Día de descubrimiento familiar de RootsTech 2017

Día de descubrimiento familiar de RootsTech
11 de Febrero de 2017

Presidente Russell M. Nelson y hermana Wendy Nelson

Publicado en Historia Familiar | Etiquetado , | Deja un comentario

Los profetas, el liderazgo y la ley divina

Devocional mundial para jóvenes adultos • 8 de enero de 2017 • Universidad Brigham Young
Los profetas, el liderazgo y la ley divina
Presidente Russell M. Nelson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Una velada con el presidente Russell M. Nelson

Mis amados hermanos y hermanas, les traigo el saludo y el amor de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles. Agradecemos que estén con nosotros y que preparen el corazón y la mente para recibir instrucción espiritual1.

Desde enero de 2016, cuando les hablé en este devocional mundial, he estado con muchos de ustedes en mis viajes a Japón, Filipinas, China, Canadá, Inglaterra, Gales, Alemania, Italia, España, y en varios lugares de Estados Unidos.

El pasado septiembre tuve una experiencia inolvidable con el élder M. Russell Ballard y otros líderes de la Iglesia cuando fuimos a Baton Rouge, Luisiana, para reunirnos con la gente tras la catastrófica inundación. El domingo, cada uno dirigió una de cuatro grandes reuniones sacramentales: una para las víctimas y tres para los voluntarios que habían ido de muchos estados para ayudar con la limpieza. Estas fotos muestran esas congregaciones dominicales de centenares de personas con las camisetas de Manos Mormonas que Ayudan.

Fíjense en los rostros felices de hombres y mujeres jóvenes que dejaron sus hogares para ayudar a vecinos que no conocían, en medio del calor sofocante de Luisiana, y que hicieron una pausa en el día de reposo para adorar al Señor. Al mirar a esas maravillosas congregaciones de trabajadores dispuestos, la mayoría de la edad de ustedes, tuve la increíble impresión de que estaba viendo a hombres y mujeres que muy pronto serían los líderes de esta Iglesia.

Así que esta noche, al imaginarme verlos reunidos por todo el mundo, quisiera enfatizar y hablar de esa impresión. ¡Ustedes son los futuros líderes de la Iglesia del Señor! ¿Están listos para tomar las riendas del liderazgo?

Cuando les hablé hace un año, les di el reto de que se elevaran al nivel de los verdaderos milénicos que nacieron para ser. Ustedes han de preparar al mundo para el reinado mileniario del Salvador ayudando a reunir a los elegidos de los cuatro cabos de la tierra, para que todos los que lo deseen, reciban el evangelio de Jesucristo y todas sus bendiciones. Esta tarde quiero hablarles de cómo pueden prepararse.

Primero, céntrense en su matrimonio y su familia. Pongan en práctica las impresiones que recibieron al oír las cuatro verdades de la “tía Wendy” sobre el amor y el matrimonio.

Su responsabilidad con el Señor de ayudar a rescatar a los elegidos del caos moral y de la preponderancia del pecado en nuestros días no es una tarea sencilla. Lucifer y sus secuaces están usando toda clase de tecnología y comunicación para difundir mentiras sobre la vida y sobre la verdadera fuente de felicidad. Por tanto, para hacer lo que vinieron a hacer en la tierra se requerirán las mejores habilidades de liderazgo que su generación pueda adquirir. Seguir leyendo

Publicado en Devocional, Fe, Liderazgo | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Testigos de las Escrituras

Conferencia General Octubre 2007
Testigos de las Escrituras
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las Escrituras de la Restauración no compiten con la Biblia, sino que la complementan.

Expresamos amor y admiración al presidente Henry B. Eyring, al élder Quentin L. Cook y al élder Walter F. González y rogamos que las bendiciones del Señor los acompañen en sus nuevos llamamientos.

Expresamos sentimientos sinceros de gratitud a cada uno de ustedes, hermanos y hermanas. Sus ejemplos de servicio y compasión están recibiendo mucha atención por todo el mundo. Al mismo tiempo, muchos se preguntan en cuanto a la historia y las doctrinas de esta Iglesia; entre esos críticos están los que ponen en tela de juicio el Libro de Mormón 1 .

La indiferencia hacia el Libro de Mormón o hacia cualquier otra Escritura sagrada me preocupa profundamente. Al tratar esa preocupación, he intitulado mis comentarios “Testigos de las Escrituras”.

Definiciones

Definiré el término escrituras en lo que respecta a la Biblia y a las Escrituras de la Restauración 2 . Los miembros de la Iglesia “creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios” 3 . Las Escrituras de la Restauración también incluyen Doctrina y Convenios, así como La Perla de Gran Precio.

En el diccionario se define el sustantivo testigo como una “atestación” de un hecho o acontecimiento, o sea, un testimonio 4 . El término testigo encierra especial significado cuando se aplica a la palabra de Dios. En la Biblia leemos esta importante declaración: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto” 5 . Esto asegura a los hijos de Dios que a las doctrinas divinas las ratifica más de un testigo de las Escrituras.

Las Escrituras testifican de Jesucristo

Tanto la Biblia como el Libro de Mormón son testigos de Jesucristo; enseñan que Él es el Hijo de Dios, que vivió una vida ejemplar, que expió por toda la humanidad, que murió en la cruz y se levantó de nuevo como el Señor resucitado. En ellas se enseña que Él es el Salvador del mundo.

Los testigos de las Escrituras se corroboran el uno al otro. Este concepto se explicó hace mucho tiempo cuando un profeta escribió que el Libro de Mormón se había escrito “con el fin de que creáis [la Biblia]; y si creéis en [la Biblia], también creeréis en [el Libro de Mormón]” 6 . En cada libro se hace mención del otro; cada libro es evidencia de que Dios vive y de que habla a Sus hijos mediante revelación a Sus profetas 7 .

El amor por el Libro de Mormón expande el amor que uno siente por la Biblia y viceversa. Las Escrituras de la Restauración no compiten con la Biblia, sino que la complementan. Estamos en deuda con mártires que dieron su vida para que pudiésemos tener la Biblia, la cual establece la naturaleza eterna del Evangelio y del plan de felicidad. El Libro de Mormón restaura y recalca doctrinas bíblicas como el diezmo 8 , el templo 9 , el día de reposo 10 y el sacerdocio 11 .

Un ángel proclamó que el Libro de Mormón 12 establecería la verdad de la Biblia 13 . También reveló que los escritos de la Biblia que tenemos hoy en día no están tan completos como cuando fueron originalmente escritos por profetas y apóstoles 14 . Declaró que el Libro de Mormón restauraría cosas claras y preciosas que se habían quitado de la Biblia 15 .

Una profecía del Libro de Mormón advirtió que algunas personas se opondrían al concepto de tener escrituras adicionales. A aquellos que piensan que “no [necesitan] más Biblia” 16 , consideren este consejo que Dios ha dado:

“¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres… y que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra; y manifiesto mi palabra a los hijos de los hombres, sí, sobre todas las naciones de la tierra?

“… ¿No sabéis que el testimonio de dos naciones os es un testigo de que yo soy Dios, que me acuerdo tanto de una nación como de otra? Por tanto, hablo las mismas palabras, así a una como a otra nación. Y… el testimonio de las dos se juntará también” 17 .

El relato de las Escrituras sobre Jesucristo es en verdad acerca de lo que ocurrió en dos hemisferios 18 . Mientras en el hemisferio oriental María y José hacían los preparativos para el nacimiento del santo niño en Belén 19 , Nefi, en el occidental, recibía instrucción del Mesías preterrenal. El Señor dijo a Nefi: “…sé de buen ánimo… mañana vengo al mundo para mostrar al mundo que he de cumplir todas las cosas que he hecho declarar por boca de mis santos profetas” 20 .

A los que dudan de ese segundo testigo —el Libro de Mormón— el Señor amonestó: “…por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido… permanecerán bajo… condenación hasta que se arrepientan y recuerden… el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado [la Biblia, y obran] de acuerdo con lo que he escrito” 21 .

El Señor dio otras Escrituras de la Restauración 22 y declaró que esas palabras también se cumplirán 23 . Con esos testigos de las Escrituras, las doctrinas falsas serán confundidas 24 . Con esos testigos de las Escrituras, las doctrinas de la Biblia no sólo se corroboran sino que se aclaran. Seguir leyendo

Publicado en Biblia, Escrituras, Libro de Mormón, Testigos | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él ha enviado

Conferencia General Octubre 2007
El único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él ha enviado
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Declaramos que las Escrituras no dejan ninguna duda de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas, tres seres divinos.

Tal como observó el élder Ballard en esta sesión, varios asuntos que van en contra de la opinión general actual han atraído mayor atención a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El Señor dijo a los de la antigüedad que esta obra de los últimos días sería “un prodigio grande y espantoso” 1 , y lo es. Pero aun cuando invitamos a todos a examinar más detenidamente el prodigio de todo ello, hay algo de lo que no quisiéramos que nadie se espantara o dudara: de si somos o no “cristianos”.

Por lo general, cualquier controversia que ha surgido sobre ese asunto, se ha centrado en dos puntos de doctrina: nuestro punto de vista de la Trinidad y nuestra creencia en el principio de la revelación continua, que conduce a un canon de Escrituras abierto. Al tratar este asunto, no es necesario que contendamos para defender nuestra fe, pero no queremos que se nos malinterprete. De modo que a fin de aumentar el entendimiento y declarar sin lugar a dudas nuestro cristianismo, hoy hablaré en cuanto al primero de esos dos asuntos de doctrina que he mencionado.

El primero y más importante artículo de fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 2 . Creemos que esas tres personas divinas que constituyen una sola Trinidad están unidas en propósito, en su modo de ser, en testimonio, en misión. Creemos que poseen el mismo sentido divino de misericordia y amor, justicia y gracia, paciencia, perdón y redención. Creo que es acertado decir que creemos que son uno en todo aspecto significativo y eterno que se podría imaginar, excepto en que son tres personas combinadas en una sustancia, concepto trinitario que nunca se expuso en las Escrituras porque no es verdadero.

De hecho, nada menos que el prestigioso diccionario Harper’s Bible Dictionary hace constar que “la doctrina formal de la Trinidad, según la definieron los grandes consejos eclesiásticos de los siglos cuarto y quinto, no se encuentra en ninguna parte del [Nuevo Testamento]” 3 .

De modo que cualquier crítica de que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no comparte el actual punto de vista cristiano en cuanto a Dios, Jesús y el Espíritu Santo, no es un comentario que tiene que ver con nuestra dedicación a Cristo, sino que más bien es un reconocimiento (exacto, diría yo), de que nuestra opinión de la Trinidad no es compatible con la historia cristiana posterior al Nuevo Testamento, sino que vuelve a la doctrina que Jesús mismo enseñó. Ahora bien, tal vez sea de provecho hacer un comentario sobre esa historia posterior al Nuevo Testamento.

En el año 325 d. de C., el emperador romano Constantino convocó el Concilio de Nicea para tratar —entre otras cosas— el asunto que se hacía cada vez mayor sobre la supuesta “trinidad en la unidad” de Dios. Lo que resultó de los argumentos contenciosos de clérigos, filósofos y dignatarios eclesiásticos se llegó a conocer (después de otros 125 años y tres grandes consejos más) 4 como el Credo de Nicea, con redacciones posteriores como el Credo de Atanasio. Estas diversas evoluciones y versiones de credos —y otras que se han creado a lo largo de los siglos— declaraban que Padre, Hijo y Espíritu Santo eran abstractos, absolutos, trascendentes, inmanentes, consustanciales, coeternos, incomprensibles, sin cuerpo, partes ni pasiones, que moran fuera del tiempo y el espacio. En esos credos, los tres miembros son personas distintas, pero constituyen un solo ser, lo que suele considerarse como el “misterio de la trinidad”. Son tres personas distintas, sin embargo, no son tres Dioses, sino uno. Las tres personas son incomprensibles, es decir, es un Dios que es incomprensible.

Estamos de acuerdo con nuestros críticos en por lo menos ese punto: de que ese concepto de la divinidad es en verdad incomprensible. Con la confusa definición de Dios que se le impone a la iglesia, con razón un monje del siglo cuarto exclamó: “¡Ay de mí! Me han quitado a mi Dios… y no sé a quién adorar o a quién dirigirme” 5 . ¿Cómo habremos de confiar, amar y adorar, e incluso tratar de emular a un Ser que es incomprensible e impenetrable? ¿Cómo habremos de entender la oración de Jesús a Su Padre Celestial de que “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”? 6 .

Nuestra intención no es degradar las creencias de ninguna persona ni la doctrina de ninguna religión. Extendemos a todos el mismo respeto por su doctrina que pedimos para la nuestra. (Ése también es un artículo de nuestra fe.) Pero si una persona dice que no somos cristianos porque no tenemos un concepto del cuarto o quinto siglo con respecto a la Trinidad, ¿entonces qué sería de aquellos primeros santos cristianos, muchos de los cuales fueron testigos oculares del Cristo viviente, que tampoco tenían ese punto de vista? 7

Declaramos que las Escrituras no dejan ninguna duda de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas, tres seres divinos, teniendo como claros ejemplos de ello la gran Oración Intercesora del Salvador que se acaba de mencionar, Su bautismo de manos de Juan, la experiencia en el Monte de la Transfiguración, y el martirio de Esteban, siendo éstos sólo cuatro ejemplos.

Con estas fuentes del Nuevo Testamento y otras 8 que resuenan en nuestros oídos, tal vez sería innecesario preguntar qué quiso decir Jesús cuando dijo: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre” 9 . En otra ocasión dijo: “…he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” 10 . De los que se oponían a Él, dijo: “…han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” 11 . Está también la respetuosa sumisión a Su Padre, por lo que Jesús dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios” 12 . “…el Padre mayor es que yo” 13 . Seguir leyendo

Publicado en Expiación, Jesucristo, Restauración, Trinidad | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

No apaguen el Espíritu que vivifica al hombre interior

Conferencia General Octubre 2007
No apaguen el Espíritu que vivifica al hombre interior
Élder Keith K. Hilbig
De los Setenta

Cuando invitamos al Espíritu Santo a llenar nuestras mentes de luz y conocimiento, Él “nos vivifica”, es decir, ilumina y vigoriza tanto al hombre como a la mujer interior.

En 1 Tesalonicenses, capítulo 5, Pablo instó a los miembros a conducirse de manera apropiada para los santos, y luego procedió a enumerar los atributos y la conducta adecuados. En el versículo 19, Pablo impartió consejo con estas cuatro palabras sencillas: “No apaguéis al Espíritu”.

Curiosamente, 500 años antes de los escritos de Pablo, un profeta del Libro de Mormón llamado Jacob trató de enseñar el evangelio de Jesucristo a un pueblo reacio. De manera contundente, preguntó:

“¿Rechazaréis las palabras de los profetas;… y negaréis la buena palabra de Cristo… y el don del Espíritu Santo, y apagaréis el Santo Espíritu…?” 1 .

En nuestros días, muchos siglos después de Pablo y de Jacob, nosotros también debemos tener cuidado de no obstaculizar, despreciar, ni apagar al Espíritu en nuestra vida.

Las atrayentes incitaciones del mundo tratan de desviar nuestra atención del sendero estrecho y angosto. El adversario se empeña en entorpecer nuestra sensibilidad a las impresiones del Espíritu, ya sea que seamos adolescentes, jóvenes adultos u hombres y mujeres maduros. La función del Espíritu Santo es fundamental en cada etapa de nuestra vida terrenal.

Desde el principio, el Padre ha prometido a cada uno de sus hijos e hijas espirituales que, por medio de la expiación y de la resurrección de Su Hijo Amado, todos podremos regresar a Su presencia y heredar las bendiciones de la vida eterna en el más alto grado del reino celestial.

Cada uno de nosotros sabía que el camino a la exaltación sería largo, extenuante y algunas veces solitario, pero también sabíamos que no viajaríamos solos. El Padre Celestial concede un compañero y guía a todo el que cumpla con los requisitos de la fe, del arrepentimiento y del bautismo: el Espíritu Santo.

El camino hacia la vida eterna no está en un terreno llano, sino en uno ascendente, y se dirige siempre hacia adelante y hacia arriba; por consiguiente, se requieren entendimiento y energía espirituales en constante aumento para llegar a nuestro destino. Puesto que la oposición perjudicial de Satanás continúa, la guía constante e inspiradora del Espíritu Santo es absolutamente necesaria. No nos atrevemos a obstaculizar, a pasar por alto, a despreciar ni a apagar los susurros del Espíritu Santo; sin embargo, en lo referente a aprovechar las impresiones y bendiciones que derivan del Espíritu Santo, a menudo “vivimos muy por debajo de nuestros privilegios” 2 . Seguir leyendo

Publicado en Compromiso, Espíritu santo, Templos | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

De las cosas pequeñas

Conferencia General Octubre 2007
De las cosas pequeñas
Élder Michael Teh
De los Setenta

Como discípulos del Señor Jesucristo, tenemos la responsabilidad de cuidar y prestar servicio a nuestros hermanos y hermanas.

Mabuhay de parte de la cordial y maravillosa gente de las Filipinas.

Curiosamente, una de las preguntas más antiguas y profundas de la historia de esta tierra la hizo Caín al responder a la que Dios le formuló después de que mató a su hermano Abel: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” 1 . Esta pregunta merece seria reflexión de parte de los que buscan hacer la voluntad de Dios. Una de las respuestas se encuentra en las enseñanzas de Alma:

“Y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;

“sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo…” 2 .

Como discípulos del Señor Jesucristo, tenemos la responsabilidad de cuidar y prestar servicio a nuestros hermanos y hermanas. Al relatar la parábola del buen samaritano, Jesucristo no sólo confundió a sus enemigos, sino que también enseñó una gran lección a todos aquellos que procuraban seguirle. Debemos agrandar el círculo de nuestra influencia; nuestro servicio a otras personas debe ser independiente de la raza, del color, de la posición o el parentesco. Después de todo, el mandamiento de “socorr[er] a los débiles, levant[ar] las manos caídas y fortalec[er] las rodillas debilitadas” 3 no tiene excepciones.

Muchos creen que para que el servicio sea significativo, éste debe consistir en tener planes minuciosos y en formar un comité. Aunque muchos de esos valiosos proyectos ayudan, gran parte del servicio que se necesita en el mundo de hoy se relaciona con la asociación diaria de unos con otros. Con frecuencia, encontramos esas oportunidades dentro de los límites de nuestra casa, vecindario o barrio.

En el siguiente consejo que dio Escrutopo a su sobrino Orugario en la novela “Cartas del diablo a su sobrino”, de C. S. Lewis, se describe un mal común que aqueja a muchos de nosotros en la actualidad:

“Hagas lo que hagas, habrá cierta benevolencia, al igual que cierta malicia, en el alma de tu paciente. Lo bueno es dirigir la malicia a sus vecinos inmediatos, a los que ve todos los días, y proyectar su benevolencia a la circunferencia remota, a gente que no conoce. Así, la malicia se hace totalmente real y la benevolencia en gran parte imaginaria” 4 .

La letra de un himno muy conocido nos recomienda el remedio perfecto:

“¿He hecho ligera la carga de él
porque un alivio le di?
¿O acaso al pobre logré ayudar?
¿Mis bienes con él compartí?
¡Alerta! Y haz algo más
que soñar de celeste mansión.
Por el bien que hacemos paz siempre tendremos,
y gozo y gran bendición” 5 .

He tenido el privilegio de ser testigo de los acontecimientos que mencionaré a continuación, los cuales me han enseñado cómo los sencillos actos de servicio nos ayudan a nosotros y a aquellas personas en quienes se nos permite influir.

Nuestro Padre Celestial pone a personas amorosas en medio de nuestras encrucijadas para que no andemos solos a tientas en la oscuridad. Esos hombres y mujeres nos ayudan por medio de su ejemplo, y con paciencia y amor; ésa ha sido mi experiencia.

Recuerdo una encrucijada particularmente importante: la decisión de servir una misión de tiempo completo. Estuve en esa encrucijada por mucho, mucho tiempo. Mientras me debatía sobre qué camino tomar, mi familia, y mis amigos y líderes del sacerdocio me tomaron de la mano, me alentaron, me instaron y ofrecieron innumerables oraciones por mí. Mi hermana, que servía una misión de tiempo completo, me escribió regularmente y nunca se dio por vencida.

Hasta el día de hoy, sigo recibiendo apoyo de buenos hombres y mujeres. Imagino que todos lo recibimos; hasta cierto punto, todos dependemos de otras personas para regresar a nuestro hogar celestial.

Compartir el mensaje del Evangelio es una de las maneras más gratificantes de prestar servicio a las personas que no son de nuestra fe. Recuerdo una experiencia de mi niñez con alguien a quien llamaré tío Fred.

Cuando tenía seis años, el tío Fred era mi peor pesadilla. Era nuestro vecino y siempre estaba borracho; uno de sus pasatiempos favoritos era tirar piedras a nuestra casa.

Mi madre era muy buena cocinera, así que los miembros adultos solteros de nuestra pequeña rama venían a casa con frecuencia. Un día, cuando el tío Fred estaba sobrio, los miembros entablaron amistad con él y lo invitaron a entrar a casa. Eso me aterrorizó, pues ahora no sólo estaba fuera de la casa, sino adentro. Eso sucedió algunas veces más hasta que finalmente convencieron al tío Fred de que escuchara a los misioneros. Él aceptó el Evangelio y se bautizó; sirvió una misión de tiempo completo, regresó con honor, estudió una carrera y se casó en el templo; ahora es un recto esposo, padre y líder del sacerdocio. Al mirar hoy al tío Fred, resultaría muy difícil creer que alguna vez le causó pesadillas a un niño de seis años. Espero que siempre percibamos las oportunidades de compartir el Evangelio.

Mi madre fue un gran ejemplo de brindar ayuda a los demás al darles lo que necesitaban. Nos enseñó muchas lecciones importantes, pero la que ha tenido mayor impacto en mi vida ha sido el deseo que ella tenía de ayudar a cualquier persona que viniera a casa y estuviera necesitada. Me molestaba ver a muchas de ellas irse con nuestra comida, ropa y aun con nuestro dinero. Como yo era joven y no teníamos dinero, me disgustaba lo que pasaba. ¿Cómo podía darles a los demás cuando nuestra familia no tenía lo suficiente? ¿Estaba mal ocuparse de nuestras necesidades primero? ¿No merecíamos una vida más cómoda?

Por años me debatí con esas preguntas; pero mucho después, me di cuenta finalmente de lo que mi madre nos estaba enseñando. Incluso al luchar contra las secuelas de una enfermedad que la incapacitaba, ella no podía dejar de dar a los necesitados.

“Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes” 6 . No es necesario que el servicio a los demás provenga de acontecimientos espectaculares; a menudo es un sencillo hecho diario el que trae consuelo, levanta el ánimo, alienta, da apoyo y hace que aparezca una sonrisa en los demás.

Es mi oración que siempre encontremos oportunidades de servir. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Génesis 4:9; Moisés 5:34.
2. Mosíah 18:8–9.
3. D. y C. 81:5.
4. Obras completas de C. S. Lewis, Carta VI.
5. “¿He hecho hoy un bien?”, Himnos, Nº 141.
6. D. y C. 64:33.

Publicado en Compasión, Obra misional, Servicio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Predicad Mi Evangelio: La herramienta unificadora entre miembros y misioneros

Conferencia General Octubre 2007
Predicad Mi Evangelio: La herramienta unificadora entre miembros y misioneros
Élder Erich W. Kopischke
De los Setenta

Los misioneros y los miembros deben… ser uno en nuestra labor de proclamar el Evangelio

No hace mucho, invitamos a dos misioneras a almorzar. Después de comer, les pedimos que dejasen con nosotros un pensamiento espiritual. Estaban bien preparadas y nos presentaron una actividad para leer y marcar las Escrituras. Habían llevado consigo un ejemplar nuevo del Libro de Mormón y un juego de lápices de colores. Aceptamos la invitación y, desde entonces, la lectura diaria de las Escrituras en familia del Libro de Mormón ha cambiado. En cada capítulo, marcamos con diferentes colores los pasajes que hablan de Jesucristo a medida que los encontramos. Ese pequeño ejercicio siempre nos hace recordar a las misioneras.

Cuando nos presentaron esa actividad, de inmediato la reconocimos como una actividad de estudio de las Escrituras que se recomienda en Predicad Mi Evangelio. Como familia, estamos muy agradecidos por esta magnífica y poderosa herramienta misional.

En los últimos tres años, los misioneros han estado utilizando Predicad Mi Evangelio por todo el mundo y, en verdad, eso ha revolucionado la obra misional. La gran visión del presidente Hinckley se está llevando a cabo: los misioneros “domina[n] los conceptos de las lecciones” y “[los enseñan] en sus propias palabras bajo la guía del Santo Espíritu” (“El servicio misional”, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 11 de enero de 2003, pág. 21).

Al entregarse de lleno a Predicad Mi Evangelio, los misioneros aprenden y ponen en práctica doctrinas y principios importantes que les permiten ser más capaces en su valioso servicio. A pesar de eso, siguen necesitando toda nuestra ayuda y apoyo. Únicamente juntos podemos cumplir con el gran mandato que se ha dado a los Apóstoles antiguos y modernos: “Id por todo el mundo y predicad mi evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Para alcanzar el éxito en esa labor, debemos ser uno con los misioneros y debemos entendernos unos a otros. ¿Entienden ustedes siempre a los misioneros? No me refiero al idioma, sino a cómo efectúan la obra misional. Los vemos y observamos al invitar a las personas a escuchar su mensaje; enseñan los principios del Evangelio e invitan a aquellos que están interesados a cambiar su vida, a bautizarse y a ser confirmados miembros de la Iglesia.

Si deseamos entender y ayudar a nuestros misioneros, debemos tener fe, tal como ellos la tienen, debemos pensar como ellos piensan y sentir lo que ellos sienten. ¿Cómo podemos lograrlo?

Una manera importante, por supuesto, es estar con los misioneros y observar lo que hacen; pero otra manera es familiarizarnos con Predicad Mi Evangelio y aprender más de la obra misional. Desde que el presidente McKay dijo: “Todo miembro un misionero” (en Conference Report, abril de 1959, pág. 122), los miembros se han estado esforzando por ser más activos en dar a conocer el Evangelio. En Predicad Mi Evangelio, tenemos una maravillosa guía para ayudarnos a responder mejor a esa invitación. Nuestro estudio personal de Predicad Mi Evangelio no sólo nos ayudará a desarrollar un mayor entendimiento y aprecio por nuestros misioneros, sino que también nos ayudará en nuestra vida cotidiana.

Cada miembro de nuestra familia tiene su propio ejemplar de Predicad Mi Evangelio. El estudio de esta guía es de gran ayuda para desarrollar un fuerte testimonio; nos ayuda a entender los principios fundamentales del Evangelio y a tener el deseo de prestar servicio. Permítanme un momento para hacer hincapié en algunos de los encabezamientos de Predicad Mi Evangelio (2004, III), y entenderán a lo que me refiero: Seguir leyendo

Publicado en Familia, Obra misional, Predicad Mi Evangelio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Un corazón quebrantado y un espíritu contrito

Conferencia General Octubre 2007
Un corazón quebrantado y un espíritu contrito
Élder Bruce D. Porter
De los Setenta

Los que tienen un corazón quebrantado y un espíritu contrito están dispuestos a hacer todo lo que Dios les pida.

¡Cuánto aprecio al élder Joseph B. Wirthlin! En 1899, el poeta Rudyard Kipling escribió al imperio británico la siguiente amonestación sobre el orgullo:

Vano poder los reinos son;
huecos los gritos y el clamor.
Constante tu sacrificio de antaño,
corazón compungido y humillado.
(“God of Our Fathers, Known of Old”, Hymns, Nº 80).

Al hacer referencia al corazón compungido como un “sacrificio de antaño”, es probable que Kipling haya pensado en las palabras del rey David, del Salmo 51: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; [el] corazón contrito y humillado” (versículo 17). Las palabras de David demuestran que desde la época del Antiguo Testamento, los del pueblo del Señor ya entendían que debían entregar sus corazones a Dios, que solamente las ofrendas de holocausto no eran suficientes.

Los sacrificios que fueron ordenados en la dispensación de Moisés eran una representación simbólica del sacrificio expiatorio del Mesías, que era el único que podía reconciliar al hombre pecador con Dios, tal como lo enseñó Amulek: “Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio… el Hijo de Dios” (Alma 34:14).

Después de Su resurrección, Jesucristo declaró al pueblo del Nuevo Mundo:

“…vuestros sacrificios y vuestros holocaustos cesarán, porque no aceptaré ninguno de [ellos]…

“Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí con un corazón quebrantado… lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo…” (3 Nefi 9:19–20).

¿Qué son un corazón quebrantado y un espíritu contrito? ¿Y por qué se consideran un sacrificio?

Como en todas las cosas, la vida del Salvador nos ofrece el ejemplo perfecto: A pesar de que Jesús de Nazaret era sin pecado, vivió con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, tal como lo demuestra por medio de Su sumisión a la voluntad del Padre. “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38); dijo a Sus discípulos: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Y cuando llegó la hora de hacer el sacrificio final que formaba parte de la Expiación, Cristo no rehusó beber la amarga copa sino que se sometió totalmente a la voluntad de Su Padre. Seguir leyendo

Publicado en Arrepentimiento, Gratitud, Sacrificio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El gran mandamiento

Conferencia General Octubre 2007
El gran mandamiento
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Cuando ayudamos al más pequeño de los hijos de nuestro Padre Celestial, lo ayudamos a Él.

Hermanos y hermanas, quisiera hacer una pregunta muy importante. ¿Qué cualidad nos define mejor como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Hoy deseo hablar acerca de la respuesta a esa pregunta.

En el siglo I a. de C., los miembros de la creciente Iglesia en Corinto estaban entusiasmados con el Evangelio. Casi todos eran conversos recientes a la Iglesia; muchos habían llegado atraídos por la predicación del apóstol Pablo y de otras personas.

Sin embargo, los santos de Corinto también eran contenciosos y discutían entre ellos. Algunos se sentían superiores a los demás, y se llevaban a juicio los unos a los otros.

Cuando Pablo se enteró de eso, con un sentimiento de frustración les escribió una epístola suplicándoles que estuvieran más unidos. Les respondió muchas de las preguntas por las que habían estado discutiendo y al final de su misiva les dijo que deseaba mostrarles “un camino aún más excelente” 1 .

¿Recuerdan las palabras que escribió después?

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” 2 .

El mensaje de Pablo a este nuevo grupo de santos fue simple y directo: nada de lo que hagan tendrá gran influencia si no tienen caridad. Pueden hablar en lenguas, tener el don de profecía, entender todos los misterios y poseer toda ciencia, y aun cuando tengan la fe para mover montañas, si no tienen amor, de nada les sirve 3 .

“La caridad es el amor puro de Cristo” 4 . El Salvador ejemplificó ese amor y lo enseñó aún mientras lo atormentaban aquellos que lo odiaban y lo despreciaban.

En una ocasión, los fariseos intentaron tenderle una trampa a Jesús al preguntarle algo que parecía imposible de responder: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” 5 .

Los fariseos habían discutido muchas veces esa pregunta, y habían encontrado más de 600 mandamientos 6 . Si el ponerlos en orden de importancia había sido una labor sumamente difícil para los eruditos, seguramente pensaron que para el hijo de un carpintero de Galilea, la pregunta sería imposible de contestar.

Más cuando los fariseos oyeron Su respuesta, debieron haber quedado preocupados, pues ésta indicaba la gran flaqueza de ellos. Él respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

“Este es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” 7 .

Desde aquel día, esa declaración inspirada se ha repetido a través de muchas generaciones; mas para nosotros, la medida de nuestro amor es la medida de la grandeza de nuestra alma.

Las Escrituras nos dicen que “si alguno ama a Dios, es conocido por él” 8 . Qué maravillosa promesa: ser conocido por Él. De pensar que el Creador del cielo y de la tierra podría conocernos y amarnos con un amor puro y eterno, se eleva nuestro espíritu.

En 1840, el profeta José envió una epístola a los Doce Apóstoles, en la cual les enseñó que “El amor es una de las características principales de la Deidad, y deben manifestarlo quienes aspiren a ser hijos de Dios. Un hombre lleno del amor de Dios no se conforma con bendecir solamente a su familia, sino que va por todo el mundo anheloso de bendecir a toda la raza humana” 9 .

Al amar a los que nos rodean, cumplimos con la otra mitad del gran mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” 10 .

Ambos mandamientos son necesarios, ya que al sobrellevar los unos las cargas de los otros, cumplimos con la ley de Cristo 11 .

El amor es el comienzo, la mitad y el final del sendero de un discípulo; el cual consuela, aconseja, cura y reconforta, y nos guía a través del valle de tinieblas y del velo de la muerte. Al final, el amor nos conduce a la gloria y a la grandeza de la vida eterna.

Para mí, el profeta José Smith siempre ha sido un ejemplo del amor puro de Cristo. Muchas personas preguntaron por qué él tenía tanta gente que le seguía y podía retenerlos, y su respuesta fue: “Es porque poseo el principio del amor” 12 .

Se cuenta el relato de un joven de catorce años que había llegado a Nauvoo en busca de un hermano suyo que vivía cerca de allí. El muchacho había llegado en invierno, sin dinero ni amigos. Al preguntar por su hermano, lo llevaron a una casa grande que se asemejaba a un hotel, donde conoció a un hombre que le dijo: “Pasa, hijo, nosotros cuidaremos de ti”.

El muchacho aceptó y entró en la casa, donde le dieron de comer, calor y un lecho donde dormir.

Al día siguiente hacía mucho frío, pero a pesar de ello, el muchacho se preparó para recorrer los 13 kilómetros que le separaban de su hermano.

Cuando el hombre de la casa lo vio, le dijo que aguardara un rato, pues no tardaría en llegar una diligencia que le podría llevar.

Cuando el jovencito manifestó que no tenía dinero, el hombre le dijo que no se preocupara por eso, ya que ellos se ocuparían de él.

Tiempo después, aquel muchacho supo que el hombre de la casa no era otro que José Smith, el profeta mormón. Ese joven recordó aquel acto de caridad por el resto de su vida 13 .

En un mensaje reciente del programa Música y palabras de inspiración del Coro del Tabernáculo Mormón, se habló acerca de un matrimonio de ancianos que estuvieron casados por muchas décadas. Al ir la esposa perdiendo paulatinamente la vista, no podía cuidar de sí misma como lo había hecho durante tantos años. Sin que ella se lo pidiera, el esposo comenzó a pintarle las uñas de las manos.

“Él sabía que ella podía verse las uñas si se las acercaba a los ojos, desde el ángulo correcto, y que el vérselas la hacía sonreír. Como a él le gustaba verla feliz, siguió pintándole las uñas por más de cinco años, hasta que ella falleció” 14 .

Ése es un ejemplo del amor puro de Cristo. A veces el amor más grande no se halla en las escenas dramáticas que inmortalizan los poetas y los escritores, sino que con frecuencia las mayores muestras de amor son los simples actos de bondad y atención que brindamos a aquellos con quienes nos cruzamos en el camino de la vida.

El amor verdadero dura para siempre. Es eternamente paciente y comprensivo. Todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. Ése es el amor que nuestro Padre Celestial tiene por nosotros.

Todos deseamos sentir un amor así. A pesar de los errores que cometemos y aun cuando no lo merezcamos, esperamos que los demás nos amen a pesar de nuestros defectos.

¡Oh, qué maravilloso es saber que nuestro Padre Celestial nos ama, a pesar de nuestras debilidades! Su amor es tal que aun si nosotros nos diésemos por vencidos, Él jamás lo haría.

Vemos de nosotros mismos el pasado y el presente, pero nuestro Padre Celestial nos contempla con una perspectiva eterna. Aun cuando nosotros nos contentaríamos con menos, nuestro Padre Celestial no, pues Él nos ve como los seres gloriosos que podemos llegar a ser. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Caridad, Compasión | Etiquetado , , , , | Deja un comentario