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Cómo prepararse para un Matrimonio Celestial

Cómo prepararse para un Matrimonio Celestial

Por el Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado en una reunión espiritual en la Universidad Brigham Young, el 9 de noviembre de 1976.

El matrimonio es similar a escalar una montaña: se atan a un compañero y empiezan a trepar la montaña de la vida.

Las palabras “matrimonio en el templo” describen el lugar a donde se va para que se lleve a cabo un matrimonio eterno. La expresión “matrimonio celestial” significa ser fiel a los sagrados convenios que se hacen en esa ceremonia de casamiento en el templo, o sea, vivir principios celestiales en la relación matrimonial.

Después de hacer los votos, un matrimonio celestial exige una vida de continua consagración a la dignidad que conduzca a la felicidad y a la exaltación. Si obedecemos las leyes en la forma apropiada, podremos lograr un pedacito de cielo en la tierra junto con otra persona y con nuestra familia.

Algo tan maravilloso como el matrimonio celestial no surge por casualidad.

En el libro de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, Alicia se acerca al gato de Cheshire y le pregunta: “¿Podrías decirme en qué dirección debo ir desde aquí?”.

El gato contesta: “Eso depende mucho de a dónde quieras llegar”.

Alicia le dice: “En realidad, no me importa mucho a dónde llegue”.

El gato de Cheshire responde: “Entonces, no tiene mucha importancia en qué dirección vayas, ¿no te parece?”.

“No, con tal de que llegue a alguna parte”, contesta Alicia.

Y ahí es que el gato revela una verdad muy interesante: “Ah, seguramente llegarás allí si caminas lo suficiente”. [Traducción libre.]

¿Cuántos de nosotros vamos por la vida diciéndonos: “Si sigo caminando el tiempo suficiente, algún día llegaré a algún lado”, pero sin saber exactamente dónde queda ese lugar donde queremos estar? “Algún lado” no es bastante; debemos saber a dónde queremos ir y estar firmemente resueltos a llegar allí. Y debemos tener ese conocimiento y esa determinación temprano en la vida.

Alma dijo: “¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!” (Alma 37:35). Eso lo dice todo. Háganlo ahora.

Las recomendaciones para el templo

Una vez que estemos resueltos a tener un matrimonio celestial, debemos comprender todos los pasos que conducen a él, y seguirlos.

Para entrar en el templo, necesitarán lo que se llama una recomendación. Primero, el obispo o el presidente de la rama llevará a cabo una entrevista concienzuda, y ésta irá seguida de una del presidente de la estaca o de la misión. A continuación, aparecen algunas preguntas que les harán:

“¿Tiene fe en Dios el Eterno Padre, en Su Hijo, Jesucristo y en el Espíritu Santo, y tiene un testimonio de Ellos?”

“Tiene un testimonio de la Expiación de Cristo y de Su función como Salvador y Redentor?”

“¿Tiene un testimonio de la restauración del Evangelio en éstos, los últimos días?”

“¿Apoya al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como profeta, vidente y revelador; y lo reconoce como la única persona sobre la tierra que posee todas las llaves del sacerdocio y que está autorizada para ejercerlas? ¿Apoya a los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores? ¿Apoya a las demás Autoridades Generales y a las autoridades locales de la Iglesia?” Seguir leyendo

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Los jóvenes adultos y el templo

Los jóvenes adultos y el templo

Por el Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

De un discurso pronunciado el 4 de mayo de 2003 en Salt Lake City, Utah, para una transmisión vía satélite del Sistema Educativo de la Iglesia.

A todos los jóvenes adultos les recalco que el templo puede bendecirles, incluso antes de que entren en él.
Al mantener un nivel de conducta moral lo suficientemente elevado para ser dignos de obtener una recomendación para el templo, hallarán paz interior y fortaleza espiritual.
En nuestros santos templos recibimos literalmente aquellas bendiciones que se han prometido al linaje de Abraham, Isaac y Jacob.

Mi tema es el templo. Me gustaría ayudarles a profundizar bastante en su doctrina, explorar las alturas de su gloria y captar su significado eterno.

Los templos no son algo nuevo. “Él siempre ha mandado a su pueblo edificar templos, santuarios sagrados en los cuales los miembros dignos de la Iglesia efectúan las ordenanzas y ceremonias sagradas del evangelio (Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 199). El Antiguo Testamento está repleto de alusiones a las ordenanzas, los convenios e incluso la ropa del templo (véase por ejemplo Éxodo 28–29; Levítico 8).

El templo bíblico más conocido se construyó en Jerusalén en los días de Salomón. El Señor aceptó esa santa casa en persona (véase 2 Crónicas 7:12); fue parcialmente destruido en el año 600 a. de J.C.

Casi cien años más tarde, fue restaurado por Zorobabel. Ese edificio sufrió daños en un incendio en el año 37 a. de J.C; Herodes posteriormente agrandó y niveló el terreno del templo y comenzó a reconstruir el segundo templo (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Templo, Casa del Señor”, págs. 199–200).

Fue éste el templo que conoció Jesús, quien estuvo allí de niño mientras Su consternada madre no podía encontrarlo (véase Lucas 2:43–49).

Durante la primera purificación del templo, Jesús lo llamó “la casa de mi Padre” (Juan 2:16; véanse los versículos 13–16). Durante la segunda purificación lo llamó “mi casa” (Mateo 21:13; Marcos 11:17). Sabiendo que el templo sería profanado aún más, Jesús lo llamó “vuestra casa [que] os es dejada desierta” (Lucas 13:35), una profecía cumplida con su destrucción en el año 70 d. de J.C.

Hace varios años, la hermana Nelson y yo nos encontrábamos en Jerusalén, donde fuimos guiados por las recientes excavaciones de un túnel ubicado a la izquierda del actual Muro Occidental del antiguo templo. En aquel túnel vimos a rabinos judíos que oraban para que llegara el día en que se construyera el tercer templo en Jerusalén.

Por el Libro de Mormón sabemos que Nefi edificó un templo “según el modelo del templo de Salomón”, excepto que menos ornamentado (2 Nefi 5:16).

“Desde Adán hasta la época de Jesús, las ordenanzas se realizaron en los templos sólo por los vivos. Una vez que Jesús abrió el camino para la predicación del Evangelio en el mundo de los espíritus… la obra por los muertos, así como por los vivos, se ha llevado a cabo en los templos” (Bible Dictionary, “Temple”, pág. 781).

Hijos del convenio

Al leer de los templos, también aprendemos sobre los convenios que Dios ha concertado con Sus fieles seguidores: Sus “hijos del convenio” (3 Nefi 20:26; véase el versículo 25; Hechos 3:25). Hace unos 4.000 años, Dios hizo convenio con Abraham de que todas las naciones de la tierra serían bendecidas por conducto de su descendencia (véase Génesis 17:7; 22:18; Abraham 2:9–11). Dicho convenio se confirmó con Isaac (véase Génesis 26:1–4, 24) y nuevamente con Jacob (véase Génesis 28; 35:9–13; 48:3–4). La influencia de ese convenio constituye una parte integral del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y del Libro de Mormón (véase, por ejemplo, la portada del Libro de Mormón). Dicho convenio ha sido divinamente renovado en esta dispensación como parte de la Restauración de todas las cosas (véase D. y C. 124:58).

Los profetas han sabido desde hace mucho tiempo que el convenio abrahámico se cumpliría únicamente “en los postreros días” (1 Nefi 15:18). ¡En nuestra época! (Véase D. y C. 110:12–16.) ¡Nosotros somos el pueblo del convenio! ¿Qué significa eso en realidad? Aprendamos juntos de algunos pasajes seleccionados de las Escrituras.

En Mosíah 5:7 leemos: “Ahora pues, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas”.

En 3 Nefi 20:25, Jesús está hablando: “Y he aquí, vosotros sois los hijos de los profetas; y sois de la casa de Israel; y sois del convenio que el Padre concertó con vuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu posteridad serán benditas todas las familias de la tierra”.

En nuestros santos templos recibimos literalmente aquellas bendiciones que se han prometido al linaje de Abraham, Isaac y Jacob.

La restauración de los templos y la autoridad para sellar

Se dio gran prioridad a la obra del templo durante la Restauración. La primera revelación de un ángel ministrante tenía que ver con esta doctrina. Registrada en la segunda sección de Doctrina y Convenios, es un eco del cuarto capítulo de Malaquías. Moroni predijo la venida de Elías, quien haría volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres (véase Malaquías 4:5–6; D. y C. 2:1–2). Seguir leyendo

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Purificados por nuestras pruebas

Purificados por nuestras pruebas

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

En las angustias de la vida, parece ser que escuchamos mejor los ligeros y santos susurros del Divino Pastor.
¿No es ése el propósito de Dios al dejar que Sus hijos sufran? Él desea que lleguen a ser más como Él. Dios ha sufrido mucho más de lo que el hombre ha sufrido o llegará a sufrir jamás, y es por lo tanto la mayor fuente de compasión y consuelo”. —Élder Orson F. Whitney

Este mensaje va dirigido a todos, pero especialmente a aquellos que piensan que han tenido más pruebas, pesares, aguijones y espinas de lo que pueden soportar, y que en medio de la adversidad están a punto de hundirse en las aguas de la amargura. La intención del mensaje es darles esperanza, fortaleza y liberación.

Hace algunos años, el presidente David O. McKay (1873–1970) habló de las experiencias que tuvieron algunos de los que habían formado parte de la compañía de carros de mano de Martin. Muchos de aquellos primeros conversos habían emigrado de Europa y eran muy pobres para comprar bueyes o caballos y una carreta; por lo tanto, debido a esa pobreza, se vieron obligados a usar su propia fuerza y a tirar de carros de mano que contenían la totalidad de sus pertenencias, a través de las praderas. El presidente McKay relató un episodio ocurrido algunos años después del heroico éxodo:

“Un maestro, mientras enseñaba una clase, dijo que había sido imprudente que se intentara, e incluso que se les permitiera [a la compañía de carros de mano de Martin] viajar a través de las planicies bajo aquellas condiciones”.

En seguida, el presidente McKay citó a un observador que estaba presente en esa clase: “Surgieron severas críticas en contra de la Iglesia y de sus líderes, debido a que se permitía que una caravana de conversos se aventurara a cruzar las llanuras, sin más provisiones o protección de lo que una compañía de carros de mano podía ofrecerles.

“Un anciano en un rincón… se quedó escuchando, en silencio, hasta que no pudo aguantar más; luego se levantó y dijo cosas que ninguno de los que lo escucharon podrá olvidar jamás. Su cara estaba pálida de emoción; sin embargo, habló con calma, deliberadamente, pero con gran sinceridad y seriedad.

“En esencia, dijo: ‘Les ruego que dejen de criticar. Discuten sobre un asunto que desconocen. Los fríos hechos históricos no significan nada aquí, ya que no proporcionan una interpretación adecuada de las cuestiones pertinentes. ¿Que fue un error enviar la compañía de carros tan tarde, en aquella época del año? Sí. Pero mi esposa y yo estuvimos en esa compañía, y la hermana Nellie Unthank, a quien han mencionado, estuvo allí también. Sufrimos más de lo que se puedan imaginar, y muchos murieron a causa del frío y del hambre, pero, ¿han escuchado alguna vez a un sobreviviente de esa compañía pronunciar una sola palabra de crítica?…

“ ‘Tiraba de mi carro de mano cuando estaba tan débil y agotado debido a la enfermedad y a la falta de alimentos que casi no podía poner un pie enfrente del otro. Miraba hacia adelante y veía un trecho de arena o una cuesta en la colina y me decía: Puedo ir hasta ahí y luego debo darme por vencido, porque ya no puedo seguir tirando esta carga’”.

Continúa su relato: “‘Seguí hasta la arena y cuando llegué a ella, el carro empezó a empujarme a mí. Muchas veces miré a mi alrededor para ver quién estaba empujando el carro, pero no vi a nadie. Sabía entonces que los ángeles de Dios estaban allí.

“‘¿Lamentaba haber decidido venir con carros de mano? No, ni en aquel entonces ni en cualquier otro momento de mi vida después. El precio que pagamos para conocer a Dios fue un privilegio pagarlo, y estoy agradecido de que tuve la oportunidad de venir en la compañía de carros de mano de Martin’” 1 .

El fuego purificador

Ciertamente, en esto se encierra una gran verdad. En el dolor, la angustia y los heroicos esfuerzos de la vida, pasamos por el fuego purificador, y aquellas insignificancias de nuestra vida pueden derretirse como la escoria y hacer que nuestra fe brille intacta y fuerte. De esta manera, la imagen divina puede reflejarse desde el alma. Es parte del precio purificador que se requiere de algunos para que puedan llegar a conocer a Dios. En las angustias de la vida, parece ser que escuchamos mejor los ligeros y santos susurros del Divino Pastor.

A la vida de cada persona llegan los días de dolor, desesperación, adversidad y golpes. Parece que hay angustia, dolor y desilusiones de sobra para todos, incluso para aquellos que con la mayor sinceridad buscan hacer lo justo y permanecer fieles. El apóstol Pablo aludió a su propia prueba: “Y para que… no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee” 2 .

Los aguijones que punzan, que se clavan en la carne, que hieren, a menudo cambian vidas que parecen desprovistas de significado y esperanza. Ese cambio llega a través de un proceso de refinamiento que a veces parece cruel y duro. De esta manera el alma puede llegar a ser como suave arcilla en las manos del Maestro para modelar vidas de fe, utilidad, belleza y fortaleza. A algunos, el fuego purificador les hace perder la creencia y la fe en Dios, pero aquellos que poseen una perspectiva eterna comprenden que tal purificación es parte del proceso de perfeccionamiento.

Alma dijo: “¡…un pastor os ha llamado, y os está llamando aún, pero vosotros no queréis escuchar su voz!” 3 En nuestros grandes pesares, es posible renacer y ser renovados en el corazón y el espíritu. Entonces ya no nos dejamos llevar por la corriente, sino que disfrutamos de la promesa de Isaías, de que nuestras fuerzas serán renovadas y que levantaremos “alas como las águilas” 4 . Seguir leyendo

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Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Liahona Septiembre 1998

Cómo ser un maestro Orientador o una maestra Visitante mejor

Por Kellene Ricks Adams

Lo flexibilidad, la creatividad y la dedicación nos ayudan a cumplir con nuestros llamamientos como maestros orientadores o como maestras visitantes.

Mi madre estuvo enferma durante la mayor parte de mi niñez, pero cuando yo tenía unos 15 años de edad, su salud se dete­rioró aún más y casi nunca salía ella de casa. Durante toda esa época, muchos miembros de nuestro barrio iban a visitarnos, pero nadie lo hacía con tanta frecuencia como las maestras visitantes. Todos los domingos Colleen Goodwin tomaba notas en cada reunión de la Iglesia y entonces visi­taba a mi madre y le contaba acerca de cada uno de los discursos y de las lecciones mientras que Marian Eubanks le masajeaba a mamá las piernas y los pies doloridos e inflamados.

Ahora bien, estas hermanas no hicieron eso solamente una o dos veces. ¡Lo hicieron por varios años! Ambas trabajaban y tenían que cuidar a sus propias familias, pero sabíamos que, si necesitábamos cualquier cosa, po­díamos llamar a las maestras visitantes de mamá. Ellas fueron más allá de la segunda milla: se convirtieron en amigas de mi mamá; además, enseñaron a esta hija jovencita lo que es la verdadera caridad. —Tracy Wright, Barrio Prairie 5, Estaca Prarie, West Jordán, Utah  Wain era un ex jugador de fútbol alto y fornido, y un élder muy sociable, bondadoso y servicial. Por su parte, Don era un magnífico compañero suyo, un verdadero ejemplo de serena fortaleza espiritual.

La primera vez que nos visitaron como maestros orientadores, supe que eran muy caritativos. Lo manifestaron directa y sinceramente. Como miembro metros activo, yo había sido antes muy indiferente a todo lo que se relacionara con la Iglesia y con frecuencia dudaba de los motivos de los miembros del barrio. Pero comprendí que estos dos hermanos estaban allí por los motivos debidos. Sabía que no nos visitaban con el simple propósito de cumplir con las estadísticas. Sabía que no iban para averiguar cómo está­bamos simplemente porque el obispo les pedía que lo hicieran. Sabía que nos visitaban porque creían en los profetas vivientes y apreciaban su responsabi­lidad de maestros orientadores como una oportunidad para magnificar su llamamiento en el sacerdocio. —Dennis Peacock, Barrio Kearns 34, Estaca Kearns Sur, Utah.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes pueden cambiar la vida de la gente. Muchos miembros aprecian el recuerdo de hombros fuertes, de corazones tiernos y de manos bondadosas que están a nuestra dispo­sición por medio de estos inspirados programas. No obstante la gran influencia que los maestros orientadores y las maestras visitantes ejercen en la vida de los demás, el proceso mismo de cumplir con nuestra responsabilidad de “llevar las cargas los unos de los otros” (Mosíah 18:8) puede constituir un reto para nosotros.

A veces no es fácil que los compañeros encuentren el momento conveniente para juntarse y visitar las familias que se les asignan. Sin embargo, es importante que este servicio se lleve a cabo en parejas, según el modelo establecido por revelación de que los posee­dores del sacerdocio deben andar de dos en dos (véase D. y C. 20:47, 53; 42:6). Con frecuencia resulta ser un problema mayor el combinar los horarios de ellos con los de las personas a quienes deben visitar. Asimismo, a veces sucede que el número de familias asignadas parece exceder a la cantidad que los maestros orienta­dores y las maestras visitantes pueden atender; a veces, la distancia, el tiempo y el coste que la labor requiere es algo desalentador. Y aún más, otras veces el problema que se les presenta consiste en obtener la influencia del Espíritu para resolver las situaciones extraordinarias que se les presenten. Estos obs­táculos y varios otros pueden impedir que los miembros lleven a cabo la obra del Señor para bendecir la vida de la gente.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes podrían encontrar, por consiguiente, algún valor en las siguientes sugerencias y soluciones que han ayudado a otros. Estas ideas pueden inspirar en ellos la flexibilidad, la creatividad y la dedicación, esos elementos claves para que los miembros puedan “enseñar… y velar por la iglesia” y “visitar la casa de todos los miembros, y exhor­tarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (D. y C. 20:42, 47). Los principios que se detallan aquí pueden ayudar a todo maestro orientador y a toda maestra visitante, no importa dónde sirvan en cualquier parte del mundo.

Cómo establecer un horario definido

Uno de los problemas comunes de los maestros orien­tadores y las maestras visitantes es el de programar los horarios de sus visitas. El presidente Bertram C. Willis, de la Estaca Cherry Hill, Nueva Jersey, informa: “Algunas personas lo solucionan al establecer una determinada hora para la visita de cada mes. Las familias y las personas a quienes visitan saben así de antemano que, por ejemplo, la visita es la tarde del primer domingo del mes o la noche del segundo miércoles”.

Kathleen Berger, una maestra visitante del Barrio Palm Bay 1, Estaca Cocoa, Florida, está de acuerdo con ello y dice: “Tenemos que visitar a varias hermanas y todas saben que siempre lo hacemos la mañana del primer martes de cada mes. Todas vivimos a grandes distancias unas de otras y a veces nos sentimos muy aisladas, así que las visitas son importantes y las hermanas las disfrutan mucho. Y saben que pueden contar con nuestras visitas ese martes por la mañana”.

Los maestros orientadores y las maestras visitantes dicen que es importante que ustedes manifiesten a quienes visiten un sincero deseo de serles de ayuda y un recurso al cual acudir en la vida. Este deseo podría reali­zarse al establecer un horario determinado o proponerles dos o tres horarios convenientes (indicando los días de los que no dispongan), tanto para ustedes como para quienes tengan que visitar. Al analizar tales posibili­dades, expresen su amor e interés por la familia. La flexi­bilidad y la buena disposición podrían ser necesarias, pero la seguridad de tener un horario preestablecido aliviará el sorprendente caudal de la tensión relacionada con los programas de los maestros orientadores y de las maestras visitantes.

La flexibilidad para atender a necesidades especiales

En muchas localidades suele haber más personas y familias para visitar que miembros activos que puedan convenientemente hacerse cargo de esa responsabilidad. En la Rama Fort Payne de la Estaca Chattanooga, Tennessee, hay solamente tres poseedores del sacerdocio que son activos, siendo uno de ellos el presidente de la misma, Román Lilly. Sin embargo, los tres tienen la responsabilidad de visitar a 48 familias como maestros orientadores, y por lo general visitan a 45 de ellas como mínimo.

“Dedicamos dos sábados al mes para salir como maes­tros orientadores y lo hacemos cada uno con su respec­tiva esposa. Y ellas hacen de maestras visitantes al mismo tiempo”, explica el presidente Lilly. Cuando va acompa­ñado de la aprobación del obispo o del presidente de rama, este método de que matrimonios visiten a los miembros en cuyo seno familiar exista una razón especial para hacerlo así puede contarse como visitas simultáneas de maestros orientadores y maestras visitantes (véase el Manual para líderes del Sacerdocio de Melquisedec, 1990, pág. 5).

“Salimos por la mañana y generalmente regresamos por la tarde. A veces hacemos arreglos para visitar en horas de la noche a aquellas familias que no podemos visitar el sábado y en contadas ocasiones visitamos a algunos miembros antes o después de las reuniones de la Iglesia. La jurisdicción de nuestra rama abarca unos 115 kilómetros, pero entendemos lo que son la responsabi­lidad y la oportunidad de ser maestros orientadores”.

Tal como se demuestra en la Rama Fort Payne, la necesidad de que una pareja matrimonial haga las visitas como maestro orientador y como maestra visitante al mismo tiempo no es muy común. En otros lugares, los líderes del sacerdocio han tomado diferentes medidas.

Por ejemplo, la Estaca Carey, Idaho, no cuenta con suficientes miembros activos para visitar a todos los miembros. Al intentar resolver este problema, los líderes del sacerdocio han logrado su mayor éxito al procurar la inspiración del Espíritu para determinar quiénes tienen la mayor necesidad de ser visitados. Michael Chandler, el primer consejero de la presidencia de estaca, dice: “Cada año pedimos a los líderes de barrio que reevalúen las designaciones y oren para que se les inspire al determinar cuáles son las familias que necesitan tener maestros orientadores. Con el transcurso del tiempo, visitamos a todos los miembros”.

De igual manera, los maestros orientadores y las maes­tras visitantes han sabido informar que, cuando no les es posible visitar a todas las familias, el Espíritu los guía a aquellas que más los necesiten. En el caso de las maestras visitantes solamente, una llamada telefónica o una nota por correo puede substituir la visita en las ocasiones en que no les sea posible efectuarla personalmente.

En las localidades donde el número de miembros menos activos sea mayor que el de los activos, los misio­neros regulares podrían, con la debida aprobación de los líderes del sacerdocio, acompañar a los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec que hayan sido designados para visitar a miembros menos activos. Seguir leyendo

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La verdad os hará libres

Septiembre 1998

“La verdad os hará libres”

por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

La restauración del Evangelio de Jesucristo y todo lo que esto significa para nosotros es el resul­tado de que José Smith, un joven de 14 años de edad, decidiera preguntar sobre la verdad guiándose por el versículo que dice: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).
Todo aquel que mediante el Espíritu de Dios pregunte con sinceridad disfrutará de la compañía, no sólo del Espíritu, sino también de la de otras personas que procuran obtener la verdad.

Pilato preguntó: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). La gente ha estado luchando por encontrar la respuesta a esta pregunta durante siglos. Todo hombre y toda mujer tiene la responsabilidad de encontrar la verdad.

Otra pregunta adecuada es: “¿Dónde puede encontrarse la verdad?” Quizás la clave de la respuesta se encuentre en el siguiente relato.

Ali Hafed, un hombre de la antigua Persia, era dueño de grandes tierras y campos con huertos y jardines muy productivos, y también contaba con inversiones que le producían dinero. Tenía una hermosa familia y “se sentía muy feliz porque era rico y se consi­deraba rico porque era muy feliz”.

Un anciano sacerdote fue a visitar a Ali Hafed y le dijo que si tuviera un diamante del tamaño de su dedo pulgar, podría adquirir muchos terrenos más de los que poseía. Ali Hafed entonces le preguntó: “¿Puede decirme usted dónde he de encontrar diamantes?”

El sacerdote respondió: “Si encontrase usted un río que corra por arenas blancas entre altas montañas, allí descubrirá diamantes”.

Y Ali Hafed dijo: “Pues bien, allí iré”.

Vendió entonces sus tierras, retiró el dinero que había invertido, encargó a un vecino el cuidado de su familia y salió en busca de diamantes, viajando a través de muchas regiones.

El hombre que le compró las tierras a Ali Hafed llevó su camello al jardín para que bebiera y, tan pronto como el animal puso el hocico en el agua, el granjero notó un curioso reflejo en las arenas blancas del arroyo. Estirando la mano, el hombre recogió una piedra negra que irra­diaba un extraño rayo de luz. Poco tiempo después, el anciano sacerdote llegó a visitar al sucesor de Ali Hafed y constató que aquella piedra negra era, en realidad, un diamante. Juntos corrieron al jardín, agitaron con las manos las blancas arenas del arroyo y encontraron muchas otras gemas de inestimable valor. Así fue que se descubrieron las minas de diamante de Golconda [vetusta ciudad del sur de la India], las cuales llegaron a ser las más valiosas del mundo antiguo. Si Ali Hafed hubiera permanecido en su hogar y excavado sus propias tierras en vez de viajar hacia lugares lejanos, habría podido tener grandes cantidades de diamantes (relato adaptado de Acres of Diamonds, 1915, págs. 4-8, por Russell H. Conwell).

La búsqueda de la verdad es, con frecuencia, muy similar a la que hizo Ali Hafed al buscar los diamantes. La verdad no se encuentra en regiones distantes, sino a nuestros pies. Sir Winston Churchill dijo una vez, comentando acerca de un conocido: “En ocasiones, él solía tropezar con la verdad, pero se incorporaba en seguida y se alejaba rápidamente como si nada hubiera ocurrido” (tomado de The Irrepressible Churchill Stories, editado por Kay Halle, 1966, pág. 113).

Uno de los juicios legales de gran trascendencia de la historia fue el de Sócrates. La corte de Atenas lo acusó de dos delitos: en primer lugar, que era ateo y que no creía en los dioses decretados por el gobierno, y, segundo, que estaba corrompiendo a los jóvenes al ejercer su influencia sobre ellos e incitarlos a investigar por sí mismos en cuanto a la sabiduría que la sociedad ateniense recla­maba poseer. La mayoría del jurado sentenció entonces a Sócrates y dispuso que debía morir por envenenamiento.

A fin de que puedan encontrar la verdad, los líderes de la Iglesia alientan a los miembros a que piensen y la descubran por sí mismos. Se les exhorta a que mediten, investiguen, evalúen y alcancen así a obtener tal conoci­miento de la verdad por medio de su propia conciencia y de la inspiración del Espíritu. Seguir leyendo

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La fe de un niño

Agosto 1998

La fe de un niño

Por el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El mensaje fue breve, pero las palabras resultaron familiares: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”

¡Qué período tan glorioso del año es la época de la conferencia! La Manzana del Templo de Salt Lake City es el lugar de recogimiento de decenas de miles de personas que viajan desde lejos para oír la palabra de Dios. El Tabernáculo se llena completamente, la conversación amistosa se ve reemplazada por la música del coro y por las voces de los que oran y los que hacen uso de la palabra. En el aire reina una dulce reverencia y así da comienzo la conferencia general.

Como orador, es una humilde experiencia el contemplar rostros amigables y el apreciar la fe y la devoción a la verdad que ellos representan.

En una ocasión en la que me disponía a hacer uso de la palabra ante las personas congregadas para una conferencia, observé que en la galería norte estaba una hermosa niña de quizás unos diez años de edad. Sentí la impresión de dirigirme directamente a ella; comencé diciendo:

Dulce pequeña, no sé cómo te llamas ni de dónde has venido, pero de una cosa estoy seguro: de que la inocencia de tu sonrisa y la tierna expresión de tus ojos me han persuadido a dirigirme especialmente a ti.

Cuando yo tenía tu edad también tenía una maestra de la Escuela Dominical; ella solía leernos pasajes de la Biblia acerca de Jesús, el Redentor y el Salvador del mundo.

Un día nos enseñó sobre cómo le eran llevados a Él los niños pequeñitos para que pusiese Sus manos sobre ellos y orase. Sus discípulos reprendían a los que les llevaban a los niños. “Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”1.

Nunca he olvidado esa lección. De hecho, hace unos años volví a aprender su significado y a participar de su poder; mi maestro fue el Señor.

Permíteme compartir esa experiencia contigo. Muy lejos de Salt Lake City y a unos 130 kilómetros de Shreveport, Luisiana, vivía la familia de Jack Methvin. La madre, el padre y los hijos son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Había una niña encantadora que bendecía el hogar con su sola presencia y cuyo nombre era Christal. Tenía apenas diez años cuando la muerte puso fin a su estancia terrenal.

A Christal le gustaba correr y jugar por el extenso rancho en el que vivía la familia; podía montar a caballo con gran habilidad y sobresalía en diversas otras activi­dades, llegando a ganar algunos premios en las ferias locales y del estado. Su futuro era brillante y su vida maravillosa. Fue entonces que se le descubrió una protu­berancia extraña en la pierna. Los especialistas de Nueva Orleans realizaron unas pruebas y dieron a conocer el diagnóstico: carcinoma; había que amputarle la pierna.

Christal se recuperó muy bien de la operación y reanudó su alegre vida sin quejarse nunca. Pero más tarde los médicos descubrieron que el cáncer se le había extendido a sus pequeños pulmones.

La condición de Christal iba empeorando; el fin se acercaba. Sin embargo, su fe no vaciló. Ella sabía que se acercaba la conferencia de estaca y le dijo a sus padres: “¿Creen que la persona que haya sido asignada a nuestra conferencia de estaca podría darme una bendición?”.

Mientras tanto, en Salt Lake City, y sin conocimiento alguno de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Shreveport, se presentó una situación poco frecuente. Para el fin de semana en que se iba a celebrar la confe­rencia de la Estaca Shreveport, Luisiana, yo había sido asignado a El Paso, Texas. El presidente Ezra Taft Benson, que en aquel entonces era el Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, me llamó a su despacho y me explicó que otra Autoridad General había llevado a cabo parte de la obra preliminar relacionada con la división de la estaca de El Paso. Me preguntó si me importaría que le cediesen a otra persona la asignación de ir a El Paso y que yo fuese asignado a otro lugar. Por supuesto que no tenía incon­veniente alguno; cualquier lugar me parecía apropiado. Entonces el presidente Benson me dijo: “Hermano Monson, siento la impresión de pedirle que visite la Estaca Shreveport, Luisiana”.

Acepté la asignación, y en el día señalado llegué a Shreveport.

La tarde del sábado estuvo ocupada con diversas reuniones: una con la presidencia de la estaca, otra con los líderes del sacerdocio, otra con el patriarca y aún otra con todos los líderes de la estaca. Con cierto tono de disculpa, el presidente de estaca, Charles F. Cagle, preguntó si mi horario me permitiría dar una bendición a una niña de diez años enferma de cáncer: se llamaba Christal Methvin. Respondí que lo haría si me era posible, y luego le pregunté si ella estaría en la conferencia o si estaba en un hospital de Shreveport. Como sabía que el horario estaba sumamente ajustado, el presidente Cagle casi con un murmullo dijo que Christal estaba confinada en su hogar, a muchos kilómetros de Shreveport.

Examiné el horario de las reuniones de esa noche y de la mañana siguiente, incluso el del vuelo de regreso. Sencillamente no había tiempo disponible. Pero se me ocurrió una idea alternativa: ¿Acaso no podríamos recordar a la pequeña en las oraciones que se ofrecieran durante la conferencia? Seguramente el Señor lo enten­dería; así que en base a esos hechos continuamos con el horario inicial de las reuniones. Seguir leyendo

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Se construye una réplica de la cabaña de troncos de la familia Smith

Se construye una réplica de la cabaña de troncos de la familia Smith

por Shaun D. Stahle

La cabaña de troncos en la que creció José Smith, destruida desde hace mucho por el tiempo, los elementos y el hombre, se ha recons­truido después de veinte años de averiguaciones e investigación arque­ológica. (En el artículo siguiente, “La ‘ familia Smith vivió ocho años en una cabaña de troncos”, hay más informa­ción sobre el hogar de la familia Smith.)

Los días 14 y 15 de enero se levantó la estructura principal de la réplica, en el sitio de la cabaña original.

Al terminarse en marzo, la vivienda tenía el mismo aspecto que presentaba el día en que el joven José salió por la puerta, encaminándose a la Arboleda Sagrada, en la primavera de 1820.

“La construcción de la cabaña fue un período de significado sagrado”, comentó Donald L. Enders, investi­gador jefe del Departamento Histórico de la Iglesia, que asesoró en la construcción. “Este es el lugar donde se cumplió una profecía antigua”, dijo.

Los detalles para construir la cabaña se obtuvieron como resul­tado de extensas averiguaciones, investigación arqueológica y un estudio de más de treinta casas de la época en Vermont y en el oeste de Nueva York.

La manipostería, las ventanas, las puertas, la chimenea y el ala del dormitorio se construyeron según el más alto grado de exactitud histó­rica, explicó el hermano Enders.

“La Iglesia fue afortunada en hallar un constructor competente, respetado por su sensibilidad al detalle histórico y su experiencia en la restauración de graneros histó­ricos”, continuó.

El Comité de Sitios Históricos de la Iglesia, bajo la dirección del élder Marlin K. Jensen, de los Setenta, coordinó la construcción de la réplica de la cabaña, incluso la cola­boración del constructor, los arqui­tectos y los obreros locales.

“Sentimos el espíritu de la ocasión”, comentó el élder Richard Hebertson, misionero de Asuntos Públicos que trabaja en los sitios históricos de Palmyra con su esposa, Barbara. “Se oyeron grandes vítores al colocar el último cabrio”, dijo.

La construcción comenzó en la tarde del 14 de enero, después que un camión cargado de troncos llegó al sitio de la cabaña original de los Smith.

Las tormentas de nieve y la temperatura baja habían amenazado posponer la construcción, pero el élder Chuck Canfield, director de los sitios históricos del área de Palmyra, optó por proseguir de acuerdo con los planes.

“Y al fin, fue un día bastante lindo”, dijo el élder Canfield. “Las tormentas se aplacaron y la tempera­tura fue moderada. No volvió a nevar hasta la noche, después de la última oración”.

Los troncos, de los bosques que rodean la granja de los Smith, se cortaron en febrero de 1997 y luego, durante el año, el cons­tructor los hizo formar a mano con hachas en Cazenovia, Nueva York. Después, los labraron con herra­mientas para que tuvieran dos caras planas, según las técnicas de cons­trucción de la época.

“Las casas de troncos se cons­truían con diversidad de maderas”, explicó el hermano Enders. “Los troncos que quedaban más expuestos a los efectos dañinos de los elementos tenían que ser los más resistentes. Generalmente, se elegía madera de pino blanco, quebracho, roble y nogal; otras maderas duras como el haya, el fresno y la pacana se utilizaban para las paredes, y el arce para hacer los cabrios”.

El constructor armó la réplica de la cabaña de troncos antes de trans­portar el material a la granja de los Smith; los troncos se habían marcado con etiquetas y ajustado a la medida.

En el terreno de la granja, con la ayuda de un numeroso grupo de voluntarios, el constructor comenzó a levantar la réplica descargando del camión los grandes troncos que se emplearon en el cimiento.

Al atardecer del día siguiente, el último cabrio se colocó en su lugar, arrancando grandes exclamaciones de júbilo de los que se habían reunido a observar los trabajos. Después de la última oración, empezó a nevar.

“En muchos aspectos”, dijo refle­xivamente el élder Hebertson, “la construcción de la réplica ha sido similar a la de la cabaña original de los Smith. Ambas se construyeron en el período entre la cosecha y la primavera, ambas fueron resultado de ardua labor, y ambas requirieron un esfuerzo mancomunado para completarse”.

“Este es un hogar de significado sagrado”, explicó el élder Enders. “Es una región santificada por la visita personal de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo. ¿Cuántos lugares se conocen en el mundo donde sepamos que el Padre haya estado personalmente?

“Este es el hogar donde vivió José Smith después de salir de la Arboleda Sagrada con una promesa divina de que el Evangelio sería restaurado”. □

Artículo por cortesía de Church News, enero 24 de 1998.


Lo familia Smith vivió ocho años en una cabaña de troncos

Por Shaun D. Stahle

En 1816, varios años consecu­tivos de malas cosechas obli­garon a la familia de Joseph Smith a trasladarse desde Vermont a una granja cercana a Palmyra, estado de Nueva York.

La población era pequeña entonces, con aproximadamente seis­cientos habitantes; pero con la cons­trucción del canal del Erie, la región prometía convertirse en un centro agrícola y comercial importante.

La situación económica de la familia era mala, por lo que algunos de ellos aprovecharon diversas oportuni­dades de empleo: el padre, Alvin y Hyrum se emplearon como jornaleros para cavar y empedrar pozos, construir paredes y chimeneas de mampostería, levantar cosechas, y cortar y vender madera.

En el otoño de 1816 [últimos meses del año en el hemisferio norte], poco meses después de haber llegado al lugar, empezaron negocia­ciones para comprar 40 hectáreas de tierra.

El terreno estaba al sur de Palmyra, junto a una rústica huella de carretas. A fines de 1817 y princi­pios de 1818, durante el invierno, los Smith pudieron limpiar un pequeño sitio y empezaron a construir una cabaña de troncos; pero en la época de cultivos y cosechas, desde la primavera hasta el otoño, tuvieron que trabajar para otras personas a fin de pagar sus obligaciones monetarias.

La cabaña quedó terminada a fines del otoño de 1818, y fue la vivienda de los Smith durante ocho de los doce años que vivieron en la granja: desde fines de 1818 hasta la primavera [los primeros meses] de 1825, y desde la primavera de 1829 hasta fines de 1830. De 1825 hasta 1829 la familia Smith vivió en la casa blanca de madera que se encuentra en la granja, cerca de la cabaña, y que los turistas visitan en la actua­lidad cuando van a ver la Arboleda Sagrada. Seguir leyendo

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