Conferencia General de octubre de 2016

– Sesión General de Mujeres 24 de septiembre 2016

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El esfuerzo ha valido la pena

Conferencia General Abril 1995
El esfuerzo ha valido la pena
Melanie Eaton
Barrio Leland, Estaca Spanish Fork Oeste, Utah

“La guía que recibo al escudriñar [las Escrituras] ejerce una serena influencia en mí y me brinda paz en mis actividades cotidianas”.

Soy corredora de pista y a campo traviesa, y, muchas veces, casi cinco kilómetros de carrera en terreno escabroso pueden parecer una eternidad. Pero he aprendido a perseverar hasta el fin, a tolerar el esfuerzo arduo y a sobrellevar muchos problemas físicos y emocionales. En ocasiones, tenía deseos de abandonar la carrera o el agotador entrenamiento, pero tuve que perseverar hasta el fin, tanto mental como físicamente. He llegado a la conclusión de que no obstante lo difícil que fuese la carrera o terminar una sesión de entrenamiento, nada se compara con la satisfacción de saber que no me di por vencida.
En 3 Nefi, capítulo 15, versículo 9, están estas palabras de Jesús a los nefitas:

“He aquí, yo soy la ley y la luz. Mirad hacia mí, y perseverad hasta el fin, y viviréis; porque al que perseverare hasta el fin, le daré vida eterna”.

El concepto de perseverar hasta el fin se puede también aplicar al estudio de las Escrituras. Para ,mí, no todo el tiempo me ha sido fácil hacerlo, ya que siempre me han resultado muy difíciles de entender; el terreno ha sido demasiado escabroso, por así decirlo. En las clases de seminario se me alentaba a que formara el hábito de leer diez minutos por día; se me aseguró que, a la larga, eso sería de gran beneficio para mí. De modo que comencé el “entrenamiento”; cada vez que leía el Libro de Mormón, encontraba diferentes mensajes relacionados con los problemas que en ese momento enfrentaba en la vida. Eso me llenó de emoción, y esta noche espero comunicarles ese entusiasmo.

Sé que es difícil; todas pasamos por lo mismo, pero les aseguro que si abren las Escrituras todos los días y las leen, adquirirán ese mismo entusiasmo y testimonio. Una de las bendiciones más grandes es la de acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo.

Las Escrituras también me han proporcionado la forma de recibir la inspiración del Espíritu Santo para tomar diariamente decisiones correctas. En 2 Nefi, capítulo 32, versículo 3, dice:
“Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo; por lo que declaran las palabras de Cristo. Por tanto, os dije: Deleitaos en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer.”

En tanto que persevere hasta el fin y haga de la lectura de las Escrituras un hábito para toda la vida, podré decir como Pablo:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

Les testifico que el esfuerzo ha valido la pena. Me encanta el Libro de Mormón y las verdades que encierra. Me ha llevado algunos años, y me llevará muchos más, aprender la forma de aplicar las Escrituras a mi vida diaria, pero la guía que recibo al escudriñarlas ejerce una serena influencia en mí y me brinda paz en mis actividades cotidianas. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Las responsabilidades de los pastores

Conferencia General Abril 1995
Las responsabilidades de los pastores
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“Les pedimos que se concentren en los principios salvadores del evangelio que son sencillos, sublimes y que alimentan el espíritu. Les rogamos que continúen firmes.

Mis queridos hermanos del sacerdocio, me hace sentir muy humilde la experiencia de percibir la maravillosa fuerza que se ha reunido aquí y en muchos edificios por todo el mundo. Esta noche, honramos el nombre del presidente Howard W. Hunter por su vida y su ministerio, y por todo lo que aprendimos de él. Dios bendiga su memoria.

Hermanos, confieso que no me siento totalmente cómodo en el llamamiento que he recibido. Suplico, con toda humildad, su fe y oraciones. Si no tuviese la absoluta convicción de que “el hombre debe ser llamado por Dios” (Artículo de Fe 5) a cualquier puesto en la Iglesia, no podría servir ni una hora en este llamamiento. Expreso mi profundo agradecimiento al presidente Gordon B. Hinckley por el honor y la confianza que me ha demostrado en llamarme como su Segundo Consejero. Él cuenta con mi total lealtad y apoyo.

Tal como lo exprese en la conferencia de prensa el lunes 13 de marzo de este año, durante cuarenta años he tenido el gran privilegio de relacionarme con el presidente Gordon B. Hinckley en diversas asignaciones de la Iglesia. Conozco los deseos de SU corazón, de su alma; se en cuanto a SU fe, su dedicación, SU gran capacidad. Se dé su amor por el Señor y por la obra sagrada de Dios. Siento un gran afecto personal y respeto por cl. Sé también que ha sido preordinado y preparado de manera maravillosa para ser el Presidente de esta Iglesia en nuestros días.

Mi amistad con el presidente Thomas S. Monson también ha sido larga y fructífera. Hemos trabajado hombro a hombro durante muchos años en diversos cargos; su mente y su memoria son únicas; su fe, sencilla y absoluta. El presidente Monson es un hombre de gran estatura, pero lo más grande que tiene es el corazón. Posee un enorme talento. Me siento muy honrado de trabajar con el presidente Hinckley y el presidente Monson. Tengo profundo respeto y admiración por el presidente Packer, cada uno de los miembros de los Doce, y por todas las Autoridades Generales. Y le doy la bienvenida al hermano Eyring a la hermandad del Santo Apostolado.

Esta noche quisiera dirigirme a los poseedores del Sacerdocio de Dios en SU oficio de pastores del Señor. El élder Bruce R. McConkie dijo esto:

“Cualquier persona que trabaja en la Iglesia en un cargo en el que sea responsable del bienestar espiritual o temporal de cualquiera de los hijos de Dios es un pastor de esas ovejas. El Señor hace a Sus pastores responsables de la seguridad [o sea, la salvación] de Sus ovejas” (Mormón Doctrine, Salt Lake City: Bookcraft, 1966, pág. 710).

Un poseedor del sacerdocio tiene esa gran responsabilidad, ya sea como padre, abuelo, maestro orientador, presidente del quórum de élderes, obispo, presidente de estaca, o en cualquier llamamiento de la Iglesia

Para empezar, me dirijo a los jovencitos del Sacerdocio Aarónico. Cuando yo era niño, una vez mi padre encontró un corderito perdido en el desierto. El rebaño en el que se encontraba su madre se había ido a otro lado y, de alguna manera, el corderito había quedado separado de la oveja; quizás el pastor no se había dado cuenta de que el animalito se había extraviado. Puesto que no hubiera sobrevivido en el desierto, mi padre lo recogió y lo llevo a casa. El haberlo dejado allí hubiera significado una muerte segura, ya fuera que cayera víctima de los lobos o muriera de hambre, porque era tan pequeño que aun necesitaba leche. Mi padre me dio el animalito y yo me convertí en su pastor. Seguir leyendo

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La verdad restaurada

1º de mayo de 2016
La verdad restaurada
Élder Richard J. Maynes
De la Presidencia de los Setenta
Una velada con el élder Richard J. Maynes
Devocional mundial para Jóvenes Adultos • 1º de mayo de 2016 • Tabernáculo de Salt Lake

 

Hermanos y hermanas, me encanta oír sobre la conversión de Nancy, mi esposa y de lo mucho que la primera visión de José Smith y el Libro de Mormón influyeron en su testimonio y conversión iniciales. Siempre he estado agradecido por la oportunidad que tuve de desempeñar un papel misional al presentarle el Evangelio de Jesucristo durante varios años después de mi misión de tiempo completo. Como se imaginarán, me siento muy feliz de cómo salió todo bien para ambos. Nuestra Iglesia y la vida familiar significan todo para nosotros.

Agradezco sinceramente esta asignación de la Primera Presidencia de dirigirme a ustedes esta tarde. Siento que es importante que ustedes sepan que he sentido la influencia y los susurros del Espíritu Santo durante la preparación de este mensaje y espero que lo que comparta sea de beneficio espiritual para ustedes.

La restauración de la plenitud del evangelio de Jesucristo en los últimos días la han previsto y predicho los profetas a lo largo de la historia. Debido a ese hecho, la restauración del evangelio de Jesucristo no debe sorprender a quienes estudian las Escrituras. Existen decenas y decenas de declaraciones proféticas a lo largo del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, y del Libro de Mormón que predicen y señalan claramente hacia la restauración del Evangelio. Ejemplos del Antiguo Testamento se encuentran en Deuteronomio1, Isaías2, Jeremías3, Ezequiel4, Daniel5, Amós6 y Malaquías7. Ejemplos del Nuevo Testamento se encuentran en los libros de Mateo8, Marcos9, Hechos10, Romanos11, Efesios12, 2 Tesalonicenses13 y Apocalipsis14. Muchas otras profecías que señalan hacia la restauración del evangelio de Jesucristo se encuentran en todo el Libro de Mormón, en 1 Nefi15, 2 Nefi16, Jacob17y 3 Nefi18.

Uno de mis ejemplos favoritos de esas profecías en cuanto a la Restauración proviene del libro de Daniel en el Antiguo Testamento. El rey Nabucodonosor de Babilonia sitió y conquistó Jerusalén aproximadamente en el año 586 antes de Cristo. Después de conquistar Judá, el rey Nabucodonosor dio instrucciones a uno de sus jefes, de nombre Aspenaz, para que reuniera a algunos de los hijos de Israel para que sirvieran en su palacio como asesores. El rey mencionó que ese grupo selecto de personas debían ser “aptos para toda sabiduría, y sabios en ciencia, y de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey”19.

Entre ese grupo selecto estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Recordarán que al estar cautivos, a esos jóvenes se les dieron nuevos nombres babilonios: Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego como parte de un intenso adoctrinamiento en la cultura babilonia.

El rey Nabucodonosor tuvo la oportunidad de consultar a esos cuatro jóvenes judíos. En las Escrituras se nos dice que “sobre todo asunto de sabiduría y de entendimiento que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”20.

Una noche, mientras el rey dormía, tuvo un sueño que lo perturbó y quiso saber la interpretación del mismo. Decidió poner a prueba a sus asesores y les hizo una petición sumamente fuera de lo común. Llamó a sus magos, astrólogos y adivinos y les mandó que primero le dijeran el sueño y que luego lo interpretaran. La petición era muy importante para él. El rey Nabucodonosor les dijo: “… si no me decís el sueño y su interpretación, seréis descuartizados”21.

Cuando los hombres sabios del rey no le pudieron dar a conocer el sueño y, obviamente no pudieron interpretarlo, él se enojó sobremanera y ordenó que todos los sabios de Babilonia fuesen destruidos, incluyendo a Daniel y a sus compañeros. Daniel, sin embargo, fue capaz de concertar una audiencia con el rey y lo convenció para que le diera un poco de tiempo y él le interpretaría el sueño.

Daniel volvió a casa y compartió la noticia con sus compañeros. Le pidieron al Señor que les revelara el secreto de la visión del rey para que ellos y el resto de los sabios de Babilonia no perecieran. En las Escrituras se encuentra el resultado de esa súplica: “Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo”22. Seguir leyendo

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Encontrar mi propósito

1º de mayo de 2016
Encontrar mi propósito
Nancy J. Maynes
Una velada con el élder Richard J. Maynes
Devocional mundial para Jóvenes Adultos • 1º de mayo de 2016 • Tabernáculo de Salt Lake

 

Estoy muy feliz de estar aquí esta tarde con mi esposo, y estoy agradecida por la oportunidad de dirigirles la palabra.

Cuando primeramente mi esposo me dijo que iba a hablar sobre la restauración del Evangelio, en particular sobre la primera visión de José Smith, comentamos sobre el impacto que ese tema había tenido en mi vida, y la forma en que mi experiencia podría tener una influencia positiva para fortalecer la fe de ustedes.

Soy conversa a la Iglesia, y me gustaría compartir con ustedes mi más preciada experiencia: la historia de mi conversión.

Crecí en un hogar lleno de amor, y tengo padres maravillosos. No íbamos a la iglesia a menudo, pero por ser miembros de la Iglesia Presbiteriana, siempre íbamos en Navidad y en la Pascua de resurrección, y a veces mi madre me llevaba a la Escuela Dominical. Allí es donde obtuve por primera vez mi testimonio del Salvador. Me encantaba oír las historias sobre Jesús y sabía que Él era algo especial.

De niña sentía la necesidad de decir mis propias oraciones antes de acostarme por la noche. Sabía que el Padre Celestial me escuchaba.

Luego de cumplir 20 años, salía en citas con chicos y pasaba por muchas de las frustraciones, desilusiones y desalientos que a veces ocurren al salir en citas. Tal vez algunos de ustedes han tenido esos mismos sentimientos, pero hay una diferencia. Uno tiene el evangelio de Jesucristo en su vida y eso es una gran bendición; el Evangelio da propósito y fuerza; da esperanza. En ese punto de mi vida, sabía que faltaba algo; sentía que no tenía ningún verdadero propósito ni dirección en mi vida. Empecé a ir a diferentes iglesias con la esperanza de encontrar algunas respuestas. Buscaba algo que le diera significado a mi vida, pero no sabía dónde encontrarlo.

Un día particularmente difícil, decidí que diría una oración; de modo que me arrodillé a un lado de mi cama, algo que por lo general no hacía, y le hablé con fervor al Padre Celestial, pidiéndole que me ayudara y le diera dirección a mi vida. Me sentí un poco mejor y seguí adelante con mis actividades diarias normales.

Unos días más tarde recibí la respuesta a mi oración, cuando un exmisionero llegó a mi vida; se llamaba Richard John Maynes. Me pidió salir con él e hizo lo que hacen los buenos exmisioneros: me preguntó si sabía algo sobre la Iglesia y si alguna vez había leído el Libro de Mormón.

Al poco tiempo me dio una copia del Libro de Mormón para que lo leyera. Empecé a leerlo y una cosa que de inmediato me llamó la atención fue la portada, donde decía: “El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo”. No tenía idea de que el Libro de Mormón tratara sobre Jesús.

También empecé a tomar las lecciones misionales, y una luz se encendió en mi vida. Cuando los misioneros me enseñaron sobre el joven José que recibió la visita de Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, que eran dos seres distintos, me pareció que era verdad, como algo que siempre había sentido y creído, pero no era lo que enseñaban en mi iglesia. La Primera Visión fue una parte importante de mi conversión; sentí una conexión con José Smith porque él tenía la misma pregunta que yo tenía: ¿Dónde puedo encontrar la verdad? El Padre Celestial le contestó a él su sincera oración, y contestó la mía. Seguí tomando todas las lecciones y sabía en mi corazón que lo que se me enseñaba era cierto.

El exmisionero Richard John Maynes me bautizó ese verano; Seguimos saliendo juntos, y un año más tarde nos casamos en el Templo de Manti, Utah. Seguir leyendo

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Un vuelo eterno lleno de gozo

Conferencia General Octubre 1993
Un vuelo eterno lleno de gozo
Élder Hugh W. Pinnock
De los Setenta

Hugh W. Pinnock“La dirección que tomen en el vuelo de su juventud determinará el lugar donde aterrizarán cuando sean adultos.”

Esta noche deseo dirigir mis palabras a los varones jóvenes que me escuchan junto con su padre, con el asesor del quorum, con el obispo y con sus amigos.

A muchos de nosotros nos fascina la aeronáutica. Los pilotos siguen cierto procedimiento para despegar con confianza, sobrevolar la tierra pacíficamente o explorarla desde la atmósfera sintiéndose seguros, y regresar aterrizando sin accidentes. Ya sea que pilotee un avión monomotor o que dirija el vuelo de un transbordador espacial que puede dar una vuelta alrededor del mundo en noventa y dos minutos, todo piloto tiene una lista de verificación que revisa cuidadosamente a fin de asegurarse de que el aparato funcione bien.

Sea que nos refiramos a un avión de combate (Hornet F—14 o F—18) que se lanza rugiendo hacia los cielos desde el portaviones, a un avión fumigador que vuele a poca altura sobre las granjas de los estados de Washington o Kansas, o al transbordador espacial Discovery volando en el espacio, lanzando satélites y haciendo experimentos científicos, siempre se sigue el mismo procedimiento. El piloto y los miembros de la tripulación examinan antes del despegue una lista de verificación detallada para cerciorarse de que todo esté en orden.

Cada uno de ustedes es mucho más importante que cualquier avión; por lo tanto, sería prudente que examinaran y proyectaran su propia lista de verificación antes de lanzarse al espacio de la vida que les quede por delante. Al dirigirse en ese vuelo hacia una eternidad feliz, les sugiero que examinen a menudo cinco elementos. ¡Piensen que a algunos de ustedes les quedan todavía ochenta años o más de vida! Tendrán un futuro muy promisorio si se preparan y se concentran en lo que es importante.

El primer artículo en la lista de verificación es el sacerdocio. Comprendan y utilicen de verdad el sacerdocio que poseen; hónrenlo, dense cuenta de su poder. Piensen que el Sacerdocio Aarónico que poseen es el sacerdocio preparatorio que los guía hacia el Sacerdocio de Melquisedec. Por el poder del Sacerdocio de Melquisedec, el Hijo Unigénito creó innumerables mundos (véase Hebreos 1:2; D. y C. 76:24; Moisés 1:33) siendo el Jehová de la época preterrenal; y luego, como nuestro Salvador Jesucristo, llevó a cabo muchos milagros en la tierra.  Un sabio líder del sacerdocio ha afirmado que éste es el momento de su vida en que deben ponerse en acción a fin de convertirse después en el hombre que deben llegar a ser. Seguir leyendo

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El perdón

El perdón

Como de costumbre el tren hacia su recorrido, pero esta vez fue testigo de una historia cargada de una gran emoción.

En él viajaba un joven que tenía su rostro entre las manos. Cuando se dejaba ver, se percibían las huellas de tristeza, dolor y preocupación.

Un señor mayor que estaba sentado frente a él, le pregunto cuál era el motivo de su turbación. El joven comenzó a relatarle su historia: – “En mi adolescencia, no repare en los consejos de mi madre y en una de mis andanzas, maté a una persona. Fui juzgado y condenado a diez años de prisión, cumplí la sentencia en una cárcel lejos de mi casa. Nadie me visito, ni me escribió durante ese tiempo y todas las cartas que envié no tuvieron respuestas.

Unos meses atrás, cuando supe que me iban a liberar le escribí a mi madre una carta pidiéndole perdón por no haber tenido en cuenta sus consejos, y le comuniqué que en pocos meses saldría en libertad, que deseaba regresar a casa, además quería saber si ella me perdonaría.

Continuó diciendo: – No sé si me estarás esperando, pero si lo vas hacer te pido que me des una señal. ¿Te acuerdas del naranjo que está en la estación de trenes? Si me has perdonado y aceptas que regrese a casa, pon una cinta amarilla en ese árbol, cuando esté llegando, si la veo, me bajaré, de lo contrario seguiré de largo.

Mientras tanto el tren se acercaba a la estación en la que debería bajar. El joven con mucho temor le pidió a su compañero de viaje, que mirara por él, mientras se tapaba su rostro.

El tren comenzó a disminuir su marcha, cuando de repente, el señor que estaba mirando por la ventanilla, gritó lleno de alegría: — ¡Mira, mira…! Alzando los ojos surcados por las lágrimas, el joven no podía creer lo que estaba viendo, contempló el espectáculo más hermoso que podían ver sus ojos. El naranjo no tenía una cinta amarilla, tenía cientos y no solo eso, todos los árboles del pueblo estaban colmados de cintas amarillas. No solo su madre, sino sus amigos y conocidos le querían demostrar que lo habían perdonado. Cientos de personas le dieron una cariñosa bienvenida.

Quiero que sepas que hay una persona llamada Jesús, que como la madre y los amigos del joven de la historia, puede perdonarte hasta el acto más aberrante que hayas cometido. Muchas veces escuchamos decir a las personas, —«No tiene perdón de Dios»— Sí… claro que lo tiene. Hasta el personaje más siniestro que el mundo haya conocido puede alcanzar el perdón de Dios. ¡Quita esta mentira de tu mente, solo debes arrepentirte y recibirás Su misericordia!

Te parecerá extraño, pero así es el Señor. ¿Sabes por qué? Porque Él es amor, y nos ama a pesar de lo miserable que podemos ser. Su misericordia… es infinita…

«El joven de la historia tenía miedo de no ser perdonado, por eso pidió una señal. Cuando pidas perdón a Dios, jamás tengas temor, antes de que tú se lo pidas, todos los árboles del cielo, ya están repletos de cintas amarillas»

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