Satanás, el gran impostor

Conferencia General Abril 1971
Satanás, el gran impostor
Por el élder Marion G. Romney
Del Consejo de los Doce

Mis queridos hermanos y amigos, ruego que vuestra fe y oraciones me acompañen hoy.  Necesito particularmente el Espíritu del Señor, porque he decidido hablar acerca de su enemigo, “Satanás, el gran impostor.”

Quizás podáis acordamos de algo de lo que os diga, recordando las palabras que una hija dijo a su madre: “No puedo casarme con Juan porque no cree en el diablo”, y la respuesta de la madre fue: “Cásate con él, y luego tú y yo nos encargaremos de hacerlo cambiar de parecer.”

Un corolario de la perniciosa falsedad de que Dios está muerto, es la doctrina igual mente perniciosa de que no hay diablo.  Satanás mismo es el padre de ambas mentiras, y creerlas es ponernos en sus manos.  Esta sumisión siempre ha llevado, lleva actualmente y continuará llevando a los hombres a la destrucción.

Los Santos de los Últimos Días saben que hay un Dios, y con la misma certeza, saben que Satanás vive, que es un poderoso personaje de espíritu, el mayor enemigo de Dios, del hombre y la rectitud.

La realidad de la existencia de Dios y del diablo está establecida conclusivamente por medio de las Escrituras y la experiencia humana.

La información de Abraham tocante al gran concilio de los cielos, identifica a Dios y a Satanás como participantes de ese concilio. (Abraham 3.)

El conocimiento revelado en esa ocasión es maravilloso e importante, conocimiento de cosas como lo fueron en un pasado distante, tocante a Dios el Padre y sus hijos espirituales, y concernientes a sus planes para la creación de esta tierra.  Se refiere al plan del evangelio, e identifica a Cristo y a Satanás.

Amplificando las verdades reveladas a Abraham, el Señor le dijo a Moisés: “Ese Satanás, a quien tú has mandado en nombre de mi Unigénito, es el mismo que existió desde el principio; y vino ante mí, diciendo: Heme aquí, envíame.  Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues tu honra” (Moisés 4:1).

Los profetas del Antiguo Testamento sabían acerca de Satanás y su papel en el gran concilio.  Como si estuviese hablándole directamente a él, Isaías dijo:

“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!  Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

“Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono…

“… seré semejante al Altísimo.

“Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo” (Isaías 14:12-15).

En esta última dispensación, el Señor ha confirmado lo que reveló en dispensaciones pasadas tocante al papel de Satanás en el gran concilio.  En septiembre de 1830, le dijo al profeta José:

… aquel existió antes de Adán, pues se rebeló contra mí, diciendo, dame tu honra, la cual es mi poder; y también, alejó de mí a la tercera parte de las huestes de los cielos, a causa de su libre albedrío” (D. y C. 29:36).

En febrero de 1832, José Smith y Sidney Rigdon testificaron que habían visto en una visión “que un ángel que tuvo autoridad en la presencia de Dios, se rebeló en contra del Unigénito Hijo,. . . por lo que fue arrojado de la presencia de Dios y del Hijo,

“Y fue llamado Perdición, porque lloraron por él— éste fue Lucifer, el hijo de la mañana” (D. y C. 76:25-26).

José Smith resumió sucintamente la gran  controversia preterrenal, cuando dijo: “La contienda en los cielos fue provocada porque Jesús dijo que ciertas almas no podrían ser salvas; y el diablo dijo que salvaría a todos; y presentó sus planes ante el gran concilio, el cual votó a favor de Jesucristo. El diablo entonces se rebeló contra Dios, y fue expulsado con todos aquellos que lo apoyaron” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 443).

Cuando Satanás y aquellos que lo siguieron fueron “arrojados”, vinieron a la tierra. Durante la visión dada a Moisés, el Señor dijo:

“. . . por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, e intentó destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y también quería que le diera mi propio poder, hice que fuese echado fuera por el poder de mi Unigénito;

“Y llegó a ser Satanás, sí, aun el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres, aun a cuantos no escucharen mi voz” (Moisés 4:3-4).

Antes de la caída, Satanás se encontraba en el Jardín de Edén en compañía de Adán y Eva. No sólo eso, sino que continuó tentándolos a ellos y a sus hijos después de haber sido expulsados del Jardín. Cuando Adán y Eva recibieron el evangelio, se regocijaron en él, “bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas.

“Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy un hijo de Dios; y les mandó, y dijo: No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos” (Moisés 5:12-13).

Desde ese entonces hasta la actualidad, Satanás ha estado en la tierra. En el Libro de Job, leemos:

“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.

“Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:6-7).

El 11 de agosto de 1831, el Profeta escribió en su diario:

“. . . después de haber acampado a orillas del río, en el Recodo de Mcllwaine, el hermano Phelps, en una visión a plena luz del día, vio al destructor en su poder más horrible flotar sobre la faz de las aguas; otros oyeron el ruido, pero no vieron la visión” (Documentary History of the Church. vol. 1, pág. 203).

Satanás es maligno, totalmente y siempre; su propósito eterno es derrotar el plan del evangelio y “destruir las almas de los hombres” (D. y C. 10:27).

. . . no persuade a los hombres a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que se sujetan a él” (Moroni 7:17).

En la última cena, poco antes de su penosa experiencia en Getsemaní, Jesús amonestó a Pedro: “Simón, Simón,. . . Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31).

Satanás está irrevocablemente dedicado a contrarrestar y vencer la influencia del Espíritu de Cristo sobre los hombres; él es el representante, el impulsor y defensor de esa “oposición en todas las cosas” a la cual se refirió Lehi en sus instrucciones a su hijo Jacob. (2 Nefi 2:11-14-18).

Los métodos de Satanás son diversos, errados e innumerables.

. . . por todo medio posible trata de obscurecer las mentes de los hombres y luego les ofrece falsedades y decepción con la apariencia de verdad. Satanás es un hábil imitador, y a medida que se da al mundo en abundancia la verdad genuina del evangelio, empieza él a esparcir la moneda falsificada de la doctrina falsa. . . (Como) ‘el padre de las mentiras’, y a través de las épocas de práctica en su obra nefasta, ha llegado a ser tan hábil que de ser posible, engañaría aun a los escogidos” (Joseph F. Smith, en Daniel H. Ludlow, Latter-day Prophets Speak, pág. 20-21).

Al comienzo de cada dispensación ha estado al frente del ataque contra el advenimiento de la verdad. Como se mencionó antes, engañó a los hijos de Adán y Eva en la primera dispensación del evangelio.

Al comienzo de la dispensación Mosaica, “Satanás vino a tentarlo, diciendo: Moisés, hijo del hombre, adórame a mí” (Moisés 1:12).

Durante los días de Jesús, Satanás atacó al Maestro mismo. (Lucas 4:1-13.) De las palabras del Profeta, aprendemos que Satanás estuvo presente y disputó la apertura de esta última dispensación: “…se apoderó de mí una fuerza que completamente me dominó, y fue tan asombrosa su influencia que se me trabó la lengua de modo que no pude hablar. Una espesa niebla se formó alrededor de mí, y por un tiempo me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina” (José Smith 2:15).

En la sección décima de Doctrinas y Convenios se detalla el ataque de Satanás en contra de la venida del Libro de Mormón.

Otra evidencia del esfuerzo del diablo para impedir la propagación del evangelio, es el relato de Heber C. Kimball tocante a su ataque sobre los hermanos que llevaron el evangelio a Inglaterra en 1837. (Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, págs. 143-45).

La aceptación general de las palabras de Satanás, “Yo no soy el diablo, porque no hay” (2 Nefi 28:22), es responsable en gran parte de la decadencia en nuestra sociedad deteriorada.

Como Santos de los Últimos Días no necesitamos, y no debemos ser engañados con las sofisterías de los hombres concerniente a la realidad de Satanás. Existe un diablo personal, y es mejor que lo creamos. El y sus innumerables ejércitos de seguidores, visibles e invisibles, están ejerciendo una influencia dominante sobre los hombres y sus vidas en nuestro mundo actual.

Un antiguo profeta americano, teniendo una visión de nuestra época y observando lo que está sucediendo, profetizó que si Satanás no es controlado, llevará a esta generación a su destrucción. Dirigiéndose a nuestra situación presente, Nefi dijo:

“. . . el reino del diablo ha de estremecerse, y los que a él pertenezcan deben ser provocados a arrepentirse, o el diablo los prenderá con sus sempiternas cadenas, y serán movidos a cólera y perecerán;

“Porque he aquí, en aquel día (la actualidad) él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres y los agitará a la ira contra lo que es bueno.

“Y a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión, sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

“Y he aquí, a otro los lisonjea, les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas de las que no hay rescate” (2 Nefi 28:19-22).

No estoy diciendo estas cosas para atemorizar, ahuyentar o desalentar a nadie; me refiero a ellas porque sé que son verdaderas, y estoy convencido de que si queremos vencer “a Satanás, y . . . escapar de las manos de los siervos de Satanás, quienes apoyan su obra” (D. y C. 10:5), debemos comprender y reconocer la situación como verdaderamente es. No hay tiempo para que los Santos de los Últimos Días se equivoquen.

Ni tampoco es tiempo para que nos sobrevenga el pánico. Las dificultades de nuestro tiempo no se han abalanzado sobre nosotros por sorpresa; hace 140 años, el Señor reveló claramente el curso de nuestros días. Sabemos que a medida que se acerca la segunda venida del Salvador, el ritmo de la campaña de Satanás para apoderarse de las almas de los hombres está y continuará acelerándose. Sabemos también que las experiencias de los años futuros serán una prueba para las almas de los hombres.

También sabemos que Dios vive; que sus “eternos designios. . . han de seguir adelante.” Sabemos que a fin de habilitarnos para prevalecer en contra de Satanás y sus huestes inicuas, se nos ha dado el evangelio de Jesucristo. Sabemos que cada uno de nosotros puede recibir el don del Espíritu Santo, el poder de revelación que abraza el don de discernimiento mediante el cual podemos detectar infaliblemente al diablo y las falsificaciones que con tanto éxito está introduciendo entre esta generación que tan fácilmente se deja engañar. Nuestro camino es claro y cierto, y es el de obedecer estrictamente los mandamientos del Señor, como se encuentran registrados en las Escrituras y como se están revelando a los profetas vivientes.

En conclusión, os testifico de la veracidad de las cosas de que os he estado hablando. Sé que Dios vive. A través de mis propias experiencias he llegado a sentir su Espíritu y su poder; sé también que Satanás vive, porque he sentido su espíritu y poder, no al grado que el profeta José, pero en experiencias similares.

Sé que durante la segunda venida de Cristo las señales de la cual siguen acumulándose, “Satanás será atado, para que no tenga lugar en los corazones de los hijos de los hombres.” (D. y C. 45:55).

Testifico también de la veracidad de la predicción del Salvador de que en el momento de su venida “aquellos que son  sensatos y han recibido la verdad, (o sea, aquellos que han aceptado el evangelio), y han tomado al Espíritu Santo por guía, y no han sido engañados (por Satanás y sus poderes). . . aguantarán el día  (de su venida).

“Y (que) les será dada la tierra por heredad; . . .

“Porque el Señor estará en medio de ellos, y su gloria estará sobre ellos, y él será su rey y su legislador” (D. y C. 45:57-59).

Ruego que podamos tomar al Espíritu Santo por guía, que podamos reconocer a Satanás, sus representantes y sus obras, y no seamos engañados, a fin de que podamos ser partícipes de las bendiciones prometidas, y lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s