.

Quisiera recomendaros que revisen sus álbumes de discos, y aparten todos aquellos que fomenten la así, llamada nueva moralidad, las drogas o la cultura del rock duro.  Tal música no debe pertenecer a un pueblo joven que se preocupa por su desarrollo espiritual.

¿Por qué no revisáis vuestra colección?  Desechad lo peor de ella, y conservad sólo lo mejor.  Sed selectivos en lo que consumís y en lo que producís pues esto viene a ser parte de vosotros mismos.

Si sois bendecidos con talento musical, desarrollad una amplia gama de buena música.

Hay tanta música maravillosa, edificante y accesible, que podemos conocer para nuestro provecho.  Nuestro pueblo debe estar rodeado de la mejor clase de música.-

Los padres deben fomentar la buena música en el hogar y cultivar en sus hijos el deseo de aprender los himnos de inspiración.

El tiempo en que son necesarias las lecciones de música, parece venir cuando hay muchos otros gastos para la familia con los hijos pequeños.  Pero nosotros exhortamos a los padres a que incluyan la educación musical en la vida de sus hijos.

De alguna manera Andrea Olive Kimball lo hicieron y Spencer aprendió a tocar; de alguna manera Samuel y Louisa Lee se las arreglaron para hacerlo, y Harold también aprendió, y ahora, cuando todos los dirigentes de la Iglesia nos reunimos en la Sala de Concilio del Templo, siempre cantamos un himno y al órgano está el presidente Spencer W. Kimball o el presidente Harold B. Lee.

Qué maravilloso es el instructor de música que enseña a los niños, y a la juventud a tocar y los familiariza con la buena música en los años de su formación, incluyendo la música de adoración.  Que tal música forme parte de nuestra vida, es una gran bendición.

El Señor ha dicho: “Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestado con una bendición sobre sus cabezas” (D. y C. 25:12).

Pienso que me gustaría compartir con los jóvenes algo relativo a cómo tal tipo de música ha sido tan importante en mi vida, aunque yo no tengo la capacitación de un músico.

Probablemente el desafío más grande para la gente de cualquier edad, particularmente para los jóvenes y la cosa más difícil que vosotros enfrentaréis en la vida, es aprender a controlar los pensamientos. Como el hombre “cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).  Quién puede controlar sus pensamientos se ha conquistado a sí mismo.

Cuando yo tenía unos diez años de edad, vivíamos en una casa rodeada por un huerto.  Nunca parecía haber suficiente agua para los árboles.  Las zanjas, siempre recién aradas en la primavera, pronto se llenaban de maleza.  Un día, encargado del turno del regadío, me tropecé con dificultades.

Cuando el agua comenzaba a bajar por las acequias cubiertas de maleza, comenzaba también a esparcirse en todas direcciones. Me apresuré a llegar a los lugares donde se detenía en charcos para tratar de reconstruir los bordes de las zanjas.  Tan pronto como remendaba una rotura, se abría otra.

Un vecino se acercó a través del huerto.  Miró durante un momento y luego con unos cuantos golpes vigorosos de la pala limpió el fondo de la zanja permitiendo que el curso de agua siguiese por el canal que él había hecho.

“Si quieres que el agua siga su curso, tendrás que hacerle lugar para que siga”, dijo.  He llegado a comprender que los pensamientos, como el agua, se mantienen en su curso si les hacemos lugar para que sigan.  De otro modo nuestros pensamientos siguen la senda cae menor resistencia, siempre tratando de encontrar los niveles más bajos.

Se me dijo cientos de veces, o más, mientras yo crecía, que los pensamientos deben ser controlados.  Pero nadie me dijo cómo.

Yo quiero decir a vosotros, jóvenes, una forma en la que podéis aprender a controlar los pensamientos, y ella tiene que ver con la música, la mente es como un escenario.  Excepto cuando dormimos, el telón está levantado.  Siempre hay alguna escena desarrollándose en ese escenario.  Puede ser una comedia, una tragedia, interesante o aburrida, buena o mala; pero siempre hay algo representándose en el escenario de la mente.

¿Habéis notado que sin intención de vuestra parte, en medio de cualquier actividad, un pequeño pensamiento sombrío puede filtrarse por cualquier lado y llamar vuestra atención?  Estos pensamientos delincuentes tratarán de robar la escena a cualquiera.

Si les permitís seguir adelante, todos los pensamientos virtuosos se retirarán del escenario.  Seréis dejados, por haber consentido a ello, bajo la influencia de pensamientos malos. Si cedéis a ellos, os representaréis en el escenario de la mente, cualquier cosa dentro de los límites de vuestra tolerancia.  Puede ser una representación de amargura, de celos, de odio.  Puede ser algo vulgar, inmoral y aun depravado.

Una vez que tienen el escenario, si los dejáis, ellos programarán las persuasiones más mañosas para mantener vuestra atención. Sí, tal vez lo hagan interesante, hasta puedan convencemos de que es inocente pues son tan solo pensamientos.

¿Qué hacer en un momento como ese, cuando el escenario de la mente está comandado por los diablillos de los pensamientos impuros?  Y bien puede tratarse de los de color grisáceo que parecen casi limpios o de los inmundos que no dejan lugar a la duda.

Si podéis controlar vuestros pensamientos, podéis vencer hábitos, aun hábitos personales degradantes.  Si podéis aprender a dominarlos tendréis una vida feliz.

Esto es lo que yo querría enseñaros. Escoged entre la música sagrada de la Iglesia uno de vuestros himnos favoritos, cuyas palabras ayuden a elevaros y su música sea reverente, uno que os haga sentir inclinados a la inspiración.  Recordad el consejo del presidente Lee; posiblemente “Soy un hijo de Dios” sirva.  Repasadlo en vuestra mente.  Aprended de memoria. Aun cuando no tengáis capacitación musical, podéis cantar un himno mentalmente. Y bien, usad este himno como el lugar al cual puedan ir vuestros pensamientos. Haced que sea vuestro canal de emergencia.  Cada vez que os déis cuenta que estos actores sombríos se cuelan desde los costados de vuestro pensamiento y quieran ocupar el escenario de vuestra mente, comenzad a escuchar ese disco, como si lo fuese.

Al comenzar la música y las palabras a formarse en vuestros pensamientos, los indignos comenzarán a retirarse avergonzados.  En esa forma cambiará toda la ambientación del escenario de vuestra mente.  Ya que la música sirve para elevar y es limpia, los pensamientos bajos desaparecerán.  Pues ya que la virtud, elegida, no se asociará con la indignidad, el mal no puede tolerar la presencia de la luz.

Con el tiempo os encontraréis, ocasionalmente, canturreando interior mente la música.  Al hacer un examen retroactivo de vuestros pensamientos, descubriréis que ninguna influencia en el mundo exterior que os rodea impulsó a un pensamiento indigno a ocupar el escenario de la mente y la música comenzó casi automáticamente.

“La música”, dijo Gladstone, “es uno de los instrumentos más poderosos para gobernar la mente y el espíritu del hombre.”

Me siento muy agradecido por la música que es digna y que eleva e inspira.

Una vez que hayáis aprendido a limpiar de malos pensamientos el escenario de vuestra mente, mantenedla ocupada aprendiendo cosas de valor.  Cambiad vuestro medio ambiente de forma que tengáis a vuestro alrededor cosas que inspiren pensamientos buenos y elevados.  Manteneos ocupados con cosas justas.

Jóvenes, no podéis permitiros llenar vuestra mente con la música indigna y ruidosa de hoy en día.  No es inofensiva.  Puede servir para traer al escenario de vuestra mente pensamientos indignos y para marcar el tiempo en el cual ellos bailen y vosotros actuéis.

Vosotros os degradáis cuando os identificáis con todas aquellas cosas que ahora parecen rodear tales extremos en música: la irreverencia, la inmoralidad Y los vicios.  Música como esa no es digna de vosotros.  Vosotros deberíais tener autorrespeto.

Vosotros sois hijos e hijas de Dios Todopoderoso.  Él ha inspirado un mundo de cosas maravillosas para aprender y hacer, música elevada, de toda clase, que vosotros podéis gozar.  Creo que el coro cantará, para concluir, aquel himno de los pioneros: “Oh, está todo bien”.  Tengo un hermano que llegó a ser general Brigadier en la Fuerza Aérea quien durante la 11 Guerra Mundial fue piloto de un bombardero y tomó parte en algunas de las más peligrosas y desesperadas incursiones en Europa.  El regresó para una asignación en Washington D. C., más o menos cuando yo terminaba mi entrenamiento como piloto en el mismo bombardero B-24 y me dirigía al pacífico.  Estuvimos uno o dos días juntos en Washington, antes de mi salida a ultramar.

Hablamos del valor y del miedo. Yo le pregunté cómo había podido mantenerse incólume, en vista de todo lo que había tenido que soportar.

Él dijo: “Tengo un himno favorito y es: “Oh, está todo bien”, y cuando estaba desesperado o cuando quedaba muy poca esperanza de poder regresar, tenía ese himno en mi mente y me parecía que los motores de mi avión fueran el eco de mi canto:

“Santos venid, sin miedo ni temor,
mas con gozo andad,
aunque cruel jornada ésta es,
tal el mal la bondad.”
—Himnos de Sión núm. 214

De aquí que él sostuviera en la fe, un ingrediente esencial para el valor.

Hay muchas referencias en las Escrituras, tanto antiguas como modernas que atestiguan de la influencia de la buena música, de la música sagrada.  El Señor mismo fue preparado para su gran prueba por medio de la influencia, de la música según leemos en un versículo: “Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos” (Marcos 14:26).

Doy testimonio de que Dios es nuestro Padre, que somos sus hijos, que Él nos ama y ha provisto grandes cosas en esta vida.  Yo sé y le doy gracias por la edificante influencia de la buena música en mi vida y en la de mis hijos.  Hay muchas cosas que podemos hacer como familia y una de ellas es sentir y apreciar la música inspirada.  En el nombre de Jesucristo.  Amén.

(Gladstone, Willam Ewart (1809-1898) estadista inglés.)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Música y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Música inspiradora: pensamientos dignos

  1. blanca borja dijo:

    gracias muchas gracias POR cada uno de los mensajes que nos ayudan tanto a nuestra espiritualidad . Que fuente de ayuda tan poderosa.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s