La vida del discípulo

Liahona Agosto 2017
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

La vida del discípulo

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Sister Doe Kaku

Doe Kaku cuando se convirtió a la Iglesia.
La hermana Kaku en la actualidad, con su esposo, Anthony.

Hace treinta años, en Ghana, una joven estudiante universitaria de nombre Doe entró por primera vez en un centro de reuniones SUD. Una amiga la había invitado a acompañarla, y Doe sentía curiosidad por saber cómo era la Iglesia.

Las personas eran tan amables y afectuosas allí que no pudo evitar preguntarse: “¿Qué clase de iglesia es esta?”.

Doe quedó tan impresionada que decidió aprender más sobre la Iglesia y su gente, quienes estaban llenas de mucho gozo. No obstante, tan pronto como empezó a hacerlo, algunos familiares y amigos bien intencionados comenzaron a oponérsele a cada paso. Decían cosas terribles sobre la Iglesia y hacían todo lo que podían por disuadirla.

Sin embargo, Doe recibió un testimonio.

Tenía fe y amaba el Evangelio, el cual colmaba su vida de dicha; y así fue que entró en las aguas bautismales.

Después de ello, se dedicó de lleno al estudio y la oración. Doe ayunaba y a procuraba la influencia del Espíritu Santo en su vida. Por consiguiente, el testimonio y la fe de Doe se fortalecieron y aumentaron. Con el tiempo, decidió servir en una misión de tiempo completo para el Señor.

Tras regresar de la misión, entabló un noviazgo y se casó con un exmisionero —el mismo que la había bautizado años antes— y más adelante, se sellaron en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica.

Han pasado muchos años desde que Doe Kaku experimentó por primera vez el gozo del evangelio de Jesucristo. Durante este tiempo, la vida no siempre ha sido dulce para ella; ha sobrellevado su porción de angustias y desesperación, incluso la pérdida de dos hijos; y el profundo pesar de dichas vivencias aun le entristece mucho el corazón.

No obstante, ella y su esposo, Anthony, se han esforzado por acercarse el uno al otro y a su amado Padre Celestial, a quien aman con todo el corazón.

Hoy en día, treinta años después de que ella entrara en las aguas bautismales, la hermana Kaku acaba de concluir otra misión de tiempo completo, esta vez junto con su esposo, quien prestó servicio como presidente de misión en Nigeria.

Quienes conocen a la hermana Kaku dicen que hay algo especial en ella; irradia luz; es difícil pasar tiempo con ella sin sentirse más alegre.

Su testimonio es firme: “Sé que el Salvador me ve como Su hija y amiga (véanse Mosíah 5:7; Éter 3:14)”, dice. “Yo estoy aprendiendo y esforzándome mucho por ser Su amiga también; no solo por medio de lo que digo, sino también por lo que hago”.

Nosotros somos discípulos

La historia de la hermana Kaku es semejante a la de muchas otras personas. Tuvo el deseo de conocer la verdad, pagó el precio de obtener luz espiritual, mostró su amor por Dios y sus semejantes, y por el camino experimentó dificultades y pesar.

No obstante, sin importar la oposición, sin importar el pesar, siguió avanzando con fe; y, lo que no es menos importante, conservó la alegría. Encontró la forma no solo de sobrellevar las dificultades de la vida, ¡sino también de progresar a pesar de ellas!

Su historia es semejante a la de ustedes y la mía.

Raramente nuestra jornada se halla libre de problemas o pruebas.

Todos nosotros tenemos nuestras aflicciones, nuestras desilusiones, nuestros pesares.

Incluso podemos sentirnos desalentados y, en ocasiones, agobiados.

Pero quienes llevan la vida de un discípulo —quienes permanecen fieles y siguen avanzando con fe; quienes confían en Dios y guardan Sus mandamientos1; quienes viven el Evangelio día tras día y hora tras hora; quienes prestan servicio cristiano a las personas que los rodean, una buena obra a la vez— son aquellos cuyos pequeños actos a menudo marcan la gran diferencia.

Quienes son un poco más bondadosos, un poquito más prestos a perdonar, y un tanto más misericordiosos son los misericordiosos que recibirán misericordia2. Quienes hagan un mejor lugar de este mundo mediante un acto compasivo y amoroso a la vez, y se esfuercen por llevar la bienaventurada, satisfactoria y pacífica vida de un discípulo de Jesucristo son los que, con el tiempo, hallarán gozo.

Sabrán que “el amor de Dios que se derrama ampliamente en el corazón de los hijos de los hombres… es más deseable que todas las cosas… y el de mayor gozo para el alma”3.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf nos enseña que la senda del discipulado es difícil, pero que quienes lleven la “bienaventurada, satisfactoria y pacífica vida de un discípulo de Jesucristo son los que, con el tiempo, hallarán gozo”. Tal como el presidente Uchtdorf narra la historia de Doe para mostrar el modo en que un verdadero discípulo de Cristo puede hallar paz y gozo a pesar de las pruebas de la vida, usted podría considerar compartir alguna anécdota de su propia vida sobre por qué elige seguir a Cristo y cómo Él lo ha fortalecido. Cuando a usted lo guía el Espíritu, el compartir anécdotas propias puede fortalecer a quienes enseña.

Jóvenes
Sentir gozo como discípulos de Jesucristo

young man doing homework
¿Alguna vez has tenido un mal día? ¿Qué hiciste para animarte? El presidente Uchtdorf sabe que “todos nosotros tenemos nuestras aflicciones, nuestras desilusiones, nuestros pesares. Incluso podemos sentirnos desalentados y, en ocasiones, agobiados”.

Su solución es vivir lo que él llama “la vida de un discípulo”: “[permanecer] fieles y [seguir] avanzando con fe”. Cuando avanzamos con fe, podemos confiar en Dios, guardar Sus mandamientos y servir a los demás; ¡y sentir gozo durante todo ello! Como dijo el presidente Uchtdorf: “Quienes llevan la vida de un discípulo… son aquellos cuyos pequeños actos a menudo marcan la gran diferencia”.

Considera la posibilidad de hacer una lista de las maneras en que puedes llevar la vida de un discípulo. Por ejemplo, podrías escribir alguna idea para prestar servicio como: “Ayudar a uno de mis padres a preparar la cena” o alguna idea sobre cómo guardar los mandamientos como: “Orar para tener más paciencia con mis hermanos”. La próxima vez que te sientas frustrado o agobiado, toma la lista, elige una idea e ¡inténtalo!

Niños
Los buenos y malos momentos de la vida

children happy helping
(haz clic para ampliar la imagen)
Cuando seguimos a Jesús y tratamos de ser amables, ayudamos a otras personas a ser felices. ¡Y cuando somos amables, nosotros también somos felices! Encierra en un círculo dos o tres cosas que podrías hacer esta semana para ser amable con los demás.

Notas

1. Véase Mosíah 4:6.
2. Véase Mateo 5:7.
3. 1 Nefi 11:22–23.

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Cómo llevar una vida consagrada

Liahona Agosto 2017
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Cómo llevar una vida consagrada

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿En qué forma el entender el propósito de la Sociedad de Socorro preparará a las hijas de Dios para las bendiciones de la vida eterna?

sister missionaries greeting woman“Consagrar es apartar o dedicar algo como sagrado, reservado para propósitos santos”, dijo el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “El verdadero éxito en esta vida se logra al consagrar nuestra vida, es decir, nuestro tiempo y opciones, a los propósitos de Dios”1.

El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Tendemos a pensar en la consagración únicamente como el ceder nuestras posesiones materiales cuando se nos solicite en forma divina; pero la consagración suprema consiste en entregarse uno mismo a Dios”2.

Al consagrarnos a nosotros mismos a los propósitos de Dios, aumentará nuestra fe en Jesucristo y en Su expiación. Conforme llevamos una vida consagrada, se nos puede santificar mediante esas acciones.

Carole M. Stephens, anteriormente Primera Consejera de la Presidencia de la Sociedad de Socorro, dijo: “El élder Robert D. Hales enseñó: ‘Cuando hacemos convenios y los guardamos, salimos del mundo y entramos en el reino de Dios’.

“Cambiamos; nuestra apariencia es diferente y nuestra actitud es diferente. Las cosas que escuchamos, leemos y decimos son diferentes, y la forma en que nos vestimos es diferente porque nos convertimos en hijas de Dios ligadas a Él mediante un convenio”3.

La consagración es el convenio que Dios hace “con la casa de Israel”; “después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en sus corazones; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31:33). Llevar una vida consagrada se halla en armonía con el plan que Dios tiene para nosotros.

Escrituras adicionales

1 Tesalonicenses 1:3Doctrina y Convenios 105:5

Relief Society seal Fe Familia Socorro

Considere lo siguiente

¿De qué modo consagrar nuestra vida al Señor nos ayuda a llegar a ser más semejantes a Él?

Notas

1. D. Todd Christofferson, “Reflexiones sobre una vida consagrada”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 16.
2. Véase Neal A. Maxwell, “[Consagrad] vuestra acción”, Liahona, julio de 2002, pág. 39.
3. Carole M. Stephens, “Bien atentas a nuestros deberes”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 115–116.

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Los relojes

Liahona Agosto 2017
REFLEXIONES

Los relojes

Por Christy Rusch Banz
La autora vive en Utah, EE. UU.

El Espíritu Santo se asemeja mucho a los relojes que fascinaban tanto a mi hijo.

boy with a clock

Cuando mi hijo Joshua tenía unos dos años de edad, adquirió un gran interés en los relojes. Si pasábamos frente a algún reloj de la casa, quería detenerse y observarlo. En especial, le gustaba colocar la oreja cerca del reloj y escuchar el tictac que este hacía. Hubo una etapa en la que no podíamos pasar frente a un reloj sin detenernos a escuchar su tictac.

Me di cuenta de algunas cosas interesantes de aquella sencilla actividad. Primero, el tictac del reloj sonaba todo el tiempo, no solo cuando le prestábamos atención. Segundo, aunque sabíamos que el reloj hacía un sonido, teníamos que acercarnos a él, y estar muy callados y quietos a fin de oír el tenue tictac.

El Espíritu Santo se asemeja mucho a los relojes que fascinaban tanto a mi hijo. Los que nos hemos bautizado y recibido el don del Espíritu Santo podemos tener Su compañía constante si vivimos dignos de ella. El Espíritu Santo siempre está con nosotros, pero a veces permitimos que los ruidos del mundo ahoguen los delicados susurros que Él nos transmite. Tal como mi hijo y yo teníamos que estar callados y quietos para oír el suave tictac del reloj, cada uno de nosotros debe estar quieto a fin de escuchar o sentir los delicados susurros que el Espíritu transmite.

El presidente Boyd K. Packer (1924–2015), Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La voz del Espíritu se describe en las Escrituras como una voz que no es ni ‘áspera’ ni ‘fuerte’; no es ‘una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso’, sino que es ‘una voz apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro’, y penetra ‘hasta el alma misma’ y hace ‘arder’ los ‘corazones’ (3 Nefi 11:3Helamán 5:30D. y C. 85:6–7 )…

El presidente Packer enseñó que “el Espíritu no atrae nuestra atención por medio de gritos ni de sacudidas bruscas. Por el contrario, nos susurra; nos acaricia tan tiernamente que si nos encontramos demasiado enfrascados en nuestras preocupaciones, quizás no lo percibamos en absoluto…

“En algunas ocasiones, solo nos presionará con la firmeza necesaria para que le pongamos atención, pero la mayoría de las veces, si no le hacemos caso a esa suave impresión, el Espíritu se alejará y esperará hasta que acudamos en Su busca y lo escuchemos” (véase “Lámpara de Jehová”, Liahona, octubre de 1983, pág. 31).

Ahora, cada vez que oigo el tictac de un reloj, no puedo evitar recordar la sencilla lección que mi hijo me enseñó sobre estar calmo para escuchar los delicados susurros del Espíritu.

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La preocupación del Señor por nosotros

Liahona Agosto 2017
PRESTAR SERVICIO EN LA IGLESIA

La preocupación del Señor por nosotros

Por Paige Anderson
La autora vive en Utah, EE. UU.

Al pensar en cuando mi familia era el centro de atención de los consejos de barrio, comprendí que nosotros no éramos la preocupación del barrio únicamente; éramos la preocupación del Señor.

ward council

Cuando el obispo me preguntó si aceptaba el llamamiento de presidenta de las Mujeres Jóvenes, quería decirle que no. Me sentía incapaz de presidir a las jovencitas. No obstante, tres meses después, me entristecí mucho al enterarme de que los límites de nuestro barrio cambiarían y se me relevaría.

Oré a fin de saber por qué el Señor permitió que llegara a amar a las jóvenes para luego tener que despedirme tan pronto. Mi respuesta llegó de manera inesperada, durante una reunión de consejo de barrio.

Se había pedido a los miembros del consejo que compartieran experiencias en la conferencia de estaca sobre cómo ayudar a los miembros de nuestro barrio, pero a mí me preocupaba que algunas personas pudieran sentir que eran “objetivos del barrio”. Sin embargo, tras haber expresado mi preocupación, el Espíritu me indicó que el Padre Celestial se preocupa por todos Sus hijos.

Hace algunos años, mi esposo y yo éramos el centro de atención de un consejo de barrio, y lo sabíamos. Yo regresé a la actividad en la Iglesia después de que nació nuestro primer hijo, pero mi esposo no. Durante años, trataron de ayudarnos presidencias de estaca, obispados y maestros orientadores.

Luego nos mudamos a un nuevo barrio. Un obispo paciente y amoroso y un maestro orientador entablaron amistad con mi esposo. Esta vez mi esposo se hallaba receptivo al Espíritu. Se sintió inspirado a leer el Libro de Mormón y comenzó a asistir a la Iglesia. Poco a poco recuperó el testimonio. Jamás olvidaré el hermoso día en que nuestra familia se selló en el templo.

No fue sino hasta que fui llamada como presidenta de las Mujeres Jóvenes y tuve la oportunidad de servir en el consejo de barrio que llegué a ver lo que significa ser el centro de atención de un consejo. Aprendí que los consejos de barrio se centran en ciertas personas no porque les preocupen los números, sino porque a ellos y al Señor les preocupan las personas. Cuando servimos en nuestros llamamientos, el Señor nos llena de Su amor para con aquellos a quienes servimos.

Al pensar en cuando mi familia era el centro de atención de los consejos de barrio, comprendí que nosotros no éramos la preocupación del barrio únicamente; éramos la preocupación del Señor. Ellos se preocuparon por nosotros porque Él se preocupa por nosotros.

La verdad es que todos somos de interés para el Señor. Por amor, Él ha establecido un plan para fortalecernos y, de ser necesario, activarnos; un plan que con frecuencia llevan a cabo personas como el obispo y el maestro orientador que ayudaron a mi esposo.

“El servicio amoroso y el ocuparse de las necesidades de los demás tal vez fue la característica principal de la vida terrenal del Salvador y siempre caracterizará a los discípulos del Maestro”.

Élder Jeffrey R. Holland, “Lo que deseo que todo miembro nuevo sepa y que todo miembro experimentado recuerde”, Liahona, octubre de 2006, pág. 12.

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Cómo bendecir a quienes están menos activos

Liahona Agosto 2017

Cómo bendecir a quienes están menos activos

Por el élder Terence M. Vinson
De los Setenta

Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por llevar de regreso al redil a Su oveja perdida.

Christ healing

Muchas de las hermosas verdades de la vida las descubrimos a través de nuestros sentidos espirituales en lugar de nuestros sentidos físicos. De hecho, muchas cosas importantes —incluso las eternas— pueden sentirse, pero no verse.

El apóstol Pablo enseñó ese principio a los santos de Corinto: “No [miramos] nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (véase 2 Corintios 4:18).

El amor se aprende y se siente, principalmente, mediante los sentidos espirituales. De igual modo, la compasión, la amistad, la longanimidad y la fe son frutos del Espíritu (véase Gálatas 5:22).  El Padre Celestial emplea esos sentimientos del Espíritu para bendecir a Sus hijos, incluso a aquellos que se han descarriado.

He vivido la mayoría de mi vida en la región del océano Pacífico. Muchas personas de la región del Pacífico tienen un gran entendimiento de la importancia de las cosas que no se ven que describe Pablo, y muchas claramente dan prioridad a las cosas espirituales por encima de las necesidades físicas.

Esa zona de la Iglesia es diversa, con naciones desarrolladas y avanzadas, tales como Australia y Nueva Zelanda; así como naciones agrícolas y pesqueras, como Tonga y Samoa, donde los miembros de la Iglesia representan una gran proporción de la población. Luego hay naciones en vías de desarrollo, como, por ejemplo, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, donde las personas afrontan significativas dificultades.

Esa diversidad brinda oportunidades de aprender.

La urgencia de visitar a los menos activos

Una de tales experiencias de aprendizaje se destaca por encima de las demás. Se me había asignado como Setenta de Área a presidir una conferencia de estaca en Nueva Zelanda. Solo unos meses antes, el presidente Thomas S. Monson había dirigido un elocuente mensaje a todos los setentas del mundo. Su discurso se centraba en rescatar a quienes se habían apartado de las ordenanzas del Evangelio.

Como resultado del mensaje del presidente Monson y la consiguiente admonición que nos extendió, yo sentía la premura de visitar e invitar a quienes no participaban plenamente del Evangelio a regresar a los convenios y a las ordenanzas de salvación. Invité a los presidentes de estaca a que me llevaran, durante los fines de semana de las conferencias de estaca, a visitar a los miembros menos activos. Aquellas visitas siempre eran maravillosas.

Un sábado, durante un fin de semana de conferencia de estaca en particular, el presidente de estaca y yo visitamos a varias familias. El esposo y la esposa de una de aquellas familias habían estado casados durante unos diez años y se habían sellado en el templo, pero ahora estaban menos activos. Nos recibieron cordialmente y fue una visita espiritual. Conforme la visita llegaba a su fin, me sentí inspirado a preguntar al esposo si deseaba recibir una bendición, y luego a pedirle que diera una bendición a su esposa.

Se trataba de una impresión fuera de lo común. Se me había enseñado que, como invitado en casa ajena, debía asumir un rol secundario y que el cabeza de familia había de ser quien decidía lo que se hacía. Sin embargo, aquel hermano estaba agradecido por la invitación a recibir la bendición y se hallaba claramente conmovido después que el presidente de estaca y yo hubimos concluido.

No obstante, al ponerse de pie, preguntó si alguno de nosotros quería bendecir a su esposa. Nos dijo que, a pesar de llevar casados diez años, jamás le había dado una bendición y se sentía incómodo al respecto.

Lo alenté diciéndole: “Nosotros lo ayudaremos”.

woman receiving priesthood blessing

Después de explicarle cómo dar una bendición y de ayudarle a practicar lo que debía decir al principio y al final, él le dio una maravillosa bendición a su esposa. Cuando terminó, todos teníamos los ojos llorosos, y él y su esposa aceptaron nuestra invitación de regresar al Evangelio.

Como resultado de aquella tierna experiencia, el presidente de estaca se sintió inspirado durante el discurso que dirigió a los miembros de la estaca al día siguiente a exhortar a los poseedores del sacerdocio a dar bendiciones a los integrantes de la familia al regresar a casa tras la conferencia.

Inspirado a bendecir

Al concluir aquella sesión dominical de la conferencia de estaca, sentí otra impresión; esta vez, la de acercarme a una hermana joven que estaba sentada a unas diez filas del frente de la capilla y preguntarle si necesitaba una bendición. No la conocía, pero la impresión era fuerte.

La hermana, a quien tomé de improviso, dijo vacilante: “No, gracias”.

Yo estaba un tanto agradecido por su respuesta, pero sentía que había hecho lo que el Espíritu había indicado. Regresé al frente de la capilla para saludar a los miembros y de pronto se me acercó aquella misma joven, y me preguntó si aún estaba dispuesto a darle una bendición. Le dije: “Por supuesto”, y la invité a pasar a la oficina del presidente de estaca, donde en breve estaríamos con ella.

Cuando el presidente de estaca y yo nos dirigíamos a su despacho, le pregunté en cuanto a la mujer. Me explicó que ella acababa de volver a la Iglesia tras diez años de no asistir; vivía sola, pero durante esos diez años había llevado una vida contraria a las normas del Evangelio.

Antes de la bendición, la joven hermana nos habló sobre sus sentimientos de indignidad. Nos dijo que, durante el tiempo que pasó apartada de la Iglesia, sencillamente había hecho lo que quería sin pensar en los asuntos espirituales. Desde entonces, había despertado de nuevo al Evangelio, pero sentía que se había atrasado tanto en su desarrollo espiritual que no tenía esperanzas de recuperar lo perdido.

Le enseñamos que los obreros que entren tarde en la viña —y aquellos que regresen a esta tras ausentarse por algún tiempo— recibirán el mismo galardón que los que hayan trabajado en ella desde hace mucho (véase Mateo 20:1–16). Luego, le dimos una bendición del sacerdocio.

vineyard

Al actuar como portavoz en aquella bendición, me sentí sobrecogido por la abundancia de amor que percibí que el Señor tenía por la hermana. Fue un sentimiento más potente de lo que jamás había sentido antes; un sentimiento que me hizo ver que estaba en presencia de un espíritu particularmente noble. Cuando concluimos la bendición, la hermana se levantó de la silla; tenía dos líneas negras de rímel que le corrían desde los ojos; yo también me conmoví hasta las lágrimas.

El Señor me había permitido ver que aquella joven mujer excepcional estaba en las primeras etapas de un proceso que todos debemos experimentar para lograr nuestro máximo potencial aquí en la tierra. Cuando perdemos nuestro rumbo espiritual y cuando cometemos pecados, todos debemos humillarnos y arrepentirnos.

Tal como el apóstol Pablo enseñó a los gálatas, esta vida es el momento de que el espíritu se someta a la carne. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (Gálatas 5:17).

Si alcanzamos o no nuestro potencial depende de que nuestro espíritu gobierne nuestro cuerpo, de que prevalezcamos sobre “el hombre natural” (Mosíah 3:19). En el mundo de hoy, muchas personas parecen no dar pelea en esa batalla. Los apetitos de la carne gobiernan sus vidas y la carne somete sus espíritus.

Aquella joven mujer se hallaba en la senda que permitiría que su espíritu se sometiera a la carne. Había comenzado una batalla que estaba resuelta a ganar.

“Andad en el Espíritu”

Al partir de la estaca aquel día, le pedí al presidente de estaca que me diera la información de contacto de quienes había conocido ese fin de semana a fin de poder alentarlos a seguir en la senda del Evangelio y recordar los compromisos que habían hecho.

La joven hermana siguió progresando y lo hizo rápidamente. Mediante su fe, empezó a “[andar] en el Espíritu” y a “[vivir] por el Espíritu” (Gálatas 5:16, 25). Se mantuvo en contacto conmigo y me confió las grandes dificultades que había superado y que ha afrontado desde entonces. Se ha vuelto una querida amiga de nuestra familia y hemos visto la fortaleza de su espíritu conforme ella se ha acercado al Salvador.

Ahora disfruta de las bendiciones del templo, ha prestado servicio como obrera de ordenanzas, e irradia los dones espirituales de la caridad y la benignidad. Desde entonces se ha casado en el templo con un joven hombre digno.

Es claro que en esa joven mujer lo espiritual ha vencido a lo temporal. Hemos visto cómo se purificaba su corazón y que ella “ya no [tiene] más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (véase Mosíah 5:2).

Tal vez, el conocimiento que el Señor tenía de la nobleza del alma de ella fuera la causa de la inspiración que recibí aquel día. Aquella impresión me ha bendecido para que pudiera ver manifestarse el poder y la gracia del Padre Celestial en la vida de ella.

Todos tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos y hermanas menos activos, y a todos se nos puede inspirar concerniente a la forma de bendecirlos. Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por “[volverles] a Su redil” (“Ama el Pastor las ovejas”, Himnos, nro. 139; véase también Alma 26:4).

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Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Liahona Agosto 2017

Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Por Lisa Ann Thomson

little boy with armor

Las estadísticas pueden llegar a agobiar a los padres; Extremetech.com calcula que un treinta por ciento de todos los datos que se transfieren por internet son pornografía1. Se halla, literalmente, en cientos de millones de páginas web, hasta en los gigantes de las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Puede accederse a ella a través de la televisión, las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.

“El material al que el niño se ve expuesto sencillamente traumatiza el tierno y frágil cerebro de un pequeño”, señala una terapeuta, la Dra. Jill C. Manning, quien es una frecuente disertante sobre los efectos de la pornografía en el matrimonio y la familia.

Pero hay esperanza.

Aun con la aparente omnipresencia de la pornografía, los padres tienen el poder para proteger a sus hijos y prepararlos para afrontar y rechazar la pornografía.

A continuación se presentan ocho estrategias de líderes de la Iglesia y expertos para ayudar a los padres a fortalecer sus familias.

1. Aborden la cuestión del accesoy de las reglas familiares

Comiencen con las defensas exteriores. “Salvaguardamos a nuestros hijos hasta el momento en que ellos pueden salvaguardarse a sí mismos”, dice Jason S. Carroll, profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young. Este explica que el tronco encefálico, que alberga los centros de placer del cerebro, se desarrolla primero. Solo después se desarrollan completamente la capacidad de razonar y tomar decisiones en la corteza frontal. “De modo que los niños tienen el pedal del acelerador, pero sin los frenos al completo”, dice. Por lo tanto, los filtros externos y la supervisión son cruciales para las personas jóvenes.

Hay pasos sencillos y reglas que pueden proteger a los niños (y adultos) de la exposición involuntaria, y ayudarlos a pensárselo dos veces en cuanto al contenido que deciden ver:

  • Utilicen los filtros de la computadora, del enrutador y de los niveles del proveedor de servicios de internet.
  • Activen el control parental y el de contenidos mediante los proveedores de televisión por cable y los servicios de medios de comunicación en línea.
  • Configuren la restricción de contenidos en los dispositivos móviles.
  • Mantengan las computadoras y tabletas en las áreas de uso compartido.
  • Pidan a los niños y adolescentes que les entreguen los teléfonos y dispositivos móviles por la noche.
  • Establezcan una política de transparencia: Los padres pueden ver los mensajes de texto y las cuentas de las redes sociales en cualquier momento.

Enseñen a los hijos qué hacer si se encuentran con pornografía: (1) cerrar los ojos y apagar el dispositivo, (2) contarle a un adulto y (3) dirigir los pensamientos a otra cosa. Asegúrenles que no han hecho nada malo y que no se los regañará.

2. Prediquen de Cristo

“Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros”, dijo Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro2.

Para ayudar a nuestros hijos a cultivar dicho filtro interno, la hermana Reeves destaca el consejo de Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

Los expertos concuerdan con ello. Hay estudios que han confirmado que la religiosidad en el hogar, junto con una “forma de crianza afectuosa”, tiene un efecto protector contra la pornografía3.

“La mejor medida preventiva y la mejor medida reparadora ante la pornografía es la verdadera enseñanza del Evangelio en el hogar”, dice Timothy Rarick, profesor de Técnicas para la Crianza de los Hijos de la Universidad Brigham Young–Idaho, y miembro asesor de la Mesa Directiva de la United Families International [organización Familias Unidas Internacional]. “Lo mejor que podemos hacer es ayudar a nuestros hijos a establecer su propia conexión con los cielos”.

3. Enseñen a los hijos a usar un filtro interior

parents with son
Los padres pueden enseñar estrategias específicas para filtrar los medios de comunicación mediante las normas del Evangelio. Para la Dra. Manning, el Artículo de Fe número trece es el filtro perfecto para todas las decisiones que se tomen en cuanto a los medios de comunicación.

“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres [y mujeres]… Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Hay mucho material en los últimos días que no se ajusta a dichos criterios; y si lo que hallamos no se ajusta, tenemos que seguir buscando”, dice la Dra. Manning.

No obstante, es ese esfuerzo lo que diferencia a los Santos de los Últimos, señaló el presidente Thomas S. Monson: “Conforme el mundo se aleja más y más de los principios y las pautas que nos dio un amoroso Padre Celestial, sobresaldremos de la multitud… Seremos diferentes al decidir no llenar nuestra mente con opciones de multimedia que son viles y degradantes y que harán que el Espíritu deje nuestro hogar y nuestra vida”4.

4. Enseñen a sus hijos una sexualidad sana

El principio de la “oposición en todas las cosas” [2 Nefi 2:11] se aplica a la pornografía. No basta con indicar que la pornografía es mala; los padres también deben enseñar a sus hijos lo que es bueno.

“Una de las defensas y protecciones más poderosas de nuestros jóvenes es que les enseñemos sobre la sexualidad, en el hogar y desde temprano”, dice la Dra. Manning. “Nuestros jóvenes sufren, puesto que crecen en un entorno de mensajes tóxicos con muy escasos mensajes positivos dentro del marco del Evangelio”.

El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young, Mark H. Butler, recomienda las explicaciones directas: “El ciclo de la respuesta sexual existe de forma natural en nosotros, los seres humanos. Los deseos e impulsos sexuales que tenemos son un don concedido por Dios, los cuales nos bendicen y nos atraen natural y afectivamente al sexo opuesto, al matrimonio y a la vida familiar”.

Las charlas apropiadas según la edad en cuanto a la sexualidad sana pueden comenzar desde una temprana etapa. El profesor Carroll señala que las conversaciones sobre el contacto físico bueno y el contacto físico malo, así como sobre la privacidad personal, junto con el uso de la terminología correcta de las partes del cuerpo, pueden empezar a enseñarse desde temprana edad. Para la edad de ocho años, el niño tiene la capacidad de lograr una comprensión básica del sexo en el contexto físico, espiritual, emocional y en el pertinente a las relaciones, dice.

Además, los jovencitos y las jovencitas valoran la forma de hablar correcta y directa. Un joven dijo: “Si se anda con rodeos, las personas pueden malinterpretar mucho. Se me enseñó acerca de la ley de castidad una decena de veces antes de que me diera cuenta de que hablaban de sexo”.

El profesor Carroll dice que los padres también deben prestar atención al contexto de dichas charlas. “Hagan todo lo posible para no hacer de esas conversaciones algo estructurado”, dice. “Llevamos a nuestro hijo a cenar, nos vestimos con ropa de domingo o lo conversamos en el estacionamiento del templo”, dice. Sin embargo, si los hijos reciben el mensaje de que solo puede hablarse de sexo bajo esas circunstancias, tal vez no sepan cómo recrear tales circunstancias cuando tengan preguntas.

En vez de eso, los padres deben generar un diálogo y oportunidades continuas para que los hijos hagan preguntas cuando las tengan. “Si la conversación se produce cuando están sentados en el suelo del dormitorio o en la camioneta, o mientras recogen fresas, sabrán cómo volver a hablar”, dice Carroll.

“La experiencia me ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente son, por lo general, los menos informados”, señala el profesor adjunto de BYU Bradley R. Wilcox. “Los jovencitos que reciben respuestas de los padres desde una edad temprana son, por lo común, los que evitan la experimentación sexual”.

5. Destruyan el mito de la pornografía

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) manifestó claramente la verdad sobre [el uso de] la pornografía. Dijo: “Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. [Los] llevará… directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrece a sus víctimas”5.

“El consumo de pornografía por parte de los adolescentes y adultos jóvenes con frecuencia conduce a una idea distorsionada de la sexualidad y su función de fomentar sanas relaciones interpersonales”, sostiene el American College of Pediatricians [Colegio Estadounidense de Pediatras]. “Tales distorsiones incluyen la sobrestimación de la frecuencia de la actividad sexual en la comunidad, la creencia de que la promiscuidad sexual es normal y la creencia de que la abstinencia sexual no es saludable”6.

En las conversaciones concernientes a la pornografía, los padres deben señalar que esta es ficticia en todos los aspectos. Los comportamientos que se describen en la pornografía no son ni normales ni un reflejo de lo que se debe prever ni esperar en una relación sana. “La pornografía es atractiva solo mientras se acepten sus mitos”, dice el profesor Carroll.

6. Cambien la conversación concerniente al problema

father with son
Los expertos y líderes de la Iglesia advierten en cuanto a concluir demasiado rápido que cualquier uso de pornografía indica necesariamente una adicción.

“No todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella”, señala el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema”7.

“Los jóvenes y las jovencitas se involucran con la pornografía debido a la curiosidad, debido a su accesibilidad y debido a, fundamentalmente, la falta de madurez”, dice el profesor Carroll. “Cada uno de nosotros experimenta el poder del ciclo de respuesta sexual que se despierta durante la pubertad mucho antes de que tengamos la madurez emocional o espiritual para entenderlo por completo”.

Richard Neitzel Holzapfel, profesor de Historia de la Iglesia en BYU y asesor docente del club estudiantil Remediar la Pornografía, indica que “el problema es real y tiene consecuencias terribles, pero hacer declaraciones generales sobre el problema a menudo lo arraiga más en el alma de quienes luchan contra él”.

El élder Oaks afirma que los problemas con la pornografía pueden oscilar entre “el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)… Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema… Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de… arrepentirse”8.

Al abordar los problemas, el profesor Butler sugiere que los padres adopten un método de evaluación: ¿Por cuánto tiempo ha estado ocurriendo? ¿Con qué frecuencia la consumen? ¿De qué manera acceden a ella? Luego, los padres pueden trabajar con los jóvenes para determinar el nivel de acción adecuado.

“Comprendan a las personas y quiénes son”, dice el profesor Holzapfel. “¿Cuán grave es su problema? ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Cuál es la razón por la que ven pornografía y cómo podemos abordar los problemas más profundos?”

7. Enseñen a lidiar con las emociones

Es probable que el abordar problemas más graves también pueda ser clave para evitar problemas con la pornografía, dice Nathan Acree, un terapeuta que reside en Utah. Aparte de la curiosidad natural, la pornografía suele utilizarse como un modo de lidiar con las emociones, en particular, con las emociones agobiantes”.

El profesor Butler añade: “En cierto punto, el joven o la joven tiene alguna experiencia difícil o angustiosa en materia psicológica, en materia de relaciones o en materia espiritual”. Dice que las experiencias negativas pueden conducir el cerebro adolescente a tornarse a “las experiencias que le hacen a uno sentirse bien” como ver pornografía y a tener conductas relacionadas, como la masturbación. Entonces, las emociones que se crean en dichas conductas reemplazan o enmascaran las emociones estresantes. Y en ello yace el peligro: “La persona pasa de una experiencia que le hace sentirse bien a iniciar el tránsito a la dependencia psicológica. Ahora la persona se vale de esa conducta como un medio de lidiar con la vida”.

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El hermano Acree dice que los padres deben enseñar a los hijos que tanto las emociones agradables como las desagradables son normales, y que está bien experimentar sentimientos negativos tales como tristeza, enojo, frustración o dolor. Con frecuencia, los padres sienten la necesidad de controlar las emociones de sus hijos, pero el permitirles experimentar y afrontar los sentimientos negativos fomenta un conjunto de capacidades cruciales.

Si existe un problema con la pornografía, los padres deben procurar no aumentar la carga emocional del hijo avergonzándolo. El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de BYU, James M. Harper, indicó que, mientras que la culpa es una reacción natural ante los errores que puede motivar el cambio, la vergüenza es un sentimiento destructivo que puede conducir a una sensación de desesperanza.

En otras palabras, generar o exacerbar el sentimiento de vergüenza en los hijos daña la capacidad de estos tanto de cultivar reacciones emocionales positivas como de reconocer la influencia del Espíritu, quien, en última instancia, es el aliado más poderoso en la prevención y la recuperación frente al uso de pornografía.

Un joven que luchaba contra la pornografía recuerda con claridad cómo reaccionaron sus padres cuando su problema salió a la luz: “Mi madre reaccionó severamente, con gritos y vociferando, y me hizo sentir peor al respecto en vez de sentir esperanzas de superarlo”, dice. “Quien fue de mayor ayuda fue mi padre, al decirme repetidamente cuánto me amaba”.

“Por favor, no los condenen”, ruega el élder Oaks. “no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial”9.

8. Enseñen que la expiación del Salvador funciona

En discursos, lecciones y materiales de lectura, los jóvenes reciben el claro mensaje de que la pornografía es un mal peligroso, pero tenemos que dar más énfasis a la doctrina de la expiación de Jesucristo.

En el caso de los jóvenes, el profesor Butler cree que el cerebro de los adolescentes podría ser una de las principales razones para enseñarles acerca de la Expiación. “El cerebro adolescente no está formado por completo y eso conduce a ciertas dificultades como el control de los impulsos y una falta de pensamiento con previsión”, explica. “El adolescente espiritualmente sincero, que se esfuerza, puede llegar a quedar mutilado por una culpa abrumadora al afrontar debilidades ante las que que él es especialmente vulnerable al tener dicho cerebro aún en una fase adolescente. Es extremadamente crucial que, junto con la enseñanza de los mandamientos, enseñen a los adolescentes la Expiación; que existe a fin de ayudarnos a cultivar la paciencia y la perseverancia en la vida”.

“Todos necesitamos la expiación de Jesucristo… Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, [todos] pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido”, dice el élder Oaks10. Eso incluye a quienes han utilizado pornografía.

Y es un mensaje esperanzador: Hay mucho que los padres pueden hacer a fin de preparar a sus hijos para rechazar la pornografía; y cuando flaqueen, la expiación infinita del Salvador hace posible el cambio y el arrepentimiento.

“Eso significa, que pase lo que pase, el Padre Celestial nunca dejará de amarlos, y que nosotros, sus padres, nunca dejaremos de amarlos”, dice el profesor Rarick. Para un hijo, no puede existir una esperanza mayor que esa.


El 30% de los datos de internet son pornografía.

En 2015 se vieron 136 miles de millones de videos pornográficos en teléfonos inteligentes.

La pornografía es una industria de $97 mil millones de dólares estadounidenses.

En contraste, los ingresos en conjunto de las 10 principales ligas deportivas de Norteamérica, Europa y Asia es de $45.800 millones de dólares estadounidenses.

La exposición a la pornografía comienza en los años de la preadolescencia.

Las plataformas de las redes sociales se han convertido en sitios de gran tráfico de intercambio de pornografía.

76%de los usuarios de internet de 40 países usan redes sociales.

Vea un video de niños que explican cómo mantenerse a salvo de la pornografía en lds.org/go/81722.


Notas

  1. Sebastian Anthony, “Just How Big Are Porn Sites?”, ExtremeTech, 4 de abril de 2012, extremetech.com.

  2. Linda S. Reeves, “Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 16.

  3. Véase Sam A. Hardy et al., “Adolescent Religiousness as a Protective Factor against Pornography Use”, Journal of Applied Developmental Psychology, tomo XXXIV (mayo–junio de 2013), págs. 131–139, sciencedirect.com. La autora también entrevistó al investigador principal.

  4. Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 88.

  5. Véase Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, pág. 62.

  6. “The Impact of Pornography on Children”, American College of Pediatrics, junio de 2016, acpeds.org.

  7. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, pág. 52.

  8. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, págs. 52–53.

  9. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

  10. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

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La norma divina de la honradez

Liahona Agosto 2017

La norma divina de la honradez

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Honesty—The Heart of Spirituality”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 13 de septiembre de 2011. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

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Dios, nuestro Padre, y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez y verdad. Somos hijos e hijas de Dios. Nuestro destino es llegar a ser como Él. Procuramos ser perfectamente honrados y verídicos como nuestro Padre y Su Hijo. La honradez describe el carácter de Dios (véase Isaías 65:16) y, por lo tanto, la honradez es un elemento clave de nuestro progreso espiritual y de los dones espirituales.

Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6; véanse también Juan 18:37D. y C. 84:4593:36).

El Señor preguntó al hermano de Jared: “¿Creerás las palabras que hablaré?”.

El hermano de Jared respondió: “Sí, Señor, sé que hablas la verdad, porque eres un Dios de verdad, y no puedes mentir” (Éter 3:11, 12).

Estas son las propias palabras del Salvador: “Yo soy el Espíritu de verdad” (D. y C. 93:26; véase también el versículo 24). “… yo os digo la verdad” (Juan 16:7; véase también Juan 16:13).

Por otra parte, a Satanás se le describe como el padre de las mentiras: “… y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:4).

Jesús dijo: “… el diablo… no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de sí mismo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira”  (Juan 8:44; véase también D. y C. 93:39).

El Salvador reprendía constantemente a quienes profesaban algo públicamente, pero en su corazón vivían de manera diferente (véase Mateo 23:27). Él alabó a quienes vivían sin engaño (véase D. y C. 124:15). ¿Se dan cuenta del contraste? Por un lado están las mentiras, los engaños, la hipocresía y la oscuridad; por el otro, están la verdad, la luz, la honradez y la integridad. El Señor hace una marcada distinción.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho:

“Si bien antes las normas de la Iglesia eran casi todas compatibles con las de la sociedad, ahora nos divide un gran abismo que cada vez se agranda más…

“El Salvador de la humanidad se describió a Sí mismo diciendo que estaba en el mundo sin ser del mundo [véanse Juan 17:14D. y C. 49:5]. Nosotros también podemos estar en el mundo sin ser del mundo al rechazar los conceptos falsos y las enseñanzas falsas, y ser fieles a lo que Dios nos ha mandado”1.

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El mundo nos diría que es difícil definir la verdad y la honradez. Al mundo le causa gracia mentir de vez en cuando y no demora en excusar las supuestas mentiras “piadosas”. El contraste entre el bien y el mal se atenúa y las consecuencias de la falta de honradez se minimizan.

Para recibir constantemente el Espíritu de Verdad —el Espíritu Santo—, debemos llenar nuestra vida con lo verdadero y lo honrado. A medida que llegamos a ser completamente honrados, nuestros ojos espirituales se abren a un mayor grado de iluminación.

Ustedes pueden entender fácilmente la forma en que esa fuerza espiritual favorece el aprendizaje en el salón de clase; pero, ¿pueden ver también cómo ese principio se aplica a las decisiones importantes sobre la forma en la que utilizan su tiempo, con quién lo pasan y la manera en que moldean su vida?

Comprométanse a la honradez personal

El don espiritual de verdad que ustedes necesitan y desean no se puede separar del hecho de que sean una persona honrada y verídica. La verdad que procuran es parte de la persona que son. La luz, las respuestas espirituales y la dirección celestial están inalterablemente vinculadas a su propia honradez y veracidad. Gran parte de la satisfacción duradera que tengan en la vida la recibirán a medida que continuamente eleven su compromiso de honradez personal.

Roy D. Atkin relató lo siguiente:

“Después de que varios estudiantes abandonaron sus estudios al finalizar [mi] primer año en la universidad, mis clases en la facultad de odontología se hicieron aun más competitivas. Todos se esforzaban al máximo por estar entre los primeros de la clase. A medida que aumentaba la rivalidad, algunos estudiantes decidieron que la manera de salir adelante era hacer trampa, lo cual me preocupó mucho…

“Sabía que no debía hacer trampa; más que llegar a ser dentista, quería estar bien ante Dios.

“[Durante] mi tercer año, me ofrecieron una copia de un examen que íbamos a tener en una clase muy importante. Obviamente, eso significaba que algunos de mis compañeros de clase tendrían de antemano las preguntas del examen. Rechacé la oferta. Cuando se nos devolvieron los exámenes corregidos, el promedio del grupo era extremadamente alto, lo que hizo que mi puntuación fuese más baja en comparación. El profesor pidió hablar conmigo.

“‘Roy’, dijo, ‘por lo general sacas buenas calificaciones en las pruebas; ¿qué sucedió?’.

“‘Señor’, le dije a mi profesor, ‘en el próximo examen, si da una prueba que nunca haya dado antes, creo que descubrirá que me irá muy bien’. No respondió.

pencil and test“Tuvimos otro examen en esa misma clase. Mientras se repartían los exámenes, se oían fuertes gemidos. Era una prueba que el maestro nunca había dado. Cuando nos devolvieron los exámenes corregidos, la calificación que obtuve fue una de las más altas de la clase. A partir de ese momento, todos los exámenes que nos daban eran nuevos”2.

Debido a que somos discípulos de Cristo, la norma divina de la honradez forma parte de nosotros. En el Libro de Mormón, la amonestación del rey Benjamín de “[despojarse] del hombre natural” (Mosíah 3:19) es, en parte, un llamado para adquirir un sentido más elevado de honradez y de verdad.

El apóstol Pablo aconsejó a los efesios: “… despojaos del viejo hombre, que está viciado… y renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Y después dio un consejo específico en cuanto a llegar a ser un “nuevo hombre” o una “nueva mujer”: lo primero que les dijo que hicieran fue “[dejar] la mentira, [y hablar] verdad cada uno” (véase Efesios 4:22–25; véanse también Colosenses 3:93 Nefi 30:2).

Me gusta esta definición de la honradez: “La honradez es ser completamente verídico, recto y justo”. Además, la integridad es “[tener] el valor moral de hacer que [tus] acciones sean compatibles con el conocimiento que [tienes] del bien y del mal”3.

El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, relató lo que sucedió cuando se postuló como candidato para ingresar en la Escuela de Oficiales del Ejército de Estados Unidos. Dijo:

“… me llamaron a comparecer ante la comisión investigadora. Mis títulos eran pocos, pero había cursado dos años en la universidad y acababa de regresar de mi misión en Sudamérica.

“Las preguntas que me formularon los oficiales de la comisión tomaron un giro sorprendente; casi todas tenían que ver con mis creencias: ‘¿Fuma usted?’ ‘¿Bebe alcohol?’ ‘¿Qué piensa en cuanto a otras personas que fuman y beben?’ Yo no tuve problemas para contestar esas preguntas.

“‘¿Ora usted?’ ‘¿Cree usted que un oficial debe orar?’ El oficial que me hacía las preguntas era un aguerrido militar de carrera. No aparentaba ser uno que orara con frecuencia… Yo anhelaba ser oficial…

“Decidí no ser ambiguo. Les dije que sí oraba y que creía que un oficial podría procurar la ayuda divina tal como algunos generales notables lo habían hecho…

“Entonces me hicieron otras preguntas más interesantes: ‘En épocas de guerra, ¿no deberíamos disminuir un tanto el código de la moral? ¿No justificarían las exigencias de las batallas que los hombres hicieran cosas que no harían en su hogar ante circunstancias normales?’.

“… Me parecía que esas preguntas provenían de hombres que no vivían de conformidad con las normas que se me habían enseñado. Pensé por un instante que quizás podría decirles que yo tenía mis propias creencias, pero que no quería imponérselas a los demás. Sin embargo, en mi mente me pareció ver los rostros de las muchas personas a las que, como misionero, les había enseñado la ley de castidad; así que, al final, simplemente les contesté que no creía que hubiera más de una norma de moralidad’.

“Salí del interrogatorio pensando que aquellos toscos oficiales… me calificarían muy bajo. Pocos días después, cuando se publicaron los resultados, quedé gratamente sorprendido. Me encontraba en el primer grupo de candidatos para la Escuela de Oficiales”.

Entonces, el presidente Faust, al darse cuenta de cómo las decisiones pequeñas pueden traer grandes consecuencias, dijo: “Esa fue una de las encrucijadas de mi existencia”4.

La honradez, la integridad y la verdad son principios eternos que moldean de manera significativa nuestra experiencia mortal y ayudan a determinar nuestro destino eterno. Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

Sean fieles a su palabra

La honradez abarca todo aspecto de la vida diaria, pero permítanme mencionar algunos ejemplos específicos. En mi época de estudiante, recuerdo que el rector de aquel entonces de la Universidad Brigham Young, Dallin H. Oaks, ahora miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió esta cita de Karl G. Maeser: “Mis jóvenes amigos, se me ha preguntado lo que quiero decir con palabra de honor. Se lo diré. Si me colocan detrás de los muros de una prisión —muros de piedra bien altos y gruesos, con cimentos muy profundos— existe la posibilidad de que de una manera u otra pueda escapar; pero si me colocan allí en el suelo, dibujan un círculo a mi alrededor y me piden que dé mi palabra de honor de nunca cruzarlo, ¿podría salir de ese círculo? ¡No, jamás! ¡Antes moriría!”5.

man standing in circleHay momentos en los que honramos los compromisos simplemente porque hemos acordado honrarlos. Habrá situaciones en la vida en que se verán tentados a ignorar un acuerdo que hayan hecho. Al principio concertarán el acuerdo debido a algo que desean recibir a cambio. Más tarde, debido a un cambio en las circunstancias, ya no querrán honrar los términos del acuerdo. Aprendan ahora que cuando dan su palabra, cuando hacen una promesa, cuando ponen su firma, su honradez y su integridad personales los obligan a cumplir su palabra, su compromiso, su acuerdo.

Estamos muy agradecidos de que “[creen] en ser honrados” (Artículos de Fe 1:13), que dicen la verdad, que no harían trampa en un examen, que no plagiarían un documento ni engañarían a otra persona. El Señor nos dice:

“… y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser;

“y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio” (D. y C. 93:24–25).

Nuestros retos con frecuencia se presentan en lo “más o menos”, en las pequeñas tentaciones que están al borde del ser completamente honrado. Cuando cursaba el primer año de universidad, tenía sobre mi escritorio una declaración que con frecuencia citaba el entonces presidente David O. McKay (1873–1970). Dice: “Las batallas más grandes de la vida se libran dentro de las cámaras silenciosas del alma”6.

¿Cómo creen que se siente el Señor cuando tomamos decisiones difíciles en cuanto a la honradez? Hay un enorme poder espiritual al permanecer fieles y honrados cuando las consecuencias de su honradez podrían parecer una desventaja. Cada uno de ustedes enfrentará tales decisiones, y esos momentos decisivos pondrán a prueba su integridad. Al escoger la honradez y la verdad —ya sea que la situación se resuelva de la manera que ustedes esperan o no—, se darán cuenta de que esas importantes encrucijadas se convierten en pilares fundamentales de fortaleza en su crecimiento espiritual.

“Sean rectos en la oscuridad”

El presidente Brigham Young (1801–1877) una vez dijo: “Debemos aprender a ser rectos en la oscuridad”7. Una definición de esta frase es que debemos aprender a ser honrados cuando nadie sabe si estamos siendo deshonrados. Los exhorto a ser “rectos en la oscuridad”. Elijan el camino que el Salvador mismo elegiría.

El poeta Edgar A. Guest escribió:

No quiero mantener ocultos
todos mis muchos secretos;
ni engañarme de que en mi andar
ningún otro se habrá de enterar8.

Recordemos las bellas palabras del Profeta José Smith: “… yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación” (José Smith—Historia 1:25).

man in viceExiste la presión para sobresalir, para mantener altas calificaciones, para encontrar empleo, para encontrar amigos, para complacer a los que los rodean, para graduarse. No permitan que esas presiones afecten su honradez. Sean honrados cuando las consecuencias parezcan estar en su contra. Oren para tener mayor honradez; piensen en los aspectos en los que el Señor desearía que fuesen más honrados y tengan el valor de tomar las medidas necesarias para elevar su espíritu a un nivel más alto de determinación a ser completamente honrados.

El presidente Monson nos ha amonestado: “Seamos ejemplos de honradez y de integridad dondequiera que vayamos y en lo que sea que hagamos”9. Tal vez deberían pensar en poner el consejo que dio el profeta del Señor donde lo puedan ver a menudo.

El élder Oaks nos ha aconsejado: “… no debemos ser tolerantes con nosotros mismos; Debemos regirnos por las demandas de la verdad”10. Sean intransigentes con ustedes mismos. El Salvador dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24).

Termino donde empecé. Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez. Testifico que nuestro Padre Celestial y Su amado Hijo viven. Ellos los conocen a ustedes personalmente y los aman. Su destino como hijo o hija de Dios es llegar a ser como Ellos. Somos discípulos del Señor Jesucristo. Tengamos el valor de seguirlo.

Notas

1. Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, págs. 66, 67.

2. Roy D. Atkin, “I Wouldn’t Cheat”, New Era, octubre de 2006, págs. 22–23.

3. Progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, librito, 2009, pág. 61.

4. Véase de James E. Faust, “La honradez, una brújula de la moral”, Liahona, enero de 1997, págs. 45–48.

5. En Alma P. Burton, Karl G. Maeser: Mormon Educator, 1953, pág. 71; véase también de Dallin H. Oaks, “Be Honest in All Behavior” (Devocional de la Universidad Brigham Young, 30 de enero de 1973), pág. 4, speeches.byu.edu.

6. Véase de James L. Gordon, The Young Man and His Problems, 1911, pág. 130.

7. Diario de la oficina de Brigham Young, 28 de enero de 1857.

8. Edgar A. Guest, “Myself”, en The Best Loved Poems of the American People, 1936, pág. 91; traducción libre.

9. Thomas S. Monson, “Al partir”, Liahona, mayo de 2011, pág. 114.

10. Dallin H. Oaks, “El equilibrio entre la verdad y la tolerancia”, Liahona, febrero de 2013, pág. 32.

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