Cara a Cara con el presidente Eyring y el élder Holland

Cara a Cara con el presidente Eyring y el élder Holland,

04 de Marzo de 2017

Esta transmisión mundial presentó un análisis con el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, y el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. Todos los jóvenes pueden mirar este evento para ayudarlos a aprender sobre la oración.

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La Expiación del Salvador

La Expiación del Salvador
por  W. Cleon Skousen

El Hermano W. Cleon Skousen fue un famoso discursante de temas del evangelio. Su tema favorito, por cierto, fue la expiación de Jesucristo, tema que él comprendió gracias a su presidente de misión, el apóstol John A. Widtsoe, uno de los más reconocidos líderes de la historia de la Iglesia de Jesucristo.

Este discurso fue primeramente presentado, por invitación del Presidente Mike Glauser, ante aproximadamente 180 misioneros en la Misión de Atlanta Georgia en Noviembre 2 y 3 de 2000. Las horas de la mañana se pasaron cubriendo la estructura básica de esta presentación. Las horas de la tarde se pasaron respondiendo las preguntas.

Los Bloques de Construcción del Universo

Una de las cosas gratificantes de ir a una misión es la oportunidad de poder realmente aprender del evangelio. Y lo aprendemos en dos niveles. El primer nivel es lo que Pablo le llama el nivel de la LECHE del aprendizaje del evangelio los que son los requisitos actuales del evangelio para guiarnos a la presencia de Nuestro Padre, por ejemplo, fe, arrepentimiento, bautismo, el Don del Espíritu Santo, obedecer los mandamientos y perdurar hasta el final. Claro que no minimizamos la importancia sagrada del nivel de la LECHE porque dice en términos simples qué deben hacer para alcanzar el Reino Celestial.

El segundo nivel es lo que Pablo llamó el nivel de la CARNE lo cual explica el porqué de cómo cada principio del evangelio es esencial y CÓMO trabaja. Entonces la LECHE es el QUÉ del evangelio. La CARNE es el porqué y el cómo. La diferencia entre la leche y la carne están muy claras en las escrituras. Aquí esta de cómo Pablo distinguió entre estos dos niveles del estudio del Evangelio. El dijo:

“Os di de beber leche, y no vianda; porque aun no erais capaces, ni sois capaces todavía.” (1 Corintios 3:2)

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por lo tanto (”NO” de acuerdo con José Smith) dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, VAMOS ADELANTE A LA PERFECCION; no (repetidamente) echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios. (Hebreos 5:12-14 y 6:1)

Isaías dice que la carne les pertenece a “aquellos que entiendan la doctrina y sean arrancados de los pechos… porque mandato sobre mandato, renglón tras renglón.” (Isaías 28:9-10)

Claro que el reto más grande de José Smith como la cabeza profética de esta nueva dispensación fue el hecho que no recibió nuevo conocimiento simplemente línea sobre línea y precepto sobre precepto sino que CAPA SOBRE CAPA. Algunas veces estas capas eran tan enriquecidas con doctrinas intensas de la carne del evangelio que los asociados de José Smith se sofocaban y denunciaban a José y la más reciente capa de revelación como falsa e inaceptable. Pero el tiempo de José fue corto. El no podía esperar a aquellos que se retrasaban. Consecuentemente, diez miembros del Quórum original de los Doce balbucearon. Los dos apóstoles que se quedaron valientemente con el profeta eran Brigham Young y Herber C. Kimball.

Mientras en una misión nos concentramos en enseñar la leche porque estas son las cosas simples y claras que son esenciales para regresarnos al Reino Celestial de Nuestro Padre. Nos dicen QUE hacer. La llave del éxito en la leche es la OBEDIENCIA, y la buena voluntad para seguir los requerimientos esenciales del evangelio. Noten que Pablo se molesto con los santos en su día porque no podía llevarlos a que fueran más allá de la leche y aprendieran de la carne del evangelio. Y POR ESO IR EN PERFECCION. Noten de Isaías que la carne del evangelio no puede ser digerida por comérsela en bocados. Debe ser meditado, precepto sobre precepto y línea sobre línea.

La bendición de tener un Gran Maestro

Me metí a la carne del evangelio un poco después cuando llegue a la misión Británica. Solo tenía 17 cuando se me llamo a una misión y en cuanto llegue a Inglaterra supe que el Élder John A. Widtsoe presidía sobre todas las misiones en Europa y que tenia las oficinas centrales en Inglaterra. Eso quería decir que de vez en cuando iba a verlo.

El Presidente Widtsoe era un apóstol y un miembro del Consejo de los Doce. El había sido presidente de dos universidades, era científico famoso, y era miembro de la Sociedad Real de Inglaterra. Por reputación él fue considerado ser uno de los primeros eruditos del evangelio en toda la Iglesia y había escrito libros en las enseñanzas de ambos, José Smith y los Discursos de Brigham Young.

Un día íbamos en el tren juntos, y fui tan intrépido en preguntarle al Élder Widtsoe acerca de una duda acerca del evangelio. No me había dado cuenta en ese tiempo, pero mi pregunta pasó a ser la pregunta más profunda de todo el evangelio. Yo le dije, “Élder Widtsoe por qué Jesús tuvo que ser crucificado?”

El tomo una pausa y después dijo, “Quien te dijo que me hicieras esa pregunta?” — Yo le dije, “Bueno, nadie. Es mi pregunta.” Cuando era un niño pequeño en Canadá nos decían de cómo en Pascua Jesús fue lacerado con un látigo, cómo tenía una corona de espinas en su cabeza, con sangre corriendo en su rostro, y cómo fue clavado en la cruz y sufrió la más terrible agonía. Me pregunte quien en el mundo querría tal sufrimiento? Si tenía un propósito, cual era? Aun más, cómo la crucifixión de Jesús tenía que ver con mi salvación?

Élder Widtsoe pensó por un momento y después dijo: “Te podría contestar tus preguntas, pero no entenderías las respuestas. No sabes lo suficiente acerca de Nuestro Padre Celestial.”

Entonces le dije, —“Me enseñaría?”

Fue una cosa atrevida al preguntarle a una Autoridad General con una carga pesada, pero después de un momento él dijo, “Ya que es tu pregunta, tal vez tengas la curiosidad suficiente y tenacidad para preferir seguir la tarea tediosa de aprender línea sobre línea y precepto sobre precepto; porque es la única manera en que vas a ver el cuadro completo.

Así fue cómo yo me tropecé en una de las grandes bendiciones de toda mi vida. Vine a ser un estudiante de la carne del evangelio bajo la guía del Apóstol John A. Widtsoe. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Adaptado de un sermón pronunciado el 9 de julio de 1880
Las responsabilidades del sacerdocio
Por Wilford Woodruff (1807-1898)
Cuarto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Considero nuestra condición o posición como la de un pueblo que ha sido llamado a efectuar cierta obra. Cuando enviamos hombres a misiones o a realizar cualquier tipo de tarea, desde luego, esperamos que la cumplan, y el Señor espera lo mismo de ellos. Considero a los élderes de Israel que se encuentran aquí esta noche así como a todos los de esta Iglesia y reino, como integrantes de una misión.

Hemos sido ordenados para una misión y tenemos nuestro tiempo establecido para cumplirla. No sé exactamente cuantos días o años vamos a dedicarle, pero esta obra se requiere de nuestras manos no obstante a qué puesto se nos llame o en qué cargo se nos ordene. Y cuando tenemos ante nosotros una tarea que cumplir, no debemos ignorarla ni dejarla de lado; se toma cuenta de ella, la cumplamos o no. Existen muchas revelaciones que nos muestran que efectivamente así es. La historia de vuestra vida va delante de vosotros y todos la encontraréis cuando paséis al otro lado del velo. La historia de cada hombre, vale decir, sus hechos están escritos, haya él guardado registro de ellos o no; esto se encuentra claramente manifestado en la revelación conocida como la “Hoja de Olivo” (Doctrinas y Convenios, Sección 88).

Tenemos una tarea sobre nuestros hombros; José Smith la tuvo, Brigham Young la tuvo, los Doce Apóstoles la tienen, todos nosotros la tenemos, y seremos condenados si no la cumplimos; esto lo sabremos cuando hayamos pasado al otro lado del velo. Ha sido por haber descuidado este deber que muchos han abandonado esta Iglesia y reino de Dios.

Muchas veces durante mis reflexiones he deseado poder comprender cabalmente la responsabilidad que tengo ante Dios, así como la responsabilidad que tienen todos los hombres que poseen el sacerdocio en esta generación. Y os digo, hermanos, que pienso que nuestros corazones están demasiado fijos en las cosas de este mundo. (Véase Doctrinas y Convenios 121:35.) No apreciamos, en la medida que debemos hacerlo, como hombres que poseemos el Santo Sacerdocio en esta generación, la gran responsabilidad que tenemos ante Dios y el alto cielo, así como para con la tierra. Creo que estamos demasiado alejados del Señor y que no vivimos nuestra religión como debemos. No creo que tengamos nuestros corazones puestos en la edificación de este reino como deberíamos hacerlo como Santos de los Últimos Días.

Ahora, no penséis que soy vuestro enemigo porque os digo estas cosas. Siento que tenemos una importante obra que llevar a cabo, obra que otros continuarán cuando nosotros hayamos muerto. Al mirar a mi alrededor, veo la obra de este tiempo; pienso en lo que me rodea y encuentro que ocho de los Doce Apóstoles han pasado al mundo de los espíritus desde que llegamos a este valle; espero ir allí yo también, como mis hermanos irán; todos iremos allá antes de que hayan transcurrido muchos años. No espero nada más; y os diré que durante mis meditaciones en los últimos dos años he sentido que no tengo ninguna otra cosa que hacer en esta tierra sino tratar de edificar este reino. No creo que sea yo justificado si pongo mi corazón en las cosas de este mundo y descuido algún deber que Dios requiera de mis manos.

Cuando contemplo esta generación, cuando pienso en los mil doscientos millones de personas que moran en la carne, muchas de ellas disponiéndose para los juicios de Dios, generación que está lista para recibir la ira de Dios sobre sus cabezas . . . cuando considero estas cosas, sé que si dejo de expresar mi testimonio ante ellos, que si olvido dar mi testimonio a esta generación cuando tengo la oportunidad de hacerlo, me arrepentiré de ello cuando haya pasado al mundo de los espíritus.

Así me siento con respecto a esta obra; Dios nos exige que la demos a conocer a esta generación. Y cuando pienso en el valor de esta generación, en su grandeza, cuando considero que es una generación y dispensación en que Dios ha puesto su mano para establecer un reino, el grande y último reino y el único que el Señor ha establecido en época alguna del mundo, para que permanezca sobre la tierra hasta el milenio, sí, cuando pienso en estas cosas, puedo darme cuenta de la grandiosidad de esta obra.

El mundo siempre ha hecho la guerra a los profetas y los ha destruido con.la excepción de Enoc que fue llevado al cielo con su ciudad. Ahora, si pudiésemos darnos cuenta de que tenemos el reino de Dios sobre la tierra hoy en día, con la promesa de Dios nuestro Padre de que éste permanecerá sobre la tierra hasta la venida del Hijo del Hombre; si pudiésemos darnos cuenta de esto y darnos cuenta a la vez de nuestra responsabilidad, me parece que todos tendríamos deseos de magnificar nuestro llamamiento. Seguir leyendo

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La oración y las impresiones del Espíritu

Conferencia General Octubre 2009
La oración y las impresiones del Espíritu
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

[Las] experiencias de inspiración y oración no son algo fuera de lo común en la Iglesia; son parte de la revelación que nuestro Padre Celestial nos ha brindado.

Ningún Padre enviaría a Sus hijos a una tierra distante y peligrosa para toda una vida de pruebas, donde se sabía que Lucifer andaba suelto, sin primeramente darles un poder personal de protección. Él también les proporcionaría los medios para comunicarse con Él de Padre a hijo y de hijo a Padre. A todo hijo de nuestro Padre enviado a la tierra se le da el Espíritu de Cristo o la Luz de Cristo 1 . A ninguno de nosotros se nos deja aquí solos sin esperanza de guía y redención.

La Restauración se inició con la oración de un jovencito de catorce años y una visión del Padre y del Hijo; dio así comienzo la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

La restauración del Evangelio trajo consigo el conocimiento de la existencia preterrenal. Por las Escrituras, sabemos acerca del Concilio de los Cielos y de la decisión de enviar a los hijos y a las hijas de Dios a la tierra a recibir un cuerpo y a ser probados 2 . Somos hijos de Dios; tenemos un cuerpo de espíritu que, por ahora, se alberga en un tabernáculo terrenal de carne. En las Escrituras dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Como hijos de Dios, sabemos que formamos parte de Su “gran plan de felicidad” (Alma 42:8).

Sabemos que hubo una guerra en los cielos, y que Lucifer y los que le siguieron fueron echados sin cuerpos:

“…Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo… se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo;

“por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados” (D. y C. 76:28–29).

Se nos dio nuestro albedrío 3 ; debemos usarlo con sabiduría y permanecer cerca del Espíritu; de otro modo, nos encontraremos de manera imprudente cediendo a las tentaciones del adversario. Sabemos que mediante la expiación de Jesucristo se pueden lavar y limpiar nuestros errores, y nuestro cuerpo terrenal será restaurado a su forma perfecta.

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios” (Moroni 7:16).

Existe una manera perfecta de comunicación por medio del Espíritu, “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

Después del bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sigue una segunda ordenanza: la “Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:4).

Esa dulce y apacible voz de inspiración llega más como un sentimiento que como un sonido. A la mente se le puede indicar la inteligencia pura. El Espíritu Santo se comunica con nuestro espíritu a través de la mente más que por medio de los sentidos físicos 4 . Esa guía se presenta como pensamientos, sentimientos, susurros e impresiones 5 . Podemos sentir las palabras de la comunicación espiritual más que oírlas, y verlas con ojos espirituales en vez de mortales 6 .

Durante muchos años serví en el Quórum de los Doce Apóstoles con el élder LeGrand Richards, quien murió a los 96 años de edad. Nos dijo que cuando tenía doce años, asistió a una gran conferencia general en el Tabernáculo donde oyó al presidente Wilford Woodruff.

El presidente Woodruff relató una experiencia en la que tuvo una impresión del Espíritu. La Primera Presidencia lo envió a “congregar a todos los santos de Dios en Nueva Inglaterra y Canadá, y traerlos a Sión” 7 .

Se detuvo en Indiana, en casa de uno de los hermanos, y dejó su carruaje en el patio, donde él, su esposa y uno de los hijos se acostaron, mientras que el resto de la familia durmió adentro de la casa. Al poco rato de haberse acostado, el Espíritu en susurro le amonestó: “Levántate, y mueve este carruaje”. Se levantó y movió el carruaje a cierta distancia de donde había estado. Al volver a acostarse, el Espíritu le volvió a hablar: “Ve y mueve las mulas lejos de ese roble”. Lo hizo, y entonces se volvió a acostar.

A los treinta minutos vino un remolino de viento que quebró el tronco en el que habían estado amarradas las mulas, lo echó abajo y fue arrastrado unos cien metros a través de dos cercas. El enorme árbol, que tenía un tronco de un metro y medio de circunferencia, cayó exactamente en el lugar donde había estado el carruaje. Por haber escuchado las impresiones del Espíritu, el élder Woodruff había salvado su vida y la de su esposa e hijo 8. Seguir leyendo

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“Arrepent[íos]… para que yo os sane”

Conferencia General Octubre 2009
“Arrepent[íos]… para que yo os sane”
Élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios.

Mis hermanos y hermanas, han pasado seis meses desde que me llamaron al Quórum de los Doce. Aún me siento muy humilde al prestar servicio junto a hombres que por mucho tiempo han sido mis ejemplos y maestros. Aprecio profundamente las oraciones de ustedes y su voto de sostenimiento. Para mí, éste ha sido un período de ferviente oración, en el que he buscado con fervor la aprobación del Señor. He sentido Su amor de maneras sagradas e inolvidables. Testifico que Él vive, y que ésta es Su santa obra.

Amamos al presidente Thomas S. Monson, el profeta del Señor. Siempre recordaré su bondad al extenderme el llamamiento el pasado abril. Al terminar la entrevista, extendió los brazos para abrazarme. El presidente Monson es un hombre alto; cuando me estrechó entre sus largos brazos y me acercó hacia él, me sentí como un niño pequeño en los brazos protectores de un amoroso padre.

En los meses desde que ocurrió esa experiencia, he pensado en la invitación del Señor de venir a Él y de que nos estreche espiritualmente en Sus brazos. Él dijo: “He aquí, [mis brazos] de misericordia se [extienden] hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” 1 .

En las Escrituras se habla de Sus brazos abiertos 2 , extendidos 3 y que nos envuelven 4 . Se describen como poderosos 5 y santos 6 , brazos de misericordia 7 , brazos de seguridad 8 , brazos de amor 9 , “extendido[s] todo el día” 10 .

Todos hemos sentido, hasta cierto punto, esos brazos espirituales a nuestro alrededor. Hemos sentido Su perdón, Su amor y Su consuelo. El Señor ha dicho: “Yo soy el que os consuela” 11 .

El deseo del Señor de que vayamos a Él y que Él nos envuelva en Sus brazos, con frecuencia es una invitación a que nos arrepintamos. Cito: “He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré” 12 .

Cuando pecamos, nos alejamos de Dios. Cuando nos arrepentimos, nos volvemos hacia Dios.

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios 13 . Es el llamado de un Padre amoroso y de Su Hijo Unigénito a que seamos más de lo que somos, que alcancemos un nivel de vida mejor, que cambiemos y que sintamos la felicidad que proviene de guardar los mandamientos. En calidad de discípulos de Cristo, nos regocijamos en la bendición de arrepentirnos y en el gozo de ser perdonados. Ellos llegan a ser parte de nosotros, y moldean nuestra forma de pensar y de sentir.

Entre las decenas de miles de personas que escuchan esta conferencia, hay muchos grados de dignidad y de rectitud personales. Sin embargo, el arrepentimiento es una bendición para todos; cada uno de nosotros necesita sentir los brazos de misericordia del Salvador mediante el perdón de nuestros pecados.

Hace años, se me pidió que me reuniese con un hombre que, mucho antes de nuestra reunión, había vivido, por un tiempo, de forma desenfrenada. Como resultado de sus malas decisiones había sido excomulgado de la Iglesia. Ya hacía mucho que había regresado a la Iglesia y estaba cumpliendo fielmente los mandamientos, pero sus acciones del pasado lo perseguían. Al reunirme con él, sentí su vergüenza y profundo remordimiento por haber dejado de lado sus convenios. Después de nuestra conversación, coloqué mis manos sobre su cabeza y le di una bendición del sacerdocio. Antes de pronunciar palabra, sentí, en forma sobrecogedora, el amor y el perdón del Salvador hacia él. Después de la bendición, nos dimos un abrazo y el hombre lloró intensamente.

Me maravillan los brazos del Salvador llenos de misericordia y de amor que envuelven al arrepentido, sin importar lo egoísta que haya sido el pecado que abandonó. Testifico que el Salvador puede perdonar nuestros pecados y que está ansioso por hacerlo. Con la excepción de aquellos que han optado por la vía de la perdición luego de haber conocido la plenitud, no hay pecado que no pueda ser perdonado 14 . Qué privilegio maravilloso es para cada uno de nosotros apartarnos de nuestros pecados y venir a Cristo. El perdón divino es uno de los frutos más dulces del Evangelio, pues quita el remordimiento y el pesar de nuestro corazón y lo reemplaza con regocijo y tranquilidad de conciencia. Jesús declara: “¿…no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?” 15 .

Algunos de los que escuchen hoy tal vez necesiten “un gran cambio en su corazón” 16 para afrontar un pecado serio; tal vez sea necesaria la ayuda de un líder del sacerdocio. Para la mayoría, el arrepentimiento es sereno y privado, buscando a diario la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios. Seguir leyendo

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Ser moderados en todas las cosas

Conferencia General Octubre 2009
Ser moderados en todas las cosas
el élder Kent D. Watson
De los Setenta

El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

En respuesta a la consulta del profeta José Smith, el Señor le instruyó: “Y nadie puede ayudar [en la obra] a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que le fueren confiadas” 1 .

La instrucción de ser moderados en todas las cosas se aplica a cada uno de nosotros. ¿Qué es la moderación y por qué quiere el Señor que seamos moderados? Una definición limitada podría ser “ejercer autodominio en lo que respecta a la comida y la bebida”. En efecto, ese significado podría ser una buena norma para obedecer la Palabra de Sabiduría. A veces, la moderación se define como “contener el enojo o no perder los estribos”. Sin embargo, esas definiciones son sólo algunas formas en las que se usa la palabra en las Escrituras.

En el sentido espiritual, la moderación es un atributo divino de Jesucristo, y Él desea que cada uno de nosotros lo desarrolle. El aprender a ser moderado en todas las cosas es un don espiritual que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

Cuando el apóstol Pablo describió ciertos frutos del Espíritu en su epístola a los gálatas, habló de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre [y] templanza [o sea moderación]” 2 .

En la carta que Pablo le escribió a Tito, al describir los atributos que debe tener un obispo para ayudar en la obra, dijo que el obispo no debe ser “soberbio, [ni] iracundo…” sino “dueño de sí mismo” 3 ; y para ser dueño de sí mismo se debe tener moderación en todas las cosas, o sea, ejercer autodominio.

Cuando Alma el joven enseñó en la tierra de Gedeón, dijo lo siguiente:

“…espero que no os hayáis envanecido con el orgullo de vuestros corazones; sí, confío en que no hayáis puesto vuestros corazones en las riquezas y las vanidades del mundo…”.

“…quisiera que fueseis humildes, que fueseis sumisos y dóciles; fáciles de persuadir; llenos de paciencia y longanimidad; siendo moderados en todas las cosas” 4 .

En otro mensaje más adelante, Alma enseñó a su hijo Shiblón y, por extensión, también a todos nosotros: “Procura no ensalzarte en el orgullo” 5 ; en vez, debía ser “diligente y moderado en todas las cosas” 6 . El ser moderado significa examinar nuestras expectativas y deseos, y ser diligentes y pacientes en nuestro esfuerzo por alcanzar metas dignas.

Hace unos años, volvía a casa del trabajo en el auto cuando un gran camión semirremolque que iba en dirección opuesta perdió uno de sus neumáticos dobles. El neumático voló sobre la medianera que separaba los carriles y vino rebotando hacia mi lado de la carretera. Los autos empezaron a virar en ambas direcciones sin saber en qué dirección iría el neumático. Yo me fui hacia la izquierda para esquivarlo cuando tendría que haberme desviado hacia la derecha, y la goma rebotó por última vez justo en el costado de mi parabrisas.

Un amigo llamó a mi esposa para avisarle del accidente. Ella me dijo después que en lo primero que pensó fue en las heridas que me habría causado el vidrio al hacerse pedazos. En efecto, quedé cubierto con trocitos del vidrio roto, pero no sufrí ni siquiera un rasguño. Definitivamente no fue por mis habilidades para conducir; más bien fue porque el parabrisas estaba hecho de vidrio templado.

El vidrio templado, así como el acero templado, pasa por un proceso de calentamiento bien controlado que aumenta su resistencia; por lo tanto, cuando el vidrio templado está bajo presión, no se rompe fácilmente en fragmentos dentados que puedan causar daño.

Del mismo modo, un alma templada, una que sea humilde y llena de amor, es también una persona de mayor fortaleza espiritual. Con mayor fortaleza espiritual, podemos desarrollar el autodominio y vivir con moderación; aprendemos a controlar o moderar el enojo, la vanidad y el orgullo. Con mayor fortaleza espiritual nos protegemos de los peligrosos excesos y adicciones destructivas de nuestro mundo actual.

Todos buscamos la serenidad y todos deseamos seguridad y felicidad para nuestra familia. Si tratamos de encontrar el lado bueno de la recesión de este año pasado, tal vez sea que las pruebas que algunos de nosotros hayamos enfrentado nos hayan enseñado que la paz interior, la seguridad y la felicidad no provienen de comprar una casa ni de acumular posesiones que hacen que la deuda contraída resulte mayor de lo que nuestros ahorros o ingresos nos permitan. Seguir leyendo

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José Smith: Profeta de la Restauración

Conferencia General Octubre 2009
José Smith: Profeta de la Restauración
Élder Tad R. Callister
De los Setenta

Por medio de José Smith se han restaurado todos los poderes, las llaves, las enseñanzas y las ordenanzas necesarios para la salvación y la exaltación.

Supongan por un momento que alguien les diera estos tres datos sobre un personaje del Nuevo Testamento y nada más: Primero: el Salvador dijo acerca de este hombre: “¡Oh hombre de poca fe!” (Mateo 14:31); segundo: este hombre, en un momento de enojo, le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote; y tercero: este hombre negó conocer al Salvador en tres ocasiones aunque había caminado con Él a diario. Si eso fuese lo único que hubiesen sabido o tenido en cuenta, podrían haber considerado a este hombre un truhán o bueno para nada; pero al hacerlo, no hubieran llegado a conocer a uno de los hombres más extraordinarios que caminó sobre la tierra: el apóstol Pedro.

Del mismo modo, algunos han tratado de concentrarse en algunas de las debilidades mínimas del profeta José Smith, o de exagerarlas; pero, en el transcurso de ello, también le han errado al punto principal, al hombre y a su misión. José Smith fue el ungido del Señor para restaurar la Iglesia de Cristo a la tierra. Después de salir de la arboleda, con el tiempo aprendió cuatro verdades fundamentales que la mayor parte del mundo cristiano de la época no enseñaba.

Primero, aprendió que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo son dos seres separados y distintos. La Biblia confirma el hallazgo de José Smith; nos dice que el Hijo sometió Su voluntad al Padre (véase Mateo 26:42). Nos conmueve la sumisión del Salvador y encontramos fortaleza en Su ejemplo para hacer lo mismo; pero, ¿cuál habría sido la profundidad y el fervor de la sumisión de Cristo, o cuál sería el poder motivador de ese ejemplo si el Padre y el Hijo fuesen la misma persona y en realidad el Hijo sólo estuviese haciendo Su propia voluntad bajo otro nombre?

Las Escrituras dan más evidencia de esta gran verdad: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito” (Juan 3:16). Que un padre dé como ofrenda a su hijo es la demostración suprema de amor que la mente y el alma humana puedan concebir y sentir. Está simbolizada en la enternecedora historia de Abraham e Isaac (véase Génesis 22). Pero si el Padre y el Hijo son el mismo ser, entonces ese sacrificio supremo ya no existe, y Abraham ya no está ofreciendo a Isaac; Abraham está ofreciendo a Abraham.

La segunda gran verdad que José Smith descubrió fue que el Padre y el Hijo tienen cuerpos glorificados de carne y huesos. Después de la resurrección del Salvador, Él se apareció a Sus discípulos y dijo: “…palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Algunas personas han sugerido que ésa fue una manifestación física temporaria, y que cuando ascendió al cielo dejó Su cuerpo y regresó a Su forma de espíritu. Pero las Escrituras nos enseñan que eso no era posible. Pablo enseñó: “…sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Romanos 6:9). En otras palabras, una vez que Cristo había resucitado, Su cuerpo ya no podía separarse de Su espíritu; de otro modo, sufriría la muerte, la misma consecuencia que Pablo dijo que no era posible después de Su resurrección. Seguir leyendo

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Intentando lo imposible

Conferencia General Octubre 2009
Intentando lo imposible
Élder Jorge F. Zeballos
Del Quórum de los Setenta

La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás. ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance?

Cuando los doce discípulos fueron llamados en las Américas, el Señor Jesucristo les mandó diciendo: “Por tanto, quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” 1 . El Salvador recién había finalizado Su exitosa, abnegada y trascendental misión sobre la tierra. Esto le permitió declarar con toda autoridad que Él y Su Padre, nuestro Padre, son los modelos que debe seguir cada uno de nosotros.

En principio, y desde un punto de vista netamente humano, esto parece ser una tarea imposible de llevarse a cabo; sin embargo, comienza a aparecer como posible cuando comprendemos que, para alcanzarla, no estamos solos. Las más maravillosas y poderosas de las ayudas que un ser humano podría intentar obtener están siempre disponibles. En primer lugar, está la mano bondadosa y amorosa del Padre Eterno quien desea que regresemos a Su presencia para siempre. Como nuestro Padre, Él está siempre dispuesto y deseoso de perdonar nuestros errores, nuestras debilidades, los pecados que cometemos, perdón que está sujeto tan sólo a un arrepentimiento total y sincero. Y como complemento de ello, y como la máxima manifestación de Su inmenso amor por cada uno de Sus hijos, se nos provee de las consecuencias de la obra sin igual realizada por el Salvador, a saber: la Expiación, llevada a cabo por un obediente Hijo siempre dispuesto a hacer la voluntad del Padre en beneficio de cada uno de nosotros.

El Señor reveló al profeta José Smith lo siguiente: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” 2 . Esta promesa divina es posible de alcanzar. La vida eterna es vivir con nuestro Padre y con nuestra familia para siempre jamás 3 . ¿No debería ser esta promesa el mayor incentivo para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance, para entregar nuestros mejores esfuerzos en pos de lo que se nos ha prometido?

En los albores de la Restauración, cuando esta obra maravillosa estaba a punto de aparecer entre los hijos de los hombres, el Señor dijo: “Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día” 4 . Con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza, es decir, con todo nuestro ser.

El presidente David O. McKay dijo: “Las ricas recompensas sólo vienen a los luchadores tenaces” 5 . Estas recompensas serán de aquellos que cultivan la fe en Jesucristo y cumplen con Su voluntad para trabajar, sacrificar y entregar todo lo que han recibido para fortalecer y edificar el Reino de Dios.

El cumplimiento de la promesa divina de tener la vida eterna, de alcanzar la perfección y de ser felices para siempre en la unidad familiar está sujeto a la demostración sincera de nuestra fe en Jesucristo, obediencia a los mandamientos, perseverancia y diligencia a través de nuestra vida. Seguir leyendo

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